Durante tres años, Cloe Conti y Mattheo Farina tuvieron una sola regla: nada de besos, nada de sentimientos.
Hasta que una noche la rompieron... Y después, Cloe desapareció.
Cuando finalmente regresa, ya no es la mujer desafiante y despreocupada que Mattheo conocía. Lleva consigo heridas que nadie puede ver y recuerdos que amenazan con destruirla.
Mattheo sabe que no puede borrar lo que le hicieron.
Pero puede quedarse.
Puede protegerla.
Puede recordarle quién era antes de que intentaran arrebatárselo todo.
Lo que ninguno de los dos espera es descubrir que aquello que durante años llamaron deseo quizá siempre fue algo mucho más peligroso.
Porque Mattheo Farina estaría dispuesto a enfrentarse al mundo entero por Cloe.
Y esta vez, su princesa no tendrá que luchar sola.
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Sobrevive
Cloe
La puerta se abre.
Me despierto sobresaltada.
No sé si estaba durmiendo.
Últimamente no sé distinguir entre dormir y simplemente desaparecer dentro de mi cabeza durante algunas horas.
Me arrastro hacia la pared cuando escucho pasos bajando las escaleras.
Lucio.
Mi cuerpo lo reconoce antes que yo.
Mi corazón comienza a golpear y las manos me tiemblan.
Mi estómago se contrae cuando me doy cuenta que esta vez no viene solo.
Uno de sus hombres baja detrás de él.
Y trae unas llaves.
Dejo de respirar.
Lucio se detiene frente a mí.
Está vestido.
Traje oscuro. Cabello perfectamente arreglado. Como si estuviera a punto de asistir a una reunión y no de entrar al sótano donde mantiene a una mujer encadenada.
—Levántate. —No me muevo—. Cloe.
Miro al hombre con las llaves. Después a Lucio.
Mañana todo termina.
Sus palabras regresan.
El miedo me atraviesa tan rápido que siento náuseas.
—¿Vas a matarme?
Lucio aprieta la mandíbula.
—Levántate.
—Dímelo.
El hombre se acerca a las cadenas.
Retrocedo hasta donde me permite el metal.
—¡No!
—Quédate quieta —ordena Lucio.
—¡No me toques!
Intento patear al hombre cuando se inclina.
Las cadenas tintinean.
Lucio me agarra del mentón.
Todo mi cuerpo se contrae.
—Deja de pelear.
—Vete a la mierda.
Sus dedos aprietan.
Espero el golpe, pero no llega.
Y eso, eso me aterroriza más que cualquier cosa.
—No quiero lastimarte hoy —dice.
Hoy.
La palabra me congela.
Hoy.
Porque no vale la pena. Porque dentro de poco estaré muerta.
El hombre abre el primer grillete. Después el segundo.
Mis brazos caen bruscamente.
El dolor que atraviesa mis hombros es insoportable. Llevo demasiado tiempo con ellos en la misma posición.
Me froto las muñecas.
Están hinchadas.
Ensangrentadas.
Libres.
Estoy libre.
No. No lo estoy.
Lucio me toma del brazo cuando intento alejarme.
—Camina.
Mis piernas casi no responden.
Subir las escaleras se siente como escalar una montaña.
Un escalón.
Después otro.
Me aferro a la pared.
Lucio pierde la paciencia y tira de mí.
—Muévete.
Al llegar arriba cierro los ojos.
Luz.
No es mucha. Solo la que entra por las ventanas de un pasillo. Pero después de tanto tiempo encerrada en la oscuridad me atraviesa como agujas.
Me cubro el rostro.
—Camina.
Abro los ojos lentamente, y entonces la veo.
Arianna.
Está al final del corredor.
Me detengo.
Por un segundo no estoy segura de que sea ella.
Tiene un lado del rostro tan hinchado que uno de sus ojos apenas logra abrirse. Tiene el labio partido, y un cardenal oscuro le cubre la mandíbula.
Hay sangre seca junto a su nariz… demasiada.
—Arianna...
Sus ojos encuentran los míos.
Y todo vuelve.
El sándwich.
El agua.
Ella diciéndome que coma.
Lucio arrastrándola por el cabello escaleras arriba… El silencio que vino después.
—¿Qué le hiciste?
Miro a Lucio.
—Nada que te importe.
Algo se rompe dentro de mí.
Intento llegar hasta ella.
Lucio tira de mi brazo.
—Déjala.
—¡Arianna!
Ella niega rápidamente.
No quiere que me acerque.
No porque no quiera verme. Porque tiene miedo de lo que él pueda hacer.
—Estoy bien —susurra.
Mentira. No está bien. Ninguna de las dos está bien.
—Fue por mi culpa.
Sus ojos se llenan de lágrimas.
—No.
—Arianna...
—No fue por ti.
Lucio vuelve a tirar de mí.
—Nos vamos.
—¿Adónde?
No responde.
Vuelvo la cabeza mientras me arrastra.
Arianna continúa mirándome.
—¡Ven conmigo! —grito.
Su rostro se descompone.
—Cloe...
—¡VEN CONMIGO!
Por un segundo quiero creer que puede hacerlo. Que puede correr. Que podemos salir juntas de esta casa.
Pero Arianna mira a Lucio y veo el terror. Ese terror que conozco demasiado bien.
Baja la cabeza.
—No puedo.
—Sí puedes.
—Cloe.
Lucio me empuja hacia la puerta.
—¡ARIANNA!
Ella levanta la mirada por última vez.
—Sobrevive —susurra antes de que la puerta se cierre.
la muerte de Lucio 🤔aunque aún debemos esperar el nacimiento de una niña muy bella 🎉🎉🎉
🥺superarás todo lo que te hizo ese animal