¿Crees en un mundo perfecto?
Mateo con su consola sin portada... SI aunque tenga que ser por encima quien sea... Asi sea su familia... Culpable ¿SI o NO?
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LA INVESTIGACION CONTINUA.
Mateo se quedó quieto como por varios minutos frente al escritorio, mirando el alfil negro.
Lo agarró con cuidado. Pesaba mucho más de lo que debería pesar una ficha de ajedrez normal. No tenía marca, ni rayones, nada. Parecía hecha de una sola piedra bien oscura.
Le dio vuelta entre los dedos y en la base solo había una palabra: ZERO.
La puerta del cuarto seguía cerrada, la ventana también. No había forma de que alguien se hubiera metido sin que él se diera cuenta.
Miró la consola. Apagada, callada, como si nunca hubiera mostrado esa ciudad vacía donde ser perfecto significaba que no había gente.
Guardó el alfil en el cajón. Y por primera vez desde que empezó todo esto, sintió que el juego ya no era el único que movía las fichas. Había alguien más, y acababa de demostrar que podía llegar hasta él sin dejar rastro.
*Al otro día, en la Fuerza Némesis*
Los citaron de urgencia. No era la Policía ni la Fiscalía, la orden venía directo del Consejo Nacional de Seguridad.
Cuando Héctor entró a la sala de reuniones todo estaba raro. Ventanas tapadas, sin celulares, dos militares en la puerta y en el centro de la mesa un expediente totalmente negro, sin títulos, sin sellos, solo una palabra en relieve: CLASIFICADO.
Un señor de pelo blanco habló.
—De ahora en adelante todo lo que escuchen acá queda con el nivel más alto de confidencialidad.
Nadie dijo nada. El viejo abrió el expediente despacio y en la primera página estaba el mismo símbolo de la carta que le llegó a Héctor, el círculo atravesado por una línea.
—Detective Rivas, ¿usted ha escuchado de Zero?
Héctor asintió.
—Me contactó hace dos días.
El funcionario se miró con los otros.
—Entonces ya sabe más que la mayoría de este país.
Lo que dijeron después le cambió el rumbo a toda la investigación.
—Zero no trabaja oficialmente para ninguna institución, pero lleva veinte años colaborando con el Estado en secreto.
En la pantalla empezaron a salir fotos de casos viejos: secuestros internacionales, atentados, redes de trata, operaciones de inteligencia. Todos resueltos, todos casos que parecían imposibles.
—Nunca aceptó un cargo, nunca cobró un sueldo, nunca dijo quién es. Simplemente aparece, resuelve el problema y se va.
Valeria preguntó:
—Entonces... ¿trabaja para el gobierno?
El funcionario negó despacio.
—No. El gobierno trabaja con él. No es lo mismo.
La sala se quedó callada. Héctor miraba las fotos y en todas había una notica pequeña que decía "Información proporcionada por Zero". Nunca una cara, nunca un nombre, solo resultados.
—Hace años dejamos de intentar averiguar quién es. Ahora la prioridad es escucharlo, porque cada vez que apareció tenía razón.
Otro militar habló.
—Hace dos días Zero pidió colaborar oficialmente en el caso Némesis.
Héctor levantó la mirada.
—¿Y aceptaron?
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque hasta ahora es la única persona que ha logrado que Némesis cambie una decisión.
Todos pensaron de una en lo del desafío de Víctor Salas por televisión. Némesis no lo mató. Era la única vez que había pasado.
*Mientras tanto, Zero*
Estaba en un lugar que nadie podía ubicar, mirando un tablero digital gigante. No era un mapa, era toda la línea de tiempo de las muertes de Némesis. Cada víctima era una luz roja y entre ellas un montón de líneas, patrones, fechas.
La mujer que siempre anda con él revisaba informes.
—Aceptaron que colabore.
Zero apenas sonrió.
—Era obvio.
—¿Les va a contar todo?
—No.
—¿Por qué?
Amplió la imagen de las primeras doce víctimas.
—Porque todavía no entienden qué están persiguiendo. No buscan a un hombre, buscan una lógica, y esa lógica todavía no está completa.
*Mateo*
Había vuelto a la Sala de Sentencias. Cada vez había más expedientes, cada carpeta era una vida y cada decisión podía cambiarle el destino a alguien.
Pero desde que vio la ciudad vacía algo en él había cambiado. Ya no condenaba tan rápido, ahora se tomaba más tiempo para cada caso, leía, comparaba, pensaba. Necesitaba estar 100% seguro.
