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Vendida a un Mafioso Como Regalo de Navidad

Vendida a un Mafioso Como Regalo de Navidad

Status: Terminada
Genre:Romance / Mafia / Grandes Curvas / Dominación / Embarazada fugitiva / Cambio de Imagen / Completas
Popularitas:137
Nilai: 5
nombre de autor: Wan Marte

Nathalia tiene dieciocho años, acaba de graduarse de la preparatoria y lleva toda la vida siendo la hija invisible: demasiado gorda para los estándares de su familia, demasiado común al lado de su hermana perfecta. Cuando una agencia de modelaje la contacta por Instagram ofreciéndole un futuro en Europa con todos los gastos pagados, no lo piensa dos veces.

Es una trampa.

En cuestión de horas, Nathalia pierde su pasaporte, su celular y su libertad. Termina en Turquía, a punto de ser vendida como "mercancía" al mejor postor. Pero cuando intenta escapar lanzándose desde un segundo piso, cae en los brazos de Nicolau Polat: el hombre más peligroso de Capadocia, Don de una de las familias mafiosas más temidas del país.

Nico no la compró por accidente. Cada Navidad, sus hombres le envían mujeres que se parecen a Yolanda, su esposa muerta. Nathalia es la última "Yolanda"... y la peor de todas. No obedece, no finge, y tiene la audacia de gritarle su nombre verdadero en la cara.

Lo que empieza como cautiverio se transforma en algo que ninguno de los dos esperaba. Pero en el mundo de Nico, el amor es un lujo que se paga con sangre, y hay secretos que pueden destruir todo lo que apenas empiezan a construir.

NovelToon tiene autorización de Wan Marte para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 01

Nathalia

Mi mejor amigo Fábio siempre pasaba la noche en mi cama.

Todos los días colocaba una escalera bajo mi ventana, entraba a mi cuarto cuando todos dormían y se iba antes de que despertaran.

A pesar de que siempre pasábamos la noche juntos, nunca le entregué mi primera vez.

Sin embargo, cuando faltaba una semana para graduarnos de la preparatoria, decidí entregarme a él.

Preparé algo especial: una nota declarándome y diciéndole que lo esperaba esa noche en mi cuarto.

Dejé el sobre con la nota en su escritorio, esperando que lo encontrara pronto. Pero quienes lo encontraron fueron sus amigos.

Ahí empezaron las burlas:

—Oye, Fábio, ¿en serio te quieres acostar con esa gorda?

Fábio, visiblemente incómodo, cruzó una mirada conmigo y luego dijo:

—¡Claro que no! ¿Quién querría dormir con una chica que parece una cerda? Yo amo a Emma, y es con ella con quien quiero estar.

En ese momento jaló a Emma de la mano —la chica más popular de la preparatoria— y la besó frente a mí.

Quedé destrozada. Entendí por qué me llamaba "amiga" y mantenía en secreto el hecho de que cada noche iba a mi cama a besarme.

Las burlas cambiaron de dirección y se concentraron solo en mí.

En poco tiempo, toda la escuela sabía que le había pedido al capitán del equipo de futbol que se acostara conmigo.

Me insultaban y me arrojaban frutas, llamándome "cerda" —el apodo que el propio Fábio inventó.

Llegué a casa sucia y llena de moretones por la fruta que me alcanzó.

Mi mamá me vio y solo se tapó la nariz, pidiéndome que fuera a limpiarme.

Mi papá se quejó de que no sabía cuidar mi higiene personal y que por eso nunca me compararía con mi hermana mayor.

Me metí al baño y me quedé ahí horas, llorando mientras me quitaba la mugre del cuerpo.

Ese día no salí más de mi cuarto y me puse a leer mis novelas de romance de mafia, intentando escapar de la crueldad de mi realidad.

Pero hasta las novelas empezaron a oprimirme —algo que nunca había notado antes. Ninguna protagonista era gorda como yo, como si ni siquiera los escritores creyeran que una gordita podía ser amada.

Terminé dejando la lectura y me quedé encogida en la cama hasta la madrugada.

Pasada la medianoche, escuché un golpe en mi ventana.

A través del vidrio vi a Fábio.

Estaba furiosa con él, pero la curiosidad por la explicación que me daría sobre lo que había pasado me hizo ir hasta la ventana y abrirla.

—¿Qué haces aquí? ¿No soy una cerda gorda para ti?

—Nathalia, eres demasiado sensible. Fue solo una broma y ya casi se acaban las clases. Aguantar un poco de bullying no es tan grave.

Lo dijo sin ningún rastro de arrepentimiento en la mirada.

—Pero ¿qué haces aquí? ¿No dijiste que amas a Emma?

—Emma es mi novia. Tú eres mi amiga. No cambiemos las cosas por eso. No seas pesada ni celosa. En fin, estoy aquí porque me dijiste que esta noche podíamos hacerlo. Déjame entrar, que ya estoy ansioso.

—¡Increíble! ¿Todavía crees que voy a tener mi primera vez contigo? ¡Estás loco!

—¡Deja el drama, Nathalia! Si sigues así, vas a morir virgen. Dudo que aparte de mí, alguien tenga el valor de verte desnuda.

La rabia me invadió.

—¡Fábio! ¡Eres un idiota y, por el amor de Dios, no vuelvas a aparecerte frente a mí!

Por impulso, empujé la escalera y vi a Fábio desesperarse.

—¡Nathalia, ayúdame! ¡Nathaliaaa...!

La escalera cayó y él se desplomó desde el segundo piso con un grito de dolor que despertó a todo el vecindario.

Cerré la ventana de golpe, corrí a la cama y empecé a fingir que dormía.

Al poco rato escuché la sirena de la ambulancia. Todo el vecindario estaba alrededor de Fábio.

Enseguida se abrió la puerta de mi cuarto de un portazo y mi papá entró furioso.

—¡Nathalia! ¿Qué hiciste? ¿Por qué empujaste al hijo de los Tavares de la escalera?

Me quedé pensativa un momento, dándome cuenta de que fingir dormir no iba a funcionar.

Fue ahí cuando tuve una idea.

—No sé... ni sabía que era él, pensé que era un ladrón intentando entrar. ¿Por qué trajo una escalera para subirse a mi ventana de madrugada? Para mí, está loco.

Mi papá se quedó un poco desconcertado, como si apenas se diera cuenta de lo raro que era que un hombre subiera por una escalera a la ventana de una chica en la madrugada.

—¿Estás segura de que no sabes nada de lo que pasó?

—¡Te juro que no! Tal vez es un pervertido que quería espiar a mi hermana y se equivocó de ventana.

Bastó con que mencionara a mi hermana para que mi papá saliera furioso de mi cuarto.

Me levanté y miré por la ventana: mi papá estaba siendo sujetado por unas tres personas mientras intentaba golpear a Fábio, que estaba siendo colocado en una camilla por los paramédicos.

—¡Este muchacho es un pervertido! ¡Quería espiar a mi hija! ¡Voy a llamar a la policía y va a pagar por esto!

Sonreí, pensando que ahora Fábio estaría en problemas.

¡Bien merecido! ¿Quién lo manda a meterse conmigo?

Quiero ver cómo va a explicar lo que pasó.

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