Algunas personas llegan a tu vida para cambiarla.
Liam pensaba que la universidad sería solo un nuevo comienzo.
Nunca imaginó que terminaría encontrando a alguien capaz de cambiar por completo su ritmo.
Entre bailes, competencias, amistades inolvidables, heridas del pasado y sentimientos que nacieron cuando menos lo esperaban, Liam y Kae descubrirán que ciertos encuentros no son coincidencias.
Porque algunas personas están destinadas a encontrarse.
A seguirse.
A perderse.
Y finalmente…
A chocar.
Ritmos Que Nos Chocan es una historia sobre amor, crecimiento, segundas oportunidades y aquellos lazos que permanecen incluso cuando todo parece intentar separarlos.
NovelToon tiene autorización de Leamsi Espinoza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
El Camino De Regreso
—¿Choques?
La palabra quedó suspendida entre ellos.
Kae se quedó inmóvil durante unos segundos.
Era extraño.
Había intentado describir aquella sensación muchas veces.
Las pesadillas.
Los fragmentos.
La presión en el pecho.
La idea de que algo dentro de él intentaba romper una puerta que no recordaba haber cerrado.
Y aun así, Liam había encontrado una palabra para todo eso sin esforzarse demasiado.
Choques.
—Sí… —murmuró Kae—. Exactamente así.
Liam lo miró con atención.
No con curiosidad.
No como si estuviera intentando descifrarlo.
Sino como si de verdad quisiera entender.
Y eso, de alguna forma, hacía que Kae quisiera quedarse.
—¿Y cómo sabes tanto sobre eso? —preguntó.
Liam bajó la mirada.
Fue apenas un segundo.
Pero Kae lo notó.
—No lo sé.
—Sí lo sabes.
Liam soltó una pequeña risa.
—Eres bastante directo.
—Tú evitas responder.
—También es cierto.
El silencio volvió.
Pero esta vez no fue incómodo.
Fue más parecido a una pausa.
Como si Liam estuviera decidiendo si confiarle algo.
Finalmente suspiró.
—Porque yo también tuve sueños extraños.
Kae parpadeó.
—¿Qué?
—Hace unas semanas.
—Nunca lo mencionaste.
Liam lo miró.
—Tú tampoco.
Kae no respondió.
No podía discutir con eso.
—¿Eran iguales?
—No exactamente.
Liam metió las manos en los bolsillos.
—Los míos eran más como fragmentos. Lugares que no conocía. Voces. Personas borrosas. Como escenas de una vida que no era mía.
Kae sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—Eso no suena tan diferente.
—No.
Liam miró hacia el camino.
—Supongo que no.
Por un momento, ambos se quedaron en silencio.
Había algo raro en todo aquello.
Algo que no encajaba.
Pero ninguno de los dos tenía suficientes piezas para entenderlo.
Todavía no.
—Bueno —dijo Liam de pronto—, al menos ya sabemos que si los dos perdemos la cabeza, no estaremos solos.
Kae lo miró.
—Eso fue pésimo.
—Pero optimista.
—Pésimamente optimista.
—Acepto la crítica.
Y, sin poder evitarlo, Kae sonrió.
⸻
Al llegar al edificio donde Kae debía entregar los documentos, ambos se detuvieron.
—Aquí es —dijo Kae.
Liam miró la carpeta bajo su brazo.
—Entonces sí era trabajo forzado.
—Te lo dije.
—Creí que exagerabas.
—Nunca exagero.
—Eso suena a mentira.
—Lo es.
Liam soltó una risa.
Y por alguna razón, Kae no tuvo prisa por entrar.
Se quedó ahí, frente a él, sosteniendo la carpeta como si no tuviera una razón urgente para seguir su camino.
—Tengo clase en unos minutos —dijo Liam.
—Yo tengo que entregar esto.
—Responsabilidades.
—Una tragedia.
—La peor.
Se quedaron callados.
Solo un instante más de lo necesario.
—Nos vemos —dijo Kae al final.
—Nos vemos, Kae.
