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¡Suya!

¡Suya!

Status: En proceso
Genre:Venganza / Reencarnación / Traiciones y engaños
Popularitas:6.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Daemin

Ella murió a manos de su propia hermana. Pero el destino le dio una segunda oportunidad: despertó en el cuerpo de una mujer inteligente, carismática y casada con el hombre más poderoso y deseado. El mismo hombre por el que siempre había sentido admiración.

Todo parece un sueño hecho realidad. Hasta que descubre que el "amor del pasado" de su esposo no es otra que su asesina.

Ahora, atrapada en un matrimonio que cree una farsa, solo quiere una cosa: el divorcio y la libertad para vengarse. Pero su esposo, frío e implacable con el mundo, se convierte en un muro de fuego cuando ella pronuncia la palabra "Divorcio".

Él no piensa soltarla. Ella no piensa quedarse.

Y entre la venganza, los secretos y un deseo que ninguno de los dos puede controlar, comienza una guerra de poder donde el amor se disfraza de odio... y la verdad podría ser el arma más peligrosa de todas.

NovelToon tiene autorización de Daemin para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21: La Libreta y los Secretos

El auto de Alessandra se detuvo frente a una casa modesta. No era una mansión, ni mucho menos. Era una casa pequeña, de dos pisos, con un pequeño jardín y una fachada linda.

Alessandra bajó del auto y miró el lugar con curiosidad. La anterior Alessandra había comprado esta casa, según lo que recordaba. Era un lugar de descanso, un refugio. Nada lujoso, pero sí acogedor.

El chofer le ayudó a bajar las maletas y las dejó en el recibidor. Ella le agradeció con una sonrisa y cerró la puerta.

El silencio la envolvió.

La casa era pequeña, pero tenía algo especial. Una calidez. Alessandra caminó por el pasillo, explorando cada habitación. La sala era modesta pero cómoda. La cocina era pequeña y funcional. Subió las escaleras y encontró un dormitorio sencillo, con una cama de madera y una ventana que daba a un pequeño jardín trasero.

Se sentó en el borde de la cama y soltó un suspiro. El cansancio del día, de la noche, de todo, se acumulaba en sus hombros como una losa.

Y entonces, la vio.

Sobre la mesita de noche, una libreta pequeña de tapas negras. No era grande, apenas del tamaño de una mano. Pero estaba allí, como esperando ser descubierta.

Alessandra frunció el ceño. Tomó la libreta y la abrió lentamente.

Las primeras páginas estaban llenas de apuntes. Notas escritas a mano, algunas en tinta azul, otras en lápiz. Fechas. Nombres. Direcciones.

Pero lo que realmente llamó su atención fue una página que estaba marcada con una esquina doblada. Alessandra la abrió y comenzó a leer.

"Mis padres adoptivos siempre fueron buenos conmigo. Nunca me hicieron sentir diferente. Pero antes de morir, mi madre me confesó la verdad. Me dijo que no era su hija biológica. Que mi verdadera familia eran los Fernández. Que mi padre biológico era Ignacio Fernández."

Alessandra sintió que el aire se le escapaba de los pulmones. Sus dedos temblaban mientras sostenía la libreta.

"Mi madre adoptiva me dijo que no sabía todos los detalles. Que mi padre biológico había hecho algo para separarme de mi familia verdadera. Me pidió que no buscara la verdad. Que me olvidara de los Fernández y viviera mi vida. Pero no pude. Tenía que saber quién era realmente. Tenía que saber por qué mi padre biológico me había abandonado."

Alessandra pasó la página con manos temblorosas. Había más anotaciones. Fechas de nacimiento, registros hospitalarios, nombres de médicos. Y en una de las páginas, un nombre que le resultaba familiar: Victoria.

"Victoria. Aparece mencionada en algunos documentos. No sé quién es exactamente, pero parece estar conectada con los Fernández. Tal vez es una empleada. Tal vez es alguien más. Necesito investigar más."

Alessandra frunció el ceño. Victoria. ¿Sería la misma mujer que aparecía en la información que le había dado Leo?. Pero la anterior Alessandra parecía considerar que era importante.

Siguió leyendo.

