NovelToon NovelToon
¿ESTE ES MI FINAL?

¿ESTE ES MI FINAL?

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Romance / Padre soltero
Popularitas:2.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Cintya Flores

Reencarné dentro de la novela que más amaba, pero no como la heroína. Soy la hija del duque más temido y odiado del imperio — un personaje que ni siquiera debería existir. No conozco mi final, pero sí sé una cosa: protegeré a mi familia aunque el mundo entero se ponga en mi contra.

NovelToon tiene autorización de Cintya Flores para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Salida de la Mansión

—Nazaria, en dos meses es el cumpleaños del Emperador. Vamos a ir juntos. Quiero que todos te conozcan.

El desayuno había terminado hacía un rato y el duque revisaba unos documentos mientras hablaba, con ese talento particular que tenía para hacer que las conversaciones importantes sonaran como si estuviera discutiendo el clima.

—¿Me van a presentar en sociedad?

—Eventualmente, sí. Pero nadie debe saber todavía quién eres realmente, ni lo que eres. Antes del evento de la corte van a venir personas para hacerte el vestido y las joyas.

Nazaria procesó eso.

La corte imperial. El Emperador.

En la novela ese evento era uno de los puntos de inflexión. Algo importante ocurre ahí.

Tengo que recordar qué.

—Padre —dijo, con el tono cuidadosamente casual de alguien que ha practicado este tono—, ¿puedo salir a ver el ducado? El mercado, los gremios, las personas. Quiero conocer lo que te pertenece.

El duque levantó la vista de los documentos.

—¿Sola?

—Con Crista y los caballeros que consideres necesarios.

Una pausa.

—Puedes ir. Pero nadie puede saber quién eres. Llevas la capucha puesta en todo momento, no te la quitas. Y si algo pasa, te quedas quieta y dejas que los caballeros actúen.

—Entendido.

—Kein va contigo. Y cuatro caballeros más que no notarás pero que estarán ahí.

Nazaria abrió la boca para preguntar algo y decidió no hacerlo.

"No te dejaré hacer lo que quieres, mocoso."

Imagina a mi padre diciéndole eso a mis expectativas de independencia. Completamente posible.

El carruaje las dejó en la entrada del mercado del ducado. Crista le ajustó la capucha con manos precisas y le dio una mirada que significaba no te la quites, no corras, no hagas nada que me cause un problema cardíaco.

—Entendido —dijo Nazaria antes de que Crista abriera la boca.

—No dije nada, señorita.

—Lo pensaste muy fuerte.

Kein, que estaba de pie justo detrás de ellas, miró hacia otro lado.

Los cuatro caballeros adicionales desaparecieron en el momento en que pusieron pie en el mercado — simplemente se diluyeron entre la gente con una eficiencia que Nazaria encontró genuinamente impresionante.

Bien entrenados. Mi padre tiene buen gusto en su equipo.

Y entonces el mercado la golpeó de frente.

No el olor — bueno, el olor también, una mezcla de pan recién horneado y especias y flores frescas y algo que podría ser carne a la parrilla en algún lugar cercano —, sino el sonido. Las voces. Los niños corriendo entre los puestos. Los vendedores anunciando sus productos. Las risas. El regateo amistoso. El ruido vivo y desordenado de personas siendo personas en un martes normal.

Pensé que sería más sombrío.

En la novela el ducado sonaba oscuro, intimidante, el territorio del duque diabólico donde nadie quería vivir.

Pero estos niños se están riendo. Esa señora está regateando con una energía que sugiere que lleva décadas haciéndolo y no piensa parar. Ese hombre tiene cara de alguien que está en su lugar favorito del mundo.

Mi padre hizo esto. Tomó el rincón más pobre y peligroso del imperio y lo convirtió en esto.

Nazaria caminó entre los puestos con Crista a su lado, probando brochetas en distintos lugares — había tres variedades y las tres eran excelentes —, mirando todo con la atención metódica de alguien catalogando información. Los tejidos, los precios, la calidad de los productos, las caras de las personas. Todo hablaba de un lugar que funcionaba. Que respiraba.

Esto también hay que proteger.

—¿Qué hay por allá? —señaló hacia un callejón al fondo del mercado donde unas figuras con aspecto brusco estaban de pie junto a unas puertas oscuras.

—Por ahí están los bares y los gremios, señorita. No es el lugar más apropiado para usted.

