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ERES MIA, AUNQUE TU NO LO SEPAS.

ERES MIA, AUNQUE TU NO LO SEPAS.

Status: Terminada
Genre:Venganza de la Esposa / Ella Mayor Que Él / CEO / Completas
Popularitas:99k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

La noche del cumpleaños número dieciocho de su hija, el mundo de Alma Montoya se derrumba frente a trescientas personas.

Su esposo entra al salón tomado del brazo de otra mujer.
Y no llega solo.

A su lado viene una joven de dieciocho años… idéntica a él.

La misma edad que Lucía.

La misma edad de la mentira que acaba de destruir veinte años de matrimonio.

En cuestión de horas, Alma pierde mucho más que un esposo. Descubre que el hombre al que amó le robó la clínica de su familia, su fortuna y cada cosa que construyeron juntos mientras llevaba una doble vida a sus espaldas. Pero lo peor llega cuando Lucía, su hija enferma del corazón, colapsa en medio del escándalo.

Traicionada, humillada y sin un lugar al que ir, Alma cree haber tocado fondo… hasta que un desconocido aparece bajo la lluvia.

Máximo Salas es joven, poderoso y peligrosamente observador. Un hombre que conoce demasiado sobre ella, sobre Darío y sobre la trampa que destruyó su vida. Lo que Alma no sabe es

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Capítulo 1

Lucía no se estaba quieta.

Llevaba quince minutos frente al espejo jalándose el escote del vestido, acomodándose el tul, soltándolo, volviéndolo a jalar. Alma la observaba desde atrás con un gancho entre los dientes y las manos ocupadas recogiendo ese mechón rebelde que su hija había heredado de ella y que ninguna de las dos había aprendido a domar.

— Mami, no me aprietes tanto.

— Si no te aprieto no aguanta.

— Aguanta perfectamente.

— Lucía.

— Mamá.

Alma terminó de fijar el mechón, puso las manos en los hombros de su hija y la miró en el espejo.

— Estás preciosa — dijo.

Lucía sonrió, pero enseguida frunció el ceño, porque con dieciocho años ya le daba vergüenza que su mamá la emocionara.

— No llores.

— No estoy llorando.

— Tienes cara de estar a punto.

— Tengo cara de madre orgullosa. Son parecidas, pero no son lo mismo.

Lucía se giró y la abrazó sin avisar, así, de golpe, con esa impulsividad que tenía desde niña y que el cardiólogo decía que debía controlar y que Alma nunca le había pedido que controlara porque había noches, muchas noches, en que ese abrazo era lo único que la mantenía en pie.

— Gracias, mami — murmuró contra su hombro. — Por todo. Por esta fiesta y por todo lo demás.

Alma la apretó. Se le cerró la garganta y se le abrió el pecho al mismo tiempo. Dieciocho años. Este abrazo. Este corazón que latía contra el suyo y que había peleado desde el primer día para seguir haciéndolo.

— ¿Cómo te sientes? — preguntó en voz baja. No pudo evitarlo.

Lucía se separó y la miró con esa mezcla de ternura y hartazgo que había perfeccionado con los años.

— Bien, mamá. Estoy bien. El corazón está bien. La tensión está bien. Todo está bien. ¿Puedo cumplir dieciocho años en paz?

— Puedes.

— ¿Sin que me tomes el pulso?

— No te estoy tomando el pulso.

— Tienes los dedos en mi muñeca.

Alma bajó la mano. Lucía sonrió, tomó el bolso de la silla y se dirigió a la puerta con esa seguridad recién estrenada de quien acaba de volverse oficialmente adulta y quiere que todo el mundo lo note.

— Vamos — dijo — que Papá nos va a regañar si llegamos tarde.

Alma se secó el ojo rápido, antes de que su hija la virara.

Ángela las estaba esperando en la entrada del Imperiale con un vestido plateado, una copa en la mano y esa energía suya de persona que llegó temprano a todas partes, pero solo para tener más tiempo de causar problemas.

En cuanto vio a Lucía abrió los ojos.

— No. Para. Detente ahí mismo. — Le señaló el vestido, los zapatos, el recogido. — Lucía Montoya, ¿quién te dio permiso? ¿Quién te autorizó a estar así de espectacular? Porque yo no fui.

Lucía se rió a carcajadas y dejó que su madrina la girara en redondo para inspeccionarla con esa seriedad fingida que Ángela usaba cuando en realidad estaba a punto de llorar de emoción.

— Igualita a mí cuando tenía tu edad — anunció Ángela con total convicción.

— Madrina, tú tienes cuarenta y ocho.

— Y los llevo divinamente, que conste. — Entonces miró a Alma y suspiró con escándalo. — Y tú. Tú sí que eres mala persona. Las dos tenemos la misma edad y tú llegas así. Con ese vestido. A mi fiesta.

— Es la fiesta de Lucía.

— Es mi fiesta también, yo soy la madrina. — Le dio dos besos y la empujó hacia adentro. — Anda, que nos espera el salón más caro de la ciudad pagado con tu dinero.

