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Susurros Del Más Allá.

Susurros Del Más Allá.

Status: En proceso
Genre:Sirena / Terror / Pacto con el demonio / Maldición
Popularitas:582
Nilai: 5
nombre de autor: Tatiana.

En el pueblo costero de Mar Azul, una antigua maldición ha permanecido oculta durante siglos: cada luna llena, una sirena de belleza deslumbrante pero esencia demoníaca emerge de las aguas, trayendo consigo desgracia, locura y muerte. Nadie se atreve a hablar de ella, pero sus susurros llegan a los oídos de quienes tienen el destino marcado. Cuando Lyssa, una joven con la capacidad de escuchar voces del más allá, llega al pueblo para investigar la desaparición de su madre, se cruza con Christhian, un hombre atormentado por un pasado oscuro y un vínculo inevitable con la criatura marina. Entre ellos nace una atracción peligrosa, mezcla de amor y odio, pasión y recelo. Pero la sirena no está dispuesta a compartir lo que considera suyo: es posesiva, cruel y ha tejido una red de hechizos que atrapa a quienes se acercan a lo que ella reclama. Lo que empieza como una investigación se convierte en una lucha por la supervivencia y el alma. La maldición no es solo una leyenda.

NovelToon tiene autorización de Tatiana. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17: Mentiras y verdades.

El silencio en la habitación se había vuelto pesado, cargado de una tensión nueva, distinta a las anteriores. Desde que habían cerrado el libro de las maldiciones, Lyssa había notado algo extraño en Christhian: su mirada se desviaba, sus respuestas eran breves, y cada vez que ella intentaba profundizar en los detalles de lo que habían leído o en cómo funcionaba realmente la conexión con Serena, él cambiaba de tema o se alejaba, diciendo que ya era tarde o que debían vigilar.

Al principio, ella pensó que era el miedo, la confusión de haber descubierto que toda su vida había sido diseñada para alimentar a un monstruo. Pero a medida que pasaban las horas, esa sensación se transformó en sospecha. Había algo que él no le estaba contando. Algo que sabía desde antes, algo que había callado desde el primer día que se encontraron.

Esa noche, mientras Christhian estaba de pie junto a la ventana, mirando hacia la oscuridad del mar con la espalda rígida y los puños cerrados, Lyssa decidió que no podía esperar más. Se acercó despacio, pero con paso firme, y se detuvo justo detrás de él.

—Hay algo que me ocultas —dijo ella directamente, sin rodeos.

Christhian se tensó aún más, pero no se giró. Su respiración se detuvo un instante, y luego salió lenta y pesada.

—No sé de qué hablas —respondió él, con voz baja y tensa.

Lyssa dio un paso más, acortando la distancia.

—Mientes. Desde que llegué, me has dicho que me aleje, que me vaya, que no me acerque a ti. Me has hablado de peligros, de maldiciones, de lo que ella es capaz de hacer… pero siempre has dejado partes fuera. Cuando leímos el libro, tú no te sorprendiste tanto como yo. Había cosas que ya sabías. Cosas que has callado.

Él se giró entonces, y en su rostro vio una mezcla dolorosa de culpa, miedo y una tristeza profunda. Sus ojos oscuros brillaban a la luz de la vela, y por primera vez, Lyssa vio en ellos algo más que dolor: carga. Una carga pesada que llevaba solo desde hacía mucho tiempo.

—Te he dicho todo lo que necesitas saber —dijo él, pero su voz carecía de fuerza.

—No, Christhian —lo interrumpió ella, con firmeza—. Me has dicho lo que querías que supiera. Me has contado lo que te convenía para que me fuera, para que me alejara. Pero hay secretos. Y ahora quiero saber cuáles son. ¿Qué es lo que no me has dicho? ¿Qué sabes tú que yo ignoro?

Él se pasó las manos por el cabello, desesperado, caminó hasta la mesa y se apoyó en ella, con la cabeza gacha. Durante unos minutos, solo hubo silencio, roto únicamente por el rugido lejano del mar y el latido acelerado del corazón de Lyssa. Ella esperó, sabiendo que él estaba luchando consigo mismo, entre mantener el secreto o confesarlo todo.

