Ingrid tiene diecinueve años, nunca ha salido de su rancho en California y su mayor preocupación es ponerle moños a las vacas. Sueña con estudiar medicina, viajar por el mundo y ayudar a quien lo necesite. De casarse no sabe nada. De la mafia, menos.
Cuando Ares la elige como su esposa y se presenta en el rancho a llevársela, la familia de Ingrid no tiene opción: obedecer al Don o morir. En cuestión de horas, la chica del rancho se convierte en la esposa de un monstruo.
Pero Ingrid no es la niña frágil que todos esperaban. Detrás de su inocencia hay una inteligencia afilada, un humor que desarma y una valentía que ni ella sabía que tenía. Lo que nadie le dijo a Ares es que la mujer que eligió para ignorar sería la única capaz de destruir cada muro que construyó alrededor de su corazón.
Ella eligió luchar. No contra él, sino por él.
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Ingrid
Rancho Cordova, California
—¿Dónde está Ingrid? —preguntó Leopold.
—La mandé al huerto a recoger unas zanahorias para la cena —dijo Justine.
—Esa niña, ¿será que nunca va a crecer? Me va a volver loco... y qué feliz soy de tenerla —dijo Leopold sonriendo.
—Sí, nuestra Ing es una bendición. Dime, ¿qué hizo esta vez? —preguntó Justine.
—¡Le puso moños a las cabras! ¡A las vacas! ¡Y le adornó los cuernos al toro! —dijo Leopold sonriendo.
Justine se rio.
—Es así, amor. Dulce, nuestra niña traviesa. Pero nunca nos ha dado problemas de verdad: no sale a ningún lado, no va a antros como dicen los jóvenes, no es de andar de novia... —dijo Justine.
—Sí, lo sé, amada mía. Espero que el próximo año pueda dejarla entrar a la facultad de medicina. Le agradezco a Dios que sea una chica tan buena, un dulce. Bueno, más bien es bastante ácida —dijo Leopold riendo.
—Sí, pero es una buena chica, Leopold, y lo sabes. Hace sus travesuras, pero me ayuda con la casa, con los encargos de la mafia, con las hermanas menores, y todavía te ayuda a ti cuando se lo pides. Sin contar que dejó pasar la facultad este año para ayudarnos con las niñas. Así que déjala ser libre, como ella dice —dijo Justine sonriendo.
—Sí, solo que me mete en cada aprieto. Imagínate que el Don Ares o el señor Mark aparezcan por aquí y vean a las vacas con moño... Literalmente me matan —dijo Leopold.
—Sería bastante gracioso, pero sabes que el Don Ares no viene. Hasta hoy vino una sola vez, hace años. El señor Mark sí viene seguido. El señor Adam, la señora Jolie a veces... Hablando de ella, hace tanto que no veo a la señora Jolie, una mujer tan querida. Ni parece que trabaja con el Don —dijo Justine.
—Bueno, cuando Ingrid vuelva mándala a que me ayude a quitar los moños —dijo Leopold sonriendo mientras salía.
En cuanto él salió, Ingrid regresó.
—¿Por qué se está riendo, señora? —preguntó Ingrid.
—¡Hija! Ya te dije que no le hagas esas cosas a tu papá. Imagínate que alguien de la mafia, de los superiores, las vea. Le puede traer problemas a tu padre —dijo Justine.
—Hmm, perdón. Es que me emocioné. Me gusta tanto hablar con los animales que pensé que necesitaban sentirse especiales, bonitos. Sobre todo Feroz, estaba triste sin Mimosita —dijo Ingrid.
—Hija, no entiendo cómo no le tienes miedo a ese toro. Es muy bravo. Hasta tu padre siempre tiene mucho cuidado con él —dijo Justine.
—Mamá, Feroz es un amor, ¡no hace nada! —dijo Ingrid.
—Ajá... los peones ni se le acercan. Lava las zanahorias y déjalas en el fregadero. Después ve a ayudar a tu papá, que pronto llegan tus hermanas de la escuela —dijo Justine.
—Está bien, pero ¿puedo dejarle al menos el moño a Ritita? —preguntó Ingrid.
—¿Quién es Ritita? —preguntó Justine.
—La yegua que nació la semana pasada —dijo Ingrid.
—¡Ay, Dios mío! Niña, tú con esa manía de ponerle nombre a los animales... Sabes que no se puede, mi linda. Puede ser malo para tu papá —dijo Justine.
—Está bien, voy para allá y ya vuelvo —dijo Ingrid, que salió cantando y brincando como siempre hacía.
Justine
Me quedo pensando en lo bueno que es tener una hija como Ingrid. Una bendición de Dios. Con este mundo tan de cabeza, soy muy agradecida. Si Dios quiere, el año que viene empieza la facultad. Tuvimos que pedirle que esperara este año porque Zoe necesitó la operación del corazón; necesitábamos ayuda para cuidarla, los encargos de la mafia, y no pudimos mandarla a la facultad de medicina que tanto quiere. Sé que Ingrid lo entendió. Siempre entiende. Pero no quiero retenerla aquí; es muy inteligente y especial.
Ingrid
Voy pensando: el año que viene empiezo la facultad y eso me hace muy feliz. Después de graduarme quiero viajar por el mundo ayudando a la gente que lo necesita. Pero hasta entonces, voy a disfrutar mucho a mi familia y el rancho, que amo. Sí, vivir aquí es muy bueno. Amo este aire puro, los animales...
Empiezo a quitarles los moños a mis amiguitos. Los animalitos se ponen tristes, pero no puedo dejárselos. Y eso que mi papá ni se entera de todas mis travesuras, porque literalmente me mataría.