Después de Ti ,Yo
La historia de una mujer madura, que aprendió a elegirse ,demostrando que ser una mujer de 50 años todavía tiene la oportunidad de ser feliz
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capitulo 22
LOS SECRETOS DEL PASADO
La lluvia comenzó a caer lentamente sobre la ciudad.
Raiza permanecía inmóvil en medio de la calle.
Frente a ella...
estaba el hombre al que había temido durante años.
Su respiración se volvió pesada.
Sus manos comenzaron a temblar.
—No puede ser...
El hombre sonrió lentamente.
Una sonrisa fría.
Peligrosa.
—Hola, Raiza.
Ella retrocedió.
—Tú estabas muerto.
El hombre soltó una pequeña risa.
—Eso fue lo que todos quisieron creer.
Raiza sintió que las piernas le fallaban.
—¿Qué haces aquí?
El hombre dio un paso hacia ella.
—He vuelto a buscar lo que me pertenece.
Raiza negó lentamente.
—No tienes nada aquí.
La sonrisa desapareció de su rostro.
—¿Estás segura?
Raiza levantó la mirada.
Y por primera vez...
comprendió que el pasado había regresado para destruirlos a todos.
El hombre era Héctor Beltrán.
El padre de Elías.
Un hombre que durante años había sido mencionado en susurros.
Un nombre que Raiza había intentado borrar de la vida de sus hijos.
Un hombre peligroso.
Un hombre relacionado con negocios oscuros.
Un mafioso.
Pero sobre todo...
un hombre que guardaba un profundo rencor.
Y ese rencor tenía un nombre.
Analia Rosales.
Muchos años atrás...
cuando Analia era apenas una niña...
su padre había descubierto algo.
Un secreto relacionado con Héctor Beltrán.
En aquel tiempo, Héctor trabajaba junto a personas cercanas al padre de Analia.
Durante años fingió ser leal.
Pero detrás de su sonrisa...
robaba.
Traicionaba.
Y entregaba información a personas peligrosas.
Cuando el padre de Analia descubrió la verdad...
tomó una decisión.
Lo expulsó.
Le quitó todo acceso a los negocios.
Y se aseguró de que desapareciera de sus vidas.
Pero no lo hizo solo.
Un joven llamado Bladimir** Bianchi**, padre de Iván, también participó.
Era uno de los hombres de confianza del padre de Analia.
Y juntos...
descubrieron hasta dónde llegaba la traición de Héctor.
Héctor fue expulsado.
Sus negocios comenzaron a derrumbarse.
Y finalmente...
desapareció.
Pero no había olvidado.
Durante todos aquellos años...
había esperado.
Esperado el momento para regresar.
En el aeropuerto...
un hombre descendió lentamente de un avión.
Era elegante.
Serio.
Su cabello comenzaba a mostrar algunas canas.
Pero su mirada conservaba la firmeza de quien había vivido demasiado.
Era Bladimir Bianchi Rossi.
Padre de Iván.
Había regresado después de muchos años.
Su hijo lo esperaba.
Cuando lo vio, se acercó inmediatamente.
—Papá.
Los dos se abrazaron.
—Me alegra verte, hijo.
—Gracias por venir.
El padre de Iván observó su rostro.
—Cuando me dijiste que Analia estaba en peligro...
no podía quedarme lejos.
Iván guardó silencio.
—Hay algo más.
Su padre levantó la mirada.
—¿Qué sucede?
Iván respiró profundamente.
—Elías está involucrado indirectamente.
—¿Elías Beltrán?
El rostro del hombre cambió.
—¿El hijo de Héctor?
Iván frunció el ceño.
—¿Lo conoces?
El padre de Iván permaneció en silencio.
—Más de lo que imaginas.
Horas después...
Iván llevó a su padre a un lugar seguro.
Alejandro también estaba presente.
Cuando Analia entró y vio al hombre...
sus ojos se llenaron de lágrimas.
—¡Bladimir!
El padre de Iván la observó emocionado.
—Pequeña Analia.
