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GRABADA EN TU PIEL. LA AMNESIA DEL CEO.

GRABADA EN TU PIEL. LA AMNESIA DEL CEO.

Status: Terminada
Genre:Romance de oficina / Amor a primera vista / Pérdida de memoria / Completas
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Sofía Miller, la brillante directora creativa de Big Eye Creative, y Sebastián Lombardi, el reservado CEO que lucha por salvar la empresa de su padre, se ven obligados a trabajar juntos. En el proceso, la tensión laboral se transforma en un amor apasionado. Sin embargo, la misma noche en que él le propone matrimonio, un rival provoca un trágico accidente de coche.Al despertar, Sofía recibe un doble impacto: Sebastián está en coma y ella espera un hijo suyo. Un año después, el CEO abre los ojos, pero una amnesia severa ha borrado su último año de recuerdos. Sebastián no reconoce a Sofía y cae en las redes de Daphne, su calculadora exprometida que vuelve para quedarse con su fortuna.Protegida en secreto por el abuelo de su bebé, Sofía regresa a la oficina y a la clínica para dar una batalla silenciosa. ¿Podrá el recuerdo de su amor y el latido de su hija Lucía romper el hielo de su memoria, o se perderá para siempre? Una historia de traición, intriga y reconquista.

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 10. LA CALMA ANTES DE LA TORMENTA.

El resto del fin de semana en Ciudad Y tuvo un sabor agridulce. Por un lado, la conexión entre Sebastián y yo se consolidaba con cada hora que pasaba. Compartimos desayunos en la terraza flotante, caminamos por los senderos del parque natural y, al caer la noche, nos entregamos al deseo en la intimidad de nuestra cabaña, refugiados del mundo exterior. Sin embargo, ninguno de los dos lograba relajarse por completo. La sombra de Alan y su humillación matutina se cernía sobre nosotros como una nube negra que amenazaba con desatar una tormenta en cualquier momento.

—No te preocupes tanto, preciosa —me decía Sebastián el domingo por la tarde, mientras acariciaba mi cabello de forma distraída frente al mar—. El informe práctico de la campaña está listo y es perfecto. Mañana en la oficina de la corporación se definirá todo.

—Lo sé, Sebastián —respondí, entrelazando mis dedos con los suyos—. Pero conozco a Alan. Es un hombre que no soporta perder, y lo que pasó en el pasillo de la cabaña hirió profundamente su orgullo. Temo lo que pueda hacer para perjudicarnos.

—Que lo intente —sentenció él con una voz firme que me transmitió una seguridad absoluta—. Ahora no solo defiendo el legado de mi padre y el sustento de mis empleados. Te defiendo a ti. Y esa es una batalla que no pienso perder.

Mientras Sebastian y Sofia se preparaban para el regreso a la ciudad, en otra área exclusiva del resort, la realidad era mucho más oscura.

Alan Vance se encontraba en su despacho privado, con las cortinas completamente cerradas y una botella de whisky a medio terminar sobre el escritorio de cristal. Tenía la corbata floja y la mirada fija en la pared, inyectada en sangre por la rabia acumulada. El dolor en su orgullo aún escocía tanto como el golpe que Sebastián le había propinado contra la madera. Nadie lo había rebajado de esa manera en toda su vida, y mucho menos frente a Sofía, la mujer que él consideraba de su propiedad.

Su primer impulso, dictado por el hígado, había sido acudir de inmediato al director general de Sailing Dreams para exigir que se cancelara el preacuerdo con Big Eye Creative. Quería verlos suplicar, quería ver la agencia de Lombardi hundirse en la quiebra absoluta esa misma semana. Sin embargo, Alan no era solo un hombre impulsivo; era un manipulador calculador. Tras vaciar un par de vasos de alcohol y enfriar la cabeza, se dio cuenta de que si cancelaba el contrato de forma abrupta, la junta directiva le exigiría explicaciones técnicas que no tenía, ya que la campaña de Sofía era, indiscutiblemente, la mejor de todas. Podía perder su propio empleo si actuaba como un niño caprichoso.

Una sonrisa malévola y fría comenzó a dibujarse lentamente en su rostro.

—No... —susurró para sí mismo, dándole un sorbo al vaso de cristal—. Si los echo ahora, se irán a otra parte y los perderé de vista. Eso sería demasiado fácil para ellos.