Kae entró al edificio.
Liam se quedó unos segundos mirando la puerta por la que había desaparecido.
Luego negó con la cabeza, como si acabara de sorprenderse a sí mismo haciendo algo ridículo.
Y siguió su camino.
⸻
El resto del día pasó de una forma extraña.
No fue malo.
Tampoco especial.
Solo extraño.
Liam asistió a clases, tomó apuntes, respondió preguntas y fingió prestar atención cuando su mente se iba demasiado lejos.
A ratos pensaba en las pesadillas.
En las suyas.
En las de Kae.
En la palabra que había salido de su boca casi sin pensar.
Choques.
Pero, sobre todo, pensaba en la expresión de Kae cuando la escuchó.
Como si esa palabra hubiera tocado algo que ni él mismo sabía que estaba ahí.
—Liam.
—¿Qué?
Ethan lo miró desde el asiento de al lado.
—Estás viendo tu libreta como si te hubiera traicionado.
Liam bajó la mirada.
No había escrito nada en los últimos diez minutos.
—Estoy concentrado.
—Estás ausente.
—Eso también requiere concentración.
—Claro.
Ethan sonrió con demasiada sospecha.
—¿Tiene nombre?
—¿Qué cosa?
—La razón por la que estás así.
Liam cerró la libreta.
—La razón se llama cansancio.
—Ajá.
—No empieces.
—No dije nada.
—Lo pensaste.
—Bastante.
Liam decidió ignorarlo.
Aunque no pudo evitar sonreír un poco.
⸻
Al otro lado del campus, Kae tampoco estaba teniendo un día normal.
Había entregado los documentos.
Había asistido a sus clases.
Había respondido cuando le hablaron.
Había hecho todo lo que debía hacer.
Pero su mente volvía al mismo punto.
Liam.
No solo a él.
A lo que había dicho.
A la forma en que lo escuchó sin intentar minimizarlo.
A cómo no pareció asustarse cuando Kae habló de sus pesadillas.
A cómo admitió, casi con cuidado, que también había pasado por algo parecido.
Eso era lo que más le inquietaba.
No estaba solo.
Pero tampoco entendía por qué.
Y tal vez eso era peor.
O tal vez no.
Kae cerró el libro que tenía frente a él.
Suspiró.
Por primera vez en mucho tiempo, el misterio no se sentía únicamente como una amenaza.
También tenía un rostro.
Y una voz.
Una demasiado insistente.
⸻
Cuando la tarde comenzó a caer, Liam salió del edificio de Artes junto a Emma y Noah.
Emma hablaba de algo que había ocurrido en una clase.
Noah asentía de vez en cuando.
Liam escuchaba a medias.
Hasta que lo vio.
Kae caminaba unos metros más adelante, solo, en dirección a la salida del campus.
Esta vez Liam no se detuvo de golpe.
No necesitó que Emma dijera nada.
Solo lo vio.
Recordó la conversación de la mañana.
Y sonrió para sí mismo.
Emma notó el cambio inmediatamente.
Porque Emma notaba todo.
—¿Qué?
—Nada —dijo Liam.
—Ajá.
—¿Qué?
—Nada.
Noah miró hacia adelante.
Luego a Liam.
Luego otra vez hacia adelante.
—Ah.
—¿Ah qué? —preguntó Liam.
Emma cruzó los brazos.
—Me parece interesante.
—¿Qué cosa?
—Que hace cinco segundos íbamos por allá.
Liam miró el camino.
Luego a Kae.
Luego a Emma.
—La salida está por aquí también.
—Claro.
—Es cierto.
—Nunca dije que no.
—Entonces deja de mirarme así.
—¿Así cómo?
—Como si estuvieras narrando algo en tu cabeza.
Emma sonrió.
—No confirmo ni niego.
Noah suspiró.
—Yo voy a fingir que no estoy aquí.
Liam negó con la cabeza, pero no pudo evitar reír.
—Los veo luego.
Emma abrió mucho los ojos, pero esta vez no gritó.