Ella corrió hacia él.
Durante años lo había considerado parte de su familia.
Era uno de los pocos vínculos que conservaba con su padre.
—No sabía que habías regresado.
El hombre tomó sus manos.
—Volví por ti.
Analia sonrió con tristeza.
—Estoy bien.
Él negó.
—No.
La mirada de Analia cambió.
—¿Qué quieres decir?
El hombre observó a su hijo.
Luego volvió a mirarla.
—Hay cosas que nunca te dijeron.
Analia sintió un escalofrío.
—¿Sobre qué?
El padre de Iván respiró profundamente.
—Sobre tu padre.
La habitación quedó en silencio.
Alejandro miró a su Madre
—¿Qué pasa con mi abuelo?
El hombre tomó asiento.
—Tu padre no murió sin enemigos, Analia.
Ella quedó inmóvil.
—¿Qué?
—Durante años protegió a muchas personas.
Analia frunció el ceño.
—Eso no tiene sentido.
—Porque tú solo conociste una parte de su vida.
Las manos de Analia comenzaron a temblar.
—¿Qué parte?
El hombre bajó la mirada.
—Tu padre tenía negocios.
—Lo sé.
—Pero también tenía información.
Analia permaneció en silencio.
—Información sobre personas peligrosas.
Alejandro intercambió una mirada con Iván.
—¿Qué tipo de personas?
El padre de Iván respondió lentamente.
—Personas como Héctor Beltrán.
Mientras tanto...
Raiza permanecía frente a Héctor.
—No te acerques a mis hijos.
Héctor soltó una carcajada.
—¿Ahora quieres protegerlos?
Raiza sintió que las lágrimas comenzaban a caer por sus mejillas.
—Ya les hice suficiente daño.
Héctor la observó con frialdad.
—Siempre fuiste débil.
—Tú no sabes nada de mí.
—Sé todo.
Héctor dio un paso adelante.
—Sé que ocultaste durante años de dónde salía el dinero.
Raiza palideció.
—Cállate.
—Sé que ayudaste a Elías a esconder dinero.
—¡Cállate!
—Y sé que tu hija Isabel también estuvo involucrada.
Raiza cerró los ojos.
—No metas a mis hijos.
Héctor sonrió.
—Tus hijos siempre fueron parte de esto.
Raiza abrió los ojos.
—¿Qué?
Héctor se acercó.
—¿De verdad creías que Isabel llegó sola hasta Gissela?
El rostro de Raiza perdió el color.
—No.
—Yo puse a Gissela en su camino.
Raiza retrocedió.
Aquella revelación fue devastadora.
—¿Qué hiciste?
Héctor sonrió.
—Lo que llevo años preparando.
Gissela estaba sola cuando recibió una llamada.
Miró la pantalla.
Un número desconocido.
Respondió.
—¿Sí?
—¿Ya estás preparada?
Gissela se quedó inmóvil.
—¿Preparada para qué?
La voz respondió lentamente.
—Para terminar lo que comenzaste.
Gissela frunció el ceño.
—¿Quién eres?
Hubo unos segundos de silencio.
Luego la voz respondió:
—Héctor Beltrán.
El teléfono casi cayó de sus manos.
—No.
—Sí.
Gissela comenzó a respirar rápidamente.
—Tú dijiste que nadie iba a descubrirnos.
—Y nadie habría descubierto nada...
La voz se volvió fría.
—Si tú no hubieras perdido el control.
Gissela cerró los ojos.
—Martín habló.
—Lo sé.
—Entonces estamos en peligro.
Héctor soltó una risa.
—No, Gissela.
Ella abrió los ojos.
—¿Qué?
—Tú estás en peligro.
La llamada terminó.
Gissela permaneció inmóvil.
Por primera vez...
comprendió que nunca había sido la mujer que controlaba el juego.
Había sido utilizada.
Elías llegó a casa de su madre.
—¡Mamá!
Nadie respondió.
Entró desesperadamente.
—¡Isabel!
Nada.
Elías caminó por las habitaciones.
