NovelToon NovelToon
Un Matrimonio Imperial

Un Matrimonio Imperial

Status: En proceso
Genre:Romance / Matrimonio arreglado / Traiciones y engaños
Popularitas:4.5k
Nilai: 5
nombre de autor: A.B.G.L

Todo empezó en la crueldad: el hombre que amo se casa con mi mejor amiga, y yo debo presenciarlo todo, humillada, en primera fila.

Para dejar de ser su juguete, suelto la mentira que me salva y me venga:
—Estoy comprometida con Denney Callahan.

Se burlan… hasta que él aparece, me rodea la cintura con posesión feroz, me pega a su cuerpo y declara:
—Es mi prometida. Créanlo.

La mentira se vuelve verdad. Y el juego dulce, vengativo y oscuro ha comenzado.

NOVELA EXTENSA...

Advertencia: Novela +21

NovelToon tiene autorización de A.B.G.L para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23: Fuego contra hielo

El sonido de la puerta cerrándose a sus espaldas fue como un golpe seco contra el pecho. Me quedé allí, inmóvil en la cocina, el vaso de agua apretado entre mis manos hasta que los nudillos perdieron su color. El cristal estaba frío, helado, y sin embargo no sentía el frío; sentía fuego. Fuego que me subía por la garganta, que me quemaba la piel, que me hacía latir el corazón tan fuerte que me dolían las costillas.

Lo había visto. Esa mirada. No era enfado. No era duda. Era asco.

Me recorrió de arriba abajo como si yo fuera algo que había encontrado tirado en el suelo, algo sucio, algo que no debía estar en su impecable mundo de mármol y silencio. Y luego… me dio la espalda. Como si yo no mereciera ni un segundo más de su tiempo. Como si mi sola presencia fuera una mancha en la perfección de su casa.

Dejé el vaso sobre la encimera con un temblor que no logré controlar. El sonido metálico resonó en el silencio del penthouse como un aviso. ¿Cómo se atreve? La pregunta me estalló en la mente, una y otra vez, creciendo con cada latido. ¿Cómo se atreve a mirarme así? ¿Cómo se atreve a tratarme como si yo fuera la intrusa, la equivocada, la que sobraba aquí?

No fui yo quien impuso este trato. No fui yo quien apareció en aquella boda para reclamarme delante de todos. Él vino. Él extendió la mano. Él dijo que era suya. Él construyó esta farsa ladrillo a ladrillo, me trajo aquí, me encerró en su mundo, me obligó a jugar según sus reglas… y ahora me mira como si le diera asco que respire su mismo aire.

La confusión se desvaneció en un instante, reemplazada por una rabia limpia, brillante, devastadora. No iba a quedarme aquí, agachada, preguntándome qué hice mal. No iba a retroceder. No iba a encogerme para que él se sintiera cómodo. Ya lo hice una vez. Ya me callé, ya me adapté, ya intenté ser perfecta para alguien que nunca mereció ni un segundo de mi tiempo. No volvería a hacerlo.

Me miré en el reflejo oscuro de la ventana. Shorts, blusa fina, cabello suelto, nada que no fuera ropa cómoda tras un día entero de trabajo. Nada que cualquier persona decente llevaba en su propia casa. Pero esta no era mi casa. Eso me había dicho él, sin palabras, con esa mirada helada. No eres bienvenida.

Pues bien. Si quería guerra, la tendría.

Di un paso hacia el pasillo. Luego otro. No me cambié. No me cubrí. No me arreglé para su aprobación. Caminé tal como estaba, descalza sobre la madera pulida, sintiendo el frío bajo los pies, sintiendo el calor de la furia en el pecho. El pasillo parecía interminable, largo y vacío, con las puertas cerradas a ambos lados, y al final la suya, imponente, de madera oscura, como la entrada a un santuario donde yo no tenía derecho a entrar.

Me detuve ante ella. No dudé. No respiré hondo para calmarme. Golpeé la madera con los nudillos, fuerte, tres veces, el sonido seco y desafiante.

—¡Abre! —exigí, y mi voz no tembló—. Abre ahora mismo, Callahan.

No esperé. Giré la manija antes de que pudiera responder o poner el cerrojo. La puerta cedió y entré.

