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Mi ex quiere volver. Yo espero gemelos del magnate

Mi ex quiere volver. Yo espero gemelos del magnate

Status: Terminada
Genre:Venganza / Mujer poderosa / Posesivo / Mujer despreciada / Amante arrepentido / Embarazo no planeado / Completas
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Leslie Michelle Gonz

Mi esposo quería quedarse con mis bebés, criarlos con su amante y echarme después del parto.
Pero mis gemelos no eran suyos.
La clínica había usado por error la muestra de Jerónimo Alcántara, el magnate más temido de México.
Decidí divorciarme, recuperar mi dinero y sacar a la luz las mentiras de los Cardona. Rodrigo creía que yo no era nadie sin su apellido. Pronto descubriría cuánto le iba a costar haberme subestimado.
La esposa que había humillado era V, una artista reconocida. Y el hombre al que él jamás se atrevería a desafiar llevaba tiempo buscándome.
Mientras mi matrimonio se derrumbaba, Jerónimo empezó a hacer algo que mi esposo nunca había hecho: escucharme, protegerme y tomarse en serio lo que yo quería.
Ahora mi ex me ruega que vuelva.
Pero el padre de mis gemelos quiere casarse conmigo.
Y yo no pienso volver con el hombre que quiso quitarme a mis hijos.

NovelToon tiene autorización de Leslie Michelle Gonz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18

Capítulo 18

Prudencia miró hacia la puerta para comprobar que estuviéramos solas.

—Puedo dejarte protegida —dijo—. Con bienes a tu nombre. Con una posición en esta familia que nadie te quite.

Me incliné a recoger los zapatos.

—¿A cambio de qué?

—De que frenes esto. De que dejes que lo resolvamos en casa.

No hablaba de Ámbar ni del matrimonio. Hablaba de los documentos, de las llamadas a la fundación, de mi decisión de dejar de guardarles las apariencias.

Me puse un zapato y tardé en acomodar el talón. Necesitaba ese segundo para no responderle desde la rabia.

—Yo la quiero, abuela. No puedo usar eso para seguir viviendo así.

—También puedo cerrar puertas, Renata.

La miré.

Fue una amenaza breve, sin levantar la voz. La mujer que me había regalado su brazalete seguía allí. También esta otra, dispuesta a usar lo que sabía de mí para proteger a su nieto.

No tuve que elegir cuál era la verdadera.

—Si quiere castigarme por irme, no puedo evitarlo —le dije—. Pero no voy a volver por miedo.

Prudencia apartó la vista hacia la mesa. Durante un momento pensé que iba a llorar y sentí el impulso de retirar lo dicho.

No lo retiré.

La ayudé a girar la silla cuando me pidió salir. Herlinda la esperaba afuera. Nos despedimos sin abrazarnos.

Rodrigo llamó durante la madrugada. No contesté. A primera hora, mi abogada confirmó la reunión con su equipo en las oficinas de Santa Fe. Él había pedido hablar del convenio después del escándalo.

Fui con ella y con Poncho.

Rodrigo se levantó al verme entrar.

—Mi papá no ha dormido. Tres patrocinadores quieren suspender…

La abogada le pidió que llamara a su representante antes de empezar. No habíamos ido a discutir otra vez sin que quedara claro qué se acordaba.

Cuando estuvieron todos, puse el teléfono sobre el escritorio.

Reproduje el audio del día siguiente al ultrasonido. Mi voz preguntaba qué pasaría cuando nacieran. La suya prometía dinero y ayuda, y al fondo se oía a Ámbar: “Me prometiste que para entonces ya se habría ido”.

Rodrigo bajó los ojos.

—No era lo que estaba pensando —dijo.

—Era lo que estaban hablando —respondí.

Guardé el teléfono. Mi abogada tenía el archivo original y las copias. Rodrigo me miró como si todavía pudiera pedirme que lo borrara delante de él.

Después le mostré las transferencias.

Parte del apoyo de la familia a Ámbar ya se había publicado. Aquella carpeta era más completa: estados de cuenta, facturas y autorizaciones que permitían seguir los pagos durante años. Todavía no habían salido a la prensa.

