Alex siempre creyó que obedecer a su Alfa era su deber. Entregado al Clan Sabio para pagar una deuda, soportó humillaciones, desprecios y castigos, convencido de que algún día Fernando comprendería su valor. Pero después de recibir un golpe injusto, algo cambia.
Una voz aparece en su mente.
La Diosa Lectora conoce sus secretos, revela las mentiras del clan y le muestra futuros que podrían convertirse en realidad. Por primera vez, Alex descubre que su sufrimiento no fue casualidad y que su origen guarda un secreto capaz de cambiarlo todo.
Con cada verdad, el Omega deja atrás al joven sumiso que todos podían pisotear. Ya no obedecerá ciegamente, ni permitirá que otros decidan su destino.
Mientras Fernando descubre demasiado tarde lo que perdió y Alejandro le ofrece un camino diferente, Alex deberá elegir entre la venganza, el amor y la libertad.
Porque esta vez, el Omega elegirá su propio futuro.
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El nuevo orden en la Capital
La noticia del veredicto histórico se propagó por las calles de la Gran Capital como un incendio en noche seca. Que un omega hubiera utilizado las leyes contables e imperiales para desmantelar a un clan noble entero y someter a la influyente Casa González no solo era un escándalo sin precedentes, sino una sacudida directa a las estructuras más conservadoras de la aristocracia.
En el último piso de la Posada Imperial del Sol, la residencia temporal más lujosa de la ciudad, Alex observaba el panorama urbano a través de los ventanales de cristal barnizado. Sobre la amplia mesa de caoba descansaban los nuevos libros de contabilidad, las escrituras de las minas de jade del norte y el certificado oficial de la Carta de Emancipación Imperial.
«Cálculo del Sistema», resonó la voz clara y jovial en la mente de Alex, mientras una interfaz de luz dorada se desplegaba ante su visión. «Misión Principal: 'Venganza y Autonomía' completada al 100%. Estatus actual del anfitrión: Omega Libre de Rango Superior. Capital disponible: 100,000 cofres de oro e ingresos recurrentes de los yacimientos del norte. Desbloqueando nuevo arco narrativo: 'Construcción del Imperio Comercial'.»
«El dinero y la libertad no sirven de nada si no se consolidan con instituciones reales», pensó Alex con frialdad mientras firmaba con pluma de plata el primer contrato de compra de terrenos en la Capital. «Mi madre murió porque no tenía una red propia ni recursos para defenderse. Ese error no volverá a repetirse.»
Un suave golpe en la puerta interrumpió su análisis. Un joven criado, vistiendo la librea impecable de la residencia, hizo una profunda inclinación al entrar.
—Señor Alex, el diplomático Julián Ramos y el nuevo gremio de contadores de la Capital solicitan audiencia. Además... hay varios carruajes de familias nobles esperando en la entrada inferior con regalos y cartas de felicitación.
—Rechaza los regalos de la nobleza —ordenó Alex sin levantar la vista de sus planos—. Aquellos que me ignoraron durante tres años mientras me consumía en el ala oeste no tienen espacio en mi mesa. Deja pasar solo al Embajador Ramos y a los representantes del gremio.
Minutos después, Julián Ramos ingresó a la estancia portando un maletín de cuero reforzado. El diplomático, que había visto cientos de juicios a lo largo de su carrera en el Consejo Neutral, contemplaba al joven omega con una mezcla de sincera admiración y respeto profesional.
—Joven Alex —saludó Julián acomodándose frente al escritorio—. Las órdenes de incautación sobre los almacenes del Clan Alba se han ejecutado sin contratiempos. Las minas de jade han pasado oficialmente a ser administradas por tu nuevo sello personal. Sin embargo, hay un asunto pendiente que requiere tu atención inmediata.
—El Clan Silva —dedujo Alex con una ligera sonrisa calculadora.
