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Mi Amor Por Su Deuda

Mi Amor Por Su Deuda

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Venganza / CEO
Popularitas:4.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Crisbella

Fabián Vargas se quedó con su fortuna. Gael Sotomayor se quedará con su mujer. Tras ser despojado de su herencia por las trampas de su medio hermano Fabián, Gael Sotomayor decide ejecutar la venganza más despiadada: arrebatarle lo que más ama. La oportunidad perfecta llega con la ruina de los Villarreal. Aprovechando el colapso financiero de su familia, Gael acorrala a Isabel Villarreal y la obliga a firmar un contrato matrimonial. Para salvar a los suyos, ella deberá convertirse en la señora Sotomayor y entrar en la boca del lobo. Isabel cree que solo será el trofeo en una guerra de poder y resentimiento. Sin embargo, en las sombras de un matrimonio forzado, el odio mutuo empezará a transformarse en una atracción oscura, peligrosa e inevitable. El juego de venganza ha comenzado, pero cuando el deseo se mezcla con el rencor... ¿quién pagará el precio de la deuda?

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El precio del sacrificio

Isabel Villarreal caminaba por el pasillo de la clínica con la mirada perdida fija en el suelo gris. Su mente era un remolino de dolor; el vestido de gala que llevaba puesto, ahora arrugado y fuera de lugar, se sentía como una burla de la felicidad que creía tener horas atrás. El dolor de la traición de Fabián Vargas todavía le quemaba el pecho, una herida abierta que se mezclaba con el terror de perder a su padre. Sin embargo, sus pasos se detuvieron en seco al escuchar el eco de una respiración agitada e interrumpida a la vuelta de la esquina del corredor. Había salido del cubículo de Samanta buscando un segundo de aire para no quebrarse frente a su madrastra, solo para encontrarse de frente con la cruda realidad que Felipe intentaba ocultarle a toda costa. Detrás del muro, Isabel escuchó cada palabra de la última llamada, cada negativa rotunda del banco y la inminente amenaza económica que pesaba sobre la vida de su padre.

—Felipe... —susurró Isabel, apareciendo desde las sombras como un fantasma de la hermosa mujer que solía ser.

El abogado dio un salto involuntario, bloqueando la pantalla de su teléfono y guardándolo en el bolsillo de su pantalón de manera torpe. Intentó forzar una sonrisa profesional, un gesto de tranquilidad que dominaba por su oficio, pero sus ojos inyectados en sangre y las lágrimas contenidas lo traicionaron por completo ante la perspicacia de la joven.

—Isabel... no deberías estar aquí de pie, necesitas recostarte un momento. Todo va a estar bien, yo me estoy encargando de los detalles administrativos, no tienes por qué preocuparte por nada de eso —mintió Felipe, con la voz rota y temblorosa, intentando mantener la compostura.

—No me mientas más, Felipe, por favor. Te lo ruego. Ya no queda nada en esta familia que valga la pena proteger con engaños —dijo ella, con una calma sepulcral que asustó al abogado más que cualquier grito de histeria. Sus ojos color miel, antes desbordantes de una vitalidad contagiosa, ahora reflejaban la madurez dolorosa y prematura de quien ha visto su mundo entero desintegrarse en una sola noche—. Escuché tu llamada. Sé perfectamente que las cuentas bancarias están congeladas. Sé que no hay un solo centavo para pagarle a esta clínica y que en unas pocas horas mi papá será arrastrado al escarnio público. Sé que estamos atrapadas en una red de la que no podemos escapar.

Felipe bajó la cabeza, incapaz de sostenerle la mirada a la joven. El silencio denso y pesado que se apoderó del pasillo fue la confirmación más dolorosa de todas. Isabel dio un paso firme hacia él y le puso una mano en el antebrazo. Su piel estaba helada, desprovista de la calidez habitual.

—Dame el número de contacto de Gael Sotomayor —pidió Isabel, con una firmeza que no admitía réplicas.

El joven abogado palideció, sintiendo un vuelco violento en el estómago que le provocó náuseas.

—No, Isabel, no te voy a dar ese número. No puedes hacer esto, no sabes qué clase de monstruo es ese hombre. Es un tiburón en el mundo empresarial que está usando la desgracia y la quiebra de tu padre para extorsionarte, para destruirte por motivos que aún no comprendemos. Buscaremos otra alternativa, te lo prometo. Yo... yo puedo pedir un préstamo personal de alto riesgo, puedo vender mi automóvil, hipotecar mi propio departamento, puedo conseguir el dinero...