Finalmente, Christhian levantó la cabeza, y sus ojos estaban llenos de lágrimas que no caían.

—Lo hice por ti —susurró, y esas cuatro palabras golpearon a Lyssa con fuerza—. Todo lo que he callado, todo lo que te he ocultado, todas las mentiras que te he dicho… fueron para protegerte, no para dañarte.

Lyssa se quedó inmóvil, sorprendida. Nunca había pensado en eso. Ella había asumido que sus secretos eran parte de su lealtad a Serena, o que ocultaba cosas porque ella también era parte de la trampa. Pero protegerla... esa posibilidad nunca se le había pasado por la cabeza.

—¿Protegerme? —repitió ella con voz suave—. ¿De qué?

Christhian se sentó en la silla, como si las fuerzas se le hubieran agotado, y le hizo un gesto para que ella también se sentara.

—De la verdad completa —empezó a decir, con voz ronca y rota—. Desde que era niño, además de obligarme a ser suyo, Serena me hablaba de todo. Me contaba sus planes, sus deseos, lo que quería hacer. Me decía cosas que a nadie más decía, porque creía que yo era suyo, que nunca podría traicionarla. Y con los años… aprendí muchas cosas. Cosas terribles. Cosas que, si tú las hubieras sabido desde el principio, te habrían destrozado.

Hizo una pausa, tragando saliva con dificultad, antes de seguir:

—Cuando llegaste al pueblo, supe al instante quién eras. Supe por qué venías y qué buscabas. Y también supe lo que ella planeaba contigo. Ella no estaba enfadada porque hubieras venido… estaba encantada. Porque tú eras exactamente lo que ella había estado esperando durante siglos.

Lyssa frunció el ceño, confundida.

—¿Esperando? ¿Yo?

—Sí —asintió él, mirándola fijamente—. El libro que encontraste habla del vínculo, de la unión, de cómo romper la maldición… pero no te dice todo. Marina escribió las reglas, pero Serena las cambió a su favor. Ella sabía que algún día alguien de tu familia vendría. Sabía que el vínculo se reactivaría. Y planeó todo para ello.

Se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en la mesa, con la mirada intensa y dolorosa.

—Lo que no te he dicho, lo que he ocultado a toda costa, es esto: ella no solo se alimenta de emociones. Ella necesita algo más para ser completamente poderosa. Para ser eterna sin límites. Y lo que necesita es la unión total entre nosotros. No solo que estemos marcados, no solo que nos queramos… sino que entreguemos todo, sin reservas, que nos amemos hasta el punto de no poder vivir el uno sin el otro.

Lyssa sintió que el aire le faltaba. Recordó las palabras del libro: «el amor es su debilidad». Pero ahora entendía que había una trampa en eso también.

—Entonces… ¿lo que dice el libro es mentira? —preguntó ella con miedo.

—No, es verdad —respondió él rápidamente—. Pero es una verdad a medias. Marina escribió que el amor podía vencerla… pero Serena lo transformó. Ella descubrió que si lograba que ese amor fuera doloroso, desesperado, lleno de sacrificio… entonces en lugar de destruirla, ese amor la haría invencible. El amor libre y sin miedo la destruye… pero el amor que sufre, que se sacrifica, que se rompe… eso es lo que ella realmente quiere.

Christhian extendió la mano y tocó suavemente la de ella, con una ternura inmensa.

—Por eso te dije que te fueras. Por eso te rechacé, por eso te dije cosas duras, por eso oculté todo esto al principio. Yo pensaba que, si te alejabas, si no nos acercábamos, si no nos enamorábamos, estarías a salvo. Pensaba que, si te hacía creer que yo era malo, que yo era parte de ella, que no valía la pena arriesgarte… te irías y ella no podría usar lo que sintiéramos para volverse más fuerte.

Una lágrima se escapó de sus ojos y rodó por su mejilla.