—Exactamente —asintió Julián con gravedad—. El Clan Silva ha perdido a su principal socio financiero con la caída de Héctor Alba. Para salvar su propia reputación y evitar que los auditores imperiales revisen sus cuentas comerciales, están intentando comprar los contratos de distribución de jade que pertenecían a tu madre. Quieren acorralarte comercialmente antes de que logres establecer tu propia red en la Capital.
«Notificación del Sistema: Detectada amenaza de bloqueo de mercado por parte del Clan Silva», intervino la voz mecánica. «Estrategia sugerida: Creación de la Primera Red de Comercio y Botica Dirigida por Omegas. Probabilidad de éxito: 94.5%.»
—El Clan Silva cree que porque soy un omega sin antecedentes comerciales en la Capital voy a ceder a sus presiones —dijo Alex en voz baja, ajustando la túnica de seda gris que llevaba puesta—. Olvidan que fui yo quien desglosó tres años de fraude de la Casa González en una sola noche. Señor Ramos, prepare los contratos para la adquisición del edificio de la antigua Gran Botica del sector este.
—¿La Gran Botica? —se sorprendió el diplomático—. Es un edificio enorme y abandonado tras la quiebra de la casa mercantil anterior.
—Y es el lugar perfecto para establecer el primer centro médico y financiero independiente —sentenció Alex—. No solo venderemos medicinas puras y sin adulterar; contrataremos y capacitaremos a omegas sin recursos para que manejen la contabilidad, la administración y la distribución de los productos. Les enseñaremos a defenderse con las mismas herramientas que a mí me salvaron la vida.
En tanto, en el campamento militar de la comitiva del norte, la atmósfera era sumamente pesada. Fernando González permanecía sentado frente a la mesa de mapas de su tienda de campaña, con la túnica desabotonada y la mirada perdida en las brasas del brasero de hierro.
Uno de sus capitanes de mayor confianza entró cautelosamente, dejando sobre la mesa un informe sellado.
—Señor... los guardias han completado el traslado de la matriarca, Doña Matilde, al pabellón de confinamiento en la residencia del norte. Se han retirado todos los sirvientes de su confianza y la casa se encuentra bajo auditoría estricta.
Fernando no respondió de inmediato. Pasó una mano cansada por su rostro, sintiendo el vacío helado en la nuca donde solía estar la marca que lo unía a Alex.
—¿Y Alex? —preguntó el Marqués con la voz ronca—. ¿Ha aceptado la guardia de protección que le ofrecimos para su estancia en la Capital?
El capitán bajó la vista con incomodidad.
—El joven Alex rechazó la escolta de la Casa González, Señor. Ha contratado a la Guardia Neutral del Consejo y ha adquirido tres propiedades principales en el centro de la ciudad. Los rumores dicen que está abriendo un gremio propio.
Fernando dejó escapar un suspiro amargo, lleno de una pesadumbre insoportable. Sabía que no le quedaba ningún derecho a intervenir, ni como alfa ni como protector. Había tenido la oportunidad de respaldar a Alex cuando estaba en la miseria y la dejó pasar por ceguera y cobardía; ahora, Alex volaba tan alto que la sombra de la Casa González ni siquiera alcanzaba a tocarlo.
—Preparen a las tropas para el regreso al norte —ordenó Fernando poniéndose de pie con pesadez—. Nos aseguraremos de que cada moneda de la indemnización ordenada por el tribunal sea transferida a las cuentas de Alex antes del fin de mes. Si el Clan Silva intenta hacerle una jugada sucia en la Capital... intervendremos desde las fronteras sin que él tenga que pedirlo.
Mientras la comitiva del norte iniciaba su retirada cargando con la vergüenza de sus errores pasados, en el centro de la Capital, Alex firmaba el acta de fundación de la "Casa de Jade". Frente a él, decenas de jóvenes omegas que habían sido marginados por la aristocracia lo miraban con ojos llenos de esperanza y devoción.
Alex se puso de pie frente a ellos, erguido, soberano e inquebrantable. La etapa de sufrir en el ala oeste había quedado definitivamente atrás; era el momento de construir su propio imperio.