—Quiero ver. —Nazaria los miró con una expresión completamente serena—. Quiero ver todo lo que le pertenece a mi padre.

Crista exhaló por la nariz de una manera que no era técnicamente un suspiro pero que cumplía la misma función.

—Como usted diga, señorita.

El callejón era diferente al mercado — más oscuro, más ruidoso de una manera diferente, con música que salía de puertas entornadas y olor a cerveza mezclado con humo. Nazaria lo recorrió con Kein dos pasos detrás y Crista pegada a su lado, mirando todo con esa calma que desconcertaba a la mayoría de los adultos que la conocían.

Fue el sonido lo que la detuvo.

Golpes. Gritos. Voces ásperas con el filo de la crueldad.

—¡Maldito huérfano! ¡Devuelve lo que nos robaste!

Dobló la esquina antes de que Crista pudiera detenerla.

En el callejón lateral había un niño en el suelo — delgado, demasiado delgado, con ropa que había sido lavada tantas veces que ya no tenía color definido — y tres hombres adultos a su alrededor. Uno de ellos levantó el pie.

Nazaria no pensó.

—¡Deténganse!

Su voz salió más grande de lo que esperaba en ese espacio pequeño. Los tres hombres se giraron.

La miraron. Miraron a Crista. Miraron a Kein, que se había puesto al frente de Nazaria con una mano en la empuñadura de su espada y una expresión que hacía que la temperatura del callejón bajara aproximadamente cinco grados.

Uno de los hombres sonrió con el tipo de sonrisa que Nazaria clasificó instantáneamente como "señal de peligro inmediato".

—Una mocosa y una criada metiéndose donde no las llaman.

—La señorita dijo que se detengan —dijo Crista, con una voz que Nazaria no le había escuchado antes. Baja. Completamente fría—. Les recomiendo que lo hagan.

El niño en el suelo levantó la cabeza.

Nazaria lo vio por primera vez.

Tendría más o menos su edad, quizás un poco más. El cabello oscuro, sucio, pegado a la frente. Una herida en el labio. Los ojos — cuando los abrió y la miró — eran de un color oscuro y tenían una expresión que Nazaria reconoció inmediatamente porque era una expresión que ella también había tenido en algún momento de su vida anterior.

La expresión de alguien que ha aprendido a no esperar ayuda de nadie.

Kein dio un paso adelante. Los tres hombres evaluaron la situación durante aproximadamente dos segundos y decidieron, sabiamente, que tenían otros lugares donde estar.

El callejón quedó en silencio.

Nazaria se acercó al niño y se agachó frente a él.

Él la miró sin moverse. Sin decir nada. Con la guardia completamente levantada, como un animal pequeño que no ha decidido todavía si la persona frente a él es una amenaza o no.

—¿Puedes ponerte de pie? —preguntó Nazaria, con el tono más normal del mundo, como si estuviera preguntando si quería té.

Una pausa larga.

El niño se incorporó solo, sin aceptar ayuda, apoyándose en la pared. Se tambaleó un segundo. Se estabilizó.

—¿Tienes a dónde ir? —preguntó Nazaria.

Otra pausa.

Negó con la cabeza. Un movimiento mínimo, casi imperceptible.

Pensé que no.

Nazaria se puso de pie y miró a Kein.

—Vamos a llevarlo con Rusto.

—Señorita —dijo Kein.

—Kein.

El caballero miró al niño. Luego miró a Nazaria. Luego realizó el cálculo silencioso de alguien que sabe que algunas decisiones ya están tomadas antes de que se hagan las preguntas y que su trabajo es asegurarse de que salgan bien.

—Vamos, señorita.

El niño los siguió.

No dijo nada. No preguntó a dónde iban. Caminó detrás de Nazaria con la cautela de alguien que no confía todavía en nada de lo que está pasando pero que tampoco tiene ninguna razón para no seguir caminando.

Nazaria no lo miró durante el camino de vuelta.

Pero en algún lugar dentro de ella, algo que había estado esperando sin saber exactamente qué llegara había reconocido algo en ese niño, en esa expresión, en esa manera de quedarse solo de pie cuando el mundo completo le estaba diciéndole que se cayera.

¿Este es tu final?

La pregunta llegó sola, sin que la buscara.

No si puedo evitarlo.

1
Lorena Itriago
hay otra versión de esta Novela?
Carmen Otero
me encanta tu novela escritora. en espera de más capítulos
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play