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Plantada En El Altar

Plantada En El Altar

Status: Terminada
Genre:Romance / Triángulo amoroso / Venganza de la Esposa / Completas
Popularitas:1.4M
Nilai: 4.6
nombre de autor: Autor lucia

El vestido de novia caía perfecto sobre el cuerpo de Isabella Parker. La seda blanca abrazaba su figura con elegancia, y frente al espejo, sus ojos verdes brillaban llenos de ilusión.

—Hoy me caso… —susurró, sin poder creerlo.

Todo estaba listo. La iglesia, los invitados… Adrian Collins esperándola al final del altar. O al menos eso creía.

Muy lejos de ahí, Adrian no estaba en la iglesia.

Estaba en un estacionamiento, con el mismo traje de novio… pero con la decisión más fría en su mirada.

—No puedes hacer esto —le dijo Ethan, su mejor amigo.

Adrian no dudó.

—Ya no la amo.

El silencio fue brutal.

—Estoy enamorado de otra persona.

Ethan entendió todo sin necesidad de más palabras.

—La vas a destruir.

Adrian no respondió. Solo sacó un sobre.

—Entrégaselo.

Y se fue.

Se fue de su propia boda.

De la mujer que lo esperaba vestida de blanco.

De una vida que prometió… y que decidió romper.

Horas después, Isabella sostendría esa carta frente a todos.

Y ese día…

NovelToon tiene autorización de Autor lucia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22: Títere

Capítulo 22

El ambiente dentro de la oficina era denso, casi irrespirable, como si las paredes mismas estuvieran cargadas de tensión. Adrian apenas había tenido unos segundos para organizar sus ideas cuando la puerta se abrió de golpe, sin previo aviso, haciendo que levantara la mirada de inmediato.

El señor Whitman entró con paso firme, elegante pero cargado de autoridad. Su sola presencia imponía respeto… y también miedo. No se detuvo a saludar ni a disimular su molestia. Sus ojos estaban fijos en Adrian, duros, exigentes.

—Mi hija me comentó que no irás a la ceremonia.

No fue una pregunta. Fue una acusación directa.

Adrian se enderezó en su silla lentamente, sosteniendo la mirada del hombre aunque por dentro ya sentía cómo la incomodidad empezaba a apretarle el pecho.

—¿Pasó algo entre ustedes?

El silencio duró apenas un segundo, pero fue suficiente para que la presión aumentara.

—Claro que no —respondió Adrian, negando con la cabeza—. Simplemente tengo mucho trabajo que hacer.

El señor Whitman avanzó sin pedir permiso, rodeando el escritorio hasta quedar más cerca de él. Apoyó ambas manos sobre la superficie, inclinándose ligeramente hacia adelante, como si quisiera asegurarse de que cada palabra quedara perfectamente clara.

—Pues cancélalo.

Adrian no respondió de inmediato. Sus dedos se tensaron sobre el escritorio.

—Yo soy el presidente —continuó el hombre, con un tono frío y autoritario—. Y te lo ordeno.

La mandíbula de Adrian se tensó. Podía sentir cómo la frustración comenzaba a hervir dentro de él, pero aun así trató de mantenerse en control.

—Lo siento, señor Whitman, pero eso es algo que no me puedo dar el lujo de hacer —dijo con firmeza—. La próxima semana tenemos una junta clave y hay muchas cosas en juego. No puedo simplemente dejar todo así.

—¿No me estás escuchando? —lo interrumpió el señor Whitman, alzando la voz, visiblemente molesto—. Dije que lo canceles.

El tono ya no era solo autoritario… era amenazante.

Adrian guardó silencio por un instante, respirando hondo.

—Mi hija es más importante que todo eso… ¿no es cierto?

Esa pregunta lo golpeó más de lo que esperaba. Bajó la mirada un segundo antes de responder.

—Sí… es solo que…

—Mira, Adrian —volvió a interrumpirlo, esta vez con una calma peligrosa—, no quiero ni deseo decir esto, pero tus acciones me lo están pidiendo a gritos.

Adrian frunció el ceño, confundido.

—Tú y yo quedamos en un acuerdo.

Las palabras quedaron flotando en el aire, pesadas, incómodas.

—Y ese acuerdo —continuó el hombre, mirándolo fijamente— es que quiero ver a mi hija feliz… ¿entiendes?

Adrian tragó saliva. Por un momento, sus pensamientos se desordenaron. Sentía que cada cosa que decía estaba siendo medida, juzgada.

—Eso trato de hacer… pero su hija no me ayuda mucho que digamos —respondió finalmente, dejando escapar parte de su frustración.

El señor Whitman negó lentamente, como si ya esperara esa respuesta.

—No quiero verme en la obligación de hacerte reflexionar de otra manera.

El tono cambió de nuevo. Ya no era solo molestia… era advertencia.

Adrian levantó la mirada de golpe.

—¿De qué está hablando?