"Hay discrepancias en los certificados de nacimiento. Las firmas no coinciden. Los médicos que atendieron los partos ya no trabajan en el hospital. Algunos han muerto. Otros simplemente desaparecieron. Algo no cuadra."

Alessandra sintió que el mundo se tambaleaba. Las palabras bailaban frente a sus ojos, pero ella las leía una y otra vez, tratando de procesar lo que significaban.

"Creo que Ignacio Fernández oculta algo. Algo sobre mi nacimiento. Algo sobre por qué me entregaron a otros padres. No sé qué es. Pero voy a descubrirlo."

Alessandra cerró la libreta de golpe. Su respiración era agitada, irregular. Las palabras de la anterior Alessandra resonaban en su cabeza como un eco que no se detenía.

Ella también estaba investigando a los Fernández. También estaba buscando respuestas sobre su origen.

—¿Qué descubriste? —murmuró, pasando los dedos por la tapa de la libreta—. ¿Qué más encontraste?

Pasó más páginas. Había anotaciones sobre Ignacio Fernández. Fechas de eventos importantes. Movimientos bancarios. Nombres de empleados.

Y en una de las últimas páginas, una frase que hizo que el corazón se le acelerara:

"Necesito una muestra de ADN. De Ignacio Fernández. O de Fernanda. Para confirmar mis sospechas."

Alessandra sintió que el piso se abría bajo sus pies. ADN. La anterior Alessandra estaba buscando pruebas. Pruebas de que no era quien decían que era.

—¿Qué estabas investigando? —susurró, con la voz temblorosa—. ¿Qué es lo que querías confirmar?

No había respuestas. Solo más preguntas.

Alessandra se quedó allí, sentada en el borde de la cama, con la libreta en las manos y el peso de un descubrimiento que apenas comenzaba a comprender.

Sabía que no podía quedarse de brazos cruzados. Sabía que tenía que seguir investigando. Tenía que descubrir qué más había encontrado la anterior Alessandra. Tenía que entender por qué su padre tenía otra hija y la había abandonado.

Cerró la libreta y la apretó contra su pecho. Ahora más que nunca le intrigaba la vida de Alessandra y de que también era su media hermana todo eso era una locura.

...----------------...

La oficina de Ignacio Fernández era un espacio imponente en el último piso del edificio que llevaba el nombre de la familia. Grandes ventanales ofrecían una vista panorámica de la ciudad, y los muebles de madera oscura transmitían una sensación de poder y tradición. Ignacio estaba sentado detrás de su escritorio, con las manos entrelazadas sobre la superficie de caoba, mientras miraba a su hijo mayor con una expresión seria.

—Leonel —dijo, con su voz grave y autoritaria—. La visita de evaluación de "Seguridad Elite" será en unos días. Tenemos que estar preparados. Esto no es un juego. Si logramos este contrato, la empresa dará un salto significativo. No podemos permitirnos fallar.

Leonel asintió, con las manos apoyadas en el respaldo de la silla frente al escritorio de su padre. Llevaba un traje gris impecable, el cabello perfectamente peinado y una expresión de concentración.

—Lo sé, papá. He estado revisando todos los departamentos. Finanzas, operaciones, recursos humanos. Todo está en orden. La empresa está lista para la evaluación.

—¿Estás seguro? —preguntó Ignacio, con un tono que dejaba claro que no aceptaba medias tintas—. He escuchado que Moretti también está interesado. Y Santander. No podemos permitir que ellos se lleven el contrato.

—No lo harán —respondió Leonel, con seguridad—. Tenemos una estructura sólida. Una trayectoria impecable. Y el apellido Fernández pesa en este sector.

Ignacio asintió, pero su expresión seguía siendo seria.

—No confíes demasiado en el apellido, hijo. En los negocios, el apellido solo abre puertas. Lo que cierra los tratos es el trabajo bien hecho. Y tenemos que demostrar que somos los mejores.

—Lo haremos, papá.

Ignacio se recostó en su silla y soltó un suspiro. Parecía cansado. Los años de presión y responsabilidad se notaban en las arrugas de su rostro y en la forma en que sus hombros se encorvaban ligeramente.

