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LA MALDICIÓN DE LAS ROSAS DORADAS

LA MALDICIÓN DE LAS ROSAS DORADAS

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Brujas / Amor eterno / Completas
Popularitas:964
Nilai: 5
nombre de autor: mailyn rodriguez

En un antiguo reino cubierto de secretos, el emperador Aurelius Devereaux vive bajo una maldición que lo convierte lentamente en el monstruo que todos temen. Frío, obstinado y poderoso, ha perdido toda esperanza de volver a sentir amor.

Cuando Seraphina, una joven cálida, hermosa y rebelde, es obligada a casarse con él para cumplir un antiguo pacto familiar, llega al enorme palacio sin imaginar el destino que la espera.

Aurelius la considera una molestia que amenaza su autoridad, mientras Seraphina solo ve en él a un hombre cruel y maldito. Sin embargo, la aparición de misteriosas rosas doradas anuncia que sus vidas están unidas por una magia más antigua que el propio imperio.

Ninguno sabe que Seraphina podría ser la única capaz de salvar al emperador… y romper la maldición que lo condena.

NovelToon tiene autorización de mailyn rodriguez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 24: La noche de los esposos

La puerta de la habitación se cerró después de que los últimos sirvientes abandonaron el lugar.

Seraphina permaneció junto a la ventana, con las manos unidas sobre el vientre. mientras que Aurelius seguia acostado en el divan, El vestido de novia seguía cubriendo su cuerpo, aunque el velo descansaba sobre una silla y la corona había sido retirada de su cabello.

Aurelius se encontraba cerca de la chimenea. Ninguno hablaba.

Afuera, las campanas anunciaban que el imperio tenía una nueva emperatriz. Dentro de la habitación, solo se escuchaba el crepitar del fuego.

—Puedes cambiar de opinión —dijo Aurelius.

Seraphina volvió el rostro.

—¿Sobre qué?

—Sobre esta noche.

Ella lo observó en silencio. Su expresión era seria, aunque en sus ojos había una inquietud que intentaba ocultar.

—Somos esposos —respondió ella.

—Eso no significa que tengas que hacer algo que no deseas.

—¿Y usted qué desea?

Aurelius tardó en contestar.

—Deseo acercarme a ti. Pero no quiero que pienses que la ceremonia me dio derecho sobre tu cuerpo.

Las palabras sorprendieron a Seraphina. Durante semanas había esperado que él actuara como un hombre acostumbrado a conseguir todo lo que quería. Sin embargo, Aurelius permanecía frente a ella, esperando una decisión.

Seraphina caminó lentamente hacia él.

—No quiero que lo haga por el pacto —dijo.

—No lo haré.

—Tampoco por la maldición.

—Tampoco.

—Entonces hágalo porque me desea a mí.

La mirada de Aurelius se oscureció.

—Te deseo a ti.

Seraphina sintió que el corazón le golpeaba con fuerza. Él levantó una mano y le acarició el rostro, dándole tiempo para apartarse. Ella no lo hizo.

Aurelius se inclinó y la besó.

El beso comenzó con cuidado, pero pronto se volvió más profundo. Seraphina apoyó las manos sobre su pecho y sintió el latido acelerado de su corazón bajo la tela. Aurelius rodeó su cintura, acercándola con delicadeza.

Ella no se apartó.

El temor de Seraphina no desapareció de inmediato, pero Aurelius no intentó apresurarla. Cada gesto parecía preguntarle si podía continuar, y ella respondía acercándose más, aprendiendo a confiar en el hombre que todos llamaban monstruo, y que ella comenzaba a amar.

Por primera vez, no había órdenes, pactos ni espectadores. Solo existían ellos, la habitación iluminada por el fuego y la respiración entrecortada que compartían.

Aurelius besó su frente, sus mejillas y volvió a sus labios. Seraphina cerró los ojos, vencida por la confianza que lentamente nacía entre ambos.

—Si quieres que me detenga, dilo —susurró él.

—No quiero que te detengas.

Aurelius la miró con intensidad.

—¿Estás segura?

Seraphina tomó su rostro entre las manos.

—Sí.

La llevó hacia la cama con una ternura que contrastaba con su fuerza. El vestido dorado cayó suavemente alrededor de ambos, mientras las velas proyectaban sombras sobre las paredes. Aurelius tenía a Seraphina completamente en sus manos cubierta con su cuerpo. la beso en los labios bajo a sus pecho los beso y acarició con mucha dedicación cada uno le tomó su tiempo siguió bajando hasta llegar al lugar prohibido, abrio sus piernas Seraphina temblaba pero no de miedo de pasión.

Aurerio tomó su tiempo la hizo gemir sentir y llegar al ectasi.

cuando subió el rostro de Seraphina estaba Rojo, no la dejo descansar se posiciono, ella le pregunto me va a doler, Aurelius respondió Si Seraphina abrio los ojos como platos.

Aurelius fue entrando poco a poco Seraphina sentía mucho dolor tenía lagrimas en sus ojos, Aurelius cuando pudo entrar por completo la dejo para que se acostumbrará a el, y empezó con pequeñas estocadas, Seraphina era la mujer mas bella que Aurelius podía haber poseído era tímida, inexperta. Aurelius se sentía lleno teniéndola en sus brazos. Aurelius depositó sus fluidos dentro de Seraphina. los dos quedaron exautos.

La noche avanzó entre caricias, besos y palabras susurradas. Seraphina descubrió que la dureza de Aurelius desaparecía cuando la tocaba con cuidado. Él, por su parte, comprendió que la joven que había llegado al palacio no era una obligación, sino una mujer capaz de elegirlo.

Cuando las llamas comenzaron a extinguirse, las rosas doradas del jardín florecieron al mismo tiempo.

Su resplandor atravesó las ventanas y cubrió la habitación con una luz cálida.

Aurelius permaneció junto a Seraphina, sosteniéndola entre sus brazos. Ella descansaba contra su pecho, agotada y tranquila.

—¿Te arrepientes? —preguntó él.

Seraphina levantó la mirada.

—Todavía no.

Aurelius sonrió.

Bajo su piel, las espinas de la maldición retrocedieron por primera vez.

Y en las profundidades del palacio, la criatura gritó al comprender que el corazón del emperador había comenzado a elegir.

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