Zamira necesitaba trabajo
Franco necesitaba alguien que cuidará de su hijo Mateo de 5 años, mientras él trataba de mantener la cabeza a flote
Ninguno buscaba algo más
Lo que empieza con una relación laboral se convierte en algo más
Franco encuentra en Zamira a la mujer que lo calma
Zamira encuentra en Mateo el hijo que nunca creyó tener y en Franco un amigo
Mateo encuentra en Zamira una mamá que eligió tener
¿Podrá algo separarlos?
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solo ella
A la mañana siguiente, Mateo se despertó con la cara roja, quejándose de la garganta y temblando bajo las sábanas.
Catalina- Llamaré al pediatra, Franco, trae el termómetro.
Franco- Ya voy.
Se movían rápido, como siempre que Mateo se enfermaba, Pero cuando Catalina intentó acercarse con el paño húmedo, Mateo se apartó.
Mateo- No.
Catalina- Amor, tienes fiebre, déjame ayudarte.
Mateo- Que venga Zamira.
Catalina- Zamira no está aquí.
Mateo- ¡Llámenla! Solo ella.
Franco y Catalina se miraron
Franco- Está en el cuarto de huéspedes.
Catalina- Franco, no vamos a cederle eso al niño, es un capricho.
Franco- No es un capricho, tiene 38.9 y quiere a Zamira.
Fue Zamira quien subió, no porque la llamaran, Sino porque escucho a Mateo llorar.
Mateo- ¡Zamira!
Estaba sentado en la cama, abrazando una almohada, con los ojos hinchados, Cuando la vio, se le vino encima.
Zamira- Ya estoy aquí, bebé.
Le puso la mano en la frente, ardía.
Zamira- Voy a bajar el agua y vuelvo.
Catalina- Yo lo hago.
Mateo- No, Zamira.
Catalina se quedó quieta, la cara se le puso dura.
Catalina- Franco, habla con tu hijo.
Franco- Él ya habló.
Zamira bajo, preparé el paño, le dio el ibuprofeno, se sento con él hasta que se durmió, Catalina se quedó en la puerta todo el rato, Sin entrar, Sin decir nada, Cuando Mateo se durmió, Zamira se levanto para irse.
Mateo- No te vayas.
Zamira- Solo voy al baño, vuelvo.
Mateo- Prométemelo.
Zamira- Te lo prometo.
Salio al pasillo y se encontro con Catalina.
Catalina- Esto no puede seguir así.
Zamira- ¿Qué cosa?
Catalina- Que mi hijo te prefiera a ti, que crea que tú eres su madre.
Zamira- Él sabe quién es su mamá, Catalina.
Catalina- Entonces dile que actúe como tal, tú eres la niñera, mi empleada.
Zamira- Soy la persona que se quedó cuando él tenía 39 de fiebre y tú estabas en otro país.
Se le escapó, no quiso decirlo con esa dureza, Catalina la miró como si la fuera a despedir ahí mismo.
Catalina- No te olvides de tu lugar.
Zamira- Mi lugar es donde Mateo me quiera.
Se fue antes de que respondiera, Volvió con Mateo, él durmió pegado a ella, agarrado de su remera como si tuviera miedo de que desapareciera, Franco se quedó en la puerta un rato, No dijo nada, Solo asintió, Catalina no bajó a cenar Y Mateo, aunque enfermo, durmió mejor que en semanas.
Catalina no se iba a quedar con los brazos cruzados, la llamada de la abogada duró 17 minutos, Zamira estaba en la cocina cuando Catalina colgó y se fue al estudio con Franco.
Cerraron la puerta, no sirvió de mucho, desde la cocina Zamira escuchaba algunas cosas que les pasaba en tono, mientras que en el despacho Catalina y Franco discutían
Catalina- Si esa chica sigue viviendo aquí, voy a pedir la tenencia completa
Franco- No puedes hacer eso, te desapareces por cinco años y de la nada quieres la tenencia
Catalina- Puedo, tengo dinero, casa, y un historial limpio, tú tienes a una niñera viviendo en tu cuarto de huéspedes y a mi hijo llamándola “familia”
Franco- No es una niñera, es parte de esta casa
Catalina- Entonces elige, Franco- Hubo una pausa larga- O ella se va esta semana, o yo presento la demanda el lunes
Franco- No me hagas esto, acaso no te importa lo que quiera Mateo
Catalina- Ya lo hiciste tú cuando dejaste que pase.
No se escuchó más, Zamira Bajo el volumen del lavavajillas pero logro oír su nombre mezclado con “tenencia” y “demanda”.
Cuando salieron, Franco tenía la cara de alguien que acaba de tragar vidrio, Catalina se veía satisfecha
Catalina- Me voy a dormir, mañana hablo con Mateo
Franco- No
Catalina- ¿Perdón?
Franco- No vas a hablar con él de esto
Catalina- Es mi hijo también
Franco- Y es un niño de 5 años, no lo vas a meter en el medio
No se dijeron nada más, Franco no le dijo nada a Zamira esa noche, Ni a Mateo
Cenaron los tres como si nada, Mateo hablaba de dinosaurios, Catalina respondía con monosílabos, y Zamira masticaba con el nudo en la garganta.
Cuando Mateo se durmió, Zamira se quedó leyendo en el sillón del living, Franco bajó una hora después en pijama, se sentó frente a ella
Franco- No puedo dormir
Zamira- ¿Problemas con Catalina?
Franco- Siempre -Mintió, Sonrió flojo y cambió de tema- Mateo te pidió que leyeras “El monstruo de los colores” tres veces hoy.
Zamira- Le gusta el final.
Franco- A mí también.
No le dijo lo de la tenencia, no le dijo que tenía que elegir entre su hijo y ella no preguntó, porque lo vio en los ojos, Ese “no puedo perderlo” que le temblaba en las manos.
A las 2 AM ambos fueron a sus habitaciones, ella en su cuarto, dejó la puerta entreabierta, como siempre, se quedo despierta pensando
Si él elige a Mateo, me tengo que ir.
Si me voy, Mateo va a pensar que lo abandoné.
Si me quedo, puedo romperlos a todos.
No durmió
Franco tampoco durmió en su mente pasaba todo lo que no dijo y quería decir, un Zamira quédate, un no me quites a Mateo, un deseo de que Catalina ya no estuviera al despertar
A la mañana siguiente, Catalina desayunaba como si nada hubiera pasado, Mateo corría por la casa con su dinosaurio de juguete.
Y Franco…
Franco miraba a Zamira como si ya hubiera tomado la decisión, aunque no lo decía, cuando Zamira lo miró entendió todo, él ya había decidido, era una decisión clara, porque ella también escogería a Mateo por sobre todas las cosas
Catalina puso a Franco contra la espada y la pared, a Zamira en contra de si misma, se quedaba y Catalina tal vez ganaba, le quitaba a Mateo de Franco, si se iba Mateo se quedaba con su padre, ella quedaba de mala, por dejarlo, pero Catalina no ganaría, al menos no separando a Mateo de su padre
Gracias