Una simple clase de química despertará sentimientos que Lin Yu Tong jamás imaginó… y la llevará a descubrir un secreto que alguien ha intentado ocultar durante cinco años.
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Capítulo:5 Después de clases
El cielo de la tarde estaba teñido de tonos anaranjados y rosados.
Las últimas horas de luz se reflejaban sobre las ventanas del edificio escolar, haciendo que los cristales parecieran pequeñas placas doradas. Poco a poco, el patio comenzó a quedarse vacío. Los estudiantes abandonaban la institución en pequeños grupos, algunos caminando hacia sus casas, otros dirigiéndose a las tiendas cercanas y varios esperando a sus padres frente a la entrada principal.
Lin Yu Tong salió del edificio acompañada por Chen Mai y Wang Ji.
Sin embargo, a diferencia de los otros días, Lin Yu Tong estaba mucho más callada.
Caminaba con las manos sujetando las correas de su mochila mientras observaba distraídamente el camino que tenía delante. De vez en cuando levantaba la mirada hacia el enorme edificio de la escuela, como si esperara encontrar alguna respuesta escondida detrás de aquellas ventanas.
Chen Mai se dio cuenta.
—Sigues pensando en el rumor, ¿verdad?
Lin Yu Tong bajó la mirada.
—No.
Wang Ji, que caminaba junto a ellas con la patineta bajo el brazo, soltó una pequeña risa.
—Mientes fatal.
—No estoy mintiendo.
—Entonces dime por qué llevas todo el camino mirando hacia atrás.
Lin Yu Tong se detuvo.
—¿Lo estaba haciendo?
—Sí —respondieron Wang Ji y Chen Mai al mismo tiempo.
Lin Yu Tong se quedó en silencio.
Una ligera brisa pasó entre las tres y levantó algunos mechones de sus cabellos. A lo lejos se escuchaba el ruido de los automóviles circulando por la avenida y el murmullo de los estudiantes que todavía permanecían cerca de la escuela.
—Solo me parece extraño —admitió finalmente Lin Yu Tong—. El profesor Chen acaba de llegar y ya están diciendo que podría marcharse.
Chen Mai acomodó su cabello detrás de la oreja.
—Pero todavía no sabemos si el rumor es cierto.
—Exactamente —intervino Wang Ji—. Y los rumores de esta escuela cambian cada cinco minutos.
Lin Yu Tong la miró.
—¿A qué te refieres?
Wang Ji levantó los dedos y comenzó a contar.
—La semana pasada dijeron que el director iba a renunciar. Después dijeron que iban a cerrar el gimnasio. Ayer alguien aseguró que una estudiante de tercero había ganado un concurso nacional sin siquiera participar.
Chen Mai soltó una carcajada.
—Eso último ni siquiera tiene sentido.
—Lo sé.
—Entonces, ¿por qué crees los rumores?
Wang Ji se encogió de hombros.
—No dije que los creyera. Solo dije que son entretenidos.
Lin Yu Tong sonrió ligeramente.
—Eres imposible.
—Ya me lo has dicho.
Las tres continuaron caminando.
La calle que se encontraba frente a la escuela estaba mucho más tranquila que durante la mañana. Los puestos pequeños que se encontraban junto a la acera comenzaban a encender sus luces, mientras algunos vendedores organizaban sus productos para la noche.
El aroma de los alimentos recién preparados flotaba en el aire.
Wang Ji se detuvo frente a uno de los puestos.
—Tengo hambre.
Chen Mai la miró.
—Hace dos horas comiste.
—Eso fue hace dos horas.
—¿Y?
—Mi estómago ha trabajado muchísimo desde entonces.
Lin Yu Tong se rio.
—¿Qué quieres comer?
Wang Ji señaló el puesto.
—Eso.
—¿Brochetas?
—Sí.
Chen Mai suspiró.
—Está bien. Pero solo una.
Wang Ji sonrió.
—Dos.
—Una.
—Dos.
—Una.
—Una y media.
Chen Mai la miró fijamente.
—¿Cómo se supone que vas a comer media brocheta?
Wang Ji se quedó pensando.
—Es un problema que resolveré cuando llegue el momento.
Las tres comenzaron a reír.
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Después de comprar algunos alimentos, se sentaron en una pequeña banca situada cerca de la acera.
El sol comenzaba a desaparecer detrás de los edificios.
El cielo había adquirido un tono más oscuro y las luces de los comercios comenzaban a iluminar la calle.
Durante unos minutos, hablaron de cosas completamente normales.
De las tareas.
De los profesores.
De la próxima prueba.
De la presentación grupal que debían preparar.
Su Lan también había quedado incluida en el grupo, por lo que decidieron escribirle más tarde para organizarse.