—¡No es suficiente, Felipe, y tú lo sabes mejor que nadie! —lo interrumpió ella, con una lágrima rebelde rodando por su mejilla, aunque su voz se mantuvo firme como el acero—. No tenemos tiempo para milagros. Las horas corren. El bebé que espera Samanta está en riesgo por el estrés, mi padre se está muriendo lentamente en una cama de cuidados intensivos y Fabián... Fabián resultó ser la mentira más baja y destructiva de mi vida. Si mi libertad, si mi propia vida es el precio necesario para que mi papá viva y muera con el honor intacto, voy a pagarlo sin dudarlo. Dame el maldito número, Felipe. Ahora mismo.

A Felipe se le partió el corazón en mil pedazos dentro del pecho, un dolor físico que lo dejó sin aliento. Deslizó la mano hacia su bolsillo para sacar el teléfono corporativo, sintiendo que cada pequeño movimiento pesaba una tonelada de culpa. Para él, Isabel no era simplemente la hija de su jefe o la heredera de la constructora; era la mujer a la que había amado en el más absoluto y sagrado secreto durante los últimos cinco años de su vida. Un amor puro, silencioso, cargado de un respeto reverencial que jamás se había atrevido a confesar con palabras, por temor a no ser considerado lo suficientemente digno para una Villarreal o por el miedo constante a romper la confianza profesional que Leonardo había depositado en él.

Había soportado el calvario de verla sonreír y suspirar al lado de Fabián Vargas, consolándose a sí mismo con la mezquina idea de que, al menos, ella era feliz y estaba a salvo con el hombre que había elegido. Pero verla ahora frente a él, con el espíritu roto pero la mirada decidida, dispuesta a entregarse como un trofeo de guerra y una esclava legal a un hombre despiadado como Gael Sotomayor solo para salvar a los suyos de la miseria, era una tortura psicológica que superaba sus fuerzas.

Con los dedos temblando descontroladamente por el dolor y la total impotencia, Felipe buscó el contacto en la agenda digital del teléfono. Deseó con todas las fuerzas de su ser tener los millones de dólares necesarios en ese instante para rescatarla, para tomar su mano, salir corriendo de esa clínica y llevársela lejos de esa pesadilla, pero la realidad de su saldo bancario lo abofeteaba con crueldad.

—Es este... —articuló con una dificultad extrema, mostrando la pantalla iluminada con los dígitos de Gael Sotomayor. Su voz se quebró por completo en la última sílaba—. Lo siento tanto, Isabel... Perdóname por ser tan débil, perdóname por no tener la capacidad de salvarte de este infierno.

Isabel miró fijamente los números en la pantalla, digitándolos en su propio teléfono móvil como quien firma su propia sentencia de muerte. Una vez que guardó el contacto, miró a Felipe con una mirada llena de infinita gratitud y compasión, y le dio un suave pero significativo apretón en la mano.

—No tienes absolutamente nada que perdonarte, Felipe. En medio de todas las ruinas y las mentiras de nuestra vida, tú has sido el único hombre real y honesto que nos ha quedado. Gracias.

Isabel se dio la vuelta, acomodó los hombros con una dignidad aristocrática y caminó con pasos firmes hacia la salida de la terraza de la clínica, marcando en su teclado el número que cambiaría su destino y la uniría para siempre al enemigo de su familia. Felipe se quedó completamente solo en la penumbra del pasillo, tapándose el rostro con ambas manos mientras derramaba, en el más absoluto silencio, las lágrimas de un amor secreto que moría definitivamente antes de haber tenido la oportunidad de nacer.

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Iliana Mejia
Esta enamorado de Isabel 😥😥
Iliana Mejia
De lo que se va a salvar 👍
Elizabeth Yepez
cual será el misterio que tiene Gael con la familia Villareal, que le habrán hecho
Elizabeth Yepez
esas dos son unas perras algún día pagarán y ese Fabián estúpido también
Elizabeth Yepez
vieja desgraciada y codiciosa
Liliana Torres
me encanta como se va desarrollando
Ysabel Correa: Muchas gracias. Sigo escribiendo para montar los demás capítulos rápido 🥰
total 1 replies
Liliana Torres
Ratas en una misma alcantarilla, Fabian tienes lo que te mereces
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