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La maestra que será nuestra madrastra

La maestra que será nuestra madrastra

Status: Terminada
Genre:CEO / Padre soltero / Reencuentro / Donde hubo fuego cenizas quedan / Completas
Popularitas:10.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Eli Priwanti

Aurora Medina llega a la capital con una misión: domar al grupo más rebelde del exclusivo Colegio Altamira, un aula de hijos de millonarios que ya hizo renunciar a cinco tutores. Lo que no imagina es que, detrás de esos dos gemelos insoportables que le declaran la guerra, se esconde el hombre que le rompió el corazón doce años atrás… justo antes de llegar al altar.

Alejandro Bustamante lo tiene todo: dinero, poder y una frialdad que congela salas de juntas. Todo, menos a la única mujer que amó. Cuando el destino vuelve a cruzar sus caminos, él está dispuesto a usar cualquier arma para reconquistarla. Incluso a sus propios hijos.

Pero entre ellos hay una herida vieja, una verdad enterrada y una mentira que destruyó dos vidas. Y mientras el hielo empieza a derretirse, no todos quieren ver a Aurora convertida en la nueva señora Bustamante…

¿Podrá Aurora perdonar el pasado y aceptar el lugar que el destino le tenía reservado: el de madre de los hijos del hombre al que juró no volver a amar?

NovelToon tiene autorización de Eli Priwanti para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4

A la mañana siguiente, el ambiente del salón del 1.º C se sentía muy distinto de lo habitual. Si el día anterior aquel lugar era un bullicio de mercado nocturno, hoy todos los alumnos estaban sentados con perfecta compostura en sus pupitres desde antes de que sonara el timbre. En cada rostro relampagueaba la expectación. No veían la hora de que apareciera su nueva tutora y de saborear el espectáculo del momento en que la maestra cayera en la tremenda sorpresa que le tenían preparada.

—Mateo, ya no aguanto las ganas de ver a la profesora Aurora muerta de vergüenza por el pegamento en su silla —susurró Darío, dándole un codazo en el brazo a Mateo, que ocupaba la última fila.

Mateo esbozó una sonrisa torcida y cruzó los brazos sobre el pupitre con altanería.

—No estuvo mal que consiguieras un pegamento así, Tino. Ni una persona común sospecharía que a esa silla de madera le untaron un adhesivo tan potente.

Al oír el elogio del líder del grupo, Tino, sentado no muy lejos, se inclinó hacia delante con una sonrisa de orgullo.

—¡Así soy yo! El caso es que este pegamento secreto no se vende en cualquier parte, Mateo. ¡Vamos a presenciar el espectáculo más entretenido del año! —Tino se rio por lo bajo y se tapó la boca a toda prisa para no llamar la atención.

Justo en ese instante, el timbre sonó con estridencia. La puerta del salón se abrió y dejó ver a la profesora Aurora, que entró con paso elegante.

—¡Buenos días, profesooora! —dijeron los alumnos al unísono, con un tono adrede muy dulce y compenetrado.

Al recibir por primera vez un saludo tan cordial, Aurora frunció apenas el ceño. Lejos de alegrarse, su instinto se puso en guardia. Algo no cuadraba en aquella expresión, tensa y risueña a la vez, de sus alumnos.

Aurora avanzó hacia el escritorio. Sin embargo, no se sentó de inmediato, sino que se limitó a dejar la pila de libros de Matemáticas sobre la mesa.

—Muy bien, chicos, el tema que les voy a explicar hoy es la aritmética aplicada —dijo Aurora sin rodeos.

Al oír el nombre del capítulo, el entusiasmo fingido de los alumnos se vino abajo de golpe. Aquella parte de las Matemáticas, cargada de enunciados y cálculos, era uno de los temas que más detestaban.

—Sí, profesooora… —respondieron sin ánimo.

Antes de volverse hacia el pizarrón, Aurora dejó escapar un largo respiro. Sentía las piernas algo cansadas. Esa mañana casi había llegado tarde por un embotellamiento total, que la había obligado a bajarse del mototaxi de la app y caminar varios cientos de metros para llegar a tiempo al Colegio Altamira.

Con la intención de descansar un momento las piernas, Aurora se acercó a su silla de trabajo. Pero, cuando le faltaba apenas un paso, un olor químico extraño y algo penetrante alcanzó de pronto su olfato. Aurora se detuvo. Clavó la mirada en la superficie del asiento de madera negra. Aquel negro intenso lucía un poco desvaído y brillaba de un modo antinatural.

Al percibir algo raro, Aurora sacó una pequeña libreta del bolsillo y la arrojó sin más sobre la silla.

¡Plaf!

Y no se equivocó. Cuando intentó recoger la libreta, esta ya se había pegado por completo a la superficie de la silla. La fuerza del adhesivo era tal que la contraportada se rasgó al tirar de ella para despegarla.

