Antes de morir en una sangrienta operación militar en la Tierra, la vida del protagonista tuvo un solo propósito: pagar el tratamiento contra el cáncer de su hermana menor. Cada noche, para calmar su dolor, le leía novelas de romance. Tras perderla, cayó en combate poco tiempo después.
Para su sorpresa, despierta como Alexander von Ashford, poderoso Duque y General del Imperio de Valerius. La transmigración ocurre un mes después de partir a una guerra absurda, tras la trágica caída de su caballo. Ahora, un nuevo espíritu toma las riendas de su destino.
Al cruzar los recuerdos del cuerpo con los conocimientos de la novela, comprende la realidad: está dentro del libro. En la historia original, tras tres años de guerra, el Duque regresaba para descubrir que su esposa Elena y su hijo Theo de tres años habían muerto trágicamente.
Con su astucia táctica y la memoria del cuerpo, el exmilitar actuará rápido para cambiar el destino.
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Capítulo 9: Estrategias en el tablero
El crepúsculo teñía el horizonte de un rojo carmesí sobre las heladas montañas del norte. El viento invernal golpeaba con furia la estructura de la tienda de mando, mientras las velas parpadeaban iluminando la enorme mesa táctica cubierta de mapas y piezas de madera.
Había transcurrido un mes entero desde que recibí la carta real de Elena contándome la astuta jugada de la falsa misiva. Durante estas cuatro semanas, la tensión en el frente no había hecho más que escalar, exigiendo cada gramo de mi experiencia estratégica.
El Subcomandante Cassian ingresó a la estancia con el rostro desencajado por el cansancio, cargando varios pliegos de pergamino con los sellos de la vanguardia. Se acercó a la mesa y ajustó la posición de las unidades.
—Excelencia, el flanco oriental ha logrado asegurar las colinas de Voris —reportó el Subcomandante Cassian, colocando una pieza de madera sobre el mapa—. Sin embargo, las tropas imperiales del sector occidental se muestran reticentes a avanzar sin órdenes directas de la capital.
—La capital busca prolongar esto para desgastarme, Cassian —respondí con frialdad, ajustándome los guantes de cuero—. Redibujaremos las rutas de ataque de inmediato. Dividiremos la caballería pesada en dos contingentes y flanquearemos el valle de Kaelen antes de que concluya el mes.
—¿Atacar dos frentes de forma simultánea? —inquirió Cassian con marcada sorpresa en el rostro—. Es una maniobra sumamente agresiva, General. Nos exponemos a un contraataque si la logística o las líneas de suministro fallan.
—Es un riesgo calculado —afirmé con voz categórica, fijando mis ojos celestes en el mapa—. Necesitamos exactamente dos meses para pacificar esta región por completo. Ese es el tiempo que requiero para adaptar y blindar la fortaleza de la retaguardia.
—¿La fortaleza de la retaguardia, señor? —preguntó Cassian, confundido por la repentina prioridad dada a ese asentamiento secundario.
—Convertiremos esa ciudadela en un baluarte inexpugnable —explique con determinación—. Necesito dos meses para garantizar un lugar verdaderamente seguro donde mi esposa y mi hijo puedan establecerse. Un refugio protegido por nuestras tropas más leales, lejos de las garras de la capital.
Cassian asintió con un profundo respeto al comprender la firmeza de mi decisión. Sin perder tiempo, el subcomandante comenzó a redactar las órdenes de marcha para los capitanes de la caballería.
Mientras él coordinaba a los mensajeros militares, me acerqué a mi escritorio personal para preparar la correspondencia oficial. A pesar del caos, mi lealtad hacia la corona seguía intacta; yo confiaba plenamente en la equidad del viejo Rey, un monarca justo que siempre valoró el linaje Ashford.