Solo se llevó una mano al pecho con dramatismo silencioso.
Noah la tomó suavemente del hombro y la hizo seguir caminando.
—Déjalos respirar.
—No puedo. Esto es literatura.
—Es geografía universitaria.
—Es desarrollo de personajes, Noah.
—Eso ni siquiera aplica aquí.
—Aplica perfectamente.
⸻
Liam alcanzó a Kae unos segundos después.
No llegó corriendo.
No llegó gritando.
Solo se colocó a su lado con una naturalidad que sorprendió incluso a Kae.
—Hola.
Kae giró apenas la cabeza.
—Hola.
Caminaron unos pasos en silencio.
Luego Kae lo miró de reojo.
—Te vi cambiar de dirección.
Liam se quedó callado.
Kae esperó.
—No fue una coincidencia —admitió Liam al final.
Kae parpadeó.
No esperaba esa respuesta.
—Ah.
—¿Eso es todo?
—Estoy procesando.
—¿Y qué tal va?
—Raro.
—Me parece justo.
Kae bajó la mirada, pero una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
Liam la notó.
Y no dijo nada.
Esta vez decidió guardarse la victoria.
⸻
El camino hacia la salida del campus fue más tranquilo de lo que ambos esperaban.
No hablaron de pesadillas.
No al principio.
Hablaron de cosas pequeñas.
De profesores que hablaban demasiado.
De tareas que parecían multiplicarse.
De la cafetería que nunca tenía lo que prometía en el menú.
Cosas simples.
Cosas normales.
Y tal vez por eso se sintieron importantes.
—¿Siempre caminas solo? —preguntó Liam.
—Casi siempre.
—¿Por gusto o por costumbre?
Kae pensó la respuesta.
—Ambas.
—Eso no cuenta.
—Claro que cuenta.
—Es una respuesta incompleta.
—Es una respuesta eficiente.
—Evasiva.
—También.
Liam sonrió.
—Estoy intentando conocerte, ¿sabes?
Kae lo miró.
La frase fue directa.
Demasiado directa.
Pero no sonó invasiva.
Sonó sincera.
—¿Y eso para qué?
Liam se encogió de hombros.
—Porque quiero.
Kae no respondió de inmediato.
El viento movió suavemente su cabello.
Por alguna razón, esa respuesta le dejó el pecho un poco más apretado.
No de la forma pesada de las pesadillas.
Sino de una forma distinta.
Menos dolorosa.
—Me gusta caminar —dijo finalmente.
Liam no lo interrumpió.
—Cuando necesito pensar. O cuando no quiero estar encerrado. También escucho música cuando no puedo dormir.
—¿Qué música?
—De todo.
—Eso no es una respuesta.
—Es la única que obtendrás por ahora.
—¿Por ahora?
Kae se dio cuenta demasiado tarde de lo que había dicho.
Liam sonrió.
—Interesante.
—No lo hagas grande.
—Ya lo hice.
—Qué sorpresa.
⸻
Poco a poco, dejaron atrás la zona principal de la universidad.
Las calles se volvieron más tranquilas.
Los grupos de estudiantes se dispersaron.
Liam caminaba junto a Kae como si lo hubiera hecho muchas veces antes, aunque en realidad era la primera vez que compartían un regreso completo.
Entonces frunció el ceño.
—Espera.
—¿Qué?
—¿Vas hacia las residencias del norte?
—Sí.
—Yo también.
Kae se detuvo un segundo.
—No.
—Sí.
—¿Vives por ahí?
—Sí.
—¿Desde cuándo?
Liam lo miró.
—Desde que empezó el semestre.
Kae parpadeó.
—Eso es ridículo.
—Todavía no sabes dónde vivo.
—Ya es ridículo.
Liam soltó una risa.
—Está bien, eso es justo.
Siguieron caminando.
Y mientras más se acercaban, más evidente se volvía.
Iban al mismo lugar.
O casi.
Cuando llegaron a la pequeña plaza que separaba los edificios residenciales, ambos se quedaron mirando al frente.
