NovelToon NovelToon
¡Divorcémonos, cariño!

¡Divorcémonos, cariño!

Status: Terminada
Genre:CEO / Maltrato Emocional / Juego de roles / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:6
Nilai: 5
nombre de autor: Senja

Valeria Ríos lo dio todo por su matrimonio con Rodrigo Montero: su juventud, su paciencia y su dignidad. Durante años soportó las humillaciones de Carmen, su suegra, que la tachaba de estéril y de mala suerte. Resistió la indiferencia de un esposo que prefería las noches de trabajo al calor de su hogar. Tragó lágrimas mientras Valentina, la examante de Rodrigo, se paseaba por su vida dejando destrucción a cada paso.

Hasta que un día, Valeria descubre lo que su cuerpo ya sabía: tiene leucemia.

Enferma, sola y sin fuerzas para seguir fingiendo, Valeria toma la decisión más difícil de su vida: pedirle el divorcio a Rodrigo. Pero lo que comienza como un acto de rendición se transforma en el inicio de su verdadera historia.

Julián Navarro —brillante médico especialista, heredero de una familia acaudalada y desesperadamente torpe en cuestiones del corazón— lleva años enamorado en silencio de Valeria. Cuando ella se derrumba, él se convierte en su pilar: la acompaña a las quimioterapias, pelea con el sistema para conseguirle un donante de médula, y le demuestra con hechos que el amor no se proclama a gritos sino que se construye en los detalles.

Mientras tanto, Rodrigo descubre demasiado tarde el precio de dar por sentado a quien más lo amaba. La ruina económica, la traición de Valentina, los secretos familiares que explotan uno tras otro y la revelación de que Valeria estuvo muriendo frente a sus ojos sin que él lo notara le destrozan la arrogancia que alguna vez confundió con fortaleza.

A su alrededor, vidas paralelas se entrelazan con la suya: Martín y Sofía, un matrimonio congelado por el orgullo, encuentran la chispa gracias al ultimátum adorablemente absurdo de su hijo Mateo; Daniel, un hombre marcado por la culpa, lucha por recuperar la relación con Nicolás, el hijo que no supo criar; y Carmen enfrenta la devastadora verdad de que su crueldad destruyó lo único valioso que tenía su familia.

NovelToon tiene autorización de Senja para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cap. 9

Apenas Bernardo había dejado la maleta grande de Carmen en un rincón de la sala, la mujer ya había empezado a quejarse sin parar.

—Ay, traigo el cuerpo destrozado. El trayecto desde la terminal fue un martirio, el tráfico de esta ciudad me tiene muerta, se me agarrotó toda la espalda —se lamentó Carmen con un tono agrio, como si la congestión de las calles fuera culpa directa de su nuera.

Valeria, que desde hacía rato contenía el mareo que le martillaba las sienes, se movió enseguida. Ignoró el latido punzante en la cabeza y se obligó a esbozar la sonrisa más amable que pudo.

—¿Quiere comer primero, señora? Preparé caldo de pollo y milanesas de pescado, las que a usted le gustan —ofreció Valeria con la voz más suave posible, esperando que una comida caliente suavizara un poco el ánimo de su suegra.

—Bueno, pues sírvelo ya. Vengo muerta de hambre desde el camino.

—Sí, señora. Un momentito —respondió Valeria, obediente.

Se dirigió a la cocina a paso rápido.

Al poco rato, la mesa del comedor ya estaba cubierta por el vapor tibio de los platillos que había preparado con enorme esfuerzo desde la madrugada. Valeria sirvió un té caliente en una taza y lo colocó frente a su suegra con movimientos extremadamente cuidadosos, asegurándose de que ni una sola gota manchara el mantel.

—Buen provecho, señora —dijo con cortesía.

Carmen jaló la silla, se sentó muy erguida y paseó la mirada lentamente por cada uno de los platillos servidos sobre la mesa.

Antes de que sus dedos tocaran el tenedor, el veredicto ya estaba dado.

—Las milanesas quedaron resecas. Mira ese color tan oscuro, seguro las dejaste ahí olvidadas mientras hacías otra cosa —sentenció Carmen con acidez.

El pecho de Valeria palpitó de dolor. La comida ni siquiera había tocado la punta de la lengua de su suegra, y ya le habían lanzado la sentencia de fracaso sin más.

—Perdone, señora. Si no le gustan, le preparo unas nuevas ahorita mismo —respondió Valeria con ese tono sumiso que ya se había vuelto su pan de cada día.

—Hmm —gruñó Carmen sin prestarle atención.

La mujer empezó a comer el caldo y el arroz despacio. Mientras tanto, Valeria permaneció de pie junto a la mesa, como siempre.

—Le falta sal. Está desabrido, como si no tuvieras ganas de cocinar —comentó Carmen después del tercer bocado, con la cara arrugada en un gesto agrio.

—Voy por la sal a la cocina —dijo Valeria alarmada, a punto de dar media vuelta.

