Segunda parte
Isabella creía haber dejado atrás los secretos del pasado, hasta que un contrato inesperado la obliga a unir su destino con el misterioso heredero Blackwood.
Un matrimonio por conveniencia, una regla que no pueden romper y sentimientos que jamás estuvieron en el contrato. 💍❤️
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Capítulo 7 — El segundo heredero
Isabella no pudo dormir.
La frase seguía apareciendo en su pantalla:
“Mañana conocerás al verdadero heredero Blackwood.”
Había leído el mensaje tantas veces que ya podía repetirlo de memoria.
Pero había algo que no lograba comprender.
Si Damián era el heredero legítimo de Blackwood Holdings, ¿quién era el segundo?
Y, sobre todo…
¿Por qué nadie había hablado de él?
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A primera hora de la mañana, Isabella llegó a la oficina.
Damián ya estaba allí.
Sobre su escritorio había varias carpetas.
—Encontraste algo —dijo Isabella.
No era una pregunta.
Damián levantó la mirada.
—Sí.
Le mostró un documento.
—Revisé los registros familiares durante toda la noche.
Isabella tomó asiento.
—¿Y?
—Mi padre tenía un hermano.
Ella quedó sorprendida.
—¿Un hermano?
—Sí.
—¿Cómo es posible que nunca hayas escuchado hablar de él?
—Porque oficialmente murió antes de que yo naciera.
Isabella recordó la fotografía.
—¿Y si nunca murió?
Damián la miró.
—Eso es exactamente lo que estoy pensando.
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Damián abrió una carpeta antigua.
Dentro había una fotografía de dos hombres jóvenes.
Uno era el padre de Damián.
El otro tenía un parecido extraordinario con él.
—¿Quién es?
—Sebastián Blackwood.
Isabella observó la imagen.
—Se parecen muchísimo.
—Eran gemelos.
Isabella levantó la mirada.
—¿Gemelos?
Damián asintió.
—Mi familia siempre dijo que Sebastián murió en un accidente cuando tenía veinte años.
—¿Y tú nunca investigaste?
—Era un tema del que nadie hablaba.
—Hasta ahora.
—Hasta ahora.
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Isabella tomó la fotografía.
—¿Por qué tu abuelo habría ocultado la existencia de un heredero?
Damián señaló un documento.
—Porque Sebastián renunció a sus derechos.
—¿Por qué?
—No lo sé.
—¿Y si no renunció voluntariamente?
Damián guardó silencio.
Aquella posibilidad parecía preocuparlo.
—Tenemos que descubrirlo.
—Sí.
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El teléfono de Isabella vibró.
Número desconocido.
Un mensaje.
“Hotel Imperial. 22:00.”
Damián observó la pantalla.
—Es la misma persona.
—Sí.
—No iremos solos.
—De acuerdo.
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Durante el día, ambos investigaron discretamente.
No informaron a Alexander.
Ni a Valentina.
Ni siquiera a los abogados.
El contrato modificado había demostrado que alguien tenía acceso a información privada.
Tenían que ser cuidadosos.
A las nueve de la noche, Damián llegó a buscar a Isabella.
—¿Lista?
—Sí.
—Hay algo que quiero que tengas presente.
—¿Qué?
—Si la persona que aparece esta noche realmente es Sebastián, no sabemos cuáles son sus intenciones.
Isabella asintió.
—No voy a confiar en él inmediatamente.
—Bien.
—Pero tampoco voy a condenarlo sin escuchar su versión.
Damián sonrió.
—Eso esperaba de ti.
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El Hotel Imperial estaba casi vacío.
Entraron por una puerta lateral.
El ascensor los llevó hasta el último piso.
Cuando las puertas se abrieron, encontraron un pasillo completamente silencioso.
Al final había una habitación con la puerta abierta.
Damián tomó la mano de Isabella por un instante para detenerla.
—Espera.
—¿Qué?
—Escucha.
Nada.
Solo silencio.
Entraron.
La habitación estaba vacía.
Sobre una mesa había un sobre.
Damián lo abrió.
Dentro había una fotografía.
Un hombre estaba sentado frente a una ventana.
La imagen mostraba claramente su rostro.
Damián se quedó inmóvil.
—Es él.
Isabella miró la fotografía.
—¿Sebastián?
—Sí.
Debajo de la imagen había una frase:
“No soy el enemigo.”
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Una puerta se cerró detrás de ellos.
Damián se giró rápidamente.
Un hombre apareció en la entrada.
Alto, de cabello oscuro y mirada seria.
Isabella lo observó.
El parecido con Damián era evidente.
El hombre se quedó mirándolos.
—Damián.
Damián no respondió.
—¿Quién eres? —preguntó Isabella.
El hombre sonrió ligeramente.
—Creo que ya sabes la respuesta.
Damián dio un paso adelante.
—Sebastián.
—Hola, hermano.
Isabella sintió un escalofrío.
Era realmente él.
El hombre que supuestamente llevaba décadas muerto.
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—¿Por qué estás vivo? —preguntó Damián.
Sebastián lo miró.
—Porque nuestra familia necesitaba que todos creyeran que había muerto.