Liam señaló uno de los edificios.
—Yo vivo ahí.
Kae señaló el edificio de enfrente.
—Yo ahí.
Silencio.
Uno largo.
Incrédulo.
—No puede ser —dijo Liam.
—Parece que sí.
—¿Vivimos a menos de dos minutos?
—Parece que sí.
—¿Y aun así nos hemos estado encontrando como si fuera una gran coincidencia?
Kae miró la plaza entre los dos edificios.
Luego a Liam.
—Quizá no éramos muy observadores.
—O quizá la universidad es pésima organizando destinos dramáticos.
Kae soltó una risa.
Esta vez no fue pequeña.
No fue escondida.
Fue real.
Liam se quedó mirándolo un segundo más de lo normal.
Porque era la primera vez que lo escuchaba reír así.
Y le gustó.
Demasiado.
⸻
A unos metros, Emma y Noah habían llegado por otro camino.
Emma se detuvo en seco.
Noah chocó ligeramente contra su hombro.
—¿Por qué te detienes?
Emma señaló al frente.
Liam y Kae estaban en medio de la plaza.
Riendo.
Juntos.
Noah miró la escena.
Luego a Emma.
—No.
—No he dicho nada.
—Pero vas a hacerlo.
Emma se llevó ambas manos a la boca.
Sus ojos brillaban con una emoción peligrosa.
—Viven enfrente.
—Sí.
—Enfrente, Noah.
—Sí, Emma.
—No pienso gritar.
—Gracias.
—Pero por dentro estoy gritando muchísimo.
—Eso ya lo sabía.
Emma respiró hondo.
—Esto es destino.
—Es distribución de residencias.
—Destino con arquitectura.
Noah decidió no responder.
Era inútil.
⸻
Cuando llegó el momento de separarse, Liam y Kae permanecieron unos segundos en medio de la plaza.
El edificio de Liam estaba a la izquierda.
El de Kae, a la derecha.
Dos caminos distintos.
Demasiado cerca como para sentirse realmente separados.
—Bueno —dijo Liam.
—Bueno —repitió Kae.
—Supongo que aquí termina el recorrido.
—Por ahora.
Liam sonrió.
—¿Por ahora?
Kae desvió la mirada.
—Vivimos enfrente. Sería raro no volver a coincidir.
—Claro. Por geografía.
—Exacto.
—No por destino.
Kae lo miró.
—No empieces.
—No dije nada.
—Lo pensaste.
—Bastante.
Kae negó con la cabeza, pero sonrió.
—Nos vemos, Liam.
—Nos vemos mañana, Kae.
Kae comenzó a caminar hacia su edificio.
Esta vez, antes de entrar, miró hacia atrás.
Liam seguía allí.
Lo vio sonreír.
Y por alguna razón, Kae también sonrió.
Luego entró.
⸻
Esa noche, Kae se quedó mirando el techo de su habitación.
La oscuridad era la misma.
El silencio también.
Las pesadillas seguían esperando en algún lugar de su mente.
Lo sabía.
Pero algo había cambiado.
Porque cuando pensó en la palabra “choques”, ya no sintió solamente miedo.
Pensó en Liam diciendo que también había tenido sueños extraños.
Pensó en su voz.
En su forma torpe de intentar hacerlo reír.
En la tranquilidad de caminar junto a alguien sin tener que fingir demasiado.
Al otro lado de la plaza, Liam también permanecía despierto.
Mirando su propio techo.
Pensando en la risa de Kae.
En lo raro que era haber vivido tan cerca todo ese tiempo.
En lo fácil que había sido cambiar de dirección al verlo.
Y en lo poco que quería fingir que había sido casualidad.
Ninguno de los dos entendía todavía lo que estaba ocurriendo.
Ni con las pesadillas.
Ni con los choques.
Ni con esa nueva costumbre de buscarse sin decirlo.
Pero esa noche, por primera vez, la distancia entre ambos pareció demasiado pequeña como para ignorarla.