—No todo ese dinero era tuyo para disponer de él —le dije.

Su abogado pidió ver las hojas. Rodrigo quiso adelantarse para explicar una firma y luego se calló.

Ofelia entró sin esperar a que la anunciaran.

—¿Cuánto quiere? —preguntó a la mesa entera.

Mi abogada le indicó que estaban revisando un convenio. Yo dejé que terminara antes de responder.

—Quiero que retiren las amenazas contra mí. Que dejen de tratar mis documentos como suyos. Y que no usen a los niños para obligarme a negociar.

Ofelia me miró con desprecio.

—Si pensabas irte sin dinero, no habrías traído esas cuentas.

—Las traje porque ustedes decidieron que yo no tenía con qué defenderme.

La reunión duró más de lo que yo habría querido. Hubo correcciones, llamadas y dos intentos de Rodrigo por hablarme aparte. Mi abogada no permitió que la presión se convirtiera en una firma apresurada.

Al final él aceptó la propuesta de convenio y retiró las objeciones con las que había amenazado. La resolución seguía dependiendo del juzgado. Yo no salí divorciada de su oficina.

Sí salí sin haberle prometido silencio sobre lo ocurrido en la clínica.

Cuando guardaba el teléfono, Rodrigo me pidió un momento.

—¿De verdad no queda nada?

Lo miré. Quise que mi respuesta fuera sencilla y no lo era.

—Quedó mucho que voy a tener que arreglar —le dije—. Tú ya no vas a ser parte de eso.

En el pasillo nos esperaba Tadeo.

Llevaba el maletín de siempre. Al ver a Poncho, pareció reconsiderar la idea de acercarse. Yo me detuve.

—Si viene a hablar de mi expediente, hable delante de ellos.

—Es de otra parte del expediente.

Abrió el maletín apenas lo suficiente para mostrarme un cuaderno y volvió a cerrarlo al oír la puerta de la oficina.

—No aquí.

Fuimos a un pequeño salón junto al ascensor. La abogada cerró la puerta. Tadeo se sentó sin que nadie lo invitara.

—Hace catorce meses —empezó—, cuando perdió el primer embarazo, yo firmé el informe posterior.

Recordé la sábana de aquella cama. Una mancha pequeña al principio. Rodrigo diciéndome que dejara de revisar y Tadeo evitando mi pregunta cuando quise saber qué había hecho mal.

—Me hablaron de una infección —dije.

El médico asintió.

—Ocultamos que le habían administrado un medicamento. Por orden de Ofelia.

Puso el cuaderno sobre la mesa, abierto en una página marcada. Había fechas, una compra y una anotación que llevaba su firma.

No pude leerla de corrido.

—¿Esto demuestra que…?

—Hay que revisar todo con peritos —intervino la abogada—. No vamos a sacar conclusiones solo de una hoja.

Tadeo no la contradijo.

—Pero la administración existió —dijo—. Y la oculté. Usted no la autorizó.

Le pregunté por qué había esperado.

Abrió las manos sobre las rodillas y no encontró una respuesta que quisiera decir en voz alta.

La abogada pidió preservar el original. Poncho se quedó a coordinarlo mientras yo miraba la fecha.

Había pasado más de un año disculpándome con Rodrigo por aquel embarazo.

No recordaba una sola vez en que él me hubiera dicho que yo no tenía la culpa.

1
Mar Sol
¡¡Hay Dios!! si Jerónimo cuida a Renata sin saber lo de los bebés, pues ahora más la va a cuidar, por que ya investigó quien lo va hacer padre.
Gloria...🇻🇪
La manzanilla no es buena para las embarazadas
Mar Sol
Rodrigo es un cretino, infiel, no merece ni un gramo de consideración de parte de Renata, afortunadamente, Jerónimo está pendiente de ella.
Mar Sol
Jerónimo, acertadamente se acercó a la persona que puede ayudar a su hermana.
Mar Sol
Horrible persona es Ofelia, necesita un escarmiento por entrometida y despreciable.
Mar Sol
Jerónimo se dió cuenta que ella es V.
Mar Sol
¡¡que horror!! Rodrigo es un poco hombre, Ofelia y Ámbar, son unas descaradas.
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