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Los Herederos De Los Elementos

Los Herederos De Los Elementos

Status: En proceso
Genre:Escuela / Mundo mágico / Romance
Popularitas:798
Nilai: 5
nombre de autor: Itzel Velasco

En la Academia Real Arcana, la misteriosa Yoselin despierta el poder oculto de cinco princesas y enseña a los orgullosos príncipes que la unión y el amor son su mayor fuerza para enfrentar al Rey del Vacío.

NovelToon tiene autorización de Itzel Velasco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9: La guardiana de los cinco elementos

El bosque entero quedó en silencio.

La barrera negra seguía separando a Yoselin, las cinco princesas y León del resto de la academia.

Los reyes continuaban atacando desde el exterior.

Los príncipes tampoco se rendían.

Daniel golpeaba una y otra vez con su espada.

Dante lanzaba enormes columnas de fuego.

Oliver levantaba gigantescos pilares de piedra.

Uriel desataba poderosos vendavales.

César golpeaba la barrera con torrentes de agua.

Luis tampoco dejaba de atacar.

Sus manos ya sangraban por la fuerza con la que sujetaba la espada.

Pero la barrera permanecía intacta.

Era como si ninguna magia pudiera romperla.

Dentro del campo de batalla, el hombre enmascarado sonrió.

—Nadie vendrá a salvarlos.

Yoselin desenvainó lentamente su espada.

Cinco círculos mágicos aparecieron bajo sus pies.

Uno rojo.

Uno azul.

Uno verde.

Uno blanco.

Y uno dorado.

El viento comenzó a girar a su alrededor.

Las llamas danzaban sobre la hoja de su espada.

Pequeñas gotas de agua flotaban en el aire.

La tierra vibraba bajo sus pies.

Las ramas de los árboles parecían inclinarse ante ella.

—Detrás de mí —ordenó sin apartar la vista del enemigo.

Aurora dio un paso al frente.

—¡Déjanos ayudarte!

—No.

—Pero...

—¡He dicho que no!

Era la primera vez que levantaba la voz.

Las princesas quedaron completamente inmóviles.

Incluso León retrocedió.

Yoselin respiró profundamente antes de hablar otra vez.

Esta vez con un tono más suave.

—Todavía no están preparados.

El hombre soltó una carcajada.

—¿Piensas enfrentarte tú sola a todo mi ejército?

En ese instante, decenas de grietas oscuras aparecieron alrededor del bosque.

De ellas comenzaron a salir monstruos cubiertos por sombras.

Lobos gigantes.

Serpientes de piedra.

Criaturas aladas.

Bestias con enormes garras.

Los estudiantes que observaban desde el otro lado de la barrera palidecieron.

Nunca habían visto tantos monstruos reunidos.

Daniel sintió un nudo en el estómago.

—Ella sola no podrá...

Yoselin levantó lentamente su espada.

Cerró los ojos.

—Espíritus de la naturaleza...

Escuchen mi llamado.

La tierra respondió.

Gigantescas raíces salieron del suelo atrapando a varias criaturas.

Las llamas envolvieron otras.

El viento cortó el aire como si fueran miles de espadas invisibles.

El agua formó enormes látigos que golpeaban sin descanso.

Todo ocurrió tan rápido que nadie alcanzó a reaccionar.

Las princesas observaban completamente sorprendidas.

—Es... increíble... —susurró Maya.

León apenas podía creer lo que veía.

Aquella mujer dominaba los cinco elementos al mismo tiempo.

Como si hubieran nacido para obedecer la.

Sin embargo...

Por cada monstruo que caía...

Dos más aparecían.

Yoselin seguía luchando.

No retrocedía.

No dejaba que ninguna criatura se acercara a las princesas.

Aurora dio otro paso.

—¡No puedo quedarme mirando!

Una pequeña llama apareció en su mano.

Antes de que pudiera lanzarla, Yoselin levantó un muro de tierra frente a ella.

—¡Aurora!

La princesa se sobresaltó.

—¿Por qué?

Yoselin la miró directamente.

—Porque él quiere exactamente eso.

Todos voltearon hacia el enemigo.

El hombre sonreía.

—Muy inteligente...

Las princesas comprendieron.

Si utilizaban todo su poder...

El enemigo descubriría exactamente cuánto habían despertado sus sellos.

Y eso era precisamente lo que buscaba.

El combate continuó.

Cada movimiento comenzaba a agotar a Yoselin.

Su respiración era más pesada.

Pequeños cortes aparecieron en sus brazos.

Su uniforme estaba rasgado.

Pero seguía luchando.

León apretó los puños.

—¡Ya basta!

Corrió unos pasos hacia ella.

Yoselin giró inmediatamente.

—¡No!

León se detuvo.

—¡No puedo seguir viendo cómo peleas sola!

Ella sonrió con tristeza.

—Ese es justamente mi trabajo.

Protegerlos.

Aunque tenga que cargar con todo yo sola.

Las palabras golpearon el corazón de todos.

Desde el otro lado de la barrera, Daniel observaba cada herida que recibía.

Por primera vez desde que la conocía...

Sentía verdadero miedo.

No por perder un combate.

No por fracasar como príncipe.

Sino por perder a Yoselin.

Sin darse cuenta, apoyó una mano sobre la barrera.

—Por favor...

Resiste...

Luis permanecía unos metros más allá.

Sus ojos jamás se apartaban de León.

—No hagas ninguna locura...

Quédate detrás de ella...

Los dos deseaban entrar.

Los dos eran completamente incapaces de hacerlo.

Aquella impotencia dolía más que cualquier herida.

El hombre enmascarado levantó nuevamente su espada.

—Ya me cansé de jugar.

Una gigantesca esfera de oscuridad comenzó a formarse sobre el bosque.

La presión mágica era tan intensa que incluso los árboles comenzaron a quebrarse.

Yoselin comprendió inmediatamente lo que pretendía.

Si ese ataque caía...

Toda la academia desaparecería.

Las princesas dieron un paso al frente.

—¡Yoselin!

Ella no respondió.

Solo clavó su espada en el suelo.

Cinco enormes círculos mágicos aparecieron alrededor de ella.

La energía de los cinco elementos comenzó a reunirse.

El viento rugía.

Las llamas crecían.

La tierra temblaba.

El agua se elevaba desde los ríos cercanos.

Incluso las flores del bosque comenzaron a brillar.

Daniel abrió los ojos con asombro.

—¿Qué está haciendo?

El rey del Reino Supremo palideció.

Porque reconocía aquella técnica.

Una técnica prohibida.

Una magia capaz de detener cualquier ataque...

Pero que consumía la fuerza vital de quien la utilizaba.

—¡Yoselin, no! —gritó desesperado.

Ella, sin embargo, ya había tomado su decisión.

Aunque tuviera que entregar su propia vida...

No permitiría que ninguno de sus alumnos sufriera el más mínimo daño.

Y, por primera vez, las princesas y León comprendieron que aquella mujer no solo era su instructora.

Era la guardiana que estaba dispuesta a sacrificarse por ellos sin dudarlo.

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