Alan se reclinó en su sillón de piel, encendiendo un cigarrillo. Su mente maquiavélica empezó a encajar las piezas de un plan mucho más destructivo. Aceptaría la campaña. Permitiría que la junta directiva firmara el contrato de exclusividad por cinco años con Big Eye Creative. Al hacerlo, obligaría a Sebastián y a Sofía a estar en constante contacto con él, asistiendo a reuniones semanales, revisiones de presupuestos y eventos corporativos en las oficinas de Sailing Dreams.

Esa cercanía forzada le daría el tiempo y el espacio suficientes para estudiar los puntos débiles de la agencia, ganarse la confianza de algún empleado descontento y ejecutar una destrucción lenta, dolorosa y absoluta. No solo quería dejarlos sin el contrato; quería arruinar la reputación profesional de Sofía para que nunca volviera a trabajar en el medio, y quería ver a Sebastián Lombardi humillado, perdiendo la empresa de su padre y arrastrándose por el fango.

—Disfruten de su pequeña luna de miel mientras puedan —murmuró Alan, apagando la colilla del cigarrillo directamente sobre un mapa impreso de la agencia de publicidad—. Porque voy a entrar en su preciosa empresa y la voy a quemar desde los cimientos.

El lunes por la mañana, el ambiente en la sede central de Sailing Dreams era de pura formalidad. Sebastián y yo entramos vestidos con nuestros trajes de sastre habituales, recuperando nuestras posturas profesionales, aunque una mirada rápida entre los dos bastaba para recordar el fuego del fin de semana.

Nos guiaron a la sala de juntas principal para la firma definitiva. El director general estaba encantado con los últimos apuntes que habíamos añadido tras la experiencia en el Spa. Alan entró pocos minutos después. Para mi sorpresa, vestía un traje impecable, lucía una sonrisa amable de negocios y se comportaba como si nada hubiera ocurrido en la cabaña. Era una máscara perfecta que me erizó la piel.

—Señor Lombardi, Sofía... Bienvenidos —dijo Alan con un tono de voz falsamente cordial, extendiendo la mano hacia Sebastián de manera pública. Sebastián lo miró fijamente y le sostuvo el apretón con una fuerza que hizo que los nudillos de Alan se pusieran blancos—. Debo admitir que sus correcciones basadas en la estancia en el hotel son magníficas. La junta directiva está lista para firmar el contrato definitivo de exclusividad. Esperamos que esta sea una relación a largo plazo y muy... productiva.

El director general firmó los documentos y, acto seguido, Sebastián estampó su firma. Con ese simple gesto, la economía de Big Eye Creative quedaba oficialmente salvada de la quiebra. Los despidos masivos se habían evitado y el legado de su padre estaba a salvo. Mis compañeros de la oficina estarían celebrando en cuanto les diéramos la noticia.

Caminamos hacia la salida del edificio con el contrato bajo el brazo. Al llegar al vestíbulo, Alan se posicionó a nuestro lado, aprovechando que el director general se había alejado. Su sonrisa cordial se desvaneció, dejando paso a una mirada fría y calculadora.

—Felicidades por el contrato, Lombardi —susurró Alan, inclinándose ligeramente hacia nosotros—. Nos veremos muy seguido a partir de la próxima semana para coordinar el lanzamiento de los primeros anuncios. Prepárense, porque soy un cliente extremadamente exigente.

Sebastián no pestañeó. Dio un paso al frente, colocándose sutilmente delante de mí.

—Estamos acostumbrados a los retos, señor Vance —respondió Sebastián con una voz que destilaba una autoridad implacable—. Pero le aseguro algo: nuestra agencia cumple con los estándares más altos del mercado. No le aconsejo que intente buscar fallos donde no los hay, porque no los va a encontrar. Que tenga un buen día.

Tomé el brazo de Sebastián y caminamos juntos hacia la salida, cruzando las puertas de cristal hacia el estacionamiento. Habíamos ganado la primera batalla y salvado la empresa, pero al mirar el contrato en nuestras manos, supe que las verdaderas dificultades apenas estaban comenzando. Alan acababa de abrirnos las puertas de su corporación, y dentro de esas paredes, se escondía una trampa de la que sería muy difícil escapar.

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