El vestido de novia caía perfecto sobre el cuerpo de Isabella Parker. La seda blanca abrazaba su figura con elegancia, y frente al espejo, sus ojos verdes brillaban llenos de ilusión.
—Hoy me caso… —susurró, sin poder creerlo.
Todo estaba listo. La iglesia, los invitados… Adrian Collins esperándola al final del altar. O al menos eso creía.
Muy lejos de ahí, Adrian no estaba en la iglesia.
Estaba en un estacionamiento, con el mismo traje de novio… pero con la decisión más fría en su mirada.
—No puedes hacer esto —le dijo Ethan, su mejor amigo.
Adrian no dudó.
—Ya no la amo.
El silencio fue brutal.
—Estoy enamorado de otra persona.
Ethan entendió todo sin necesidad de más palabras.
—La vas a destruir.
Adrian no respondió. Solo sacó un sobre.
—Entrégaselo.
Y se fue.
Se fue de su propia boda.
De la mujer que lo esperaba vestida de blanco.
De una vida que prometió… y que decidió romper.
Horas después, Isabella sostendría esa carta frente a todos.
Y ese día…
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Capítulo 22: Títere
Capítulo 22
El ambiente dentro de la oficina era denso, casi irrespirable, como si las paredes mismas estuvieran cargadas de tensión. Adrian apenas había tenido unos segundos para organizar sus ideas cuando la puerta se abrió de golpe, sin previo aviso, haciendo que levantara la mirada de inmediato.
El señor Whitman entró con paso firme, elegante pero cargado de autoridad. Su sola presencia imponía respeto… y también miedo. No se detuvo a saludar ni a disimular su molestia. Sus ojos estaban fijos en Adrian, duros, exigentes.
—Mi hija me comentó que no irás a la ceremonia.
No fue una pregunta. Fue una acusación directa.
Adrian se enderezó en su silla lentamente, sosteniendo la mirada del hombre aunque por dentro ya sentía cómo la incomodidad empezaba a apretarle el pecho.
—¿Pasó algo entre ustedes?
El silencio duró apenas un segundo, pero fue suficiente para que la presión aumentara.
—Claro que no —respondió Adrian, negando con la cabeza—. Simplemente tengo mucho trabajo que hacer.
El señor Whitman avanzó sin pedir permiso, rodeando el escritorio hasta quedar más cerca de él. Apoyó ambas manos sobre la superficie, inclinándose ligeramente hacia adelante, como si quisiera asegurarse de que cada palabra quedara perfectamente clara.
—Pues cancélalo.
Adrian no respondió de inmediato. Sus dedos se tensaron sobre el escritorio.
—Yo soy el presidente —continuó el hombre, con un tono frío y autoritario—. Y te lo ordeno.
La mandíbula de Adrian se tensó. Podía sentir cómo la frustración comenzaba a hervir dentro de él, pero aun así trató de mantenerse en control.
—Lo siento, señor Whitman, pero eso es algo que no me puedo dar el lujo de hacer —dijo con firmeza—. La próxima semana tenemos una junta clave y hay muchas cosas en juego. No puedo simplemente dejar todo así.
—¿No me estás escuchando? —lo interrumpió el señor Whitman, alzando la voz, visiblemente molesto—. Dije que lo canceles.
El tono ya no era solo autoritario… era amenazante.
Adrian guardó silencio por un instante, respirando hondo.
—Mi hija es más importante que todo eso… ¿no es cierto?
Esa pregunta lo golpeó más de lo que esperaba. Bajó la mirada un segundo antes de responder.
—Sí… es solo que…
—Mira, Adrian —volvió a interrumpirlo, esta vez con una calma peligrosa—, no quiero ni deseo decir esto, pero tus acciones me lo están pidiendo a gritos.
Adrian frunció el ceño, confundido.
—Tú y yo quedamos en un acuerdo.
Las palabras quedaron flotando en el aire, pesadas, incómodas.
—Y ese acuerdo —continuó el hombre, mirándolo fijamente— es que quiero ver a mi hija feliz… ¿entiendes?
Adrian tragó saliva. Por un momento, sus pensamientos se desordenaron. Sentía que cada cosa que decía estaba siendo medida, juzgada.
—Eso trato de hacer… pero su hija no me ayuda mucho que digamos —respondió finalmente, dejando escapar parte de su frustración.
El señor Whitman negó lentamente, como si ya esperara esa respuesta.
—No quiero verme en la obligación de hacerte reflexionar de otra manera.
El tono cambió de nuevo. Ya no era solo molestia… era advertencia.
Adrian levantó la mirada de golpe.
—¿De qué está hablando?
El hombre lo observó en silencio durante unos segundos que parecieron eternos. Sus ojos eran fríos, calculadores.
—Tú sabes…
No explicó más. No hizo falta. Se dio media vuelta con total tranquilidad y caminó hacia la puerta, abriéndola sin mirar atrás. Antes de salir, se detuvo apenas un segundo, como si estuviera a punto de decir algo más… pero no lo hizo. Simplemente se fue.
La puerta quedó entreabierta.
El silencio que dejó fue peor que cualquier grito.
Adrian permaneció inmóvil, mirando el vacío, intentando procesar cada palabra, cada insinuación. Su mente comenzó a correr, buscando respuestas, tratando de entender a qué se refería exactamente con ese “acuerdo”.
¿Hasta dónde llegaba?
¿Y qué estaba dispuesto a hacer el señor Whitman para obligarlo a cumplirlo?
Pasó ambas manos por su cabello, desordenándolo con frustración, dejando escapar un suspiro pesado. Sentía la presión acumulándose en su pecho, como si en cualquier momento fuera a explotar.
Odiaba esa sensación.
Odiaba no tener el control.
Odiaba que lo manipularan, que jugaran con su vida como si fuera una pieza más en un tablero.
Él no era un títere.
Nunca lo había sido.
Pero en ese momento… empezaba a sentir que tal vez alguien más estaba moviendo los hilos.
—Maldita sea… —murmuró, con la voz cargada de rabia contenida.
Sus ojos se desviaron lentamente hacia el teléfono sobre el escritorio. Lo observó por unos segundos, dudando, como si ese simple objeto pudiera cambiarlo todo.
Pensó en Scarlett.
En su expresión.
En lo que diría si realmente no iba.
Cerró los ojos un instante, apretando los puños.
Y por primera vez en mucho tiempo…
Adrian no sabía qué hacer.
La presión, el acuerdo, las expectativas… y ese sentimiento constante de estar atrapado en una vida que no había elegido del todo.
Se dejó caer lentamente en la silla, apoyando los codos sobre el escritorio mientras llevaba sus manos al rostro, frotándose con desesperación.
¿Qué estaba haciendo con su vida?
El silencio volvió a envolverlo, pero esta vez no era solo incómodo… era abrumador.
Su mirada volvió al teléfono.
Podía llamarla.
Podía decirle algo… cualquier cosa.
^^^Continuará...^^^
excelente capitulo gracias, vamos x mas