—¿Y qué hay de tu hermana? —preguntó, cambiando de tema—. ¿Dónde está Fernanda?

—Debe estar en su oficina —respondió Leonel, con un tono que apenas ocultaba su desaprobación—. O en la cafetería. O en algún lugar donde no esté trabajando.

Ignacio frunció el ceño.

—Leonel, no hables así de tu hermana.

—No hablo mal de ella, papá. Solo digo la verdad. Fernanda no se toma el trabajo en serio. Llega tarde, se va temprano, y cuando está aquí, pasa más tiempo en el teléfono que en su escritorio.

Ignacio levantó una mano para detenerlo.

—Fernanda es diferente. No tiene la misma visión de negocios que tú. Pero eso no significa que no sea importante para la empresa.

—¿Importante? —repitió Leonel, con un tono de incredulidad—. Papá, ella no sabe ni leer un balance financiero. ¿Cómo va a ser importante?

—Porque es mi hija —dijo Ignacio, con firmeza—. Y porque tiene otras cualidades. Relaciones públicas, contactos, presencia. Eso también es valioso en los negocios.

Leonel apretó la mandíbula. La comparación era inevitable. Su padre siempre había tratado a Fernanda como si fuera una princesa. La consentía, la protegía, la ponía en un pedestal. Y luego estaba Ana. La inútil. La que siempre recibía el trato opuesto.

Recordó las incontables veces que había visto a su padre humillar a Ana. Las críticas constantes. Los comentarios despectivos. La forma en que la ignoraba en las reuniones familiares, como si no existiera. Siempre severo con ella. Siempre despectivo.

—¿Y Ana? —preguntó Leonel, y su voz sonó más tensa de lo que pretendía—. ¿Alguna vez pensaste en cómo la tratabas a ella?

Ignacio lo miró con una mezcla de sorpresa e irritación.

—¿Ana? ¿Qué tiene que ver Ana con esto?

—Era tu hija, papá. Y siempre la trataste como si fuera un estorbo. Nunca le diste la misma oportunidad que a Fernanda. Nunca la apoyaste en nada.

Ignacio se puso de pie lentamente, apoyando las manos sobre el escritorio.

—No voy a discutir esto contigo, Leonel. Ana era una inútil. Siempre lo fue. No tenía el carácter ni la determinación para triunfar en este mundo. Fernanda, en cambio, tiene presencia. Sabe cómo moverse en los círculos adecuados. Es natural que reciba más atención.

Leonel sintió que la sangre le hervía.

—¿Inutil? ¿Eso es lo que crees? Ana era una de las personas más fuertes que conocía. Solo que nunca le diste la oportunidad de demostrarlo. Siempre la comparaste con Fernanda. Siempre la hiciste sentir menos.

—¡Basta! —Ignacio golpeó el escritorio con el puño—. Ana está muerta, Leonel. Y no voy a permitir que manches su memoria con rencores del pasado. Ella tomó su decisión. Se fue. Y nosotros seguimos adelante.

Leonel lo miró largamente. En los ojos de su padre no vio dolor. No vio tristeza. Solo vio molestia. Incomodidad. Como si hablar de Ana fuera un inconveniente.

—¿Sabes qué, papá? —dijo Leonel, con una voz que apenas controlaba la rabia—. Ana no se suicidó.Y voy a demostrarlo.

Ignacio lo miró fijamente.

—¿Qué estás diciendo?

—Que voy a descubrir la verdad sobre su muerte. Aunque no te guste. Aunque tengas que enfrentar lo que hiciste. O lo que no hiciste por ella.

Ignacio abrió la boca para responder, pero en ese momento, la puerta se abrió y Fernanda entró con paso seguro. Llevaba un traje rojo ajustado, el cabello suelto y una sonrisa que no llegaba a sus ojos. En sus manos, un teléfono que no soltaba ni siquiera al entrar.

—¿Me llamaron, papá?

Ignacio se recompuso de inmediato. La sonrisa volvió a su rostro, como si la discusión anterior no hubiera ocurrido.

—Sí, hija. Estábamos hablando de la visita de evaluación de "Seguridad Elite". Quiero que estés presente ese día. Tu presencia es importante.

