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ME CANSÉ DE SER BUENO EL PADRINO DE LA MAFIA MUESTRA SUS DIENTES

ME CANSÉ DE SER BUENO EL PADRINO DE LA MAFIA MUESTRA SUS DIENTES

Status: Terminada
Genre:Mafia / Villana / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:1k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Dante Valero nunca fue un hombre bueno. Solo fue tolerante.
Durante años permitió que su familia viviera de su fortuna, soportó las manipulaciones de su primo Mateo y cedió una y otra vez para evitar que el enfermizo muchacho sufriera una crisis. Incluso aceptó que su prometida, Valeria Zorich, lo abandonara momentáneamente por él.
Pero el día de su boda, Mateo cruzó la última línea.
Dante dejó el altar, rompió el compromiso y abrió las puertas de un poder que todos creían dormido. Lo que nadie sabía era que el único heredero del imperio Valero jamás había sido débil. Simplemente se había contenido.
Ahora sus enemigos descubrirán lo que significa enfrentarse al verdadero Dante.
Mientras las familias que lo traicionaron caen en deudas, escándalos y ruinas, Elena Cruz, la única mujer que siempre conoció su verdadera naturaleza, regresa a su lado.
Él perdió una novia.
Ellos están a punto de perderlo todo.

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EL VIAJE Y UN ARREPENTIMIENTO

La noche había sido intensa, apasionada, perfecta. Dante estaba recostado, observando el techo con las manos entrelazadas detrás de la cabeza, sintiéndose plenamente satisfecho. A su lado, Lía dormía profundamente, con el cabello rubio y ensortijado esparcido sobre la almohada, su respiración suave y tranquila, como si nada en el mundo pudiera arrebatarle esa paz.

Dante la miró largo rato. No es solo bonita, pensó. No es solo piel suave y ojos de esmeralda. Es agradecida. Es complaciente. Me da todo sin pedir nada a cambio. Una sonrisa de satisfacción se dibujó en sus labios.

— Sí, Lía —susurró para sí mismo—. Eres exactamente la mujer que necesito ahora. Una que no me traiga problemas. Que no tenga familiares que vengan a molestarme pidiéndome negocios o dinero. Eso es lo que necesito. Una mujer obediente, tranquila, que conozca su lugar, que sepa darme… y que sepa cubrir todas mis necesidades físicas.

La observó dormir, tan ajena a sus pensamientos, tan inocente.

— ¿Quién lo hubiera pensado? —murmuró—. Que ibas a ser un gran descubrimiento en esa discoteca. Bueno… veremos si tienes lo necesario para seguir siendo mi pareja. Mi amante.

 

☀️ LA MAÑANA

Cuando despertó, el sol ya entraba por la ventana. Lía estaba de pie, frente al espejo, peinándose con cuidado, lista para irse a la universidad. Se veía tan fresca, tan natural… Dante se acercó despacio, la tomó por la cintura y la besó con suavidad en los labios. Ella se quedó quieta, sorprendida, y lo miró con esos ojos grandes y verdes.

— ¿Por qué… por qué esto? —preguntó, confundida pero encantada.

— Porque te ves bastante hermosa y no quería desperdiciar el momento —respondió él, acariciando su mejilla—. ¿Te molestó?

Lía movió la cabeza rápidamente, ruborizándose.

— No. No, claro que no.

Tan dulce, pensó él, fascinado. Tan inocente. Parece un pequeño gatito… un conejito asustado pero tierno.

— Escúchame —le dijo, con tono suave pero firme—. Hoy en la noche, por favor, no hagas ningún plan. Y alista tus maletas.

Ella palideció al instante. Los ojos se le llenaron de temor.

— ¿Me va a botar, Dante? —susurró, con voz quebrada—. ¿Hice algo que no le gustó? Dime qué fue, lo corrijo, lo juro…

Él la contempló, y sintió una punzada de lástima genuina. Pobrecita. Vive temerosa incluso aquí. Saben torturarla en esa casa. Negó con la cabeza y la abrazó suavemente.

— No, mi vida. No te voy a echar. Mañana debo cerrar unos tratos en París. Pero no quiero irme aburrido. Así que iremos juntos. Es fin de semana, no tienes clases. No habrá ningún problema.

