Irina una chica que desde que murió sus padres le tocó trabajar duro para salir adelante. encontró un trabajo en un bar y un señor intento violarla pero el dueño del bar que es el dueño de la mafia más poderosa de Inglaterra la defendió y la llevo con el para hacerla su esposa.
y así comenzó el nacimiento de romanovsky
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capitulo 8
Irina
Un año después.
Ya habían pasado un año desde que llegué a esta casa. Como todos los días, tenía entrenamiento, así que le di un beso a Dimitri, que estaba a mi lado, y fui al cuarto para cambiarme.
En estos meses Dimitri se volvió más romántico; siempre me sorprende con algo nuevo. Cuando me pidió que fuera su esposa, me llevó hasta Francia y alquiló toda la Torre Eiffel solo para nosotros. Cuando subimos hasta la cima, viendo toda la ciudad, me pidió que me casara con él.
Dentro de poco va a ser nuestra boda y estoy muy emocionada porque quiero elegir la fecha rápido. Aunque sé que él no es de expresar sus sentimientos, hizo el intento y le salió increíble.
Me quité el vestido que tenía puesto y me coloqué un short y un top, como siempre lo hacía para sentirme cómoda. Cuando bajé las escaleras, fui hasta el patio, donde todo estaba organizado para la práctica.
Durante este año aprendí a disparar y a pelear. Ahora ya no caigo como la primera vez, sino que yo los hago caer a ellos. Comencé a entrenar con alguno de los hombres; disparamos y luego peleamos, y como siempre, gané yo.
Cuando terminé de entrenar, me puse un vestido negro que resaltaba todas las curvas de mi cuerpo. Me acerqué por detrás al ver a Dimitri con su traje; le queda increíble junto a su cabello castaño y esos ojos color miel que me vuelven loca.
—¿Nos vamos, querida? —me dio la mano y salimos de la habitación.
Organicé a mis hombres y les dije a qué sujeto quería y que lo quería vivo. Me robó una mercancía hace dos meses y me costó encontrarlo, pero vaya que lo encontré, porque con los Romanovsky nadie se mete.
Me subí al auto con Dimitri. Mientras el carro estaba en marcha, me acomodé a horcajadas encima de él y lo besé; me encanta cómo se sienten sus labios en los míos.
Le quité la correa y me elevé un poco para que se bajara los pantalones y los calzoncillos.
—Quisiera saber por qué te gusta hacer esto en el auto.
—No sé, solo me gusta hacerlo antes de que los socios me comiencen a estresarme.
Metió la mano debajo del vestido, haciendo a un lado mi ropa interior. Posicioné su pene en mi entrada y me dejé caer de una estocada. Aunque estaba uno de mis hombres manejando, seguí dando saltos encima de él. Dimitri volvió a meter la mano bajo el vestido y comenzó a frotar mi clítoris con desespero, lo que me volvió loca. Llegué a mi clímax, bajé de él y me acomodé la ropa interior y el vestido.
—Si matamos a ese man hoy, vas a tener doble premio. Y ustedes también —le dije al hombre que manejaba.
—No vas a apostar más —dijo Dimitri mientras se acomodaba el pantalón.
—Aposté cincuenta millones a que lo agarraba hoy y lo torturaba. Tuve que reclamar el dinero de una vez, porque de mí nadie se escapa —dije con una sonrisa en los labios...