En los pasillos del Instituto Amanecer, Alexandra es una estudiante dulce, amable con todos y que prefiere la tranquilidad de un buen libro y pasar desapercibida. Por su parte, Santiago es el carismático capitán del equipo de natación, el chico popular de hombros anchos y sonrisa fácil que siempre está rodeado de ruido y amigos. En la vida real, apenas cruzan miradas y sus mundos parecen completamente opuestos.
Pero al caer la noche, todo cambia.
Cuando las pantallas se encienden y se sumergen en el vasto universo de fantasía de su MMORPG favorito, se transforman por completo: ella es Lady Sol, una guerrera feroz, terca e implacable que defiende el frente de batalla con armadura brillante; y él es Sombra22, un mercenario cínico, astuto y bromista que prefiere las sombras y disfruta al máximo sacarla de quicio. Sin saberlo, son el dúo más explosivo y divertido del servidor, compartiendo horas de risas, peleas virtuales y una química innegable a través del chat de voz.
Mientras la ten
NovelToon tiene autorización de anónimo 2710 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 10: La lista prohibida y el último gran deseo
Nos reunimos las cinco en la habitación pasadas las diez de la noche. Sentadas en círculo sobre el suelo —con almohadas por todas partes, tazas de chocolate caliente y la libreta de notas de Vanessa en el centro—, creí que armar la lista de deseos para nuestro último año de preparatoria sería algo tranquilo y divertido. Pero debí saber que esa lista iba a desatar el peor caos que jamás habíamos vivido.
—A ver, chicas, piensen en grande. Es nuestro último año juntas antes de irnos a la universidad y dispersarnos por el mundo. ¡Tenemos que hacer historia! —exclamó Vanessa con entusiasmo, sosteniendo el bolígrafo como si fuera una varita mágica.
—Empecemos suave —sugirió Sofía, abrazando su almohada con timidez—. Una pijamada... aunque bueno, técnicamente vivimos en la misma habitación todas las noches.
—¡Ay, Sofi, eso no cuenta! Una pijamada de verdad implica comer pizza fría a las tres de la mañana, mascarillas ridículas y hablar de secretos, no de nuestras rutinas diarias —replicó Daniela rodando los ojos con una sonrisa—. Añade: pijamada épica de fin de semana.
—Apuntado —dijo Vanessa escribiendo rápido—. ¿Qué más? ¿Ir al cine a ver una función de medianoche de terror? ¿Hacer un picnic en el parque central? ¿O escaparnos a la playa un fin de semana?
—¡El picnic y la playa me encantan! —saltó Gabriela, levantando la vista de su tablet por un segundo—. Pero que alguien anote comer helado gigante sin culpa.
Todo iba bien, la atmósfera era relajada y las risas llenaban el dormitorio, hasta que el rumbo de la conversación dio un giro peligroso.
—Muy bien, ahora subamos el nivel de adrenalina —dijo Vanessa con una sonrisa pícara, ladeando la cabeza—. ¿Qué tal si agregamos ir a un bar clandestino o a una discoteca este año?
Me incorporé de golpe, cruzándome de brazos y negando con la cabeza de inmediato.
—¿Estás loca, Vanessa? ¡Un bar no! Ni pensarlo. Apenas tenemos diecisiete años, nos falta casi un año entero para ser mayores de edad. ¡Nos van a coger en la entrada y nos mandarán directo a la dirección!
—Ay, por favor, Ale, no seas aguafiestas —protestó Vanessa, haciendo un puchero exagerado y lanzándose a regatear—. Mira, piénsalo bien: tú eres la última de todas nosotras en cumplir los años. ¡Naces en junio! Así que podemos esperar pacientemente hasta que llegue el mes de tu cumpleaños, cumplimos todas los dieciocho y, con el permiso de nuestros padres —porque nosotras siempre hemos sido unas chicas súper responsables, claro que sí—, armamos la salida perfecta. ¿Qué dices?
Me quedé pensando, mirando las caras de ilusión de mis compañeras que me suplicaban con los ojos.
—No lo sé... ¿Permiso de nuestros padres? ¿Estás segura de que mi mamá me dejaría entrar a un sitio así? —pregunté dudosa.
—¡Claro que sí! Con un buen discurso de que es una salida de despedida escolar y madurez, nos dejan —aseguró Daniela con confianza.
—Bueno... está bien, lo dejamos condicionado a cumplir los diecisiete y a conseguir los permisos —cedí con un suspiro, sabiendo que contra la insistencia de Vanessa no se podía ganar.
Vanessa sonrió triunfante y siguió escribiendo, pero las ideas locas no paraban.
—Siguiente punto en la lista: ¡ir a un concierto de rock en vivo en la zona metropolitana y colarnos en la primera fila! Y para cerrar con broche de oro... ¡hacernos un piercing o un tatuaje juntas! —soltó Vanessa sin ningún filtro.
—¡¿Un qué?! —grité llevándome las manos a la cabeza—. ¡¿Estás loca de remate, Vane?! ¡Mi papá me deshereda si llego a la casa con un tatuaje en el brazo! ¡Dije que NO a eso!
—Ay, exagerada, un pequeño tatuaje minimalista detrás de la oreja ni se nota —se defendió Vanessa soltando una carcajada ante mi cara de pánico.
—Dije que no, y punto. Eso ni se discute —sentencié cruzando los brazos con firmeza, aunque sabía que tendríamos que debatir sobre el límite de nuestras locuras más adelante.
—Bueno, bueno, lo discutimos después, no te pongas roja de la rabia —bufó Vanessa, tachando medio renglón con falsa tristeza—. A ver... nos queda un último espacio en la libreta. Tiene que ser algo épico, algo legendario. ¿Qué sugieren para coronar la lista?
Todas nos quedamos en completo silencio, pensando en qué más podíamos agregar que superara a lo anterior. Fue entonces cuando, sin poder evitarlo, mi mente voló hacia otro lugar. Recordé las horas frente a la pantalla, las discusiones interminables en el chat de voz, las misiones frustrantes y las risas contenidas tras el avatar de mi eterno rival.
—Conocer a Sombra22 en persona... —murmuré casi sin darme cuenta, en un susurro perdido mientras miraba fijamente hacia la ventana.
El silencio en la habitación se hizo absoluto. Las cuatro voltearon a verme de golpe, con los ojos abiertos como platos, procesando lo que acababa de decir.
—¿Cómo dijiste, Ale? —preguntó Vanessa lentamente, con una sonrisa maliciosa dibujándose en su rostro y las cejas levantadas—. ¿Acaso escuché bien? ¿Quieres agregar a la lista de deseos... conocer en persona a tu "no novio" del juego?
Sentí que el calor me subía de inmediato hasta las orejas, tiñéndome la cara de rojo carmesí. ¡Había hablado en voz alta sin querer!