Isabela Leal nunca tuvo una vida fácil.
Huérfana de madre desde los seis años, creció bajo la sombra de un padre indiferente, una madrastra cruel y una media hermana que le robó hasta su diploma de enfermería —el único sueño que logró construir con sus propias manos.
Cuando una oferta de empleo como niñera la lleva a la mansión de Leonardo Albuquerque, uno de los empresarios más poderosos del país, Isabela solo busca una cosa: estabilidad. No cuenta con enamorarse.
Leonardo es frío, reservado y completamente volcado en su trabajo. Desde la muerte de su esposa, cerró su corazón a todo lo que no fuera su hija Isadora, una niña de tres años que extraña desesperadamente el cariño de una madre.
Lo que ninguno de los dos espera es que Isadora se encariñe con Isabela de manera inmediata y absoluta. Ni que esa conexión despierte algo que Leonardo juró no volver a sentir.
Pero el pasado de Isabela no piensa dejarla en paz. Un padre manipulador, una madrastra ambiciosa y enemigos corporativos conspiran desde las sombras para destruir todo lo que ella está empezando a construir. Y cuando un secreto sobre su madre —una verdad enterrada durante décadas— sale a la luz, la vida de Isabela cambiará para siempre.
Entre traiciones familiares, sabotaje empresarial y la amenaza constante de perder a las personas que ama, Isabela deberá encontrar la fuerza para enfrentar su pasado... y decidir si merece el futuro que el destino le está ofreciendo.
Porque esta no es solo una historia de amor.
Es una historia de nuevos comienzos.
NovelToon tiene autorización de autora rochah para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 13
La partida de Isabela dejó un vacío imposible de ignorar en la mansión Albuquerque. El silencio parecía más pesado.
Isadora estaba sentada en el sofá abrazada al conejito de peluche que solía cargar a todos lados. Sus ojos buscaban a alguien que ya no estaba.
—¿Bel va a volver hoy? —preguntó por tercera vez esa mañana.
Leonardo sintió que el corazón se le encogía.
—No, princesa.
La niña agachó la cabeza.
—¿Entonces mañana?
Él no respondió de inmediato.
—No sé.
Las lágrimas volvieron a correr por el rostro de la pequeña. Desde el despido de Isabela, Isadora había cambiado por completo. Ya no corría por la casa, no hacía travesuras ni insistía en jugar en el jardín. Apenas comía, apenas sonreía y casi no dormía.
Durante la madrugada, Leonardo la encontraba despierta, abrazada a la almohada.
—Extraño a Bel.
Era siempre la misma frase, y cada vez que la oía, sentía un peso mayor en la conciencia.
Del otro lado de la ciudad, Isabela tampoco estaba bien. El pequeño departamento que compartía con su mejor amiga le parecía demasiado vacío. Se pasaba horas sentada en la cama mirando las fotos que había tomado con Isadora: fotos de paseos en el jardín, de dibujos coloridos, de tardes felices que ahora parecían tan lejanas.
—Necesitas comer algo —insistió Laís, colocando una bandeja sobre la mesa.
—No tengo hambre.
—Llevas dos días casi sin comer.
Isabela intentó sonreír, pero no pudo.
—Solo quisiera saber si está bien.
Laís se sentó a su lado.
—La quieres mucho, ¿verdad?
Las lágrimas aparecieron de inmediato.
—Como si fuera mi propia hija.
Laís la abrazó.
—Entonces deja de guardarte todo eso sola.
Isabela finalmente se derrumbó. Lloró por el empleo perdido, por la injusticia, pero sobre todo por la falta que le hacía Isadora.
Los días pasaron y la situación empeoró. Isadora comenzó a tener fiebre, rechazaba la comida y casi no salía de la cama. Los doctores aseguraban que no había ninguna enfermedad grave.
Pero todos llegaron a la misma conclusión.
—Está sufriendo emocionalmente —dijo Cristina.
Leonardo empezó a dormir junto a su hija. Una de esas noches, escuchó a la niña llamar en voz bajita:
—Bel...
Aun dormida, la buscaba. Esa escena destruyó algo dentro de él. Le tomó la pequeña mano.
—Estoy aquí, princesa.
Pero Isadora solo volteó la cara.
—Quiero a Bel...
Leonardo cerró los ojos. Por primera vez desde la muerte de su esposa, se sintió completamente impotente. No importaba su dinero, su posición ni su poder: nada lograba devolverle la sonrisa a su hija.
Mientras tanto, Isabela también empezó a enfermarse. La tristeza le quitaba el sueño, la energía y la alegría.
Laís se preocupó cuando la encontró sentada junto a la ventana durante la madrugada.
—¿No dormiste otra vez?
—No.
—¿Estás pensando en ella?
Isabela asintió.
—Tengo la sensación de que me necesita.
Laís le tomó la mano.
—Y tal vez tú también la necesitas a ella.
Isabela miró el cielo oscuro. En el fondo de su corazón, sentía que algo andaba mal. Como si la distancia entre ellas fuera en contra de todo lo que sentían.
Esa misma noche, Leonardo entró al cuarto de su hija. Isadora dormía inquieta. En sus brazos tenía un dibujo: un dibujo de tres personas. Ella, Isabela y él.
En la parte de arriba de la hoja había una frase escrita con letras torcidas:
"Mi familia."
Leonardo se quedó inmóvil.
El corazón se le desbocó.
Esa simple hoja de papel trajo de vuelta todas las dudas que había ignorado.
Tal vez había cometido un error.
Tal vez le había creído a la persona equivocada.
Y tal vez estaba pagando el precio más alto de todos: ver a su hija sufrir por una injusticia.
Por primera vez, Leonardo decidió que necesitaba descubrir toda la verdad sobre el pasado de Isabela.
Costara lo que costara.