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Matrimonio Destinado:Consentida Por Mi Multimillonario

Matrimonio Destinado:Consentida Por Mi Multimillonario

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / CEO
Popularitas:675
Nilai: 5
nombre de autor: Pamela Agustina Iglesias OG

Segunda parte

Isabella creía haber dejado atrás los secretos del pasado, hasta que un contrato inesperado la obliga a unir su destino con el misterioso heredero Blackwood.

Un matrimonio por conveniencia, una regla que no pueden romper y sentimientos que jamás estuvieron en el contrato. 💍❤️

NovelToon tiene autorización de Pamela Agustina Iglesias OG para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8 — La verdad sobre su madre

El automóvil continuó avanzando por la carretera mientras el silencio llenaba el interior.

Isabella no podía dejar de pensar en las palabras de Damián.

“Hay algo sobre mi madre que nunca te conté.”

Después de todo lo que habían descubierto aquella noche, ya no sabía qué esperar.

Finalmente, Damián detuvo el automóvil frente a una casa antigua, alejada de la ciudad.

Sebastián bajó primero.

—Aquí estaremos seguros.

Isabella salió detrás de él.

Damián permaneció unos segundos dentro del automóvil.

Ella se acercó a la puerta.

—¿Vienes?

Damián levantó la mirada.

—Sí.

Pero antes de salir, añadió:

—Lo que voy a contarte no se lo he dicho a nadie.

Isabella asintió.

—Entonces quiero escucharlo.

---

La casa pertenecía a Sebastián.

Era sencilla, pero estaba perfectamente protegida.

Una vez dentro, Sebastián encendió las luces.

—Pueden quedarse aquí.

Damián dejó las llaves sobre una mesa.

Isabella se sentó.

—Ahora habla.

Damián permaneció de pie.

—Mi madre se llamaba Elena.

Isabella esperó.

—Ella no murió.

El silencio fue inmediato.

—¿Qué? —preguntó Isabella.

—Mi familia dijo que murió cuando yo tenía seis años.

—¿Y no fue así?

—No.

Damián sacó una fotografía antigua.

Una mujer de cabello oscuro sostenía a un niño pequeño.

—Esta es mi madre.

Isabella observó la imagen.

—¿Dónde está ahora?

Damián negó.

—No lo sé.

—¿Cómo que no lo sabes?

—Desapareció.

---

Sebastián intervino.

—Elena descubrió algo sobre nuestra familia.

Isabella lo miró.

—¿Qué descubrió?

—Que nuestro padre no era quien todos creíamos.

Damián cerró los ojos.

—Mi padre llevaba años trabajando con la organización.

Isabella sintió un escalofrío.

—¿Tu padre estaba involucrado?

—Sí.

—¿Entonces por qué te protegió?

Damián tardó en responder.

—Porque, según mi madre, él intentó salir.

—¿Y ella?

—También.

Sebastián continuó:

—Cuando intentaron escapar, alguien los encontró.

—¿Qué ocurrió?

—Nuestro padre desapareció.

Isabella miró a Damián.

—¿Y tu madre?

—La última vez que la vieron fue conmigo.

---

Damián abrió otra carpeta.

Dentro había varios documentos.

—Mi madre dejó esto antes de desaparecer.

Isabella tomó uno.

Era una carta.

La fecha era de hacía muchos años.

Comenzó a leer.

> “Damián, si algún día encuentras esta carta, significa que no pude regresar.”

Isabella levantó la mirada.

—¿Puedo seguir?

Damián asintió.

Ella continuó.

> “No confíes en las personas que dicen protegerte. Algunas de ellas son las mismas que te mantienen prisionero.”

Isabella sintió un nudo en el estómago.

La siguiente línea estaba subrayada.

> “Tu padre cometió errores, pero no todos fueron por voluntad propia.”

Damián apretó los puños.

—Eso explica muchas cosas.

Isabella siguió leyendo.

> “Si algún día conoces a una mujer llamada Isabella Iglesias, protégela.”

Isabella quedó paralizada.

—¿Mi nombre?

Damián asintió.

—Por eso te dije que no sabía por qué mi padre conocía tu nombre.

Isabella miró la carta.

—Esto fue escrito antes de que yo naciera.

—Sí.

---

Sebastián se acercó.

—Hay algo más.

Sacó una pequeña caja de madera.

—Esto estaba escondido en la antigua casa de Elena.

La abrió.

Dentro había un medallón.

Isabella lo reconoció.

—Ese símbolo…

Era el mismo círculo atravesado por una línea.

Pero el medallón tenía algo diferente.

En la parte posterior aparecía una segunda marca.

Sebastián dijo:

—La otra mitad.

Isabella recordó la carta de su abuelo.

“Busca a la persona que tenga la segunda mitad del símbolo.”

—Entonces era esto.

Damián tomó el medallón.

—Mi madre lo tenía.

—¿Y por qué terminó en manos de Sebastián?

—Porque ella se lo entregó antes de desaparecer.

Isabella miró a Sebastián.