La habitación estaba en penumbra, iluminada solo por la luz grisácea que entraba del atardecer a través de las cortinas. Él estaba de pie junto a la cama, medio desabrochada la camisa, el cabello ligeramente revuelto, la postura tensa como la de un animal acorralado que de repente ve a su presa entrar por la puerta. Cuando me vio, la vena de su sien se marcó de inmediato, oscura y palpitante. Sus ojos grises recorrieron mi cuerpo, y en ellos vi de nuevo ese brillo frío, esa distancia que me hirió más que cualquier insulto.

—¿Qué haces? —preguntó, y su voz era grave, tensa, una advertencia.

Avancé sin detenerme, sin apartar la mirada.

—No me vuelvas a mirar así —dije, y cada palabra salió cargada de todo lo que había contenido durante semanas—. No me vuelvas a mirar como si fuera una basura que recogiste de la calle. ¿Me oyes?

Me detuve a pocos pasos de él. Era enorme, imponente, llenaba toda la habitación, y sin embargo no di un paso atrás.

—Tú fuiste el que insistió —continué, levantando la voz, dejando que todo saliera—. Tú diste el paso en aquella boda. Tú me trajiste aquí. Tú moviste los hilos para meterme en tu vida, en tu cama, en tus planes. Así que si te molesta verme en ropa cómoda en tu cocina… si te da asco compartir el mismo aire conmigo… te aguantas. O me abres la puerta ahora mismo y me dejas irme.

Él dio un paso hacia mí, lento, pesado, y su presencia me envolvió como una sombra.

—Te dije que esto no era un juego, Lana —siseó, bajando la cabeza hasta que su mirada estuvo a la altura de la mía—. Estás aquí bajo mis reglas. Si quieres vestirte como si estuvieras sola en tu casa, recuerda que esta no es tu casa. Es mi territorio.

—¡Me importa un carajo tu territorio! —grité, y empujé su pecho con ambas manos, con toda la fuerza que tenía, un golpe que apenas lo movió, pero que lo hizo tensarse como acero—. No soy tu posesión. No soy tu prisionera. No soy tu muñeca para exhibir cuando conviene y esconder cuando te incomodo. Si vas a mirarme con desprecio cada vez que me cruce en tu camino, asegúrate de sostenerme la mirada mientras lo haces. Porque yo te detesto, Denney Callahan. Con cada fibra de mi ser, te detesto.

Me sostuvo la mirada y vi algo cruzar sus ojos, algo rápido y oscuro, tan rápido que no logré descifrarlo. Luego me tomó de las muñecas, no con brusquedad, pero con una firmeza que no permitía que me soltara. Sus dedos me rodearon la piel, calientes, pesados, y sentí el contacto subirme por los brazos como una descarga eléctrica, furia y algo más, algo que me negué a nombrar.

—Ten cuidado —dijo, y su voz era casi un susurro, pero cargada de amenaza—. No sabes de lo que hablas. No sabes lo que he hecho para que estés aquí.

—¡Lo sé! —le respondí, forcejeando, pero no me soltó—. Sé que todo esto es una farsa. Sé que me usas para tus fines. Sé que no me soportas y que solo me toleras porque te convengo. ¡Pues bien! No necesito tu lástima ni tu asco. Si mi presencia te resulta tan insoportable, déjame marcharme. Ahora.

Me acercó más, tan cerca que podía sentir el calor de su piel, el aroma a madera y lluvia que siempre llevaba consigo.

—No —dijo, y la palabra cayó entre nosotros como una sentencia—. No te vas a ninguna parte.

—¿Quién eres tú para decidirlo? —le escupí—. ¿Quién te crees que eres para encerrarme aquí y mirarme como si yo fuera la que hizo algo mal?

—Soy el único que te mantiene a salvo —replicó, y por un instante su mirada se suavizó, casi con dolor, antes de endurecerse de nuevo—. Y soy el único que puede destruirte. Así que aprende a obedecer, Lana. Aprende a respetar el lugar donde estás.

—¿Respetar? —reí, amarga—. Tú no me respetas. Tú solo me controlas. Y no voy a quedarme callada esperando a que cambies de humor. Si vamos a estar bajo el mismo techo, vas a verme. Vas a hablarme. Y no voy a vestirme ni a comportarme según tus caprichos para que no te avergüences de mí.

Me soltó de golpe, como si mis manos le quemaran. Dio un paso atrás, apretando los puños a los costados, y vi la lucha en su rostro: el deseo de acercarse y el de alejarme, la furia y algo más, algo que se ocultaba detrás de esa frialdad.

