Rhyne es un guía omega de fuego, Rango F, descartado por el Imperio Aethelgard que teme su llama. Zarek Thorne es el centinela de hielo más poderoso —y más condenado— de su generación. Cuando un frenesí los enfrenta, el Sistema NEXUS-7 sella entre ellos una resonancia del 100%. Un lazo imposible. Un mariscal que nunca se arrodilla. Un guía que el mundo quiso apagar. Y una llama que, una vez encendida, no pide permiso para arder.
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EPISODIO 5: CENIZAS Y HIELO
CENIZAS Y HIELO
El primer cazador se movió más rápido que un humano normal.
Zarek disparó. El rayo de plasma azul salió de su rifle con un zumbido agudo, impactando directamente en el pecho del atacante. Pero el cazador ni siquiera se inmutó. Su armadura negra absorbió el impacto, emitiendo un destello violeta.
Campo nulo.
—¡Maldición! —gruñó Zarek, retrocediendo un paso mientras esquivaba el cuchillo vibrante del segundo cazador—. ¡Llevan armadura de supresión elemental!
Rhyne observó la escena desde el borde del cristal roto. El viento helado de la altura azotaba su rostro, pero el calor en su pecho era insoportable.
Zarek, a pesar de ser un Rango SSS, estaba en desventaja. Su hielo rebotaba en los escudos de los cazadores. Sus reflejos, aunque letales, aún estaban mermados por la resaca del frenesí.
El tercer cazador flanqueó al Mariscal. Levantó una inyección de metal oscuro, apuntando directamente al cuello de Zarek. Un inhibidor de feromonas de grado militar. Si se lo clavaba, Zarek quedaría paralizado en segundos.
—¡Zarek! —gritó Rhyne.
El instinto no pensó. El fuego actuó.
Rhyne se lanzó hacia adelante. No corrió; se propulsó. Una estela de llamas anaranjadas brotó de sus talones, derritiendo el suelo de mármol bajo sus pies.
El cazador giró hacia él, sorprendido.
Rhyne no lo esquivó. Chocó directamente contra él.
Sus manos, envueltas en fuego líquido, agarraron los hombros del cazador.
—¡Quítate de encima! —rugió el hombre a través de su visor.
Pero Rhyne no lo soltó. Cerró los ojos y, por primera vez en su vida, dejó de contener el fuego. No lo dejó salir a chorros. Lo concentró.
Lo que el Proyecto Fénix había diseñado en su ADN no era solo fuego. Era incineración molecular.
El calor de las manos de Rhyne atravesó la armadura de supresión como si fuera papel mojado. El metal negro comenzó a brillar, a ablandarse, a derretirse. El cazador gritó, un sonido ahogado y horrible, mientras su armadura se convertía en ceniza y su piel comenzaba a carbonizarse bajo ella.
Rhyne lo empujó. El cuerpo del cazador salió despedido, estrellándose contra la pared de cristal restante y cayendo al suelo, humeante.
Los otros dos cazadores se detuvieron en seco.
—¡Sujeto 01 activo! —gritó uno de ellos, su voz distorsionada por el pánico—. ¡El Catalizador está activo! ¡Retirada!
—No van a retirarse a ningún lado —dijo una voz gélida a espaldas de Rhyne.
Zarek aprovechó la distracción. Su rifle ya no apuntaba a sus armaduras, sino a las articulaciones expuestas de sus rodillas y cuellos. Dos disparos precisos. Los cazadores cayeron al suelo, incapaces de moverse.
El silencio cayó sobre el penthouse, roto solo por el silbido del viento y la respiración agitada de Rhyne.
Rhyne miró sus manos. Estaban temblando. Las llamas se apagaron, dejando su piel enrojecida, pero intacta.
El agotamiento lo golpeó de repente. Sus rodillas flaquearon.
Pero no cayó al suelo.
Unos brazos fuertes, fríos como el invierno, lo atraparon antes de que tocara el mármol derretido. Zarek lo sostuvo contra su pecho. El olor a hielo puro, a nieve y a propiedad, envolvió a Rhyne, calmando el fuego que amenazaba con consumirlo desde adentro.
—Te tengo —murmuró Zarek contra su oído. Su voz era ronca, cargada de una adrenalina que no era solo de la pelea—. Respira, Rhyne. Apaga la llama.
Rhyne cerró los ojos, apoyando la frente en el hombro del Mariscal. El contraste era embriagador: el calor abrasador de su propia piel contra el frío reconfortante de Zarek.
—Los detuve —jadeó Rhyne.
—Los incineraste —corrigió Zarek, apretando su agarre en la cintura de Rhyne—. Nunca había visto nada igual. Tu fuego no solo quema... deshace la materia.
