Valentina Visconti nació para heredar un imperio, pero eligió salvar vidas antes que administrar fortunas. Renunció a su apellido, a su riqueza y al futuro que su familia había planeado para ella, convencida de que el amor debía elegirse, nunca negociarse.
Cuando la traición del hombre con quien soñaba casarse destruye todas sus certezas, un impulso desesperado la lleva a besar a un completo desconocido para escapar de su pasado.
Alessandro Moretti carga con el peso de uno de los apellidos más poderosos y temidos del país. Aunque ha construido su propio imperio lejos de la violencia y prefiere mantenerse fuera de los reflectores, el legado de su familia nunca deja de perseguirlo.
Lo que ninguno de los dos imagina es que ese encuentro cambiará sus vidas para siempre.
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7- dudas
El martes amaneció gris
Una lluvia fina caía sobre la ciudad cuando Valentina llegó al Hospital Santa Emilia.
Le gustaban los días así.
Siempre decía que la lluvia hacía que el hospital se sintiera un poco más tranquilo.
Aunque aquella mañana...
La tranquilidad duró exactamente diez minutos.
—Buenos días, doctora.
Lucía apareció en la puerta del consultorio con la bata perfectamente planchada y una carpeta entre las manos.
Valentina levantó la vista.
—Buenos días.
¿Lista para regresar al quirófano?
Lucía sonrió con aparente nerviosismo.
—Haré mi mejor esfuerzo.
—Eso es todo lo que espero.
Valentina cerró la historia clínica que estaba revisando.
—Ven.
Antes de entrar quiero repasar contigo algunos procedimientos.
Durante casi veinte minutos repasaron paso por paso la cirugía que realizarían.
Valentina respondía cada pregunta con paciencia.
Incluso volvió a explicar algunos detalles que Lucía ya conocía.
—¿Entendiste?
Preguntó finalmente.
—Sí, doctora.
Gracias.
Valentina sonrió.
—No tienes que agradecer.
Todos fuimos residentes alguna vez.
Lucía asintió.
Pero, por dentro...
Sentía exactamente lo contrario.
"¿Por qué sigues siendo tan buena?"
"Así es mucho más difícil..."
Dos horas después..
La cirugía terminó con éxito.
Lucía no cometió un solo error.
Cuando salieron del quirófano, Valentina se quitó los guantes y la miró con orgullo.
—¿Ves?
Podías hacerlo.
Solo necesitabas volver a confiar en ti.
Lucía sonrió.
—Gracias por darme otra oportunidad.
—No la desperdicies.
—No lo haré.
Daniel había observado toda la cirugía desde el área de observación.
Escuchó perfectamente aquellas palabras.
Y sintió un pequeño pinchazo de culpa.
Aquello... No se parecía en nada a la imagen que Lucía le había descrito de Valentina.
Al mediodía...
Daniel encontró a Lucía sola en la cafetería.
Se acercó con dos cafés.
—¿Puedo?
Ella levantó la vista.
—Claro.
Él tomó asiento.
Permanecieron en silencio unos segundos.
Hasta que Daniel habló.
—Hoy la doctora te felicitó.
Lucía asintió.
—Sí.
—Y tuvo mucha paciencia contigo.
Lucía sostuvo la taza entre las manos.
—Cuando estamos solos...
Es diferente.
Daniel frunció ligeramente el ceño.
—¿Qué quieres decir?
Lucía dudó.
Como si estuviera luchando consigo misma.
—Nada.
Olvídalo.
—Lucía.
Ella negó con la cabeza.
—No quiero que pienses mal de ella.
Daniel permaneció en silencio.
Aquella respuesta volvió a sembrar la duda.
No sabía qué creer.
Por un lado...
Conocía a Valentina desde hacía cinco años.
Por el otro...
Lucía nunca hablaba directamente mal de ella.
Siempre parecía querer evitar el tema.
Y eso...
Hacía que sus palabras parecieran más sinceras.
Sin darse cuenta...
Daniel comenzaba a caer exactamente donde Lucía quería.
A esa misma hora...
En Asterion Technologies...
Alessandro terminaba una reunión cuando su secretaria anunció:
—Señor Moretti.
Su tío está en recepción.
Alessandro levantó lentamente la vista.
—¿Tiene cita?
—No.
—Entonces dile que espere cinco minutos.
La secretaria sonrió con nerviosismo.
—Ya intenté decirle eso.
Respondió que él nunca espera.
Alessandro dejó escapar un suspiro.
Matteo, que seguía sentado frente a él, comenzó a reír.
—Te dije que iba a venir.
—No tenías que acertar.
—¿Quieres que me quede?
Alessandro negó.
—No. Ve a almorzar.
—Buena suerte.
La puerta se abrió apenas Matteo salía.
Don Vittorio entró con la misma tranquilidad de siempre.
Miró el despacho.
Después a Alessandro.
—Necesitamos hablar.
Alessandro señaló la silla frente a él.
—Empiezo a pensar que nunca vienes a visitarme solo porque me extrañas.
Vittorio sonrió apenas.
—No te acostumbres.
Se sentó.
Y, sin rodeos, dejó una fotografía sobre el escritorio.
Alessandro la observó apenas un segundo.
Era otra mujer.
Otra hija de algún empresario.
Otra candidata.
Cerró los ojos.
Respiró hondo.
Y comprendió que la paz que tanto buscaba...
Parecía estar cada vez más lejos.
