Ignorada por años , viví en la sombra de mi hermana mayor desde que tengo memoria, solamente porque creían que ella sería la luna de la Manada.
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16
La noche cayó sobre el campus universitario como un terciopelo oscuro y silencioso, disipando el bullicio de los estudiantes y dejando tras de sí el frío característico de la brisa británica. En su habitación del bloque residencial, Valerie cerró los libros de texto con un movimiento pausado, frotándose ligeramente los ojos cansados tras horas de ininterrumpidas lecturas de cálculo estructural y planimetría. El peso del primer día oficial de clases se hacía notar en sus músculos, pero bajo esa fatiga superficial bullía una energía salvaje y contenida que exigía liberación.
—Es hora —murmuró Valerie en un susurro apenas perceptible, levantándose de la silla de madera frente al escritorio.
En lo profundo de su mente, su loba blanca de ojos violeta se agitó con un entusiasmo eléctrico, emitiendo un rugido mental de pura anticipación.
Por fin, respondió su loba con una voz clara y vibrante que recorrió cada una de sus venas como un río de fuego líquido. Las paredes de esta habitación se sienten demasiado estrechas. Necesitamos correr bajo la luz de la luna.
Valerie se cambió la ropa de estudio por unos pantalones oscuros y flexibles y un abrigo abrigado, asegurándose de llevar consigo solo lo indispensable. Salió del edificio residencial con paso sigiloso, aprovechando las sombras que proyectaban los faroles del campus para evitar cruzarse con los guardias de seguridad o con algún estudiante trasnochador.
Cruzó los límites ajardinados de la universidad y se adentró directamente en la espesura del bosque que bordeaba los terrenos académicos. La vegetación británica era densa, compuesta por altos abetos, robles centenarios y un suelo alfombrado de musgo húmedo que amortiguaba cada uno de sus pasos.
Una vez que se aseguró de estar lo suficientemente lejos de miradas curiosas, en medio de un claro oscuro donde la luz de la luna filtraba haces plateados a través de las copas de los árboles, Valerie se detuvo. Cerró los ojos y aflojó las riendas del control mental que había mantenido firmemente atadas durante todo el viaje y su llegada a Inglaterra.
El cambio fue instantáneo y visceral. Un calor abrasador brotó desde la base de su columna vertebral, recorriendo su cuerpo en una descarga de poder puro. Los huesos se reconfiguraron con un crujir sordo pero indoloro, y en cuestión de segundos, la muchacha humana dejó paso a una imponente y majestuosa criatura.
La loba era de un blanco tan puro y denso como la nieve virgen de la montaña más alta. Sus ojos brillaban con un tono violeta intenso, profundo y magnético, y bajo el roce directo de los rayos lunares, cada uno de sus pelos blancos comenzó a iluminarse con un brillo azul tenue, etéreo y fascinante.
Sin embargo, a pesar de la magnificencia de su forma, una directriz primaria se mantuvo inquebrantable: el escudo invisible. Con la guía experta de su espíritu animal, Valerie mantuvo sellado herméticamente su rastro aromático. Ningún aroma a lirios, lluvia o tierra mojada trascendía al exterior; para el mundo y para cualquier criatura sobrenatural que pudiera merodear por la región, el aire alrededor de la loba seguía oliendo a absoluta nada. Un camuflaje perfecto en territorio extranjero.
—Es magnífico —pensó Valerie, sintiendo a través de los sentidos agudizados de su loba cómo el mundo cobraba una dimensión completamente nueva. El olor de la savia, el crujir de las hojas a kilómetros de distancia, la vibración del viento nocturno; todo era nítido, vivo y emocionante.
Con un impulso explosivo en sus patas traseras, la loba se lanzó a correr a través del bosque. La velocidad era vertiginosa, un vuelo rasante sobre la hierba húmeda y los matorrales oscuros. Esquivaba los troncos de los árboles con una gracia felina y una agilidad sobrenatural, sintiendo cómo el viento gélido de la noche mecía su pelaje blanco y azulado.
No había miedo en esa carrera. No había órdenes de un Alfa tiránico, ni miradas de desprecio por parte de su familia, ni la sombra asfixiante de un destino impuesto por la fuerza. Cada salto, cada zancada y cada respiración profunda pertenecían exclusivamente a ella. Eran dueñas absolutas de su propio camino.
Guiada por el instinto salvaje y por el deseo de alcanzar una perspectiva más amplia del territorio que ahora las acogía, la loba comenzó a ascender por las pendientes rocosas que bordeaban el extremo norte del bosque. La subida fue empinada, desafiante y demandante para los músculos, pero la resistencia sobrehumana de su naturaleza respondió con creces, impulsándola hacia la cima sin mostrar un solo ápice de fatiga.
Minutos después, emergiendo de entre la maleza espesa, la loba llegó a la cumbre rocosa de una colina elevada que dominaba todo el valle circundante.
Se detuvo al borde del precipicio de piedra, sentando sus cuartos traseros con elegancia mientras elevaba ligeramente la cabeza. Frente a sus ojos violeta se extendía un espectáculo imponente y sobrecogedor: la inmensidad de la ciudad británica brillando en la distancia.
Miles de luces artificiales —cálidas bombillas amarillas, destellos blancos de las autopistas, letreros luminosos de neón y las siluetas imponentes de los edificios históricos y rascacielos modernos— parpadeaban como un firmamento caído sobre la tierra. Era un mar de civilización humana, un motor caótico, bullicioso y vibrante que funcionaba bajo sus propias reglas, ajeno por completo a las jerarquías primitivas de los lobos, a las manadas y a las cadenas de sangre.
La loba exhaló un suspiro profundo, un aliento cálido que se condensó en una ligera voluta de vapor bajo el aire frío de la madrugada. Desde esa altura, con la ciudad entera a sus pies y el viento de la montaña agitando su pelaje, Valerie sintió que el mundo por fin encajaba en su lugar.
¿Ves todo eso, pequeña? resonó la voz de su loba en su mente, impregnada de un orgullo soberbio y una calma absoluta. Es un territorio enorme, lleno de oportunidades y listo para ser conquistado. Ya no somos la sombra invisible de nadie. Aquí somos arquitectas de nuestro propio destino.
—Sí —respondió Valerie en sus pensamientos, observando fijamente el brillo lejano de las luces urbanas—. Y apenas estamos dibujando los primeros trazos.
Permanecieron en lo alto de la colina durante un largo rato, compartiendo el silencio imponente de la noche, la libertad absoluta de su forma salvaje y la certeza inquebrantable de que su sacrificio había valido la pena. Cuando las primeras tonalidades grisáceas del amanecer comenzaron a teñir el horizonte oriental, anunciando el despertar del mundo humano, Valerie dio media vuelta.
Con la misma gracia sigilosa con la que había llegado, descendió por la pendiente rocosa, cruzó de nuevo el bosque protector y regresó a la seguridad de su habitación en el campus universitario. Volviendo a su forma humana justo a tiempo, se duchó con agua tibia para eliminar los rastros del rocío nocturno y se preparó con pulcritud para afrontar su segundo día de clases en la facultad, llevando guardado en su interior el secreto inquebrantable de una loba destinada a gobernar su propio futuro.
como que su apellido es BETUCCI , si en el capítulo 8 en email que recibió de la universidad dice textualmente:
"Estimana Valerie Petrov"
🙄🙄🙄🤔🤔🤔
"LA VIDA TE DA SORPRESAS, SORPRESAS TE DA LA VIDA...AYYYY DIOS!"