Jade desafía el poder de Derek y se niega a ceder ante su arrogancia, mientras una atracción peligrosa amenaza sus límites.
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CAPÍTULO 6
Jade llegó a Essence.
Apenas entró a la oficina, Ivette levantó la mirada desde su escritorio. Llevaba varios minutos esperando noticias después de la extraña reunión que había tenido con Derek.
No necesitó preguntar demasiado.
La expresión de Jade ya le decía que algo había ocurrido.
—¿Qué ocurrió? —preguntó Ivette—. ¿Qué hiciste... Jade Castillo?
Jade dejó su bolso sobre el escritorio y sacó una carpeta.
—Dije que firmaría, ¿no? Aquí está el duplicado del contrato.
Ivette tomó la carpeta y comenzó a revisarla.
Sus ojos se iluminaron al reconocer el documento firmado.
—¡Eres la mejor!
Le dio un abrazo rápido antes de volver a mirar el contrato.
—Pero, ¿qué hiciste?...Te conozco.
Jade se dejó caer en una silla.
—Nada que tú no harías.
Ivette la miró con desconfianza.
—Eso no responde mi pregunta.
—Mañana debo irme de viaje por unos días.
Ivette dejó la carpeta sobre el escritorio.
—¿De viaje?
—Sí.
—¿A dónde?
—Al mar.
Ivette abrió los ojos.
—¿Qué?
Jade soltó un suspiro.
—El arrogante Moncada piensa que va a intimidarme. Quiere que conozca el trabajo de cerca y que vaya a uno de sus buques con él y la tripulación.
—¿Y aceptaste?
—Por supuesto.
—Jade...
—He investigado lo suficiente para hacer la propuesta que él mismo firmó. No debe ser tan difícil.
Ivette cruzó los brazos.
—Espero que no te equivoques.
—No me voy a equivocar.
—Eso espero.
Jade tomó nuevamente la carpeta y la abrió.
—Tengo claro lo que estoy haciendo.
Ivette la observó durante unos segundos y luego sonrió.
—Ustedes parecen una pareja.
Jade levantó la cabeza de inmediato.
—¿Qué?
—Digo que parecen una pareja. Se la pasan desafiándose, discutiendo y buscando cualquier excusa para volver a verse.
Jade hizo una mueca.
—Dios me libre...
Ivette comenzó a reír.
—No pongas esa cara.
—No hay ni habrá nada entre ese hombre y yo.
—Todavía.
—Ivette.
—Está bien, está bien.
Jade tomó la carpeta y se levantó.
—Mañana me voy al mar, consigo cerrarle la boca a ese arrogante.
—¿Y si consigue hacerte perder la paciencia?
Jade sonrió.
—Entonces tendrá que esforzarse mucho más.
Ivette negó con la cabeza.
Conociendo a su amiga, estaba segura de que aquellos días en altamar serían cualquier cosa menos tranquilos.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Esa noche...
Derek decidió ir a cenar con sus padres.
Había pasado tiempo desde la última vez que se habían sentado juntos. Dafne y Agustín siempre habían entendido las responsabilidades de su hijo, pero eso no significaba que no lo extrañaran.
—Por fin apareces —dijo Dafne en cuanto lo vio entrar.
Derek sonrió y se acercó para abrazarla.
—También me alegra verte, mamá.
—Eso dices porque sabes que voy a regañarte.
—¿Vas a hacerlo?
—Claro que sí.
Agustín soltó una risa desde el comedor.
—Déjalo entrar primero, mujer.
Derek saludó a su padre con un abrazo y luego los tres se sentaron a cenar.
Durante los primeros minutos hablaron de cosas triviales.
Pero su madre no tardó en sacar el tema que llevaba tiempo queriendo hablar.
—Te extrañamos.
Derek dejó los cubiertos sobre el plato y la miró.
—Yo también los extrañe.
—Entonces vuelve a casa —dijo Agustín.
Derek negó suavemente con la cabeza.
—Estoy bien viviendo solo.