Entonces encontró una fotografía antigua sobre la mesa.
La tomó.
Era una fotografía de su juventud.
Su madre.
Isabel cuando era pequeña.
Él.
Y un hombre.
Elías sintió que el corazón se detenía.
Reconoció el rostro inmediatamente.
—No...
El hombre de la fotografía...
era Héctor Beltrán.
Su padre.
Elías dejó caer la fotografía.
Durante años creyó que su padre había muerto.
Pero ahora comprendía algo terrible.
Su padre estaba vivo.
Y había regresado.
El padre de Iván continuó hablando con Analia.
—Tu padre sabía que Héctor volvería algún día.
Analia levantó lentamente la mirada.
—¿Cómo podía saberlo?
—Porque Héctor nunca perdona.
La habitación quedó en silencio.
—Tu padre me pidió que te protegiera.
Las lágrimas comenzaron a caer por el rostro de Analia.
—¿Qué?
—Antes de morir.
Iván se acercó lentamente.
—Papá...
El hombre levantó una mano.
—Ella debe saberlo.
Analia respiró profundamente.
—¿Qué más me ocultaron?
El padre de Iván abrió una vieja carpeta.
—Tu padre dejó documentos.
Analia miró los papeles.
—¿Qué son?
—La verdad sobre su familia.
Ella tomó lentamente la carpeta.
Sus manos temblaban.
—¿Mi familia?
El padre de Iván la miró fijamente.
—Analia...
Hizo una pausa.
—Tu padre no era solamente el hombre de negocios que tú conociste.
Analia levantó la mirada.
—Entonces...
¿quién era?
El hombre respiró profundamente.
—Era una de las personas que ayudó a desmantelar la organización criminal de Héctor Beltrán.
El silencio fue absoluto.
Analia quedó completamente inmóvil.
—No.
—Sí.
—Mi padre nunca me dijo nada.
—Quería protegerte.
Analia miró la carpeta.
Por primera vez...
sentía que no conocía realmente a su propio padre.
Horas después...
Héctor llevó a Raiza hasta un lugar apartado.
Ella permanecía sentada en silencio.
—¿Por qué regresaste?
Héctor encendió lentamente un cigarrillo.
—Por venganza.
Raiza cerró los ojos.
—Analia no tuvo nada que ver.
—Pero es la hija de un hombre que me quitó todo.
Raiza levantó la mirada.
—¿Y por eso quieres destruirla?
Héctor sonrió.
—No.
Raiza frunció el ceño.
—Entonces, ¿qué quieres?
Héctor se acercó lentamente.
—Quiero destruir todo lo que su padre construyó.
Raiza sintió un escalofrío.
—La empresa.
—La familia.
—Su reputación.
—Su tranquilidad.
Raiza comprendió entonces que Gissela.
Isabel.
Martín.
Y los rumores...
eran solamente una parte del plan.
—Tú ayudaste a Gissela.
Héctor sonrió.
—Ella tenía odio.
Hizo una pausa.
—Yo solo le di una dirección.
Raiza cerró los ojos.
—Estás enfermo.
Héctor se acercó a ella.
—No, Raiza.
Su voz se volvió fría.
—Solo tengo paciencia.
De pronto...
varios vehículos llegaron al lugar.
Héctor levantó la mirada.
Raiza abrió los ojos.
—¿Quiénes son?
Las puertas de los vehículos se abrieron.
Iván descendió primero.
Luego Alejandro.
Después...
Elías.
Y finalmente...
un hombre mayor.
Héctor quedó inmóvil.
Su rostro cambió completamente.
—Tú.
El padre de Iván avanzó lentamente.
—Sí.
Raiza miró al recién llegado.
—¿Quién es?
Héctor apretó los puños.
—El hombre que ayudó a destruir mi vida.
El padre de Iván lo miró con frialdad.
—No.
Dio un paso adelante.
—Tú destruiste tu propia vida cuando traicionaste a quienes confiaron en ti.
Elías observaba a ambos.
—¿Ustedes se conocen?