Alessandro observó la fotografía durante apenas un segundo.
Ni siquiera preguntó el nombre.
Empujó la imagen de vuelta hacia Don Vittorio.
—No.
Vittorio ni siquiera se inmutó.
—Ni la has visto.
—No necesito verla.
La respuesta seguirá siendo la misma.
Su tío cruzó las manos sobre el bastón.
—Se llama Sofía Beltrán.
Tiene veintiséis años.
Estudió Economía en Londres y...
Alessandro lo interrumpió.
—Tío.
No es ella.
No fue Emilia.
No será Sofía.
Ni ninguna otra.
Vittorio respiró lentamente.
—¿Hay alguien más?
Aquella pregunta tomó a Alessandro por sorpresa.
Por un instante...
Pensó en responder con una broma.
Pero simplemente negó.
—No.
—Entonces no entiendo por qué te cierras a conocer personas.
Alessandro apoyó ambas manos sobre el escritorio.
—Porque no quiero que me presenten mujeres como si fueran contratos de negocios.
Quiero enamorarme cuando tenga que pasar.
No porque alguien decida quién es la indicada.
Vittorio guardó silencio.
Aquella respuesta le recordó demasiado al padre de Alessandro. Y eso no le gustó.
Se levantó lentamente.
—Espero que no sea demasiado tarde cuando cambies de opinión.
Recogió la fotografía.
Antes de salir, añadió:
—El viernes cenarás conmigo.
No es una invitación.
Es un compromiso familiar.
La puerta se cerró.
Alessandro dejó caer la cabeza hacia atrás.
—Qué paciencia...
Murmuró para sí.
En ese momento, Matteo apareció por la puerta con un café en la mano.
—¿Ya sobrevivimos?
—Por poco.
Matteo dejó el vaso sobre el escritorio.
—¿Quién era esta vez?
—Sofía Beltrán.
Matteo soltó una carcajada.
—¡Va por orden alfabético!
Alessandro no pudo evitar reír también.
—Eres un idiota.
—Pero te hice reír.
Eso cuenta como terapia.
Mientras tanto...
En el Hospital Santa Emilia...
La tarde transcurría con relativa calma.
Valentina revisaba los exámenes de un paciente cuando Daniel entró al consultorio.
—¿Tienes un minuto?
Ella levantó la vista.
—Siempre.
Daniel cerró la puerta.
Parecía incómodo.
—Quería preguntarte algo.
Valentina dejó el expediente sobre el escritorio.
—¿Qué ocurre?
Él dudó unos segundos.
—¿Cómo va Lucía?
Valentina sonrió.
—Mucho mejor.
Hoy estuvo muy segura en el quirófano.
Creo que poco a poco está recuperando la confianza.
Daniel asintió.
—¿Nunca has tenido problemas con ella?
Valentina frunció ligeramente el ceño.
—¿Problemas?
—Sí...
Algún malentendido.
Ella negó con total naturalidad.
—Ninguno
Es una buena residente.
Solo le falta confiar más en sí misma.
Daniel permaneció en silencio
Aquella respuesta volvió a desarmar todas las dudas que Lucía había sembrado.
—¿Por qué lo preguntas?
Él reaccionó enseguida.
—Por nada.
—Simple curiosidad.
Valentina sonrió.
—Entonces deja de preocuparte.
Va a convertirse en una buena médica.
Daniel le devolvió la sonrisa.
Pero, al salir del consultorio...
Seguía sin entender qué estaba ocurriendo.
Las palabras de Valentina y las de Lucía parecían pertenecer a dos historias completamente distintas.
Al terminar la jornada...
Lucía esperaba el ascensor cuando Daniel pasó junto a ella.
—¿Ya te vas?
Preguntó él.
—Sí.
Mi carro sigue en el taller.
Daniel miró la lluvia que caía tras los ventanales del hospital.
—Te llevo.
Lucía hizo un gesto de negación.
—No quiero incomodarte.
—No me incomodas.
Además, con esta lluvia no pienso dejar que tomes un taxi.
Lucía sonrió con aparente timidez.
—Gracias.
Mientras ambos caminaban hacia el estacionamiento...
Camila salía por la puerta principal con un paraguas.
Los vio subir juntos al automóvil de Daniel.
Se quedó inmóvil unos segundos.
No había nada extraño.
Solo un compañero llevando a otro a casa.
Era un gesto completamente normal.
Y, aun así...
Aquella sensación incómoda volvió a aparecer.
—Espero estar equivocada...
Murmuró.
Abrió el paraguas.
Y se marchó bajo la lluvia, sin imaginar que esa pequeña inquietud pronto se convertiría en una dolorosa certeza.
Liose me dejaste intrigada 🤔🤔🤔❓❓❓❓
se supone que el es Vestick el apellido de Matteo que dirán y que harán 🤔🤔🤔❓❓❓
Valentina dará ese paso y seducirá a Alessandro veremos si darán ese primer paso.
porque van a paso de tortuga 🐢🐢 cuando va a estrenar lo que dejó Camila y ahora se fue de compras y pensó en nosotros tazas tú y yo, camisas y suéter están muy lentos como escribió otra lectora.
QUIEN SERÁ EL OSADO SECUESTRADOR❓❓❓...
Matteo primero, luego Giovanni y Lorenzo y los osos juntos esa química es indudable y ellos no quieren aceptar que están enamorados.
Alessandro no se imagina lo que la loca de Camila le dejo en su gaveta 🤣😂🤣😂