Lía lo miró, sin creer lo que escuchaba.

— ¿París? —susurró—. ¿De verdad?

— Sí. Así que ten todos tus papeles listos. Si no tienes pasaporte, no te preocupes. Ahí mismo lo tramitamos. Te haré pasar como mi asistente. Viajo por negocios, nadie dirá que no a tu visa.

— Está bien —dijo ella, con una sonrisa que empezaba a nacer—. Lo haré. Gracias.

— Perfecto. A las ocho vendré por ti.

Dante caminó hacia la puerta, pero al voltear, la vio. Estaba de pie, con las manos juntas frente al pecho, sonriendo de una forma tan pura, tan genuina, mientras repetía en voz baja, emocionada:

— Conoceré París… conoceré París…

Él siguió caminando hacia la salida, sacudiendo la cabeza con una media sonrisa.

— Tan simple… tan sencilla. Un simple viaje te emociona tanto. ¿Qué harás cuando te regale un rubí o unos pendientes de esmeraldas? Definitivamente eres diferente a todas las mujeres que han pasado por mi cama.

 

💔 LA REINA DE RODILLAS

Llegó a su oficina, subió las escaleras con paso firme, y al abrir la puerta de su despacho… se detuvo en seco.

Valeria estaba allí. Arrodillada en el centro de la habitación, con la cabeza baja, los hombros temblando, llorando en silencio. Se veía destrozada. Sin maquillaje, sin esa altivez que siempre la caracterizaba. Solo una mujer que lo había perdido todo.

— ¿Qué quieres? —le dijo Dante, sin un gramo de compasión en la voz.

Ella levantó la cara, con los ojos hinchados y rojos.

— Por favor… —suplicó, con voz apenas un hilo—. Mi familia lo necesita. Ese contrato… sin él nos hundimos. Nos vamos a la quiebra. Te lo ruego, Dante. Déjame arreglarlo. Haré lo que sea. Lo que tú me pidas. Haré lo que quieras.

Él la observó un momento, sin moverse, sin acercarse. Y soltó una risa baja, fría, carente de cualquier calor.

— Valeria… Valeria… —sacudió la cabeza con lástima—. ¿No te das cuenta de que ya no me interesa nada que venga de ti? De nada. Eso debiste pensarlo antes de ponerte delante de todos por tu primo. Antes de humillarme en mi propia boda. Ve. Búscalo a él. Dile que te solucione. Porque yo no lo haré. Nada de lo que hagas o digas va a cambiar lo que ya está hecho.

Se apartó de ella, rodeó su escritorio y se sentó, ya volviendo a sus papeles, como si ella no fuera más que un estorbo en el suelo.

— Vete. Antes de que pierda la paciencia.

Valeria se quedó allí, de rodillas, sintiendo cómo el orgullo se le hacía pedazos una vez más. ¿Qué podía hacer? ¿Qué más podía darle si ya no le quedaba nada? Lloró en silencio, sabiendo que era demasiado tarde. Ella misma había destruido su trono.

 

🐀 LA OTRA REALIDAD

Mientras tanto, al otro lado de la ciudad, en un barrio donde las calles eran de tierra y las casas parecían a punto de derrumbarse, el tío de Dante —el hombre que había vivido a costa de los Valero durante años— pateó una silla con rabia. La habitación estaba vacía, sucia, fría.

— ¡Maldita sea! —gritó, golpeando la mesa—. ¡Ni siquiera hay algo que comer en esta maldita casa! ¡Con qué me voy a alimentar! ¡Ese maldito sobrino ingrato! ¡Nos dejó en la nada! ¡Nos arruinó!

Mateo estaba sentado en una esquina, pálido, sin decir nada, temblando de frío y de hambre. La tía lloraba en la cocina, buscando algo que no existía. Los parásitos, expulsados del palacio, descubrieron que afuera no había banquetes… solo miseria.

Y en la mansión, en la oficina, en París… el mundo seguía girando. Sin ellos. Sin ella. Y Dante Valero, el rey que dejó de fingir, ya no miraba atrás. Tenía un viaje que hacer. Y una mujer nueva que descubrir.

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