El hombre lo observó en silencio durante unos segundos que parecieron eternos. Sus ojos eran fríos, calculadores.

—Tú sabes…

No explicó más. No hizo falta. Se dio media vuelta con total tranquilidad y caminó hacia la puerta, abriéndola sin mirar atrás. Antes de salir, se detuvo apenas un segundo, como si estuviera a punto de decir algo más… pero no lo hizo. Simplemente se fue.

La puerta quedó entreabierta.

El silencio que dejó fue peor que cualquier grito.

Adrian permaneció inmóvil, mirando el vacío, intentando procesar cada palabra, cada insinuación. Su mente comenzó a correr, buscando respuestas, tratando de entender a qué se refería exactamente con ese “acuerdo”.

¿Hasta dónde llegaba?

¿Y qué estaba dispuesto a hacer el señor Whitman para obligarlo a cumplirlo?

Pasó ambas manos por su cabello, desordenándolo con frustración, dejando escapar un suspiro pesado. Sentía la presión acumulándose en su pecho, como si en cualquier momento fuera a explotar.

Odiaba esa sensación.

Odiaba no tener el control.

Odiaba que lo manipularan, que jugaran con su vida como si fuera una pieza más en un tablero.

Él no era un títere.

Nunca lo había sido.

Pero en ese momento… empezaba a sentir que tal vez alguien más estaba moviendo los hilos.

—Maldita sea… —murmuró, con la voz cargada de rabia contenida.

Sus ojos se desviaron lentamente hacia el teléfono sobre el escritorio. Lo observó por unos segundos, dudando, como si ese simple objeto pudiera cambiarlo todo.

Pensó en Scarlett.

En su expresión.

En lo que diría si realmente no iba.

Cerró los ojos un instante, apretando los puños.

Y por primera vez en mucho tiempo…

Adrian no sabía qué hacer.

La presión, el acuerdo, las expectativas… y ese sentimiento constante de estar atrapado en una vida que no había elegido del todo.

Se dejó caer lentamente en la silla, apoyando los codos sobre el escritorio mientras llevaba sus manos al rostro, frotándose con desesperación.

¿Qué estaba haciendo con su vida?

El silencio volvió a envolverlo, pero esta vez no era solo incómodo… era abrumador.

Su mirada volvió al teléfono.

Podía llamarla.

Podía decirle algo… cualquier cosa.

^^^Continuará...^^^

1
Tita Reynoso
Bueno!!!
Tita Reynoso
GRACIAS ESCRITORA POR COMPARTIR ESTA NOVELA, EN ALGUNAS ETAPAS UN POCO ESCABROSA PERO LLEGÓ A UN FINAL BONITO. FELICITACIONES!!!!😘😘💖💖💖💖💖👏👏👏👏👏🌹🌹🌹🌹🌹⭐⭐⭐⭐⭐
Mónica Arias Londoño
ADRIAN creíste que Isabela podría haberte dado la soportunidad después de destruirla ella está bien gracias victoria y a Gabriel tú solo le hiciste dañó
Mónica Arias Londoño
Escritora que Isabela recupera la memoria rápido antes de que pierda a gabriel por favor si
Yofaides Figueroa
pésima novela no debió acostarse con el así alla perdido la memoria ese hombre se aprovechó de su perdida de memoria muy feo da asco esa novela nisikiera espero un tiempo ella por lo menos tener dudas
Yofaides Figueroa
mucha novela para larga duración y todo le pasa es a ella 🤣🤣🤣🤣
Liliana Espindola
realmente está novela es una pesadilla 😒😒😒
Liliana Espindola
Dios 😒😒 muy densa una ves q algo sea claro 😡
Yofaides Figueroa
me gusta por un momento de Gabriel
Liliana Espindola
uhh es muy denso ya cansa leer sobre lo mismo y nada sin resolver 😒
Maria Victoria Ruiz Alcaide
Es un hijo de perra en realidad como el hay muchos
Ada Zulma Lopez
Es un IMBECIL CON MAYUSCULA CÍNICO 😂ME ENOJÉ 😂🤭
Ada Zulma Lopez
Qué desastre nadie es feliz jajaja 😂 🤭🤷
Ada Zulma Lopez
Fácil quiere una esposa con dinero y una amante ,no tiene nada el imbecil 🤭
Tita Reynoso
QUÉ PASARÁ CON ISABELLA, CUANDO VEA A ADRIÁN CON SCARLETT???
Tita Reynoso
Adrian corazón de piedra, destrozó esa pobre chica, ya se arrepentirá!!!!🤔🤔
Yuranzi Vasquez
todavía tiene remordimientos de lo que le hizo a la pobre de isbela
Yuranzi Vasquez
ésto me saca las lágrimas
Yuranzi Vasquez
éso es como para matar a un diablo de eso
Yuranzi Vasquez
éso es lo más triste para una mujer que la dejen plantada en la casa de Dios él día de su boda
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