Fernanda sonrió, con un brillo de satisfacción en los ojos.

—Por supuesto, papá. Estaré allí. ¿Hay algo más que necesites?

—No, eso es todo. Puedes retirarte si quieres.

Fernanda asintió y se giró para salir. Pero antes de llegar a la puerta, Leonel habló.

—Fernanda —dijo, con un tono que intentaba ser neutral—. ¿Ya revisaste los informes que te envié la semana pasada?

Ella se detuvo, sin girarse.

—No he tenido tiempo —respondió, con desdén—. He estado ocupada con cosas importantes.

—¿Más importantes que tu trabajo? —preguntó Leonel, con un dejo de sarcasmo.

Fernanda se giró lentamente y lo miró fijamente.

—Mi trabajo es importante, Leonel. Pero también tengo una boda que planear. Y una vida social que mantener. No todos podemos ser como tú, encerrados en una oficina todo el día.

—¿Encerrado? —Leonel dio un paso adelante—. Yo estoy aquí trabajando, Fernanda. Para mantener la empresa. Para que tú puedas tener esa vida social que tanto te gusta.

—¡Ya basta! —interrumpió Ignacio, levantándose de su silla—. No voy a permitir que discutan en mi oficina. Leonel, tú encárgate de los preparativos para la evaluación. Fernanda, tú asegúrate de estar presente ese día. Eso es todo.

Fernanda sonrió triunfalmente y salió de la oficina sin mirar atrás.

Leonel apretó los puños. La injusticia lo consumía. Su padre siempre había tratado a Fernanda como una reina. Y a Ana, como una sirvienta. La ironía era tan cruel que dolía.

—Papá —dijo, con la voz tensa—. ¿Alguna vez te arrepentiste de cómo trataste a Ana?

Ignacio lo miró sin inmutarse.

—No tengo tiempo para arrepentimientos, Leonel. Tengo una empresa que mantener. Y tú deberías estar más preocupado por eso que por el pasado.

Leonel lo miró largamente. En ese momento, supo que nunca obtendría una respuesta satisfactoria. Su padre era incapaz de ver el daño que había causado. Incapaz de reconocer que había tratado a Ana como si no valiera nada.

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😍❤️кαяєи🍀🇻🇪
espectacular. 😎😎🙌🏻🙌🏻
Lala
espero actualices más seguido y con más capítulos si puedes
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Sería bueno saber qué clase de persona fue Alexandra. 🤔🇨🇴
😍❤️кαяєи🍀🇻🇪
🤔🤔 porque tanto desprecio hacia Ana.!!??
será que ése viejo sabe que Fernanda mato a Ana y por eso no quiso investigaciónes.!!?? 😱
ary
yo pienso que Ana no era hija del papa o de la mamá
😍❤️кαяєи🍀🇻🇪
pobre inocente jajaja no sabes lo que se té viene cuando una mujer está molesta
karencitha
porque el tal Inacio odiaba y despreciaba a Ana si ella era su hija que clase de padre trata así a su propia hija
Kim Nava
osea que Alessandra es la hija que tuvo su padre fuera del matrimonio 😳😳😳hay por Dios eran medias hermanas 🤔
Jose Salazar
más capítulos
Kim Nava
exacto y mucho menos te hubieras dejado abrazar por la zorra esa no hiciste nada para apartarla
ary
me hubiera gustado ver más como pareja siendo ella x que si dice que si la quiere. entonces ama ala antigua
Kim Nava: si que la reconquista pero que lo haga sufrir mucho tiempo por imbécil 😡
total 2 replies
Myriam Hernandez
Excelente
MILAGROS Becerra
maratón 🙏
Kim Nava
y solo por quedarse cayado ante esa zorra
Alessandra mal interpretó todo o no puede que el todavía sienta algo por la zorra esa
ary
si si maraton
ary
bueno ki vienen los malos entendidos
Eli
regalen maratón plis
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Tiene el cuerpo y los recursos de Alexandra, pero le faltan los recuerdos y así la situación se complica. 🤔🇨🇴
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
👏👏👏👏👏👏👏🇨🇴
Lala
espero actualices seguido. es muy emocionante
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