Rhyne abrió los ojos. Estaban tan cerca que podía ver las pequeñas motas plateadas en los iris grises de Zarek. Las feromonas de ambos se mezclaban en el aire, creando una niebla espesa, eléctrica, que hacía que el vello de la nuca de Rhyne se erizara.
El lazo del 100% palpitó. Un latido fuerte, doloroso, en la base de su cuello.
Rhyne gimió, llevándose una mano a la nuca.
—Me duele —susurró.
Zarek tensó la mandíbula. Sus ojos oscurecieron, las pupilas dilatándose hasta casi tragar el gris. Bajó la mirada hacia el cuello de Rhyne, donde la piel estaba enrojecida, hinchada, esperando la mordida.
—El lazo se está acelerando —dijo Zarek, la voz apenas un hilo de sonido—. La adrenalina, el uso de tu poder... tu cuerpo está pidiendo la marca ahora.
—¿Cuánto tiempo? —preguntó Rhyne, con la voz quebrada por el dolor y por algo más. Algo primitivo.
Zarek acercó sus labios a la oreja de Rhyne. Su aliento frío envió un escalofrío down la columna vertebral del omega.
—Veinticuatro horas. Si no te muerdo mañana a esta hora, tu fuego te consumirá. Y yo... —Zarek hizo una pausa, y sus dientes rozaron accidentalmente la piel sensible del cuello de Rhyne—...yo perderé el control.
Rhyne tragó saliva. El deseo y el miedo luchaban en su pecho.
Antes de que pudiera responder, un sonido estático los interrumpió.
El casco del cazador que Rhyne había incinerado parcialmente aún tenía el comunicador activo. Una voz distorsionada, fría y mecánica, resonó en la habitación destrozada.
"Equipo 3, reporten estado. ¿El Catalizador ha sido neutralizado?"
Zarek levantó su rifle y apuntó al casco.
—Dile a tus superiores —dijo Zarek, con una calma mortal—, que si vuelven a enviar a mis perros a mi casa, los incineraré yo mismo.
Hubo un silencio en la línea. Luego, la voz volvió a hablar. Pero esta vez, no sonaba mecánica. Sonaba... divertida.
"Mariscal Thorne. Siempre tan protector. Pero se equivoca en una cosa. No enviamos al Equipo 3 para neutralizar al Catalizador."
Rhyne y Zarek se miraron.
"Los enviamos para activarlo. La corrupción no es una enfermedad, Mariscal. Es una cosecha. Y el Proyecto Fénix acaba de confirmar que la cosecha está lista."
El comunicador emitió un pitido y se apagó.
Zarek maldijo, pateando el casco hacia un lado. Se giró hacia Rhyne, pero se detuvo en seco.
—Rhyne... tu cuello.
Rhyne se llevó la mano a la nuca. Al retirar los dedos, los vio manchados de sangre.
Se acercó a un fragmento de espejo que había sobrevivido a la explosión. Lo que vio lo dejó sin aliento.
Las venas de su cuello, justo donde Zarek lo mordería, no estaban rojas.
Estaban negras.
Pequeños hilos de corrupción, finos como agujas, estaban brotando de su piel, trepando hacia su mandíbula.
—No... —susurró Rhyne, tocándose la piel con horror—. Pero yo incineré tu corrupción. ¡Yo no puedo tenerla!
Zarek se acercó, sus ojos fijos en las marcas negras. Levantó una mano y, con una delicadeza que contrastaba con su tamaño, limpió la sangre del cuello de Rhyne con su pulgar.
—No es corrupción externa —dijo Zarek, la voz tensa—. Está saliendo de dentro de ti.
Rhyne levantó la vista, el pánico brillando en sus ojos anaranjados.
—¿Qué significa eso?
Zarek lo miró a los ojos. La posesividad en su mirada había sido reemplazada por una determinación absoluta.
—Significa que el Proyecto Fénix no creó un arma para destruir la corrupción, Rhyne. Te crearon para contenerla. Eres el recipiente.
Zarek agarró a Rhyne por la cintura, atrayéndolo contra su cuerpo, ignorando el calor abrasador que emanaba el omega.
—Y significa que tenemos menos de veinticuatro horas para que te marque, antes de que esa corrupción te reclame por completo.
-【SISTEMA NEXUS-7 - ALERTA CRÍTICA】
-【ANOMALÍA EN SUJETO: RHYNE】
-【DETECCIÓN DE CORRUPCIÓN INTERNA: 14%】
-【TIEMPO RESTANTE PARA MARCA: 23:59:59】
-【PROTOCOLO DE SUPERVIVENCIA: INICIADO】