El Guardián apareció.
—Estás dudando.
—Estoy pensando.
—Pensar mucho te deja quieto.
Mateo levantó la vista.
—Me mostraste un mundo perfecto sin gente. ¿Ese es el futuro que me espera?
—Te mostré un camino, no un destino.
—Entonces todavía puedo elegir.
El Guardián no respondió, y ese silencio dijo más que cualquier respuesta.
*Esa tarde, Zero frente a la Fuerza Némesis*
No fue en persona, solo su voz por un sistema cifrado y la pantalla toda en negro.
—Buenas tardes.
Héctor fue el primero en hablar.
—¿Quién es usted de verdad?
—Eso no le va a servir para detener a Némesis.
—Tal vez sí.
—No.
Se hizo silencio y Zero siguió.
—Les voy a compartir tres conclusiones.
En la pantalla salió: NÉMESIS NO IMPROVISA.
—Cada víctima fue escogida después de un proceso de evaluación, no hay impulso. Eso quiere decir que antes de cada muerte hubo una decisión.
Luego salió la segunda: NÉMESIS RECHAZA EL CAOS.
—Si quisiera causar miedo mataría inocentes. Nunca lo ha hecho.
Y la tercera tardó un poco: NÉMESIS ESTÁ APRENDIENDO.
Valeria frunció el ceño.
—¿Cómo lo sabe?
—Porque cambió su comportamiento. Antes ejecutaba todas las sentencias, ahora puede aplazarlas. Eso es evolución, y toda evolución deja errores.
Héctor cruzó los brazos.
—¿Cuál cree que será su próximo paso?
La respuesta fue inmediata.
—No va a buscar más víctimas. Va a buscar legitimidad.
Eso se quedó sonando en la sala.
Cuando se acabó la reunión Héctor se quedó solo mirando esas conclusiones. Seguía con la idea de atrapar a Némesis, pero ya no lo veía solo como un asesino, era alguien que seguía un código. Un código torcido y peligroso, pero consistente. Y entender ese código podía ser la única forma de pararlo.
*En el Otro Lado*
El Guardián miraba el tablero de piedra gigante. Las fichas se movían solas. El caballo blanco que era Héctor avanzó dos casillas, el rey negro que era Mateo se quedó quieto.
Y de repente apareció una ficha nueva que no existía antes. No era alfil ni torre, era una pieza rara tallada con el símbolo del círculo atravesado.
El Guardián la miró con atención y la entidad de ojos dorados apareció detrás.
—Encontró el tablero.
—Sí.
—Eso nunca había pasado.
—Lo sé.
—¿Puede cambiar la prueba?
—No, pero puede cambiar al jugador.
*Esa noche, Mateo*
Le llegó un expediente distinto. No era de un asesino ni de un corrupto, era de un hombre que habían acusado injustamente hace años y después lo declararon inocente cuando se supo la verdad.
El sistema decía bien claro: INOCENTE.
Mateo respiró aliviado, por lo menos el juego sí sabía diferenciar.
Pero al cerrar el expediente salió otro mensaje: PRUEBA DE DISCERNIMIENTO SUPERADA.
Ahí entendió que no solo estaban probando si era capaz de condenar, también si era capaz de decir que no. Y eso lo tranquilizó un poco, aunque no mucho.
*Al mismo tiempo, Zero*
Estaba en la azotea de un edificio abandonado mirando la ciudad y la mujer se le acercó.
—¿Qué piensa?
—Que estamos muy concentrados en Némesis.
—¿Y eso es malo?
—Sí.
—¿Por qué?
Sin quitarle la vista a las luces dijo:
—Porque toda gran ilusión necesita alguien que la construya. Némesis ejecuta, pero alguien diseñó su modus operandi.
La mujer se quedó callada, nunca había pensado eso.
—¿Cree que hay otra persona?
—Más que creerlo, estoy empezando a temerlo.
El viento le movió el abrigo. En otro edificio, sin saber nada de esa charla, Mateo apagó la consola después de otra noche larga de juicios. En otra parte de la ciudad, Héctor revisaba otra vez las fotos de las víctimas.
Y desde un lugar que ninguno de los tres podía ver, el Primer Guardián miraba el tablero completo y por primera vez desde que empezó todo, sonrió. Porque el verdadero juego nunca fue perseguir a Némesis, era decidir quién iba a mover la última ficha cuando todas las demás ya hubieran caído.
CONTINUARA...