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El Mafioso Que Me Eligió

El Mafioso Que Me Eligió

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Traiciones y engaños / Mafia / Completas
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Maria del Rosario González

Soraya es una estudiante común cuya vida se rompe cuando la deuda de su padre la vincula con un mundo peligroso dominado por intereses ocultos. Entre Víctor, su novio, y Sebastián, un hombre enigmático ligado a esa deuda, su realidad comienza a distorsionarse.
Lo que parece un triángulo amoroso pronto revela algo más profundo: fuerzas invisibles que intentan influir en su vida, definir quién es y controlar sus decisiones.
Cuando todo contacto con su pasado empieza a cortarse, Soraya descubre que no está eligiendo entre dos hombres, sino entre ser moldeada por otros o reconstruirse desde cero.
Al final, su mayor decisión no es amorosa… es identitaria: dejar de ser definida por todos para convertirse en sí misma.

NovelToon tiene autorización de Maria del Rosario González para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17: El asedio al silencio

​El Valle de los Cedros no era solo una finca; era un monumento a la paranoia. La propiedad se extendía sobre kilómetros de bosque denso, rodeada por un muro de piedra volcánica que parecía haber sido construido para detener un ejército, no para proteger a un hombre. Sebastián detuvo el vehículo a una distancia prudente, donde la espesura de los árboles les ofrecía la protección necesaria para observar.

​—No habrá una entrada frontal —murmuró Sebastián, ajustando el visor térmico que había extraído del maletero—. Los sensores de movimiento cubren todo el perímetro exterior. Si pisamos un centímetro de césped, las alarmas silenciadas notificarán a su equipo de seguridad.

​Soraya observó la estructura, analizando los ángulos, las sombras y la disposición de las cámaras. Su mirada de artista, esa que antes captaba la luz sobre un lienzo, ahora diseccionaba la vulnerabilidad de la fortaleza.

​—La electricidad —dijo ella, señalando un pequeño punto parpadeante en el mapa digital que aún tenían activo—. El Patriarca confía tanto en sus sistemas que no ha considerado que el sabotaje pueda venir de su propia red. Si sobrecargamos el nodo de distribución que está en el límite del bosque, forzaremos un reinicio del sistema de seguridad. Tendremos exactamente 45 segundos de oscuridad digital.

​Sebastián la miró, un destello de genuina admiración iluminando sus facciones cansadas.

—45 segundos. Es un margen estrecho, incluso para mí.

​—Entonces no pierdas tiempo —respondió ella, con una seguridad que dejó claro quién dirigía la operación—. Yo me encargaré de la distracción. Tú entra por el ala de servicio. Conozco los planos; esa parte de la casa fue reformada por los antiguos dueños, los muros son de un material más ligero.

​Se separaron bajo el manto de una noche sin luna. El bosque les susurraba secretos, el viento agitaba las copas de los cedros, creando un ruido de fondo que ocultaba sus pasos. Soraya se movió con una destreza que la sorprendió a sí misma; la mujer que una vez fue el trofeo de Sebastián era ahora un espectro que cruzaba el terreno del enemigo.

​Llegó al nodo de distribución. Con un movimiento rápido, conectó el dispositivo de bypass que habían fabricado. En el momento en que pulsó el interruptor, el mundo pareció contener el aliento. Un pulso electromagnético silencioso recorrió la finca, y de pronto, todas las luces exteriores, las cámaras de seguridad y los sensores láser se apagaron simultáneamente.

​La oscuridad fue absoluta.

​A través de su comunicador, escuchó la voz de Sebastián, apenas un susurro:

—Adentro.

​Soraya no esperó. Corrió hacia la fachada, su figura una sombra entre las sombras. Aprovechando el caos y la confusión de los guardias, escaló la hiedra que cubría la pared del ala de servicio. Sus manos, antes habituadas a la suavidad de los pinceles, ahora se aferraban a la piedra rugosa con una fuerza desesperada.

​Dentro, la finca era un laberinto de lujo opulento y frialdad calculada. Mientras se deslizaba por los pasillos, vio retratos de la dinastía: rostros que habían dictado el destino de miles, ahora olvidados por el tiempo y la verdad que ella había hecho pública. Cada paso que daba era un paso hacia la destrucción de su propio pasado.

​Sebastián ya estaba en el ala principal. El sonido de los disparos comenzó a resonar, primero aislados, luego en una salva constante. El Patriarca no se iba a rendir fácilmente. Las defensas de la casa estaban despertando, pero el daño en la red era crítico.

​Soraya llegó al despacho del Patriarca. La puerta estaba entreabierta. Dentro, el hombre que había orchestrado su vida estaba sentado tras un escritorio de caoba, bebiendo una copa de vino, como si el colapso de su imperio fuera solo una molestia trivial.

​—Llegas tarde, Soraya —dijo él, sin darse la vuelta—. Pensé que tu nueva lealtad te habría hecho más eficiente.

​Ella entró, manteniendo su postura, su belleza irradiando una firmeza que hizo que el Patriarca finalmente girara su silla. Él la observó, y por un segundo, sus ojos, carentes de alma, parecieron reconocer en ella no a una enemiga, sino a un reflejo perturbador de sí mismo.

​—No vengo a discutir, vengo a terminar el lienzo —dijo Soraya, sosteniendo su mirada—. Y el lienzo no tiene espacio para hombres como tú.

​El Patriarca sonrió, un gesto que mostró solo sus dientes, y una mano se deslizó lentamente hacia el cajón de su escritorio. Soraya sabía qué había allí. La confrontación final había llegado, y el Valle de los Cedros sería el testigo de quién dictaría el futuro de esa ciudad.

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pryz
Hola belleza, leí y no entendí nada pero parece buena, sigamos adelante 😉
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