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EL PRECIO DE DESEARTE

EL PRECIO DE DESEARTE

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Romance / Venganza / Completas
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: FOAR

EL PRECIO DE DESEARTE

Valeria jamás imaginó que una noche pudiera cambiar su vida para siempre.

Adrián apareció cuando ella más necesitaba respuestas… y menos podía permitirse confiar en alguien.

Él guarda un secreto.
Ella esconde un pasado.
Y entre ambos nace una atracción tan intensa como peligrosa.

Pero cuando el deseo se mezcla con mentiras, nadie sale ileso.

Porque enamorarse de Adrián no será su mayor error.

Será descubrir por qué él la eligió.

NovelToon tiene autorización de FOAR para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EL HOMBRE DEL ANILLO

-Tu madre me pidió que te encontrara antes de que lo hiciera Gabriel.

Las palabras atravesaron la habitación.

Valeria sintió que el corazón le golpeaba con tanta fuerza que apenas podía respirar.

Adrián levantó el arma.

—Aléjate de la puerta.

Una risa baja respondió desde el otro lado.

—Sigues protegiéndola como aquella noche.

Adrián se quedó inmóvil.

Valeria lo miró.

—¿Lo conoces?

Él no respondió.

La puerta recibió otro golpe.

—Adrián —dijo el hombre—. Tú y yo tenemos una historia pendiente.

Nicolás palideció.

—No puede ser...

Elena lo miró.

—¿Lo reconoces?

—Demasiado.

Adrián apretó la mandíbula.

—Nicolás, abre la salida trasera.

—Está bloqueada.

—Entonces desbloquéala.

—¡No puedo!

Otro golpe.

La puerta comenzó a ceder.

Valeria miró la fotografía que todavía sostenía.

El hombre de espaldas.

El anillo negro.

Y una sensación extraña comenzó a crecer dentro de ella.

No era miedo.

Era reconocimiento.

—Ya lo he visto —susurró.

Adrián la miró.

—¿Qué?

—A él.

Cerró los ojos.

Una imagen apareció en su mente.

Lluvia.

Una habitación.

Su padre discutiendo con alguien.

Y una voz.

—No puedes llevártela.

Después, otra voz.

—No necesito llevármela. Solo necesito que olvide.

Valeria abrió los ojos de golpe.

—Nicolás...

Él la miró.

—¿Qué recuerdas?

—Tú estabas allí.

Nicolás bajó la mirada.

—Sí.

—Y él también.

—Sí.

Valeria sintió que las lágrimas comenzaban a acumularse en sus ojos.

—Entonces todos me mintieron.

Adrián se acercó.

—Valeria...

—¡No!

Ella retrocedió.

—No vuelvas a decirme que lo hiciste para protegerme.

Adrián se quedó en silencio.

—Toda mi vida alguien ha decidido qué puedo recordar, a quién puedo conocer y qué verdades puedo soportar.

Su voz se quebró.

—Y ahora resulta que mi madre está viva.

Nicolás dio un paso hacia ella.

—No sabemos si...

—¡La carpeta dice que está activa!

El silencio volvió a apoderarse de la habitación.

Entonces la puerta cedió.

Adrián reaccionó rápidamente.

—¡Todos atrás!

El hombre entró.

Alto.

Elegante.

Vestido completamente de negro.

No parecía tener prisa.

No llevaba el rostro cubierto.

Y eso fue lo que más aterrorizó a Valeria.

Porque por primera vez pudo verlo.

Su rostro era más joven de lo que había imaginado, aunque sus ojos tenían una frialdad imposible de ignorar.

Su mano derecha descansaba junto al cuerpo.

En el dedo llevaba el anillo.

El mismo símbolo.

Valeria sintió un fuerte dolor en la cabeza.

El hombre la observó.

—Has crecido.

Adrián apuntó hacia él.

—Un paso más y disparo.

El desconocido sonrió.

—No lo harás.

—Ponme a prueba.

—No quiero pelear contigo, Adrián.

—Entonces vete.

El hombre miró a Valeria.

—Vine por ella.

—No te la vas a llevar.

—Eso depende de ella.

Valeria sintió que la rabia vencía al miedo.

—¿Quién eres?

El hombre sostuvo su mirada.

—Alguien que conoció a tu madre mucho antes de que tú nacieras.

—¿Dónde está Isabel?

Por primera vez, la expresión del hombre cambió.

—Eso es precisamente lo que he venido a decirte.

Valeria dio un paso hacia él.

Adrián intentó detenerla.

—No.

Ella se soltó suavemente de su mano.

—Necesito saber.

El desconocido introdujo la mano en el interior de su abrigo.

Adrián tensó el arma.

—Despacio.

El hombre sacó un pequeño sobre blanco.

Lo dejó sobre el suelo.

—Tu madre me pidió que te entregara esto si alguna vez recuperabas tus recuerdos.

Valeria lo miró.

No se movió.

—¿Cómo sé que no estás mintiendo?

—No lo sabes.

Aquella respuesta la desconcertó.

—Entonces, ¿por qué debería creerte?

El hombre sonrió ligeramente.

—Porque solo hay una persona que podría haber escrito esa carta.

Valeria miró a Nicolás.

Él estaba completamente pálido.

—Ábrela —dijo.

Valeria recogió el sobre.

Reconoció la letra inmediatamente.

No sabía cómo.

Pero la reconoció.

Las lágrimas recorrieron sus mejillas.

—Es ella...

Adrián bajó ligeramente el arma.

Valeria abrió el sobre.

Dentro había una sola hoja.

Solo una frase.

La leyó en voz alta:

—“Valeria, si estás leyendo esto, significa que finalmente recordaste quién soy.”

Su respiración se cortó.

Debajo había otra línea.

Una línea que hizo que Nicolás cerrara los ojos.

“Pero todavía no estás preparada para saber por qué tuve que abandonarte.”

Valeria levantó lentamente la mirada.

—¿Abandonarme?

El hombre del anillo dio un paso atrás.

—Ahora entiendes por qué tenía que encontrarte antes que Gabriel.

—¿Dónde está mi madre?

El hombre la miró fijamente.

—Viva.

Valeria sintió que las piernas le temblaban.

—¿Dónde?

El desconocido guardó silencio unos segundos.

Después dijo:

—En el único lugar donde ellos jamás pensarían buscarla.

Adrián frunció el ceño.

—¿Dónde?

El hombre del anillo miró a Valeria.

—En un lugar que tú conoces desde niña.

Y antes de que pudiera decir algo más, las luces se apagaron.

Se escuchó un disparo.

Después otro.

Cuando Adrián volvió a encender la linterna de su teléfono, el hombre había desaparecido.

Pero sobre la mesa había quedado algo que antes no estaba allí.

Una fotografía.

Valeria la tomó.

Era una imagen reciente.

Una mujer estaba sentada frente a una ventana.

El rostro era parcialmente visible.

Pero Valeria reconoció aquellos ojos.

Los mismos que aparecían en sus recuerdos.

Los mismos que había visto en la fotografía de su infancia.

Su madre.

En la parte posterior había una dirección.

17 — 42 — 7.

Valeria levantó la mirada.

—Esa dirección...

Nicolás tragó saliva.

—Sí.

Adrián lo miró.

—¿Qué hay allí?

Nicolás respondió casi en un susurro:

—El lugar donde todo comenzó.

Y Valeria comprendió que ya no estaba buscando a una madre muerta.

Estaba a punto de encontrar a una mujer que llevaba años escondiéndose de ella.

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Lau
está intrigante autora 🙆😅
FOAR: Me alegra
total 1 replies
Lau
interesante
Lau
comenzando 🥰
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