Una simple clase de química despertará sentimientos que Lin Yu Tong jamás imaginó… y la llevará a descubrir un secreto que alguien ha intentado ocultar durante cinco años.
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Capítulo:14 Los cinco minutos
Al día siguiente, las cuatro llegaron a la escuela con una mezcla extraña de curiosidad y nerviosismo. Desde que habían recibido el mensaje del estudiante de tercer año, ninguna había podido dejar de pensar en aquella conversación. Cinco minutos. Solamente cinco minutos para descubrir qué había ocurrido con el informe que parecía estar relacionado con el posible traslado de Chen Yi Shen y con la Fundación Shen.
El día amaneció nublado y el viento movía las ramas de los árboles que rodeaban el patio. Algunos estudiantes corrían hacia el edificio principal para evitar la ligera llovizna que comenzaba a caer, mientras otros permanecían bajo los techos de los corredores esperando que disminuyera. Lin Yu Tong caminaba junto a Chen Mai, Wang Ji y Su Lan, sujetando su mochila con ambas manos.
—¿Estás nerviosa? —preguntó Chen Mai.
—Un poco.
Wang Ji levantó una ceja.
—¿Tú?
—Sí.
—Eso significa que la conversación debe ser importante.
Su Lan sonrió.
—Creo que todas estamos nerviosas.
Wang Ji levantó su pequeña libreta.
—Por eso hice una lista de preguntas.
Chen Mai se la quitó de las manos.
—Déjame verla.
—Cuidado.
—¿Qué?
—La escribí durante una hora.
Chen Mai comenzó a leer.
—"¿Qué contiene el informe?", "¿Por qué quieren trasladar al profesor?", "¿Qué relación tiene la Fundación Shen con él?"...
Levantó la mirada.
—Son demasiadas preguntas.
—Tenemos cinco minutos.
—Precisamente.
Lin tomó la libreta.
—Tenemos que elegir las más importantes.
Su Lan asintió.
—Primero debemos saber qué provocó el conflicto.
Lin escribió tres preguntas.
¿Qué descubrió Chen Yi Shen?
¿Qué tiene que ver la Fundación Shen?
¿Por qué quieren cambiar su asignación?
Wang Ji miró la lista.
—Esas son suficientes.
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Las clases de la mañana pasaron lentamente.
Lin intentó concentrarse en las lecciones, pero el reloj parecía avanzar más despacio de lo habitual. Cada vez que miraba por la ventana, recordaba que después de clases finalmente tendrían la oportunidad de obtener respuestas.
Durante la clase de química, Chen Yi Shen entró con varios documentos.
Su apariencia era la misma de siempre: camisa blanca, pantalones oscuros y cabello negro cuidadosamente acomodado. Sin embargo, había algo diferente en su expresión. Parecía más serio, y sus movimientos eran mucho más cuidadosos mientras colocaba los papeles sobre el escritorio.
Lin lo observó durante unos segundos.
Chen levantó la mirada.
Sus ojos se encontraron.
Lin apartó rápidamente la vista y comenzó a escribir en su cuaderno.
—Hoy revisaremos un ejercicio relacionado con las reacciones químicas —dijo el profesor.
La clase continuó con normalidad.
Pero cuando Chen Yi Shen se acercó a una de las ventanas para abrirla, Lin vio que llevaba nuevamente la carpeta que había visto anteriormente.
La colocó sobre el escritorio.
Por un instante, pudo verse una esquina de un documento.
Después la carpeta volvió a cerrarse.
Lin bajó la mirada.
No quería seguir buscando respuestas de una manera que pudiera causarle problemas al profesor.
Pero necesitaba saber qué estaba ocurriendo.
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Finalmente llegó la última clase.
Cuando sonó el timbre, los estudiantes comenzaron a salir rápidamente.
Las cuatro esperaron unos minutos antes de dirigirse al punto acordado.
El estudiante de tercer año estaba junto a una de las puertas laterales de la escuela.
—Llegaron.
Wang Ji miró el reloj.
—Estamos a tiempo.
—Mi madre está en la oficina administrativa. Dijo que las verá allí.
Chen Mai respiró profundamente.
—¿Está segura de que puede hablar?
—Sí, pero solo unos minutos.
Lin asintió.
—Eso será suficiente.
Caminaron hacia el edificio administrativo.
El lugar estaba tranquilo, mucho más que el resto de la escuela. Los corredores tenían grandes ventanas que dejaban entrar la luz gris del cielo y las paredes estaban decoradas con fotografías antiguas de profesores y estudiantes.
Al llegar frente a una pequeña oficina, el estudiante tocó la puerta.
—Mamá.
Una voz femenina respondió desde el interior.
—Pasa.
El chico abrió.
Las cuatro entraron detrás de él.
La mujer estaba sentada detrás de un escritorio lleno de documentos. Era una mujer de unos cuarenta años, con cabello negro recogido cuidadosamente y una expresión seria pero tranquila. Llevaba una camisa clara y un pequeño gafete de identificación de la escuela.
Cuando vio a las cuatro estudiantes, dejó el bolígrafo sobre la mesa.
—Así que ustedes son las chicas que quieren saber sobre el informe.
Lin asintió.
—Sí, señora.
La mujer miró el reloj.
—Tenemos cinco minutos.
Wang Ji miró a Lin.
Lin tomó aire.
—Queremos saber por qué el profesor Chen está siendo considerado para un cambio de asignación.
La mujer permaneció en silencio durante unos segundos.
—No puedo contarles información confidencial.
—Lo entendemos —dijo Su Lan—. No queremos conocer datos personales. Solo queremos comprender qué está sucediendo.