Pero tarde o temprano, la conversación regresó al mismo punto.
—Hay algo que no entiendo —dijo Chen Mai.
Lin Yu Tong levantó la mirada.
—¿Qué?
—Si el profesor Chen realmente fuera a marcharse, ¿por qué nadie nos lo ha comunicado oficialmente?
Wang Ji asintió.
—Exactamente.
Lin Yu Tong permaneció pensativa.
—Quizá todavía no es seguro.
—Puede ser —respondió Chen Mai.
Wang Ji dejó la brocheta sobre la envoltura.
—Entonces mañana podemos investigar.
Lin Yu Tong abrió los ojos.
—¿Investigar?
—Sí.
—¿Cómo?
Wang Ji sonrió.
—Preguntando.
Chen Mai negó con la cabeza.
—Por favor, dime que no estás pensando en meterte en la sala de profesores.
—No.
—Bien.
—Todavía.
—¡Wang Ji!
Las tres volvieron a reír.
Sin embargo, detrás de las bromas había una curiosidad que ninguna de ellas podía negar.
El rumor había conseguido despertar el interés de todos.
Y cuanto más hablaban sobre él, más preguntas aparecían.
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Cuando finalmente se despidieron, la calle estaba comenzando a oscurecer.
Chen Mai fue la primera en marcharse.
—Nos vemos mañana.
—¡Adiós! —respondió Wang Ji.
Lin Yu Tong levantó una mano.
—Cuídate.
Después de unos minutos, Wang Ji también se preparó para irse.
Colocó su patineta sobre el suelo y apoyó un pie encima.
—Nos vemos mañana, Yu Tong.
—Adiós.
Wang Ji comenzó a avanzar, pero después de unos metros se detuvo.
Se giró.
—¡Y deja de pensar en el profesor!
Lin Yu Tong abrió los ojos.
—¡Wang Ji!
La chica soltó una carcajada y continuó alejándose.
Lin Yu Tong negó con la cabeza mientras sonreía.
Después emprendió el camino hacia su casa.
La noche había comenzado a cubrir la ciudad.
Las luces de las calles se encendían una tras otra y los automóviles circulaban lentamente por la avenida.
Lin Yu Tong caminaba tranquilamente, pero su mente seguía en la escuela.
En el aula.
En aquel rumor.
Y en la imagen del profesor Chen caminando por el pasillo con aquella expresión seria.
Intentó apartar aquellos pensamientos.
No tenía sentido preocuparse por algo que quizá ni siquiera fuera verdad.
Sin embargo, justo cuando estaba por doblar una esquina, escuchó una voz conocida.
—¿Lin Yu Tong?
Ella se detuvo.
Se giró lentamente.
Y sus ojos se abrieron con sorpresa.
A unos metros de distancia se encontraba alguien a quien no esperaba encontrarse allí.
Era Chen Yi Shen.
El profesor de química.
Por primera vez, ambos se encontraban fuera de la escuela.
Lin Yu Tong se quedó completamente inmóvil.
Chen Yi Shen parecía igualmente sorprendido de verla.
Durante unos segundos ninguno dijo nada.
La ciudad continuó moviéndose a su alrededor, completamente indiferente a aquel encuentro inesperado.
Finalmente, él habló.
—¿Vives por aquí?
Lin Yu Tong tardó un momento en reaccionar.
—Sí, profesor.
Chen Yi Shen asintió.
—Entiendo.
Hubo un breve silencio.
Lin Yu Tong recordó entonces el rumor de aquella tarde.
Quiso preguntarle si realmente pensaba marcharse.
Pero no se atrevió.
—Profesor...
Chen Yi Shen la miró.
—¿Sí?
Lin Yu Tong apretó ligeramente las correas de su mochila.
—¿Es verdad que...?
Se detuvo.
No pudo terminar la pregunta.
Chen Yi Shen pareció comprender lo que quería decir.
Su expresión cambió ligeramente.
—¿Que me voy de la escuela?
Lin Yu Tong bajó la mirada.
—Sí.
El profesor permaneció en silencio durante unos segundos.
Después respondió con tranquilidad:
—Hay cosas que todavía no están decididas.
Lin Yu Tong levantó lentamente la mirada.
Aquella respuesta no confirmaba el rumor.
Pero tampoco lo negaba.
Antes de que pudiera preguntar algo más, Chen Yi Shen se despidió.
—Deberías ir a casa. Ya está oscureciendo.
—Sí, profesor.
Él continuó su camino.
Lin Yu Tong permaneció quieta durante unos segundos, observándolo alejarse.
Después miró hacia el cielo nocturno.
Ahora tenía todavía más preguntas que antes.