—¿Dónde está Elena ahora?

Sebastián negó.

—No lo sé.

---

El teléfono de Isabella vibró.

Un mensaje.

“Pregúntales dónde estuvo Elena durante los últimos cinco años.”

Isabella mostró la pantalla.

Damián frunció el ceño.

—¿Cinco años?

Sebastián se quedó inmóvil.

—Eso no puede ser.

—¿Qué pasa? —preguntó Isabella.

Sebastián tomó el teléfono.

—Elena estuvo escondida durante cinco años.

—¿Dónde?

—En una propiedad que pertenecía a nuestra familia.

Damián lo miró.

—¿Cuál?

Sebastián respondió:

—La casa de campo.

Damián abrió los ojos.

—La vendimos hace tres años.

—Eso creíamos.

---

Damián tomó rápidamente las llaves.

—Vamos.

Isabella se levantó.

—¿Ahora?

—Sí.

Sebastián negó.

—Espera.

—¿Qué?

—Si Elena estuvo allí, alguien puede haber descubierto el lugar.

Damián respiró profundamente.

—Entonces iremos preparados.

---

Una hora después llegaron a la propiedad.

La casa estaba completamente oscura.

Damián bajó del automóvil.

—Quédate cerca de mí.

Isabella asintió.

Entraron.

Todo estaba cubierto de polvo.

Pero había algo extraño.

Sobre una mesa había una taza.

Todavía parecía reciente.

Isabella la señaló.

—Alguien estuvo aquí.

Damián revisó las habitaciones.

—No hay nadie.

Sebastián encontró una puerta.

—Aquí.

La abrieron.

Dentro había una habitación pequeña.

En las paredes había fotografías.

Isabella se acercó.

Eran fotografías de Elena.

Pero también había fotografías de Damián.

Y de Isabella.

—Nos estaba observando —dijo ella.

Damián tomó una fotografía.

En ella aparecía Isabella cuando era pequeña.

—¿Cómo consiguió esto?

Nadie respondió.

---

Entonces Isabella encontró una caja.

La abrió.

Dentro había una grabadora.

Presionó el botón.

La voz de Elena llenó la habitación.

—Si están escuchando esto, significa que finalmente encontraron la casa.

Damián quedó inmóvil.

—Mamá…

La grabación continuó.

—Damián, si eres tú, quiero que sepas que nunca te abandoné.

Él cerró los ojos.

—Tuve que desaparecer para protegerte.

Isabella miró a Damián.

La voz siguió:

—Pero ahora el peligro ha regresado.

Hubo una pausa.

—Y esta vez no buscan a los Blackwood.

Isabella sintió un escalofrío.

La grabación continuó.

—Buscan a Isabella.

---

Damián tomó la grabadora.

—¿Por qué ella?

La voz de Elena respondió:

—Porque Isabella es la única persona que puede abrir el archivo original.

Isabella quedó sorprendida.

—¿Qué archivo?

La grabación siguió.

—Tu abuelo Iglesias y mi esposo escondieron la verdad en un lugar que nadie ha podido encontrar.

—¿Dónde? —susurró Damián.

La voz respondió:

—En el lugar donde comenzó todo.

La grabación se detuvo.

Isabella miró a Sebastián.

—¿Qué significa eso?

Sebastián respondió:

—No lo sé.

Pero Damián sí parecía tener una idea.

—La primera propiedad de nuestras familias.

Isabella comprendió.

—La casa donde se conocieron nuestros abuelos.

Damián asintió.

---

Antes de salir, Isabella encontró una última hoja.

La tomó.

Solo había una frase:

“Cuando encuentren el archivo, descubrirán quién es el tercer heredero.”

Damián la miró.

—Tenemos que irnos.

De repente, se escuchó un automóvil acercándose.

Las luces aparecieron por las ventanas.

Sebastián apagó todas las luces.

—Nos encontraron.

Damián tomó la mano de Isabella.

—Tenemos que salir por atrás.

Los tres abandonaron la casa rápidamente.

Desde el bosque, Isabella observó el automóvil detenerse frente a la propiedad.

Una persona bajó.

No podían ver su rostro.

Pero antes de entrar en la casa, aquella persona levantó la mirada hacia el bosque.

Como si supiera exactamente dónde estaban.

---

Cuando estuvieron a salvo, Isabella recibió un mensaje.

Esta vez no era una amenaza.

Era una fotografía.

En ella aparecía una mujer sentada frente a una ventana.

El mensaje decía:

“Dile a Damián que su madre quiere verlo.”

Isabella mostró la pantalla.

Damián quedó completamente inmóvil.

—Es ella.

—¿Elena?

Damián asintió.

Debajo de la fotografía apareció una última frase:

“Pero para encontrarla, Isabella deberá descubrir primero quién es el tercer heredero.”

Isabella levantó la mirada.

El misterio acababa de hacerse aún más grande.

Y ahora ya no solo estaban buscando respuestas.

Estaban buscando a la madre de Damián antes de que alguien la encontrara primero.

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