—Sal de mi habitación —dijo, señalando la puerta con un gesto brusco.

—Con mucho gusto —respondí, dándome la vuelta—. Pero tenlo claro: no voy a esconderme. No voy a dejar de ser yo para que te sientas cómodo. Aprende a tolerarme, Callahan. Porque no pienso encogerme solo para que tú no te sientas incómodo.

Caminé hacia la puerta sin mirar atrás, aunque sentía sus ojos clavados en mi espalda, pesados, oscuros, llenos de cosas que no se atrevía a decir. Me detuve en el umbral y me giré una última vez. Lo vi allí, de pie en la penumbra, inmenso y solitario, y sentí un instante de extraña, inquietante compasión que aparté de inmediato. No. No merecía compasión. Merecía que lo desafiara.

—Guerra declarada —susurré, más para mí que para él—. Si eso es lo que quieres, eso es lo que vas a tener.

Salí y cerré la puerta con fuerza. El sonido retumbó en el pasillo, seco, definitivo. Me quedé un instante apoyada contra la madera, con el corazón desbocado, las manos temblorosas, la respiración entrecortada. Había cruzado la línea. Ya no había vuelta atrás. La farsa estaba rota. Lo que quedaba entre nosotros era algo más crudo, más peligroso, más real.

Caminé de regreso a mi habitación, descalza, con la cabeza alta, aunque las piernas me temblaban. No miré atrás. Sabía que él seguía allí, al otro lado de la puerta, y no sabía si me odiaba más ahora que antes. Tampoco me importaba. Lo que sí sabía era que a partir de este momento, cada día bajo su techo sería una batalla. Y yo no pensaba perder.

Me encerré en mi habitación y me deslicé hasta el suelo, apoyada contra la puerta, cubriéndome el rostro con las manos. La rabia empezó a ceder, dejando paso a un vacío helado en el estómago. ¿Por qué me duele tanto? Me pregunté. ¿Por qué su desprecio me hiere más profundamente que el de Nash? ¿Por qué quiero que me vea, que me escuche, que sepa quién soy realmente, cuando lo lógico sería pasar desapercibida hasta poder huir?

Cerré los ojos y vi su rostro: la mandíbula tensa, la mirada oscura, la forma en que me había sostenido las muñecas sin lastimarme. Había algo en él, algo que no lograba descifrar, algo que se escondía detrás de la frialdad, algo que me llamaba a pesar de todo. Pero no podía permitirme creerlo. No podía permitirme confiar. La confianza era lo que te hacían pedazos cuando bajabas la guardia. Y yo ya había recogido mis pedazos demasiadas veces como para volver a arriesgarme.

Me levanté y me acerqué a la ventana. La ciudad se extendía allá abajo, un mar de luces indiferentes. En algún lugar, Nash y Savannah tramaban mi caída. Aquí, en este piso de lujo y silencio, el hombre que supuestamente me protegía me miraba con asco. Y yo estaba sola. Completamente sola.

—No necesito que nadie me salve —susurré a la oscuridad—. Ya me salvé a mí misma antes. Lo haré de nuevo.

Me puse de pie, me lavé la cara, me cambié la ropa, y cuando me miré al espejo, la chica que me devolvió la mirada tenía los ojos brillantes, pero no de miedo. De determinación.

Mañana sería otro día. Él seguiría siendo frío. Yo seguiría desafiándolo. Y la guerra entre nosotros seguiría. Pero esta vez, no estaba dispuesta a perder.

1
JOGXANDY BELLO
jejeje critica constructiva, fue a humillar a otros y se humillo ella misma, solo no se doblega contra él protahonista pero si se humilla contra los demas, sobretodo con sus enemigos, no estoy entendiendo la logica de la narraccion. Espero que el cambio realmente sea significativo
A.B.G.L: Si resulta algo exasperante, pero es que ahora quiero darles ese toque humano, donde hay margen de error y así, espero que te vaya gustando...👏
total 1 replies
JOGXANDY BELLO
Que horror eso que es la primera aparicion y ya pierde los modales, no creo que este dando la imagen de chica super poderosa jejeje
A.B.G.L: hola, gracias por tu primer comentario, la verdad es que estoy queriendo que la evolución de los personajes fluyan natural y algo calmado, pero mas adelante ella cambiará un poco, gracias por tu apoyo...
total 1 replies
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play