Zoe y Antoni nacieron con cucharas de plata en la boca. Rodeados de opulencia y acostumbrados a la adulación, ambos han forjado una coraza de orgullo y narcisismo que los hace inmunes a la empatía. Sus mundos son un escenario de apariencias, donde cada sonrisa es calculada y cada palabra un arma.
Él, Antoni, un tiburón de los negocios, acostumbra a tener todo lo que desea, y el control es su droga más preciada. Su arrogancia es su bandera, y su éxito, su mayor orgullo. Ella, Zoe, una belleza fría y distante, se deleita en la manipulación y la competencia. Su ego es un monstruo que necesita ser alimentado constantemente con admiración y poder.
Sus caminos se cruzan en una fiesta exclusiva, donde la atracción inicial se mezcla con el desafío. Comienza entonces un juego de ajedrez mental y emocional, donde el objetivo no es ganar un amor, sino conquistar un ego.
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trabajo
Le sostuve la mirada sin parpadear, sintiendo cómo el veneno y la rabia sofocaban cualquier rastro de tristeza que me quedara de la noche anterior.
—Tienes razón, Antoni —dije, esbozando una sonrisa fría como el acero mientras me apoyaba sobre la mesa—. Pero no te preocupes. Si algo aprendí en la carrera es a demoler rápido la basura y a construir sobre escombros. Y créeme... soy muy buena eliminando lo que ya no sirve.
—¡Bueno! —interrumpió mi padre, alzando las manos para aligerar la pesadez que aplastaba el comedor—. Me alegra ver que ya están intercambiando opiniones sobre el trabajo. De hecho, eso me facilita las cosas.
Nathalia y yo intercambiamos una mirada de alerta.
—¿De qué hablas, papá? —pregunté, dejando caer la servilleta sobre la mesa.
—A eso veníamos hoy, cariño —intervino Leonor, ajustando sus pulseras de oro con una sonrisa ensayada—. Con la boda en puerta, tu padre y yo queremos consolidar más que solo nuestras vidas. Queremos unir fuerzas comerciales. Tu padre pondrá el capital y la firma constructora, y yo y Antoni aportaremos el terreno y la logística hotelera para el nuevo complejo residencial en la costa.
Un nudo agrio se me asentó en el estómago.
—¿Y eso qué tiene que ver conmigo?, no lo entiendo.— dije tomando un trago de jugo.
—Tú eres la arquitecta de la familia, Zoe —dijo mi padre con orgullo ciego—. Quiero que tú diseñes el proyecto desde cero. Pero como es una inversión gigantesca, no estarás sola. Antoni acaba de terminar su maestría en finanzas y administración de proyectos en Londres. Él será el director financiero y tu coadministrador. Van a trabajar juntos, mano a mano.
El aire pareció escaparse de la habitación. ¿Tratando de superar la traición de mi novio y mi mejor amiga, y ahora mi padre me encadenaba profesionalmente al tipo más arrogante, manipulador y cínico que había conocido?
—No —dije de inmediato, poniéndome de pie—. Ni lo sueñen. Yo no necesito un niñero corporativo para hacer mi trabajo, y mucho menos a él.
—Zoe, por favor, no seas caprichosa —reprendió mi padre con tono severo—. Es una oportunidad única para tu carrera.
Antoni no se inmutó. Guardó su libro con parsimonia en su maletín de piel, se puso de pie con una calma que me dio ganas de estrellarle la copa de mimosa en la cara y acomodó su saco.
—No se preocupes, Señor armando —dijo Antoni, mirándome desde su considerable altura con una sonrisa helada—. Entiendo perfectamente a Zoe. No cualquiera tiene la madurez ni la agalla para gestionar un proyecto de cientos de millones de dólares bajo mi supervisión. Si le queda grande el saco, podemos contratar a una persona externa de hecho yo conozco a una chica.
—¿Poco espacio? ¿Grande el saco? —le espeté, dando un paso hacia él hasta quedar a centímetros de su pecho—. Acepto el proyecto. Pero déjame aclararte algo, Antoni: yo diseño, yo mando y yo decido. Tú solo firma los cheques y quédate detrás de tu escritorio sin estorbar
por UE la tal amiguita esa ni me fio