El padre de Iván giró lentamente hacia él.
—Sí.
Elías dio un paso adelante.
—¿Quién es él?
Héctor miró a su hijo.
Durante unos segundos nadie habló.
Finalmente...
respondió.
—Soy tu padre.
Elías quedó paralizado.
Alejandro observó sorprendido.
Raiza cerró los ojos.
Elías negó lentamente.
—No.
Héctor sonrió.
—Sí.
—Tú estás muerto.
—Eso fue lo que tu madre te hizo creer.
Elías giró hacia Raiza.
—¿Mamá?
Ella comenzó a llorar.
—Yo quería protegerte.
Elías soltó una risa amarga.
—Otra vez.
Raiza bajó la mirada.
—Siempre la misma excusa.
Héctor observó a Elías.
—Ella te escondió de mí.
Elías levantó la mirada.
—¿Por qué?
El padre de Iván respondió:
—Porque Héctor ya era peligroso.
Héctor giró violentamente.
—¡Cállate!
El padre de Iván no se movió.
—La verdad siempre termina regresando.
Héctor apretó los puños.
—Tú no sabes lo que perdí.
El hombre respondió con firmeza.
—Yo sé exactamente lo que hiciste.
Elías miró a ambos.
—Quiero saber la verdad.
El padre de Iván lo observó.
—Entonces tendrás que estar preparado.
Héctor intentó interrumpir.
—No le digas nada.
Pero Elías levantó la voz.
—¡TODA MI VIDA ME HAN MENTIDO!
El silencio cayó sobre todos.
Elías miró a su padre.
Luego a su madre.
Después a Iván.
—¡Quiero saberlo todo!
El padre de Iván respiró profundamente.
—Héctor trabajaba con el padre de Analia.
Analia y su familia no conocían esta parte de la historia.
—Tu padre era uno de sus hombres de confianza.
Héctor soltó una risa amarga.
—Hasta que me traicionaron.
El padre de Iván negó.
—No.
Miró directamente a Elías.
—Tu padre robaba dinero y entregaba información sobre los negocios de la familia Rosales.
Elías quedó inmóvil.
—¿Qué?
—Cuando el padre de Analia lo descubrió, encontró documentos y pruebas.
Héctor guardó silencio.
—Pero había algo más.
Elías sintió un escalofrío.
—¿Qué?
El padre de Iván miró hacia Raiza.
Ella comenzó a llorar.
—Raiza también sabía.
Todos giraron hacia ella.
—No —susurró Raiza.
—Ella sabía que Héctor estaba involucrado con personas peligrosas.
Raiza cerró los ojos.
—Por eso huyó.
Elías frunció el ceño.
—¿Huyó?
—Sí.
El padre de Iván continuó.
—Raiza pidió ayuda al padre de Analia.
Elías abrió los ojos.
—¿Qué?
Raiza comenzó a llorar.
—Yo no tenía a dónde ir.
El padre de Iván habló con tristeza.
—El padre de Analia la protegió.
Raiza levantó la mirada.
—Él nos dio una oportunidad.
Elías permaneció completamente inmóvil.
—¿El padre de Analia nos ayudó?
Raiza asintió lentamente.
—Sí.
Elías cerró los ojos.
El hombre al que su familia había terminado traicionando...
había sido quien los salvó.
El padre de Iván continuó.
—Y hay algo más que Analia nunca supo.
Analia, que había llegado acompañada por Araceli, se quedó inmóvil.
—¿Qué?
El hombre la miró con profunda tristeza.
—Tu padre dejó una condición antes de morir.
Analia frunció el ceño.
—¿Qué condición?
—Que nadie utilizara el dinero que dejó para destruir a la familia.
Iván bajó la mirada.
El padre de Iván continuó.
—Pero alguien lo hizo.
Todos permanecieron en silencio.
—Durante años...
parte de ese dinero desapareció.
Analia abrió los ojos.
Alejandro miró inmediatamente a Elías.
Elías palideció.
—No...
El padre de Iván levantó una carpeta.
