Él juró destruir a su familia. Nunca imaginó que ella sería lo único que desearía salvar.
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Capítulo 14
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Había conseguido que el heredero de Prescott Energy entrara en la estructura de su familia, asumiera el control de las decisiones importantes de su empresa durante seis meses y aceptara casarse con una Victoria.
Para Gregory, aquello significaba que finalmente tenía a Renán donde quería.
No podía imaginar que el verdadero objetivo de Renán era exactamente el contrario.
—Ahora debemos hablar de la celebración —dijo Gregory.
Renán levantó la mirada.
—¿La fiesta de compromiso?
—Por supuesto.
Gregory sonrió ampliamente.
—No podemos dejar pasar una oportunidad como esta. Será dentro de unos días. Algo elegante, exclusivo. Quiero que estén presentes ambas familias.
—Me parece bien.
—Debe ser un acontecimiento importante. Después de todo, será el comienzo de una nueva etapa para los Whitmore y los Prescott.
Renán asintió.
—Organícelo como considere conveniente.
—Será una gran noche.
—Sin duda.
Gregory se levantó.
—Entonces nos veremos en unos días.
—Nos veremos.
Gregory salió del despacho acompañado por su abogado.
Cuando la puerta se cerró, Matteo permaneció unos segundos en silencio.
Renán volvió a sentarse y tomó el contrato.
Matteo lo observó.
—Todo salió exactamente como lo planeaste.
Renán pasó los dedos sobre la firma de Gregory.
—Sí.
Matteo señaló la cláusula.
—Seis meses de control sobre las decisiones importantes de Whitmore Mining Group y el compromiso de casarte con una de sus hijas.
Renán asintió.
—Exactamente.
—Y Gregory cree que será Victoria.
Una sonrisa apenas perceptible apareció en el rostro de Renán.
—Ese es su problema.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
La mañana había comenzado con normalidad en ArqNova Studio, pero Sia no conseguía concentrarse.
Tenía los planos frente a ella, la computadora encendida y varios documentos pendientes de revisar, pero su mente estaba en otra parte.
Cada vez que intentaba concentrarse, recordaba la noche anterior.
Sia dejó escapar un suspiro y apoyó la espalda contra la silla.
—¿Otra vez pensando en él?
La voz de Emma la hizo levantar la cabeza.
—¿Qué?
Emma estaba frente a ella, observándola con una sonrisa.
—Llevas diez minutos mirando el mismo plano.
—Estoy trabajando.
—Claro.
Sia volvió la mirada hacia la pantalla.
—No estoy pensando en nadie.
Emma se acercó y se sentó frente a ella.
—Entonces dime qué pasó.
Sia se quedó callada.
Emma entrecerró los ojos.
—No me digas que no pasó nada.
—Sí pasó.
—¡Lo sabía!
—Emma, controlate.
—Entonces cuenta.
Sia respiró profundamente.
—Mi auto no encendió.
—¿Qué?
—Intenté varias veces. Nada.
—¿Y cómo llegaste a casa?
Sia bajó la mirada.
—Renán estaba afuera.
Emma abrió los ojos.
—¿Renán Prescott?
Sia asintió.
—Estaba esperándome.
—¿Esperándote?
—Eso parece.
Emma sonrió lentamente.
—Sigue.
—Me ofreció llevarme.
—Y tú aceptaste.
—No quería.
—Pero aceptaste.
—Porque no había taxis disponibles.
Emma soltó una pequeña risa.
—Está bien. ¿Y qué pasó?
Sia comenzó a jugar nerviosamente con un bolígrafo.
—Me dejó cerca de mi casa.
—¿Y?
—Le di las gracias.
—¿Y?
Sia la miró.
—Emma...
—¿Qué paso?
Ella suspiró.
Sia tardó unos segundos en responder.
—Me besó.
Emma abrió la boca sorprendida.
—¿Te besó?
Sia asintió.
—Sí.
—¿Y tú?
Sia guardó silencio.
Emma la observó.
—Sia...
—Lo bese y luego lo abofeteé.
—Eso sí me lo esperaba.
Sia soltó una pequeña risa.
Emma inclinó la cabeza.
—¿Que tal?
Sia respiró profundamente.
—Me gustó.
Emma se quedó mirándola.
Sia se cubrió el rostro con ambas manos.
