Hola aaa aquie le straigo otra historia nueva, espero que les guste y que le den mucho amor como a las demás..
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Capítulo 6: El beso del destino
La brisa de la tarde recorría lentamente los jardines imperiales.
El aroma de las rosas blancas y los lirios llenaba el ambiente mientras los últimos rayos del sol atravesaban las copas de los árboles.
Alisa permanecía inmóvil.
Frente a ella estaba aquel hombre de ojos rojos que no había podido sacar de su mente desde el día en que chocó con él.
Él tampoco apartaba la mirada.
El silencio entre ambos no era incómodo.
Era... extraño.
Como si ninguno quisiera romper aquel momento.
Finalmente, Alisa respiró hondo.
Si seguían callados, aquello se volvería demasiado incómodo.
Esbozó una pequeña sonrisa.
—Parece que el destino insiste en que nos encontremos.
Arion permaneció observándola unos segundos.
Después respondió con aquella voz grave y tranquila que parecía envolver el aire.
—Eso parece.
Alisa soltó una pequeña risa.
—Aunque... las dos veces anteriores fui yo quien terminó chocando con usted.
Una leve expresión de diversión apareció en el rostro del Archiduque.
Tan pequeña que cualquier otra persona no la habría notado.
—Entonces procuraré apartarme la próxima vez.
Ella negó rápidamente.
—No... creo que sería una lástima.
Las palabras escaparon de sus labios antes de que pudiera detenerlas.
Sus mejillas comenzaron a enrojecer.
—Yo... quería decir...
Arion la observó con atención.
Aquella torpeza le parecía... encantadora.
Era una emoción completamente nueva para él.
Jamás había conocido a alguien que hablara con tanta naturalidad delante de su presencia.
La mayoría de los nobles bajaban la cabeza por miedo.
Ella, en cambio...
Lo hacía sonreír.
Aunque él mismo todavía no lo comprendía.
—¿Siempre habla antes de pensar? —preguntó con tranquilidad.
Alisa hizo una pequeña mueca.
—Lamentablemente... sí.
Ambos guardaron silencio unos segundos.
Después comenzaron a caminar lentamente por el sendero del jardín.
Ninguno preguntó el nombre del otro.
Era como si ambos sintieran que aún no era necesario.
Hablaron sobre las flores.
Sobre el lago.
Sobre el extraño cielo rojo de la noche anterior.
Y, sin darse cuenta...
La distancia entre ellos desapareció.
Alisa caminaba cada vez más cerca de él.
Sentía una tranquilidad difícil de explicar.
Como si pudiera bajar todas sus defensas cuando estaba a su lado.
Aquello era absurdo.
Apenas lo conocía.
Sin embargo...
Su corazón le decía exactamente lo contrario.
Mientras avanzaban, una pequeña raíz sobresalía del camino de piedra.
Alisa, distraída observando unas mariposas luminosas, no la vio.
Su pie tropezó.
—¡Ah!
Su cuerpo perdió el equilibrio.
Antes de tocar el suelo...
Un fuerte brazo rodeó su cintura.
Arion la sostuvo con facilidad.
Durante un instante...
Todo quedó en silencio.
Los rostros de ambos quedaron separados apenas por unos centímetros.
Alisa podía sentir la respiración de él rozando su piel.
Y Arion descubrió que sus ojos eran aún más hermosos vistos de cerca.
Color miel.
Brillantes.
Llenos de vida.
Ella levantó lentamente la mirada.
Él hizo lo mismo.
Ninguno era capaz de apartar los ojos del otro.
Sus corazones latían con fuerza.
Como si respondieran a un mismo ritmo.
Una suave brisa movió los cabellos de Alisa.
Un mechón cayó sobre su rostro.
Arion, casi sin pensar, lo acomodó detrás de su oreja.
El simple roce de sus dedos hizo que ambos sintieran una descarga recorrer todo su cuerpo.
Fue entonces cuando ocurrió.
Sin saber quién dio el primer paso...
La distancia desapareció.
Sus labios se encontraron en un beso tan suave como inesperado.
El tiempo dejó de existir.
El murmullo de la fuente desapareció.
El canto de las aves se desvaneció.
Solo existían ellos dos.
Arion sintió una calidez imposible extenderse por todo su cuerpo.
Su pecho, que durante años había permanecido frío como el hielo, parecía despertar por primera vez.
Alisa cerró lentamente los ojos.
No entendía por qué.
No entendía cómo.
Pero aquel beso no le resultaba extraño.
Era como regresar a un lugar que jamás había conocido.
Los segundos se transformaron en una eternidad.
Ninguno parecía tener intención de separarse.
Hasta que una voz rompió el hechizo.
—¡¿Alisa?!
La joven abrió los ojos de golpe.
Era su madre.
La baronesa caminaba apresuradamente por el sendero del jardín.
Ambos se separaron al instante.
Alisa dio varios pasos hacia atrás con el rostro completamente rojo.
No era capaz de mirar a Arion.
Su respiración seguía acelerada.
—¡M-madre!
—Llevo buscándote por todo el jardín. Es hora de regresar.
La baronesa apenas dedicó una rápida mirada al elegante hombre vestido de negro.
Pensó que simplemente era algún aristócrata invitado al palacio.
Realizó una respetuosa inclinación de cabeza.
—Disculpe si interrumpimos.
Arion respondió con la misma elegancia.
—No ha sido ninguna molestia.
Alisa levantó la vista por un instante.
Sus ojos volvieron a encontrarse.
Ninguno dijo una palabra.
Pero ambos sabían...
Que aquel beso había cambiado algo entre ellos.
Algo que ya no podía deshacerse.
Esa noche...
Alisa salió al balcón de su habitación.
El cielo volvía a estar cubierto de estrellas.
La luna iluminaba suavemente el jardín.
Llevó lentamente la punta de sus dedos hasta sus labios.
Todavía podía sentir el calor de aquel beso.
Una pequeña sonrisa apareció sin que pudiera evitarlo.
—¿Quién eres...?
Por primera vez desde que renació en aquel mundo...
Su corazón latía por alguien.
Y eso la asustaba tanto como la hacía feliz.
En otra parte del Imperio...
Arion permanecía de pie sobre la terraza de su residencia.
Las estrellas se reflejaban en sus ojos rojos.
No podía dejar de recordar el beso.
La suavidad de sus labios.
Su perfume.
La forma en que había pronunciado cada palabra.
Cerró lentamente los ojos.
Durante siglos había sido educado para controlar sus emociones.
Pero ahora...
Bastaba recordar a una sola joven para perder completamente la calma.
Miró el cielo.
—Alisa...
Pronunció su nombre casi como un susurro.
Y, por primera vez en toda su vida...
Sonrió de verdad.
Mientras tanto, en el Palacio Imperial...
El príncipe heredero observaba el mismo cielo desde la ventana de sus aposentos.
Sin saber por qué...
Recordó a la joven noble que había conocido aquella mañana.
Su sonrisa tímida.
Sus ojos color miel.
Y la sencillez con la que había hablado con él.
Una sonrisa apareció en su rostro.
—Espero volver a verla...
Ignoraba que, en ese mismo instante...
El destino acababa de colocar a dos de los hombres más poderosos del Imperio en el mismo camino.
Y ambos...
Comenzaban a sentir algo por la misma mujer.
Gracias autora /Heart//Rose//Heart/