—¿Quién lo decidió?
—Nuestro padre.
Damián apretó la mandíbula.
—¿Por qué?
Sebastián miró a Isabella.
—Por ella.
Isabella quedó sorprendida.
—¿Por mí?
—Por tu familia.
Damián intervino.
—Explícate.
Sebastián se acercó a la mesa.
—Nuestros padres descubrieron que alguien estaba intentando apoderarse de los dos patrimonios.
—¿Quién?
—La misma organización que estás investigando.
Isabella sintió que todo volvía a conectarse.
—¿Y qué hicieron?
—Decidieron esconder al segundo heredero.
—A ti.
Sebastián asintió.
—Mientras Damián crecía públicamente como heredero, yo desaparecí.
Damián lo miró con incredulidad.
—¿Y nunca intentaste regresar?
—Lo intenté.
—¿Cuándo?
—Varias veces.
—¿Entonces por qué no te vi?
Sebastián bajó la mirada.
—Porque alguien siempre me encontraba primero.
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Isabella preguntó:
—¿Quién?
Sebastián la miró directamente.
—La persona que está detrás del contrato.
Damián frunció el ceño.
—¿Sabes quién es?
—No.
—Entonces ¿cómo sabes que existe?
Sebastián sacó un documento.
—Porque recibí esto hace dos semanas.
Isabella lo tomó.
Era una copia del contrato que ella y Damián habían firmado.
Pero había algo diferente.
En la última página aparecía una cláusula que ninguno de ellos había visto.
“En caso de que ambos herederos Blackwood sean reconocidos, el patrimonio pasará a manos del tercero designado.”
Isabella levantó la mirada.
—¿Tercero?
Sebastián asintió.
—Ese es el verdadero problema.
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Damián tomó el documento.
—¿Quién es el tercero?
Sebastián respondió:
—No lo sé.
—Entonces ¿qué sabes?
—Que está dentro de nuestras familias.
Isabella sintió un escalofrío.
—¿Otra vez?
Sebastián asintió.
—Siempre ha estado cerca.
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De repente, se escuchó un golpe en la puerta.
Los tres se quedaron en silencio.
Sebastián apagó las luces.
—Nos encontraron.
Damián se acercó a Isabella.
—Tenemos que salir.
—¿Por dónde?
Sebastián señaló una puerta detrás de una cortina.
—Por ahí.
Los tres salieron por un pasillo de servicio.
Mientras avanzaban, Isabella escuchó voces detrás de ellos.
—¡Revisen todas las habitaciones!
Damián aceleró el paso.
Finalmente llegaron a una salida.
Subieron a un automóvil.
Sebastián se sentó en el asiento trasero.
Damián arrancó.
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Durante varios minutos nadie habló.
Finalmente Isabella preguntó:
—¿Dónde vamos?
Sebastián respondió:
—A un lugar donde nadie pueda encontrarnos.
Damián lo miró por el espejo.
—¿Y por qué deberíamos confiar en ti?
—No deberían.
—Entonces ¿qué quieres?
Sebastián miró a Isabella.
—Quiero que conozcas la verdad antes de que sea demasiado tarde.
Isabella preguntó:
—¿Qué verdad?
Sebastián sacó un sobre.
Se lo entregó.
—Esto pertenecía a tu abuelo.
Isabella lo abrió.
Había una carta.
Reconoció inmediatamente la letra.
Comenzó a leer.
> “Isabella, si Sebastián ha regresado, significa que la protección terminó.”
Ella levantó la mirada.
—¿Qué significa?
Sebastián respondió:
—Que alguien sabe que estamos juntos.
Isabella continuó leyendo.
> “No confíes en el heredero que todos conocen.”
Damián frenó ligeramente.
—¿Qué?
Isabella volvió a leer.
La siguiente frase la dejó paralizada.
> “El verdadero heredero no es Damián.”
El automóvil quedó en silencio.
Damián miró a Sebastián.
Sebastián no parecía sorprendido.
Isabella levantó lentamente la mirada.
—Entonces…
Sebastián terminó la frase:
—El heredero que figura oficialmente en los documentos no es quien debería estar sentado en el lugar de Damián.
Damián quedó completamente serio.
—¿Estás diciendo que yo no soy el heredero legítimo?
Sebastián respondió:
—Estoy diciendo que alguien cambió nuestra historia desde el principio.
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Isabella apretó la carta.
Todo lo que creía saber sobre la familia Blackwood acababa de cambiar.
Damián no dijo una palabra.
Sebastián observaba por la ventana.
Y entonces el teléfono de Isabella volvió a vibrar.
Otro mensaje.
“Ya conociste al segundo heredero.”
Después llegó otro:
“Ahora pregúntale a Damián por qué su padre nunca quiso que supieras quién es su verdadera madre.”
Isabella levantó lentamente la mirada.
Damián la observó.
Por primera vez desde que lo conocía, parecía realmente asustado.
Y entonces dijo:
—Isabella…
Ella esperó.
—Hay algo sobre mi madre que nunca te conté.
Y aquella verdad podía destruir todo lo que acababan de construir.