Ella es una policía que trabaja en una cárcel. Después de morir, ella reencarna en una joven maga quien en sueños ve como muere, así que despierta decidida a cambiar su destino y a cobrar venganza.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Mansion Vanderbilt 1
Durante el camino, Circe descubrió que el viaje podía ser bastante más entretenido de lo que había imaginado.
Se acomodó frente a Adrian y, poco a poco, comenzó a jugar con él.
No de manera evidente.
Solo lo suficiente.
Una mirada prolongada.
Una sonrisa de lado.
Inclinarse ligeramente al hablar.
Moverse moviendo un poco mas, mostrando un poco mas..
Después volver a mirar por la ventana como si nada hubiera ocurrido.
[El guapo duque moreno puede servirme para mi venganza.]
Pero había otra posibilidad que no podía negar.
[Además, podría ser una deliciosa distracción.]
Adrian tampoco hacía demasiado por ocultar su fascinación.
La observaba cuando creía que ella no lo notaba.
Circe, por supuesto, lo notaba absolutamente todo.
Finalmente dejó escapar una pequeña risa.
—Si continúa mirándome de esa manera, voy a terminar creyendo que no solo me quiere como consejera.
Adrian sonrió.
—Quizás.
Circe arqueó una ceja.
—¿Quizás?
—No dije que fuera únicamente por eso.
Ella sonrió coquetamente.
—Qué hombre tan sincero.
—Intento serlo.
[Al menos no es aburrido.]
El viaje continuó entre conversaciones y pequeñas provocaciones.
Pero ninguno de los dos se limitó al coqueteo.
Ambos eran demasiado inteligentes para eso.
Adrian hacía preguntas aparentemente casuales.
Quería saber sobre su educación, sus conocimientos, sus intereses y qué esperaba encontrar en sus territorios.
Circe respondía, pero también preguntaba.
Sobre el ducado.
Sobre sus responsabilidades.
Sobre sus aliados.
Sobre los problemas que enfrentaba.
Sobre sus relaciones con otras familias.
Cada respuesta le proporcionaba una pequeña pieza de información.
Y Adrian comenzó a comprender algo.
Circe no era simplemente una joven hermosa que había aceptado una posición conveniente.
[Está buscando algo.]
No sabía exactamente qué.
Quizás poder.
Quizás independencia.
Quizás información.
O quizás...
Él.
Adrian sonrió para sí mismo.
[Sea lo que sea, si me lo pide, probablemente se lo daré.]
Circe, mientras tanto, estaba llegando a una conclusión diferente.
[Es mucho más interesante de lo que esperaba.]
Cuanto más hablaban, más descubría sobre él.
Tenía carácter.
Era observador.
Sabía cuándo hablar y cuándo callar.
Y, aunque disfrutaba coquetear con ella, no parecía un hombre impulsivo.
Eso hacía que Circe sintiera todavía más curiosidad.
[Definitivamente será peligroso tenerlo cerca.]
Hizo una pausa.
[Y probablemente bastante adictivo.]
El camino duró todo el día.
A mitad del trayecto se detuvieron en una posada para comer.
Circe bajó del carruaje junto a Adrian.
Mientras esperaban la comida, ella conversaba tranquilamente.
Pero entonces notó algo.
Algunos hombres de la posada la observaban.
No era algo que le sorprendiera.
Sin embargo, Adrian también lo notó.
Su expresión cambió ligeramente.
No dijo nada.
Simplemente se acercó a Circe.
No la tocó.
No invadió su espacio.
Pero se colocó lo suficientemente cerca para que cualquiera pudiera comprender que habían llegado juntos.
Circe lo miró de reojo.
[Oh.]
[Así que realmente es posesivo.]
Tuvo que contener una sonrisa.
Adrian permaneció tranquilo.
Como si su posición junto a ella fuera completamente natural.
Circe decidió no molestarlo.
Todavía.
Después de comer, continuaron el viaje.
Las horas pasaron.
El paisaje fue oscureciéndose.
Y finalmente, cerca de la medianoche, las luces de la mansión Vanderbilt aparecieron a lo lejos.
Circe miró por la ventana.
La residencia era imponente.
Mucho más grande de lo que había imaginado.
Cuando el carruaje se detuvo, estaba agotada.
Había sido un día entero de viaje.
Adrian bajó primero y luego la ayudó a descender.
—Hemos llegado.
Circe miró la mansión.
—Es hermosa.
—Espero que se sienta cómoda aquí.
Adrian dio algunas órdenes a los sirvientes.
—Preparen la mejor habitación para nuestra invitada.
Circe lo miró.
—¿La mejor?
—Por supuesto.
Ella sonrió.
—Se lo agradezco, duque.
Adrian hizo un gesto para acompañarla hacia el interior.
Circe dio un paso.
Después se detuvo.
Miró hacia él.
Parecía querer decir algo.
Pero dudó.
Adrian notó inmediatamente aquella vacilación.
Su expresión se suavizó.
[Es mucho más encantadora cuando duda.]
Circe sonrió tímidamente.
—Ha sido un viaje muy largo.
—Lo sé.
—Entonces...
Hizo una pequeña reverencia.
—Le deseo buenas noches.
Adrian asintió.
—Buenas noches, Lady Circe.
Ella comenzó a caminar.
Pero antes de alejarse demasiado, miró discretamente hacia atrás.
Adrian todavía estaba observándola.
Sus miradas se cruzaron.
Circe sonrió.
[Definitivamente será interesante estar aquí.]
Subió las escaleras mientras pensaba en todo lo que podía conseguir durante su estancia.
El ducado.
Los contactos.
La información.
Su entrenamiento.
Y, por supuesto...
Adrian.
[Quizás pueda aprovechar todo esto.]
Una sonrisa traviesa apareció en su rostro.
[Será mejor que ese delicioso moreno esté preparado.]
Porque Circe no había llegado al ducado únicamente para ser una consejera.
Había llegado para hacerse más fuerte.
Para descubrir más sobre los Root.
Y, si el destino quería regalarle además una distracción atractiva...
Bueno.
Ella no iba a quejarse.