—Tu padre sospechaba de alguien.
Elías retrocedió.
—¿De quién?
El hombre lo miró directamente.
—De ti, Elías.
El silencio fue absoluto.
Analia sintió que el corazón se detenía.
—¿Qué?
Elías negó lentamente.
—No.
—Hay documentos.
—¡Yo no sabía!
Pero Raiza cerró los ojos.
Y en ese instante...
todos comprendieron.
Elías podía haber estado mintiendo.
O tal vez...
había sido utilizado desde mucho antes de lo que imaginaba.
Héctor comenzó a reír.
Todos lo miraron.
—Ahora sí.
Su mirada se dirigió hacia Analia.
—Ahora entiendes por qué tu familia nunca estuvo realmente a salvo.
Analia lo observó con lágrimas en los ojos.
Pero ya no tenía miedo.
—No.
Héctor frunció el ceño.
Analia dio un paso adelante.
—Ahora entiendo algo diferente.
—¿Qué?
—Que ustedes pueden intentar destruir mi familia...
Hizo una pausa.
—Pero ya no voy a permitir que nadie decida quién soy.
Héctor la observó.
El padre de Iván sonrió orgulloso.
Analia continuó.
—Mi padre me protegió durante toda su vida.
Miró a Iván.
—Ahora tengo que aprender a protegerme yo misma.
Héctor apretó los puños.
Pero entonces...
varias luces comenzaron a iluminar el lugar.
Héctor miró hacia la distancia.
—¿Qué hiciste?
El padre de Iván permaneció tranquilo.
—Esta vez...
no vas a desaparecer.
Héctor comprendió demasiado tarde que su regreso...
había puesto en marcha algo que ya no podía detener.
Y mientras los secretos comenzaban finalmente a salir a la luz...
Analia tomó la vieja carpeta entre sus manos.
Todavía quedaban documentos por leer.
Secretos.
Nombres.
Y una última carta escrita por su padre.
Una carta que podía cambiar completamente todo lo que Analia creía conocer sobre su familia.
Analia abrió lentamente el sobre.
Y leyó la primera línea.
“Hija mía, si estás leyendo esto, significa que alguien del pasado ha regresado...”
Ahora se descubre que Isabel está involucrada en el desvío del dinero y el ataque de la esposa de Alejandro y por eso Iván fue a la casa de Raiza.
Quien fue que atacó a la esposa de Alejandro y llegó a la habitación y ella se aterrorizó 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Quien es Iván y que relación tenían el padre de él y el de Analía 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓❓
Porque Elías y Raiza están tan asustados con la auditoría van a encontrar sus fechorías y estafas.
Isabel prácticamente Ivan te descubrió lo que estás tratando de hacer desprestigiar a Analía no sabes con quiénes te haz metido.
Gissela ahora vas a traicionar a Elías para salvar tu pellejo o por dinero 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Quien estaba manipulando la herencia de Analía y porque 🤔🤔🤔❓❓❓
Que esconde Raiza que Isabel y Gissela quieren saber 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Isabel no le importa su sobrina Araceli ya le sembró una duda lo más probable es que destruyan la confianza que sus hijos tienen en ella que desgraciada pero eso se paga el karma no perdona.
Tamara quiere saber quién es Nayid es mejor decirle la verdad de una vez.
Que querrá la loca de Gisela ahora en la casa de Analía menos mal que está Alejandro allí.
Obvio que Araceli está dolida puesto que para ella su padre era un ejemplo y la decepcionó.
Tamara esa niña de 12 años piensa infantilmente e inocentemente que todo se arreglará.
Aquí no hay arreglo ni tampoco solución lo que hay es un divorcio.
Alejandro que descubrió el abogado de la empresa de quién es 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Ese Alejandro es de armas a tomar no se deja y pensaron que el iba a ceder a cuenta de que 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Que desilusión para su hija que la persona que creía era un hombre sin defecto resultó un ídolo de barro.
Lourdes me gusta esa temática muchas suerte en esta nueva novela.