—Te mentí diciéndote que no me importabas. Te mentí diciéndote que todo lo que sentíamos era obra suya. Te mentí diciéndote que yo estaba contento siendo su prisionero. Todas esas mentiras fueron mi única forma de intentar salvarte, porque creía que, si me odiabas, te irías. Prefería que me odiaras y estuvieras viva y libre… a que me amaras y te convirtieras en combustible para ella.

Lyssa sentía cómo todo encajaba ahora. Sus cambios de actitud, sus rechazos seguidos de acercamientos desesperados, sus advertencias constantes. No era confusión, ni era que quisiera hacerle daño. Era el conflicto de un hombre que amaba, que sabía el peligro, y que intentaba proteger a la persona que quería de la única forma que creía posible: alejándola, aunque eso le doliera más que nada en el mundo.

—¿Y ahora? —preguntó ella con voz suave, apretando su mano entre las suyas—. ¿Por qué me lo cuentas ahora?

Christhian soltó un suspiro tembloroso y miró hacia el libro cerrado que estaba sobre la mesa.

—Porque descubrimos la otra parte —dijo él con sinceridad—. Descubrimos que ella se alimenta del dolor, de la duda, del amor que sufre… pero que se debilita ante la verdad, ante la certeza, ante el amor que es libre y valiente. Yo creía que la única forma de protegerte era alejarte. Pero ahora sé que me equivocaba. La única forma de vencerla es justo lo que yo intentaba evitar: estar juntos, amarnos con la verdad, sin miedos, sin sacrificios dolorosos, sin dudas.

La miró a los ojos, con toda la verdad expuesta por fin, sin secretos, sin mentiras.

—Te oculté información porque tenía miedo de que, al saberlo, intentaras quedarte y sacrificarte. Te mentí porque tenía miedo de perderte… o peor aún, de que ella te destruyera. Pero ahora entiendo que la mayor mentira de todas era pensar que podía protegerte estando solo. La verdad es que solo podemos estar a salvo si estamos juntos, sabiéndolo todo, sin nada que ocultarnos.

Lyssa se levantó, rodeó la mesa y se sentó junto a él. Le acarició el rostro, secando esa lágrima que había caído, y lo miró con una mezcla de comprensión, amor y perdón profundo.

—Tus mentiras dolieron —dijo ella con suavidad—. Me hicieron dudar, me hicieron sentir que no podía confiar en ti. Pero ahora entiendo el porqué. Entiendo que cada palabra falsa que me dijiste… la dijiste amándome. Que cada secreto que guardaste… lo guardaste para intentar salvarme.

Se inclinó hacia él, juntando su frente con la de él, cerrando los ojos y dejando que esa conexión que tenían hablara más fuerte que cualquier palabra.

—Ya no hay secretos, Christhian. Ya no hay mentiras. Ya sabemos lo que ella quiere, sabemos cómo nos usa, sabemos cómo funciona todo. Y ahora, más que nunca, sé que puedo confiar en ti. Porque si me ocultaste la verdad, fue para protegerme. Y si ahora me la dices… es para luchar conmigo.

Christhian la abrazó con fuerza, apretándola contra su pecho, como si quisiera fundirse con ella, agradecido y aliviado de que por fin todo estuviera al descubierto.

—Lo siento —susurró él contra su cabello—. Lo siento mucho. Nunca más te ocultaré nada. Nunca más te diré una mentira, aunque crea que es para tu bien. De ahora en adelante, solo verdades. Porque ahora sé que nuestra verdad es lo único que ella no puede tocar. Nuestra confianza es lo único que ella no puede usar. Y nuestro amor, limpio, libre y sin secretos… es lo único que puede destruirla.

Fuera, el mar rugía, pero ya no con esa alegría cruel y triunfal de antes. Ahora se oía furioso, frustrado, como si Serena se diera cuenta de que sus trucos, sus manipulaciones y sus juegos de mentiras y verdades habían dejado de funcionar. Porque Lyssa y Christhian habían descubierto la clave final: la mentira los separaba y los hacía débiles… pero la verdad, aunque dolorosa, los unía y los hacía invencibles.

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