Mi verdadera enemiga era la Princesa Evelyn y la facción ambiciosa que la rodeaba. Por ello, redacté un informe oficial impecable y verídico sobre los avances de la guerra, destinado exclusivamente a las manos de Su Majestad para mantener su respaldo directo.
—Entrega este informe directamente en el trono real, evitando los intermediarios del ministerio —instruí a Cassian al entregarle el pergamino sellado.
A continuación, ejecuté la siguiente fase del engaño. Sabía que la Princesa Evelyn y el mayordomo Gerald aguardaban con ansias mi respuesta a la carta falsa que Elena les había dejado interceptar semanas atrás.
Tomé una hoja de papel común y redacté una misiva pública con trazos deliberadamente despreocupados, calculada para ser leída por los traidores en la mansión ducal:
«Querida Elena:
He recibido tu carta y me llena de tranquilidad saber que la administración del ducado marcha sin contratiempos. La contienda en la frontera es feroz e impredecible, y sinceramente no sé cuándo podré regresar a nuestro hogar.
Me alegra profundamente saber que la Princesa Evelyn y mi hermano Julian están tan atentos a tus necesidades y preocupados por el bienestar de nuestra familia. Les agradezco de corazón su valioso apoyo en mi ausencia.
Con afecto, Alexander.»
Sonreí con amargura al estampar el sello oficial. Evelyn y Gerald leerían estas palabras y se confiarían, creyendo que el Duque estaba ciego, agradecido y atrapado indefinidamente en la guerra.
«Que crean que tienen el campo libre durante los próximos sesenta días», pensé mientras doblaba el pergamino. «Su propia arrogancia los volverá descuidados».
Inmediatamente después, saqué una hoja de papel fino para redactar la verdadera carta secreta dirigida a Elena, la cual viajaría en las sombras custodiada por mis exploradores de élite:
«Mi amada Elena:
Ha pasado un mes desde tu última carta. Debes resistir exactamente dos meses más en la residencia ducal. Ese es el tiempo preciso que me tomará asegurar este frente y preparar un lugar completamente seguro en nuestra fortaleza militar para ti y para Theo.
No obstante, dentro de un mes y medio te enviaré una nueva misiva con las instrucciones finales. En ella te detallaré paso a paso todo lo que debes hacer y decir ante Evelyn y Gerald, así como la hora exacta, el lugar del camino y la ruta logística precisa para que la interceptación de mis hombres sea impecable y el engaño funcione a la perfección.
Cuando pasen los dos meses, anunciarás tu retiro a la finca del campo bajo el pretexto de la salud de Theo. Ellos creerán que te retiras derrotada y no se opondrán. Sin embargo, en el punto acordado, mis hombres de confianza tomarán tu carruaje y te traerán directamente a mi refugio.
Este es el único territorio donde puedo garantizar tu vida y la de nuestro hijo con mi propia espada. Sois los únicos en quienes confío en este mundo. Aguanta un poco más.
Alexander.»
Llamé a mi explorador de sombras más experimentado y le entregué ambas misivas con instrucciones precisas: la carta pública debía dejarse filtrar hacia Gerald, mientras que la carta real debía llegar a las manos de Elena en absoluto secreto.
—Tendré el campamento y la fortaleza listos para recibirlos en dos meses, General —aseguró el explorador antes de desvanecerse en la oscuridad de la noche.
Me quedé a solas en la estancia, observando las brasas del fuego. Las piezas del tablero estaban dispuestas y el reloj de la traición ya había comenzado a correr. En dos meses, rescataría a mi familia para siempre.
que obra tan magistral
ya quiero ver arder a esos traidores
ya quiero ver asustados a los traidores cuando el ya empiece a dar órdenes con el sello 👏🤭
malditos como los odio y ese Julian su envidia y ambición lo destruiría y esa bruja ya me cae bien mal
estos acabarán amándose mucho
no nos dejen con la incertidumbre
ya quiero verla llegar con Alexander
malditas vivoras y que bueno que no tienen el sello