Entre cadenas y cicatrices
Antes de convertirse en asesinos, estrategas o mafiosos... fueron niños que solo querían ser amados.
Siete hombres marcados por el abandono, el dolor y los secretos del pasado terminan reuniéndose en la poderosa Mafia Portuaria. Allí descubrirán que las cadenas más difíciles de romper no son las del crimen, sino las que nacen del miedo, la obsesión y la necesidad de pertenecer.
Mientras intentan sobrevivir en un mundo donde un solo error significa la muerte, un misterioso enemigo comienza a mover las piezas desde las sombras. Su nombre es Kaiser Himura, un hombre dispuesto a destruir todo con tal de obtener aquello que desea.
Traiciones, alianzas, violencia, romance, lealtades enfermizas y cicatrices que jamás terminaron de sanar se entrelazan en una historia donde el amor puede convertirse en la peor prisión.
Porque algunos nacen para ser héroes...
Ellos solo intentan sobrevivir.
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Capitulo 12 — El amor que nunca confesé
"No todas las heridas dejan sangre. Algunas solo dejan palabras que nunca tuvimos el valor de decir."
Después de escuchar las historias de los demás, Amets permanecía en silencio.
No porque no quisiera hablar.
Sino porque sentía que su pasado no era tan doloroso como el de sus amigos.
No había perdido a sus padres.
No había crecido en un orfanato.
No había sobrevivido a las calles.
Y tampoco cargaba con los mismos recuerdos que los demás.
Su historia era diferente.
Pero eso no significaba que no hubiera sufrido.
A veces, el corazón también sabe romperse en silencio.
Y ese tipo de dolor casi nunca puede verse.
Una tarde, mientras todos conversaban, Yuki notó que Amets parecía distraído.
Miraba el cielo con una expresión melancólica.
Como si estuviera recordando algo que había intentado olvidar.
—¿En qué piensas? —preguntó Yuki.
Amets sonrió con tranquilidad.
—En alguien que nunca supo lo que sentía.
Aquella respuesta despertó la curiosidad del grupo.
Shuto levantó la mirada.
—¿Te enamoraste alguna vez?
Amets soltó una pequeña risa.
—Sí.
La respuesta fue tan natural que nadie esperaba lo que diría después.
—Durante años estuve enamorado de alguien.
Pensé que, si esperaba el momento adecuado, algún día reuniría el valor para decirle la verdad.
Pero ese momento nunca llegó.
El silencio envolvió la habitación.
Amets respiró profundamente antes de continuar.
—Con el tiempo entendí que algunas personas jamás podrán corresponder nuestros sentimientos.
No porque sean malas.
Simplemente... porque su corazón mira hacia otro lugar.
Yuki observó su expresión.
No había resentimiento.
Solo aceptación.
—¿Esa persona llegó a saberlo? —preguntó Asher.
Amets negó lentamente.
—Nunca.
Porque tuve miedo de perder incluso la amistad que tenía con él.
Durante años guardó aquel sentimiento en lo más profundo de su corazón.
Aprendió a sonreír.
Aprendió a actuar con normalidad.
Mientras veía a la persona que amaba seguir adelante sin imaginar lo que ocurría dentro de él.
Con el paso del tiempo decidió dejar ese amor atrás.
No porque hubiera desaparecido de un día para otro.
Sino porque comprendió que aferrarse a un sentimiento imposible solo prolongaba el dolor.
Desde entonces eligió seguir adelante.
Actualmente vivía en Japón junto a su hermana mayor, Loba, quien siempre intentaba apoyarlo y hacerlo sonreír.
Sus padres continuaban viviendo en Corea del Sur, y aunque mantenían contacto, Amets había construido una nueva vida lejos de ellos.
Aquella decisión también le permitió descubrir nuevas personas.
Nuevas amistades.
Nuevas oportunidades.
Kento observó a Amets con una leve sonrisa.
—Hace falta mucho valor para dejar ir a alguien que nunca supo que ocupaba un lugar tan importante en tu corazón.
Amets bajó la mirada.
—Creo que hace más falta aceptar que algunas historias simplemente no estaban destinadas a suceder.
Nadie respondió.
Porque todos comprendían lo difícil que era despedirse de algo que nunca llegó a comenzar.
Yuki miró a Amets con admiración.
Cada uno llevaba una cicatriz distinta.
Algunas nacieron del abandono.
Otras de la violencia.
Otras del miedo.
Y otras...
Del silencio de un amor que jamás fue confesado.
Tal vez ese sentimiento nunca desaparecería por completo.
Pero ya no controlaba su vida.
Porque Amets había decidido dejar de vivir mirando un pasado que no podía cambiar.
Y aunque aquella historia nunca tuvo un final feliz...
Eso no significaba que su futuro no pudiera tener uno.