—Muchísimo.
—¡Sia!
—¡No grites!
Emma se acercó emocionada.
—Te gusta.
Sia bajó lentamente las manos.
—No sé qué siento.
Emma sonrió.
—Por fin estás admitiendo algo.
Sia miró hacia la ventana.
—Fue extraño.
—¿El beso?
—Todo. No esperaba que hiciera eso. Me molestó que lo hiciera sin preguntarme.
Emma asintió.
—Eso lo entiendo.
—Pero cuando ocurrió...
Sia se quedó callada.
—Sentí algo.
Emma sonrió.
—¿Algo bueno?
Sia negó con la cabeza, aunque una sonrisa involuntaria apareció en su rostro.
—No quiero hablar de eso.
—Ya hablaste.
—Y me arrepiento.
Emma se rio.
—Demasiado tarde.
Sia volvió a mirar sus planos, intentando recuperar la concentración.
Pero esta vez, al menos, ya había dicho en voz alta lo que llevaba toda la mañana intentando ocultar.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
En Prescott Energy, Renán permanecía en su despacho después de la salida de Gregory.
Matteo entró y tomó asiento frente al escritorio.
—Entonces ya tienes lo que querías.
Renán lo miró.
—Casi.
Matteo frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
Renán apoyó los brazos sobre el escritorio.
—Ayer fui a buscar a Sia.
Matteo se quedó en silencio.
—¿Fuiste hasta su trabajo?
—Sí.
Matteo negó lentamente con la cabeza.
—¿Y qué ocurrió?
Renán sonrió ligeramente.
—Le dije quién era y le expliqué que había ido a presentarme personalmente porque ella no me había dado su nombre.
—¿Y?
—Le pedí que cenara conmigo.
Matteo soltó una risa.
—¿Y te dijo que no?
—Varias veces.
—Eso no me sorprende.
Renán también sonrió.
—Emma, su amiga, se involucró.
—¿Emma?
—Sí. Ella sí sabía quién era yo porque me había visto en una revista.
Matteo negó con la cabeza.
—¿Y después?
Renán se recostó en su silla.
—Esperé hasta que saliera.
—¿Esperaste?
—Sí.
—¿Por qué?
Renán lo miró con una expresión divertida.
—Porque quería volver a verla.
Matteo lo observó con atención.
—Esto cada vez me gusta menos.
Renán ignoró el comentario.
—Cuando salió, su automóvil no encendía.
Matteo levantó una ceja.
—¿Casualidad?
Renán sonrió.
—No exactamente.
Matteo lo miró fijamente.
—¿Qué hiciste?
—Le pagué a un hombre de seguridad.
—Renán...
—Solo desconectó temporalmente el sistema necesario para que el automóvil no encendiera.
—¿Y luego?
—Cuando ella salió a buscar un taxi, yo estaba esperándola.
Matteo suspiró.
—Ahora entiendo por qué estabas tan seguro de que subiría contigo.
—No fue tan sencillo.
Renán le contó cómo Sia se negó varias veces, cómo continuó caminando por la acera mientras él avanzaba lentamente junto a ella y cómo finalmente aceptó que la llevara.
Matteo escuchaba con una mezcla de incredulidad y preocupación.
—¿Y la dejaste en su casa?
—No.
—¿No?
—Una cuadra antes.
Matteo levantó las cejas.
—¿Por qué?
—Ella me lo pidió.
—Eso sí lo entiendo.
Renán sonrió.
—La besé.
Matteo lo miró fijamente.
—¿La besaste?
Renán asintió.
—Fue impulsivo.
—¿Y?
—Me beso también y me dio una bofetada.
Matteo soltó una carcajada.
—Eso te pasa por atrevido.
Renán sonrió.
—Pero valió la pena.
Matteo dejó de reír.
—Renán.
—¿Qué?
—No pierdas de vista lo que estás haciendo.
Renán tomó el contrato firmado que estaba sobre el escritorio.
—No lo he olvidado.
Matteo suspiró.
—Solo recuerda que ella no sabe nada de tus verdaderas intenciones.
Renán guardó silencio.
Sería su futura esposa.
Aunque todavía ninguno de los dos sabía cómo llegaría el momento en que Sia descubriría la verdad.
🥰👏 las e leída todas las que se han publicado
Mucho éxito y siga escribiendo