Han Seo-yeon está acostumbrada a vivir rodeada de lujos, pero nunca le interesó formar parte del grupo de estudiantes más populares de su instituto.
Kang Ji-ho es todo lo contrario: rico, popular, frío y aparentemente imposible de alcanzar. Tiene fama de mujeriego y está acostumbrado a conseguir lo que quiere.
Cuando ambos se conocen por casualidad, apenas se prestan atención. Sin embargo, una apuesta cambia las cosas.
Los amigos de Ji-ho están convencidos de que Seo-yeon es la única chica que no caerá ante sus encantos. Él acepta demostrarles que están equivocados: hará que ella confíe en él y termine enamorándose.
Lo que Ji-ho no esperaba era que, mientras fingía acercarse a ella, comenzaría a sentir algo real.
Pero detrás de sus familias perfectas existe un secreto que lleva años oculto. Un secreto relacionado con la muerte de la madre de Ji-ho y con la familia de Seo-yeon...
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Capitulo 18: La duda
Seo-yeon no pudo dormir.
El mensaje seguía abierto en su teléfono.
“Pregúntale qué ocurrió antes de que comenzara la apuesta.”
La palabra no dejaba de repetirse en su cabeza.
Apuesta.
¿De qué estaban hablando?
Ella nunca había participado en ninguna apuesta.
Y mucho menos con Ji-ho.
A la mañana siguiente llegó al instituto antes que todos.
Se sentó en su lugar y esperó.
Cuando Ji-ho entró al aula, sus ojos se encontraron.
Él sonrió.
—Buenos días.
Seo-yeon no respondió inmediatamente.
—Tenemos que hablar.
La sonrisa de Ji-ho desapareció.
—¿Qué pasó?
—¿Hay algo que quieras contarme?
Ji-ho sintió un nudo en el estómago.
—¿Sobre qué?
—Sobre nosotros.
Él se quedó callado.
Seo-yeon sostuvo su mirada.
—¿Antes de que nos conociéramos... hiciste alguna apuesta?
El rostro de Ji-ho cambió.
Fue apenas un segundo.
Pero Seo-yeon lo vio.
—¿Por qué preguntas eso?
Ella sintió que el corazón le caía al estómago.
—Entonces sí existe.
Ji-ho respiró profundamente.
—Seo-yeon...
—Solo dime la verdad.
—No puedo hacerlo aquí.
—¿Por qué?
—Porque no quiero que todos se enteren.
Ella se levantó.
—Entonces hablamos después de clases.
—Está bien.
Seo-yeon salió del aula.
Ji-ho se quedó inmóvil.
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Min-jae apareció pocos minutos después.
—¿Qué pasó?
—Lo sabe.
—¿Qué cosa?
—La apuesta.
Min-jae se quedó serio.
—¿Cómo?
—No lo sé.
—Tienes que decírselo.
—Lo sé.
—Hoy.
Ji-ho asintió.
—Hoy.
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Después de clases, Seo-yeon esperó detrás del edificio.
Ji-ho llegó unos minutos después.
—Estoy aquí.
—Dime la verdad.
Él la miró.
—Sí.
Seo-yeon sintió que algo se rompía dentro de ella.
—¿Qué apostaste?
Ji-ho bajó la mirada.
—Cuando te conocí, Min-jae y Do-yun estaban conmigo.
—Eso ya lo sé.
—Habíamos hablado de ti.
—¿De mí?
—Sí.
—¿Por qué?
Ji-ho tardó unos segundos.
—Porque pensábamos que eras diferente.
Seo-yeon cruzó los brazos.
—¿Y entonces?
—Hicimos una apuesta.
—¿Qué apostaron?
Ji-ho cerró los ojos.
—Que yo conseguiría acercarme a ti.
Seo-yeon permaneció inmóvil.
—¿Eso fue todo?
—Al principio.
—¿Al principio?
Ji-ho levantó la mirada.
—Sí.
—¿Y ahora?
—Ahora ya no me importa la apuesta.
Seo-yeon soltó una risa amarga.
—Claro.
—Es verdad.
—¿Desde cuándo?
—Desde hace mucho.
—¿Entonces por qué no me lo dijiste?
Ji-ho no tuvo respuesta.
Ella dio un paso atrás.
—¿Todo fue mentira?
—No.
—¿Los mensajes? ¿Las conversaciones? ¿Los momentos que tuvimos?
—Todo eso fue real.
—Pero comenzó por una mentira.
Ji-ho intentó acercarse.
Seo-yeon retrocedió.
—No.
—Seo-yeon...
—Necesito tiempo.
—Déjame explicarte.
—Ya escuché suficiente.
Se marchó.
Ji-ho no la siguió.
Sabía que no podía obligarla a quedarse.
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Esa noche, Seo-yeon estaba sentada en su cama.
Tenía lágrimas en los ojos.
No sabía qué le dolía más.
La apuesta.
O darse cuenta de que, a pesar de todo, todavía quería estar con él.
Su teléfono vibró.
Era un mensaje de Ji-ho.
“No espero que me perdones ahora.”
Después llegó otro.
“Pero todo lo que sentí por ti después de conocerte fue real.”
Seo-yeon no respondió.
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Mientras tanto, Ji-ho estaba sentado en su habitación.
Min-jae lo llamó.
—¿Se lo dijiste?
—Sí.
—¿Y?
—Me odia.
—No te odia.
—Deberías haberla visto.
Min-jae suspiró.
—¿Quieres que te diga algo?
—¿Qué?
—La apuesta terminó.
Ji-ho levantó la mirada.
—¿Qué quieres decir?
—Ya no hay apuesta.
—¿Cómo?
—La doy por terminada.
Ji-ho guardó silencio.
—No quiero dinero —continuó Min-jae—. Y creo que Do-yun tampoco.
Ji-ho cerró los ojos.
—Gracias.
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Al día siguiente, Seo-yeon no apareció en clase.
Ji-ho se preocupó.
Min-ah tampoco sabía dónde estaba.
Entonces recibió un mensaje.
“Ven al lugar donde nos conocimos.”
No tenía número.
Ji-ho salió inmediatamente.
Cuando llegó, encontró un sobre.
Dentro había una fotografía.
Era de la noche del accidente.
Pero esta vez había algo diferente.
En el fondo de la imagen aparecía una persona que hasta entonces nadie había visto.
Ji-ho acercó la fotografía a la luz.
Su rostro cambió.
Era alguien que conocía perfectamente.
Y entonces comprendió que la persona que estaba manipulando todo aquello llevaba mucho tiempo observándolos.
Quizás incluso desde antes de que la apuesta comenzara.