una niña arrancada de su casa, un silencio que duele a todos los que la conocen y un secreto que se esconde bajos las propias narices del jefe de la mafia Alemana.
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el rostro del pasado
El amanecer comenzaba a teñir de gris el cielo sobre los bosques de Polonia.
La nieve seguía cayendo con la misma calma engañosa de las últimas horas, borrando lentamente las huellas que Helena iba dejando a su paso.
Cada respiración era un esfuerzo.
Cada paso parecía el último.
Aun así, seguía avanzando.
No por ella.
Por Zonia.
La pequeña permanecía abrazada a su conejo de tela, con la cabeza apoyada sobre el hombro de su madre.
—Mamá... ¿Falta mucho para que papá nos encuentre?
Helena reunió las pocas fuerzas que le quedaban para sonreír.
—Cada vez menos, mi amor. Cada vez menos.
Zonia cerró los ojos unos segundos.
Confiaba completamente en aquellas palabras.
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El bosque se volvió extrañamente silencioso.
Ni el viento parecía atreverse a mover las ramas.
Helena se detuvo un instante.
Había sentido algo.
No un sonido.
Una presencia.
Giró lentamente sobre sí misma.
Árboles.
Nieve.
Sombras.
Nada más.
Aun así, el presentimiento permanecía.
Apretó a Zonia contra su pecho.
—Vamos a seguir.
Susurró más para sí misma que para la niña.
Dio apenas unos pasos cuando una voz masculina rompió el silencio.
—Siempre fuiste demasiado valiente, Helena.
El mundo pareció detenerse.
Helena se giró lentamente.
A varios metros de distancia, un hombre permanecía inmóvil entre los árboles.
El largo abrigo oscuro contrastaba con la nieve.
Su rostro permanecía parcialmente oculto por la sombra de los pinos.
Durante unos segundos, Helena creyó que el agotamiento le estaba jugando una mala pasada.
No podía ser.
Era imposible.
El hombre dio un paso al frente.
La luz del amanecer iluminó finalmente su rostro.
Helena sintió que el aire abandonaba sus pulmones.
—No... Kalev
Sus labios apenas lograron formar aquella palabra.
—Eso no puede ser...
El hombre la observó con una expresión imposible de descifrar.
—Hace mucho tiempo que nadie me llama por mi nombre.
Helena retrocedió instintivamente.
—Vos... Vos moriste.
Él dejó escapar una sonrisa apenas perceptible.
—Eso era lo que todos debían creer.
El corazón de Helena comenzó a latir con violencia.
Recordaba perfectamente aquel rostro.
Lo había visto años atrás.
En reuniones familiares.
En celebraciones.
Antes de que desapareciera sin dejar rastro.
Era el hermano menor de Jan.
Un hombre al que toda la familia había dado por muerto.
Recordaba haberle llevado flores junto con Jan a su tumba.
Abrazar a su esposo, cada vez que veía una foto de él y lloraba.
Recordó el día en que dijeron que había muerto.
Zonia levantó la cabeza al notar el cambio en la respiración de su madre.
Miró al desconocido con curiosidad.
Nunca lo había visto.
No comprendía por qué su mamá estaba tan asustada.
—¿Mamá... quién es?
Helena no respondió.
Su mente intentaba comprender cómo era posible que aquel hombre estuviera allí.
Y, sobre todo...
Por qué.
El silencio se hizo interminable.
Solo se escuchaba el leve caer de la nieve.
El hombre dio otro paso.
Helena abrazó con más fuerza a su hija.
Comprendió que el bosque, que unos minutos antes parecía ofrecerles refugio, ahora se había convertido en una trampa.
Sin apartar la vista del desconocido, dio un lento paso hacia atrás.
La nieve crujió bajo sus pies.
El hombre no hizo ningún movimiento.
Solo la observaba.
Como si hubiera esperado ese encuentro durante muchos años.
Helena sintió que las fuerzas comenzaban a abandonarla.
El frío.
El cansancio.
La noche sin descanso.
Todo pesaba sobre su cuerpo.
Pero había algo mucho más pesado.
La certeza de que el pasado acababa de alcanzarlas.
Y de que, a partir de ese momento, nada volvería a ser igual.
Helena dio otro paso hacia atrás.
él dio uno hacia adelante.
La espalda de ella choco contra el tronco de un grueso árbol, apretó contra su pecho a su hija.
-Esto no es real.
Sus labios temblaban, aunque para ser sinceros no sabía si era del frío o de la impresión.
Zonia miraba al desconocido, era parecido a su papá, pero más joven.
-¿mami quien es?.
Con una mano, Helena volvió el rostro de su hija contra su cuerpo, no quería que lo viera.
-Así que ella es mi pequeña sobrina.
La risa siguiente retumbó en el silencio del bosque.
-No te atrevas a llamarla asi. traicionaste a tu hermano. ¿como pudiste hacer eso?
-Negocios son negocios, cuñada.
La frialdad con la que hablaba, ella no lo reconocía.
-Era tu hermano. somos tu familia.
Saco de su cintura, un arma con silenciador.
Apunto a ambas mujeres y sin decir una sola palabra más, disparo.
Zonia levantó la cabeza asustada, poso su pequeña mano en la mejilla de su mamá.
-¿mami?.
La voz de su hija le hizo bajar la vista hacia ella. Le sonrió mientras un dolor agudo le recorría todo el cuerpo.
Comenzó a cantar la nana que siempre le cantaba al dormir, su voz temblaba y desafinaba, pero para Zonia era la canción más hermosa del mundo.
Poco a poco se fue deslizando por el tronco del árbol hasta sentarse, la pequeña no noto la gran mancha roja que dejaba a su paso.
La voz se iba apagando y sus ojos se llenaban de lágrimas. La niña la miraba sin entender que era lo que ocurría, aunque aun así sentía por primera vez en su vida el miedo.
-Adiós cuñada.
Se acercó a paso lento hasta donde la mujer aún sostenía a la pequeña, la había apretado aún más contra su pecho.
Zonia lloraba, entendía que mamá se estaba yendo y tenía miedo.
-¿Mami?. ¿mami?. Papá vendrá a buscarnos. Tienes que levantarte.
Kalev la tomó por el brazo. La pequeña se aferraba a su peluche y a su mamá.
-suéltala. está muerta.
La frialdad en la voz del hombre hizo que la pequeña rompiera aún más en llanto. Sabía lo que significaba la muerte. había tenido un gatito que se había ido al cielo. Su mamá le había dicho que se había ido al cielo.
-Cállate. Da gracias que no sigues su misma suerte. Hay quienes pagaran un buen precio por ti.
La levantó con brusquedad.
Zonia se revolvía entre los brazos de su captor.
Miraba el cuerpo de su madre contra el árbol. Gritaba rompiendo el silencio del bosque.
El sol salía anunciando un nuevo día.
El hombre caminaba entre las raíces de árboles.
Sonreía mientras maniobraba con la niña.
Quizás no era una buena idea dejarla con vida, pero uno de sus hombres le había dado un contacto alemán que pagaría bastante bien.
Mientras el fuego consumía todo vestigio de una poderosa familia polaca, Zonia era llevada a su nuevo futuro, mientras aún gritaba pidiendo por su mamá y por su papá.
pero, con la q llegó te dará la fuerza y el poder de defenterte