Adentro todo era exactamente lo que Darío Montoya había querido: trescientas personas, flores blancas por todas partes, una orquesta. Alma había propuesto algo más íntimo. Darío había dicho que los Montoya no hacían las cosas a medias. Como siempre, ganó él.

La noche avanzó bien. Lucía bailó, recibió abrazos y Ángela hizo un brindis que empezó siendo emotivo y terminó siendo un monólogo de stand up. La gente reía. El salón respiraba esa calidez densa de las fiestas cuando están saliendo bien.

Pero Darío no llegaba.

Alma miraba la puerta entre conversación y conversación. Ya eran casi las diez. Don Ernesto Vargas le preguntó que dónde estaba el anfitrión. Ella dijo que venía en camino, reunión de última hora, ya saben cómo es él con el trabajo. El doctor Peña le preguntó lo mismo veinte minutos después. Ella repitió la excusa con otra sonrisa, esta vez un poco más apretada. Miró el reloj. Mandó un mensaje. Sin respuesta.

Ángela se le acercó con otra copa y cara de no preguntar, que era la cara que ponía justo antes de preguntar.

— ¿Todo bien?

— Todo bien.

— ¿Segura?

— Ángela.

— Pregunto porque llevas una hora mirando la puerta como si esperaras que entrara el fin del mundo.

— Darío viene tarde.

Ángela asintió, tomó un sorbo y no dijo nada más. Por exactamente cuarenta segundos.

Entonces las puertas del salón se abrieron.

Y entró Darío.

Traje oscuro, corbata, ese porte suyo de hombre convencido de que el mundo funciona mejor cuando él está en él. Todo normal. Todo como siempre. Excepto por la mujer que llevaba del brazo: rubia, cuarenta y tantos, con una sonrisa de quien llega a un lugar que ya siente suyo. Y al otro lado, una chica joven pegada a él con la familiaridad de toda una vida. La mandíbula de Darío. Los ojos de Darío. La edad de Lucía.

Ángela le clavó el codo en las costillas.

— Alma. ¿Ese no es tu queridísimo esposo?

— No es momento para bromas.

— No estoy bromeando. ¿Estás viendo lo mismo que yo?

Alma no respondió.

Darío cruzó el salón. La gente se iba haciendo a un lado sin saber bien por qué, con ese instinto animal que tiene la gente en los momentos en que algo está a punto de pasar. Encontró a Lucía, le dio un beso en la frente.

— Feliz cumpleaños, mi amor.

Luego se volvió hacia Alma.

El salón no se calló, pero lo pareció.

— Buenas noches — dijo. Tranquilo. Como quien llega a una junta de negocios. — Alma, tenemos que hablar.

Alma lo miró. Luego miró a la mujer. Luego volvió a mirarlo a él.

— Aquí no es el momento, Darío.

— Aquí es exactamente el momento. — Hizo una pausa de un segundo, solo uno. — Quiero el divorcio.

Silencio.

Ángela soltó la copa.

Lucía dejó de respirar.

Y Alma se quedó de pie, en medio del salón, con trescientas personas alrededor y el vestido azul que su hija había escogido, mirando al hombre con el que había construido veinte años de vida decirle en voz alta, sin temblar, que ninguno de esos años había valido nada.

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Lucy alejo
muy buena la historia 🥰😍
Betty Saavedra Alvarado
,Maximo le dijiste la verdad en su cara
Betty Saavedra Alvarado
Augusto tu solito te pudiste la soga al cuello Lucrecia te grabó todo ahora la policía hará su trabajo irás a la carcel por todo tus delitos
Betty Saavedra Alvarado
Alma no deja de nadie
Betty Saavedra Alvarado
Maximo a ser fuerte
Betty Saavedra Alvarado
Ese Augusto ves una rata
Betty Saavedra Alvarado
Dario fue la víctima de Belmonte
Betty Saavedra Alvarado
Lucia tienes el corazón de Vanessa ella murió por ambiciosa
Lucy alejo
y la pinche seguridad que según le pusieron en la universidad no sirve para nada por lo visto 🙄
Lucy alejo
la hubieran cambiado de universidad nomás va a estar aguantando las humillaciones de esa mocosa
Lucy alejo
Angela no es una dama en apuros tiene con que defenderse jajaja 😂 para la próxima piensenlo bien desgraciados
Lucy alejo
exactamente y tú no tienes con que sostenerte y vas a perder jajaja
Lucy alejo
bien merecido se tiene esa cachetada muy bien Alma 👏🏻 se cree mucho gastando dinero ajeno la sinvergüenza
Lucy alejo
aprovecha ese colágeno almita por qué no te va a llegar 2 veces uno así como Máximo 😋🤭
Lucy alejo
yo opino que me super encanta esta novela , tiene de todo me gusta como se va dando las cosas
Lucy alejo
Máximo es un amor 🥰😍🥰😍
Lucy alejo
jajaj "el muerto"🤣😂🤣😂
Lucy alejo
jajaj está Angela muy chistosa 😂😂🤣
Lucy alejo
para Máximo Alma es suya de él y nada ni nadie dirá lo contrario, así se hace papito 🥰🥰😍
Lucy alejo
Máximo llegó en el momento justo, él te ayudará a dejar en la calle al vividor ese
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