Uf… Menos mal. Suerte que mi olfato todavía funciona. De lo contrario, mi falda del uniforme se habría rasgado o quedado pegada aquí por culpa de sus travesuras, pensó Aurora, tomando aire hondamente.

Los dedos de Aurora se cerraron con fuerza a su espalda. La conducta de estos niños había pasado de la raya y era peligrosa. Debía pensar rápido, dar a sus alumnos un escarmiento a la altura sin tener que estallar sin control.

Aurora soltó el aire despacio para serenarse. Mientras tanto, en los pupitres, la tensión llegaba al límite. Quienes esperaban desde hacía rato que la maestra se sentara empezaban a inquietarse, porque su anzuelo había fallado.

Dibujando una sonrisa amplia, muy amable y a la vez misteriosa, Aurora se volvió de cara a la clase.

—Ah, por cierto, chicos… Antes de meternos en el tema, quiero que hagamos un jueguito, para que la clase de hoy no se nos haga aburrida —dijo Aurora, y sus ojos recorrieron el salón con una mirada capaz de erizar la piel.

Sin que nadie lo esperara, Aurora levantó su silla de trabajo con una sola mano —una demostración de fuerza física que, una vez más, dejó a los alumnos boquiabiertos— y la llevó a un espacio libre justo en el centro del salón. Sobre el asiento, la pequeña libreta rasgada seguía firmemente pegada, dejada a propósito como prueba palpable.

—A ver, voy a ir llamando sus nombres uno por uno, al azar. Los que llame tienen que ponerse de pie alrededor de esta silla. Yo les haré una pregunta cualquiera de matemática básica. Y… el que no sepa responder, su castigo será… —Aurora dejó la frase en suspenso, sonriendo con toda intención hacia Mateo, Darío y Tino—. Esa persona deberá sentarse en esta silla, al frente de la clase, hasta que termine mi hora. ¿Qué tal, de acuerdo?

(Tino tragó saliva.)

Al mismo tiempo, los alumnos del 1.º C —sobre todo la pandilla de Mateo— tragaron saliva con dificultad. Darío y Tino palidecieron al instante. Recién comprendían del todo que esa maestra imponente no solo dominaba las artes marciales, sino que además era mucho más lista y peligrosa de lo que habían supuesto. Su plan de la trampa del súper pegamento se les había vuelto en contra, un arma lista para reventarles el propio trasero.

Aurora volvió a abrir la lista de asistencia que tenía en la mano. Su mirada recorrió las filas de pupitres con una sonrisa dulcísima que, sin embargo, era capaz de estremecer a cualquiera.

—Agustina, Amelia, Martina, Frida, Diego, Tino, Darío, Rafael, Jonás… y por último, Mateo. —Aurora hizo una pausa y cerró la lista con un golpecito suave—. Todos ustedes son los afortunados de esta mañana, porque fueron elegidos para participar en mi juego más divertido. ¡Vamos, todos los que nombré, pasen al frente!

La voz de Aurora sonaba lo más suave posible, con un tono alegre, como si de verdad no supiera nada del pegamento en la silla. Era su táctica para dar una lección psicológica que escarmentara al cabecilla y sirviera de advertencia a los demás.

—Después le daré un premio especial al ganador. Pero mañana, ¿eh?, primero se lo tengo que preparar —añadió Aurora, guiñándole un ojo con simpatía.

Con paso pesado y la cara agria, los diez alumnos se vieron obligados a pasar al frente y formar un círculo alrededor de aquella silla mortal. En el fondo de la fila, Mateo apretó el puño con fuerza dentro del bolsillo del pantalón. Odiaba a fondo este juego ridículo. Pero su ego le exigía pasar de todos modos: si se negaba o se rebelaba ahora, la maestra sabría al instante que él era el cerebro de todo.

El juego empezó. Aurora fue lanzando preguntas de matemática básica una a una. No eran demasiado difíciles, de modo que, uno tras otro, los alumnos lograban responder bien y respiraban aliviados cuando ella los mandaba de vuelta a sus asientos.

Hasta que, al final, la eliminatoria dejó a cuatro sin responder: Mateo, Martina, Darío y Tino. Aurora fijó la mirada en aquellos cuatro. Su instinto estaba cien por ciento seguro: ellos eran los responsables de untarle el pegamento a la silla.

El ambiente se cargaba de tensión. Darío y Tino ya empezaban a temblar, con gotas de sudor frío corriéndoles por las sienes, porque sabían que la siguiente pregunta los condenaría a sentarse en esa silla. Al ver el pánico de sus secuaces y de su hermana, el orgullo de "matoncito" de Mateo se encendió. No estaba dispuesto a ver humillados a Martina ni a sus amigos.

—Ya, no hace falta seguir con el juego, profesora —cortó Mateo en voz alta, interrumpiéndola. Miró de reojo a Darío, Tino y Martina, uno tras otro—. Ustedes tres vuelvan a su lugar. Yo me siento en esta silla.