La mujer las observó cuidadosamente.
—¿Por qué les importa tanto?
Ninguna respondió inmediatamente.
Finalmente Lin habló.
—Porque el rumor está afectando al profesor y a la escuela. Todos están hablando de él sin saber qué ocurre realmente.
La mujer bajó la mirada.
—Eso suele pasar cuando la información se filtra antes de tiempo.
Chen Mai preguntó:
—Entonces, ¿el rumor comenzó por una filtración?
La mujer no respondió directamente.
Pero su silencio fue suficiente.
Wang Ji se inclinó ligeramente.
—¿El informe tiene relación con la Fundación Shen?
La mujer levantó la mirada.
Su expresión cambió.
Fue apenas un instante.
Pero las cuatro lo notaron.
—¿Quién les habló de la fundación?
Su Lan respondió:
—Encontramos información en los archivos institucionales.
La mujer suspiró.
—Deberían tener cuidado con lo que buscan.
Lin preguntó:
—¿Por qué?
La mujer miró hacia la puerta antes de responder.
—Porque hay información que puede generar problemas si se interpreta incorrectamente.
Wang Ji frunció el ceño.
—Entonces, ¿qué contiene el informe?
La mujer se quedó callada.
El reloj avanzó.
Un minuto.
Dos.
Finalmente habló.
—Hace algunos meses, el profesor Chen descubrió irregularidades en uno de los programas académicos financiados por la Fundación Shen.
Las cuatro quedaron inmóviles.
—¿Irregularidades? —repitió Chen Mai.
—Sí.
Lin preguntó:
—¿Qué clase de irregularidades?
La mujer negó con la cabeza.
—No puedo decirlo.
—¿Pero eran graves?
La mujer la miró directamente.
—Lo suficiente como para que él presentara un informe.
Lin sintió un escalofrío.
—Entonces el informe fue escrito por él.
—Sí.
Su Lan preguntó:
—¿Y qué ocurrió después?
La mujer bajó la voz.
—El informe desapareció.
Las cuatro se miraron.
—¿Desapareció? —repitió Wang Ji.
—Sí.
—¿Cómo?
—No lo sé.
—¿Y el profesor Chen?
—Insistió en que debía investigarse.
Chen Mai comenzó a comprender.
—Y por eso surgió el conflicto.
La mujer asintió lentamente.
—Después de eso comenzaron las discusiones.
Lin miró el reloj.
Ya habían pasado casi los cinco minutos.
Pero antes de que pudieran marcharse, la mujer añadió:
—Hay algo más.
Las cuatro levantaron la cabeza.
—El profesor Chen hizo una copia del informe antes de entregarlo.
El corazón de Lin pareció detenerse por un instante.
—¿Dónde está esa copia?
La mujer miró hacia la puerta.
—Eso es precisamente lo que nadie sabe.
En ese momento se escucharon pasos en el pasillo.
La mujer se levantó inmediatamente.
—Tienen que irse.
Wang Ji guardó la libreta.
—Pero...
—Ahora.
Las cuatro salieron rápidamente.
Cuando cerraron la puerta, escucharon voces acercándose.
El estudiante de tercer año las miró.
—¿Qué pasó?
Lin respondió en voz baja.
—El informe desapareció.
El chico abrió los ojos.
—¿Qué?
—Y el profesor tenía una copia.
Su Lan añadió:
—Pero nadie sabe dónde está.
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Las cuatro regresaron al patio.
La lluvia había comenzado a caer con mayor intensidad y los estudiantes corrían hacia los edificios para protegerse. El suelo estaba cubierto de pequeñas gotas y las ramas de los árboles se movían con fuerza debido al viento.
Wang Ji abrió su libreta.
—Entonces tenemos una nueva pregunta.
Chen Mai la miró.
—¿Dónde está la copia?
—Exactamente.
Lin permaneció en silencio.
Recordó la carpeta.
El sobre confidencial.
La conversación.
La negativa de Chen Yi Shen a firmar.
Y ahora aquella copia.
—Creo que el profesor todavía la tiene.
Su Lan negó lentamente.
—¿Por qué?
—Porque si alguien intentó desaparecer el informe original, él no confiaría en dejar la copia en la escuela.
Chen Mai asintió.
—Tiene sentido.
Wang Ji guardó la libreta.
—Entonces tenemos que averiguar dónde la guarda.
Lin inmediatamente negó.
—No.
Las otras la miraron.
—No podemos buscar entre sus cosas.
—¿Entonces qué hacemos?
Lin miró hacia las ventanas del edificio.
—Esperamos.
—¿A qué?
—A que él mismo nos dé una pista.
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Aquella tarde, cuando la escuela comenzaba a quedar vacía, Lin regresó al aula para recoger un libro que había olvidado.
Caminó por el pasillo con pasos tranquilos.
Pero al llegar cerca del laboratorio de química, escuchó una voz.
La puerta estaba entreabierta.
Era Chen Yi Shen.
Lin se detuvo.
—No puedo entregar la copia todavía —decía el profesor—. No hasta estar seguro de quién está detrás de esto.
Hubo un silencio.
Después otra voz respondió desde el interior.
Lin no pudo distinguir las palabras.
Chen Yi Shen continuó:
—Si descubren que todavía la tengo, podrían intentar destruirla también.
Lin abrió los ojos.
Retrocedió un paso.
No quería escuchar más.
Pero antes de marcharse, oyó una última frase.
—La copia está a salvo. Nadie de la escuela sabe dónde está.
Lin se alejó rápidamente por el pasillo.
Esta vez no tenía ninguna duda.
El profesor Chen conservaba la prueba.
Y alguien estaba intentando encontrarla.