—No estamos diciendo que no puedas hacerlo —respondió su padre—. Sabemos que eres independiente. Pero una cosa es vivir solo y otra alejarte de tu familia.
—No me he alejado.
Dafne lo miró con una sonrisa.
—¿Cuándo fue la última vez que viniste a cenar con nosotros?
Derek se quedó pensativo.
—No lo sé.
—¿Ves?
Él sonrió.
—Está bien. Tienen razón.
Agustín levantó su copa.
—No queremos presionarte. Solo queremos que recuerdes que esta también es tu casa.
Derek asintió.
—Lo sé.
Sus padres nunca habían sido de imponerle decisiones. Lo habían apoyado desde que comenzó a asumir responsabilidades dentro de los buques y la empresa y, aunque algunas veces no estaban de acuerdo con sus decisiones, siempre habían sabido aconsejarlo sin intentar decidir por él.
La conversación continuó entre bromas y recuerdos familiares.
Hasta que Agustín preguntó:
—¿Y mañana tienes trabajo?
Derek tomó nuevamente sus cubiertos.
—Sí. Voy a salir de pesca.
Dafne levantó la mirada.
—¿Tú?
—Sí. Estaré unos días en uno de los buques.
—Eso no lo hacías desde hace tiempo —comentó Agustín.
—Precisamente. Emilio y yo estuvimos hablando de eso hace unos días.
Derek hizo una pausa antes de añadir:
—Además, tengo que llevar a alguien conmigo.
Su madre lo observó.
—¿A quién?
—A la publicista que llevará la nueva campaña.
Dafne dejó los cubiertos sobre el plato.
—¿La publicista?
—Sí.
—¿Y por qué tiene que ir contigo al buque?
—Porque necesita conocer el proceso. Quiere hacer una campaña para la empresa y le pedí que viera cómo trabajamos realmente. La tripulación, los barcos, la pesca... todo.
Agustín asintió.
—Eso tiene sentido. Si va a trabajar con la imagen de la empresa, debe conocerla desde dentro.
—Exactamente.
Derek continuó comiendo como si nada.
Pero Dafne lo observaba.
Había algo en su voz.
Una ligera diferencia cuando hablaba de aquella mujer.
—¿Y cómo se llama? —preguntó ella casualmente.
Derek levantó la mirada.
—Jade Castillo.
Dafne sonrió.
—Parece que ya recuerdas su nombre bastante bien.
Derek frunció el ceño.
—Es la dueña de la agencia. Necesito saber quién está trabajando con nosotros.
—Claro —respondió su madre, sin borrar la sonrisa.
Agustín miró a su esposa y luego a su hijo.
—¿Y qué tal es?
Derek se recostó ligeramente en la silla.
—Es buena en su trabajo.
—Eso no fue lo que preguntó tu padre —intervino Dafne.
Derek soltó una pequeña risa.
—Es... difícil.
—¿Difícil?
—Tiene carácter.
Su madre intercambió una mirada con Agustín.
—Eso parece haberte llamado la atención.
—Mamá...
—Solo digo.
Derek negó con la cabeza.
—Me desafió desde el primer momento. Cree que puede venir a decirme cómo hacer las cosas en mi propia empresa.
—¿Y puede? —preguntó Agustín con una sonrisa.
Derek lo miró.
—No lo sé. Por eso quiero que vaya al buque.
Dafne sonrió nuevamente.
—Entonces será interesante.
—Es trabajo.
—Por supuesto.
Derek conocía demasiado bien ese tono de su madre.
—No empieces.
—No he dicho nada.
Agustín soltó una carcajada.
—Tu madre no necesita decirlo.
Derek negó con la cabeza, divertido.
La cena continuó entre conversaciones y bromas.
Y aunque para él aquella salida al mar solo tenía un propósito profesional y demostrativo, Dafne había notado algo que su hijo todavía se negaba a reconocer.
Cada vez que hablaba de Jade Castillo, su voz cambiaba ligeramente.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Dafne Espinosa de Moncada.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Agustín Moncada.
oria parece muy interesante espero con ansia los próximos capitulos