holis buenas como están espero que estén bien y si no entren a leer y en breve lo estarán los amo❤️
les quería comentar que está saga contará con diferentes temporadas la cual cada una sería un tomo iré actualizando y demás conforme vaya escribiendo ❤️
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Capítulo 9 – Puerta 3B
Camino por la ciudad con el celular en la mano. El sol pega fuerte, pero no me molesta. Estoy nervioso. Me tiemblan los dedos cada vez que tengo que tocar el timbre de algún lugar.
Pasé la mañana viendo departamentos por internet. La mayoría son demasiado caros, o están lejos del bar, o de las chicas. Pero uno me llama la atención: “Monoambiente luminoso, tercer piso por escalera. No se aceptan mascotas”. No tengo mascota, no me asustan las escaleras, y está a ocho cuadras de todo lo importante en mi vida. Le escribo. Me contesta en diez minutos.
—Podés venir a la tarde si querés. Tipo cinco.
Llego a las cinco en punto. El edificio es viejo, pero tiene rejas cuidadas y un portero eléctrico que funciona. Me sorprende. La señora que me recibe es bajita, con el pelo teñido de rojo y una voz fuerte.
—¿Vos sos Roma?
—Sí, yo. Hola.
—Pasá, pibe. No es nada del otro mundo, pero está limpio. Y si pagás puntual, no vas a tener problemas conmigo.
Subimos por la escalera de mármol gastado. El tercer piso tiene sólo dos puertas: 3ª y 3B. La señora saca unas llaves y abre la segunda.
El departamento es un solo ambiente, sí, pero tiene algo… cálido. La ventana da al contrafrente, pero entra luz. Hay espacio suficiente para una cama de una plaza, una mesita chiquita, una cocina con dos hornallas y una alacena colgante con el borde roto. El baño es mínimo, pero tiene lo justo.
—¿Querés un rato para mirar tranquilo?
—¿Puedo?
—Sí, yo bajo a preparar unos mates. Tocame el portero si te decidís.
Cierro la puerta despacio y me quedo de pie en el centro del ambiente.
Lo imagino con una alfombra. Con una lámpara de pie. Con una taza sobre la mesita. Con mi ropa colgada de una silla. Imagino a Emily sentada en el suelo, revisando sus cartas. A Sofía tirada boca abajo leyendo algo de La facultad. Imagino silencio. Paz.
Abro la ventana. Se escucha un colectivo a lo lejos. Un perro. Una tele encendida en otro piso. El aire entra tibio, con olor a ciudad.
Camino hasta la cocina. Paso la mano por la mesada gastada. Abro la alacena y veo un borde roto, pero pienso que ahí podría guardar un paquete de café, un par de platos, un vaso. Me acerco al baño: el espejo está manchado, pero refleja algo que me sorprende. Me veo distinto. No apagado. Como si este lugar me devolviera un poco de luz.
Me siento en el piso, en el centro del ambiente. Cierro los ojos. Imagino la primera noche acá: una frazada en el suelo, una lámpara improvisada, música bajita desde el celular. Imagino escribir en mi cuaderno, con la ventana abierta y el murmullo de la ciudad como compañía.
Sonrío.
Me levanto. Camino hasta la puerta. Toco el portero.
—Sí —dice la voz de la señora.
—Me gustaría quedármelo.
LIBERTAD GRAN Y PERFECTA LIBERTAD DE LA GENTE QUE NO TE VALORA.