—La próxima vez aprende a cocinar como se debe. Rodrigo desde chiquito siempre le ha gustado la sazón justa, ni de más ni de menos. Llevas años siendo su esposa y todavía no sabes ni eso.

La frase le golpeó el pecho como un puñetazo seco. El ardor se le extendió hasta la boca del estómago.

Tres años de matrimonio entregados con todo su esfuerzo, y seguía sin ser suficiente, sin ser competente, sin hacer nada bien a los ojos de esa mujer.

Cuando la realidad era que, en su propia casa, Rodrigo siempre terminaba todo lo que Valeria cocinaba sin soltar una sola queja.

—O no me digas que ahora Rodrigo anda comiendo más seguido en la calle porque ya se aburrió de tu comida insípida —añadió Carmen con naturalidad, sin darse cuenta, o quizá sin importarle, de que sus palabras acababan de clavarse justo en la parte más frágil del corazón de su nuera.

Valeria agachó la cabeza de golpe, ocultando los ojos que de pronto le ardían y se le llenaban de agua.

—Perdone, señora. Voy a mejorar mi sazón.

—Eres demasiado blandengue. Te dicen algo y ya te pones así.

Cuando aquella comida cargada de tensión terminó al fin, Valeria recogió la mesa, preparó un nuevo té caliente y ayudó a cargar las bolsas pequeñas de Carmen hasta la habitación de invitados en la planta baja.

—Esto huele a encerrado. ¿Nunca abres la ventana? —preguntó Carmen con sarcasmo.

—Ahorita le pongo el difusor y abro más la ventilación, señora —contestó Valeria, firme a pesar de todo.

Carmen se desplazó hasta el borde de la cama y se sentó frotándose las pantorrillas, que traía un poco hinchadas por el viaje. Miró a Valeria con ojos de orden.

—Dame un masaje. Siento que el cuerpo se me va a desbaratar.

Valeria no protestó. Se puso en cuclillas en el piso, justo a los pies de su suegra, sin decir una palabra.

Con las últimas fuerzas que le quedaban, sus dedos ya fríos empezaron a masajear despacio aquellos pies y pantorrillas, subiendo del tobillo a la pantorrilla con movimientos lentos.

—¡Ay, más despacio! ¡Me duele! —la reprendió Carmen de pronto, retirando un poco el pie porque la presión le pareció excesiva.

—Perdone, señora. Le bajo la fuerza —susurró Valeria.

—¡Pero tampoco tan suave! Así nomás me estás acariciando, no se siente nada —la atacó Carmen otra vez, contradiciéndose a sí misma.

—Se te ve muy pálida —comentó Carmen de repente, rompiendo el silencio del cuarto, que solo llenaba el tic-tac del reloj de pared.

Valeria se quedó callada un instante; el movimiento de sus manos se hizo más lento. No esperaba que su suegra se fijara en su aspecto.

—No me vayas a salir con que estás embarazada.

La pregunta le provocó un vuelco en el corazón. Las manos de Valeria se detuvieron por completo.

Carmen, al ver la reacción de su nuera, soltó un resoplido y desvió la cara hacia la ventana con un gesto de decepción.

—Si estuvieras embarazada, pues qué bueno. Porque llevas años casada y no has sido capaz de darme un nieto. Esta familia necesita un heredero, no un adorno de sala.

La frase flotó en el aire como una navaja pequeña afilada con esmero, que alguien le hundía despacio, justo en el centro del pecho.

Valeria agachó la cabeza lo más que pudo, dejando que el cabello largo le cubriera parte de la cara para que Carmen no le leyera la tristeza ni las lágrimas que se le juntaban en los ojos.

—Sí, señora… solo le pido que rece por mí —murmuró Valeria con la voz quebrada, casi inaudible.

—Deberías tomar el ejemplo de Valentina. Esa sí es una mujer capaz. Recién casada y enseguida le dio un nieto a la familia, Nicolás, ese niño tan listo.

Otra vez ese nombre. El nombre que últimamente se había convertido en la peor pesadilla de Valeria. Siempre Valentina la que mencionaban. Siempre Valentina la que enaltecían. Y siempre era ella a quien arrastraban hacia abajo para compararla como la que fallaba.

—Valentina es el tipo de mujer inteligente que sabe hacer de todo —siguió Carmen con tono orgulloso—. Para criar a su hijo es impecable, y cuando su marido vivía, la casa y el matrimonio los llevaba como nadie.

Valeria optó por mantener la boca bien cerrada. Sus manos volvieron a moverse despacio sobre las pantorrillas de Carmen, aunque la cabeza empezaba a invadírsele de un mareo atroz que le nublaba la vista por momentos.

—Por eso no me extraña que Rodrigo se sienta tan a gusto ayudándola hasta ahora —agregó Carmen como si nada—. Cuando una mujer es de fiar y sabe cómo contentar, el hombre se queda tranquilo y no busca en otro lado.

Así que incluso su suegra consideraba que la cercanía y la atención desmedida que Rodrigo le dedicaba a Valentina eran algo completamente normal y justificado.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play