—Mateo… —murmuró Martina, angustiada, intentando retener a su hermano del brazo. Pero él la apartó con suavidad. Al contrario, el muchacho esbozó a escondidas una sonrisa taimada. En aquella cabeza de serpiente acababa de nacer un plan retorcido.

Si me sacrifico a propósito y salgo lastimado por esta silla, puedo dar vuelta los hechos. Haré que acusen a esta maestra de maltratar a un alumno para que la echen del colegio, pensó con perfidia.

Sin dudarlo, Mateo dejó caer el cuerpo y se sentó con firmeza sobre la silla de madera que estaba en el centro del salón.

Ras… ¡Chac!

Y no falló. En ese mismo segundo, la tela del pantalón del uniforme de Mateo se soldó y quedó fuertemente adherida a la superficie del asiento. El poder del pegamento secreto elegido por Tino no era ninguna broma.

Martina, que lo presenció todo, entró en pánico. Se puso lívida al ver a su hermano de verdad atrapado, sin poder levantarse. Mientras tanto, Darío y Tino retrocedieron a toda prisa y volvieron a sus asientos con el cuerpo tembloroso.

Aurora soltó un largo respiro. Se cruzó de brazos y contempló a Mateo, que ahora seguía rígido frente a ella. Aunque desde el principio había sospechado de aquel muchacho, ver cómo se sacrificaba para proteger a su hermana y a sus amigos le mostró otra faceta del cabecilla revoltoso.

—Muy bien, ya que Mateo se ofreció por su cuenta a sentarse al frente para acompañarme en clase, el juego se terminó. Empecemos la lección de hoy —dijo Aurora con calma, como si no hubiera pasado nada.

Durante toda la hora, Mateo no pudo más que quedarse quieto, tragándose la rabia y la vergüenza. Sus ojos, afilados, irradiaban un odio profundo hacia Aurora cada vez que ella se movía. Pero Aurora no se inmutó ni se dejó afectar por semejante intimidación. Siguió con su explicación en el pizarrón con toda profesionalidad, ignorando la mirada punzante de su alumno atrapado.

Detrás de la serenidad con que escribía las fórmulas de aritmética, la mente de Aurora giraba a toda máquina. No estaba pensando en cómo castigar a Mateo aún más. Al contrario, buscaba una grieta. ¿Cómo derribar el muro defensivo de este adolescente? ¿Cómo hablarle de corazón a corazón?

Aurora lo sabía: la travesura extrema de Mateo no era su verdadera naturaleza. Aquel niño solo gritaba pidiendo ayuda a través de la rebeldía, porque una gran amargura y un rencor hondísimo llevaban tiempo carcomiéndole el corazón. Y, como su tutora, Aurora estaba decidida a sanar esa herida.

Continuará…

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Graciela Saiz
Dalia no fue a la boda 🤔🤔🤔
Graciela Saiz
ahora a luchar contra la madre metiche y venenosa 🤬
Graciela Saiz
HABLA AURORA ! CONTESTA!
Graciela Saiz
yo creo , que ellos dos deberían tener una buena conversación sobre lo hechos , el más que nada el , 🤷
Leticia Baeza Vazquez
pues con tanto engaño y no ser la sangre pues no yamaba
Leticia Baeza Vazquez
q bueno q sufrió la perra desgraciada q hizo q la tomara x haberlo drogado maldita te lo cobro el karma
Leticia Baeza Vazquez
esa zorra de la nueva secretaria 😡😡😡😡
Leticia Baeza Vazquez
hay x favor solo x darle gusto Alos padres así será de estúpida es una mujer estudiada pero parece una ignorante pendeja
Leticia Baeza Vazquez
espero y te des cuenta de la víbora q tienes x madre y esa maldita q bueno q se murió la desgraciada
Leticia Baeza Vazquez
esa mamada q ponen en todas las novelas afuerza aceptar lo q ofrecen si yo digo no es no y quién me obliga nadie osea era una porquería escritora ten más imaginación
Graciela Saiz: no , no somos así , somos peores , estupidas y manipulables ante el amor de un hombre, no hay excepción, mujer empoderada 😅
total 2 replies
Leticia Baeza Vazquez
hay x favor escritora 😡😡😡😡😡
Leticia Baeza Vazquez
Haver escritora y deja la estupidez y q ella no puede decir No oque diablos osea la pones como estúpida manipulable x unos putos mocosos asco
Graciela Saiz: Señora Leticia, si tanto le desagrada , tiene la opción de no leerla , y respetar el trabajo de la autora, y si no escriba su propia historia 😏
total 1 replies
Leticia Baeza Vazquez
hay x favor escritora no mames osea la humilló x una putizorra ofrecida y ahora resulta q x unos escuincles la BAS hacer una maldita manipulable osea asco q se de su lugar y consiga alguien mejor y la valore , si no espera de mi todas las críticas 😡😡😡😡😡
Leticia Baeza Vazquez
eso de tener amigas zorras y disculpa escritora pero no la cages si dejas q ella y ese perro infiel desgraciado se quede con ella osea
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