Jessica estaba a punto de casarse con el hombre que creía amar… hasta que descubrió que Cedric la engañaba con su propia hermana.
Destrozada por la traición, Jessica se cruza con Cristóbal, el padre de Cedric, un poderoso empresario que guarda sus propios secretos. Cuando la madre de Jessica muere inesperadamente, una serie de misterios familiares salen a la luz.
Mientras Cedric, Julieta y la exesposa de Cristóbal conspiran para destruirla y quedarse con una fortuna, Jessica descubre que la persona que menos esperaba podría convertirse en su mayor aliado… y en el amor que jamás imaginó.
Una traición. Una familia llena de secretos. Una fortuna en peligro. Y un amor prohibido que nadie vio venir.
¿Jessica descubrirá la verdad antes de perderlo todo
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Capítulo 14 — Julieta contra Jessica
Todos se marcharon del despacho, pero Julieta se quedó. Se quedó de pie junto a la ventana, dándome la espalda, con la espalda rígida y las manos apretadas en puños a los costados. Cuando la puerta se cerró tras el último, se giró lentamente hacia mí, y en su rostro ya no había rastro de la hermana que conocí. Ni dulzura, ni arrepentimiento, ni siquiera pena. Solo rencor puro, sin disfraz.
—¿Estás satisfecha? —me soltó, con voz cortante, como si escupiera las palabras—. Conseguiste todo. La casa, el dinero, las acciones… hasta la condición del testamento parece hecha a tu medida. ¿Crees que mamá te prefería?
—No se trata de preferir a nadie —respondí, manteniéndome de pie, sin ceder un paso—. Se trata de que ella sabía algo. Temía algo. Y nos puso a ambas a prueba. Tú lo estás demostrando todo: el dinero significa más para ti que la verdad. Que la familia.
—¡No me hables de familia! —gritó, acercándose un paso, con los ojos brillantes de rabia—. Siempre fuiste la perfecta. La buena alumna, la hija obediente, la que iba a casarse con el hombre que todos querían. Yo siempre fui la segunda. La que sobraba. ¿Crees que no duele ver cómo todo te lo dan a ti mientras yo tengo que luchar por cada migaja?
—¿Te lo dieron a mí? —alcé la voz, con el pecho ardiendo de dolor—. ¿Me lo dieron a mí cuando te acostaste con mi prometido? ¿Cuando me traicionaste de la peor forma posible? Julieta, somos hermanas. Deberíamos estar juntas contra todo esto. Contra los secretos, contra los que nos mintieron. Pero tú elegiste estar del lado de quien te da algo, no del lado de quien te ama.
—¡No me des lecciones de amor! —se burló ella, con una sonrisa amarga—. Tú no sabes lo que es querer algo y ver cómo siempre se lo llevan otro. Cedric me miró primero, ¿sabías? Me eligió a mí. Pero luego apareciste tú, dulce, inocente, y él cambió de opinión. Nunca te lo dije porque no quería lastimarte. Pero lo hiciste. Me lo quitaste. Igual que te lo quitas todo.
Me quedé sin palabras. No era solo traición por despecho. Era resentimiento acumulado durante años. Una herida que nunca sanó y que se pudrió hasta convertirla en esto.
—Yo no te quité nada —dije, suavizando el tono, aunque el dolor me atravesaba—. Nunca supe que él te mirara. Si lo hubiera sabido… habría dado un paso al lado. Pero tú no me dijiste nada. Elegiste mentir, esconder, traicionar. ¿De verdad crees que mamá te dejaría algo si supiera cómo eres?
Julieta palideció, y por un instante vi una sombra de duda en sus ojos. Pero se endureció de inmediato, como si mi palabra fuera un golpe.
—No hables de mamá. No sabes todo lo que ella ocultaba. No era la santa que crees. Tenía sus propios pecados. Y si los descubres… verás que no eres tan diferente a mí.
—¿Qué quieres decir? —pregunté, acercándome—. ¿Sabes algo? ¿Algo sobre Leonardo? ¿Sobre su muerte?
Ella se calló de golpe, se mordió el labio y retrocedió, como si hubiera dicho más de la cuenta.
—No sé nada. Solo sé que mamá no era perfecta. Y tú tampoco lo eres. Así que deja de juzgarme. Porque si seguimos jugando a descubrir secretos… el tuyo también puede salir a la luz.
—¿Qué secreto? —insistí—. Julieta, dime qué sabes.
—No te diré nada —respondió ella, con frialdad—. Solo te advierto: no te acerques a Cristóbal. Si lo haces, pierdes todo. Y no voy a permitir que te lleves también lo que podría ser mío. Si quieres la herencia, mantente lejos de él. Y si no… entonces que gane la que quede de pie.
Se giró y salió de la habitación, dejándome sola con el corazón desbocado y mil preguntas nuevas. «Si los descubres… verás que no eres tan diferente a mí.» ¿Qué quería decir? ¿Sabía algo sobre mi origen? ¿O solo intentaba herirme con palabras vacías?
Me dejé caer en una silla, temblando. No era solo una pelea entre hermanas. Era una guerra entre dos personas que amaban a la misma persona, que creían merecer lo mismo, y que habían tomado caminos opuestos. Julieta había elegido el dinero y la mentira. Yo… yo no sabía qué estaba eligiendo. La verdad, sí. Pero también a él. Y eso me costaría todo.
Cuando salí al pasillo, Cristóbal estaba esperando, apoyado contra la pared, con expresión de profunda preocupación.
—Lo escuché todo —dijo, bajando la voz—. No debes creerle todo lo que dice. Habla desde el rencor.
—Pero no todo es mentira —respondí, con cansancio—. Hay algo que sabe. Algo que no se atreve a decir. Y me da miedo descubrirlo.
—Lo descubriremos —prometió él, con su mirada firme—. Pero no dejes que ella te cambie. No dejes que la oscuridad de ella apague lo bueno que hay en ti. Eso es lo que ella quiere. Que te conviertas en ella.
Lo miré, sintiendo que cada palabra suya era un refugio. Pero también sabía que cada vez que nos acercábamos, la línea se volvía más delgada. Y que si Julieta nos veía… usaría eso para destruirme.
—Debemos tener cuidado —susurré—. Ella nos está observando. Esperando que cometamos un error. Y cuando lo hagamos… nos destruirá.
—Entonces no cometeremos ninguno —respondió él—. Pero tampoco nos esconderemos de lo que sentimos. No sin antes saber toda la verdad.
Y en ese pasillo, con el silencio de la casa rodeándonos, comprendí que la guerra no era solo por el dinero o el pasado. Era por quiénes éramos. Por si podíamos mantenernos fieles a nosotros mismos cuando todo el mundo nos empujaba a ser crueles. Julieta había elegido la crueldad. Yo… yo tenía que elegir la verdad. Aunque me costara todo.