Liora Montclair siempre supo que era un estorbo.
Hija menor de una casa noble en decadencia, fue criada entre insultos, miradas de desprecio y un veneno que nadie más que ella sospechaba. Su cuerpo —grande, rollizo, "impresentable" según su propia familia— era la prueba visible de años de humillación silenciosa. Cuando la obligaron a casarse con el Duque Alaric Ravens, el general más temido del Imperio Aurelius, Liora se preparó para lo peor: otro hombre que la miraría con asco.
Pero Alaric no la miró con asco.
De hecho, Alaric fue el primero en notar que su vestido de boda estaba diseñado para humillarla. El primero en tratarla con respeto. El primero en no verla como un cuerpo defectuoso, sino como una mujer con fuego en los ojos y una lengua afilada que ni siquiera un Duque podía domar.
Lo que Alaric no sabe es que Liora guarda secretos que podrían sacudir los cimientos del imperio. Secretos sobre su verdadero linaje. Sobre las sombras que la obedecen. Sobre la espada que esconde debajo de la dulzura.
Lo que Liora no sabe es que el veneno que corre por sus venas fue puesto ahí por alguien de su propia sangre. Y que destaparlo significará enfrentarse a conspiraciones que van mucho más allá de la crueldad doméstica.
Mientras Liora descubre que el "monstruo" con el que la casaron tiene las manos más gentiles que jamás la han tocado, una guerra se avecina en el horizonte. Una guerra que pondrá a prueba no solo su matrimonio, sino los secretos que ambos juran proteger.
Entre batallas en campos nevados, intrigas palaciegas que cortan más profundo que cualquier espada, y un niño de tres años con media lengua que insiste en llamarla "Lilola", Liora tendrá que decidir: ¿seguir escondiéndose detrás de la máscara de la esposa sumisa, o revelarse como lo que realmente es?
Porque debajo de la piel que todos despreciaron, late el corazón de una guerrera.
Y el Duque Ravens está a punto de descubrir que se casó con la mujer más peligrosa del imperio.
NovelToon tiene autorización de Archiemorarty para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 12. PROTECTOR
El viento barría con suavidad la extensa alfombra de césped del jardín lateral de la residencia Ravens, trayendo consigo el aroma de tierra húmeda y follaje recién podado. La luz del sol se deslizaba entre los viejos árboles, rebotando en tonos dorados como testigos mudos del paso del tiempo de aquella familia noble.
Alaric Ravens se encontraba a unos pasos de Liora.
No se acercó.
Tampoco se alejó.
Su postura era incómoda, como la de alguien que no sabe si tiene permiso de estar ahí pero se niega a marcharse.
Sobre todo después de que su propio sobrino le acabara de lanzar una pelota de tela a la cabeza.
Mientras tanto, Liora permanecía de pie con elegancia, disimulando su entusiasmo ante el pequeño drama que estaba a punto de presenciar.
Junto a Liora, un niño pequeño se erguía con las piernas ligeramente separadas, ambas manos en la cintura y la barbilla en alto, como si estuviera enfrentándose a su peor enemigo.
Rowan.
Su cuerpecito contrastaba enormemente con su actitud extraordinariamente protectora.
—Tío —dijo Rowan con voz torpe pero llena de determinación—, ¡Tío no se aceque a Lilola!
Alaric parpadeó, claramente sin esperar que un niño que apenas le llegaba a las rodillas lo reprendiera. Fue bajando el cuerpo poco a poco hasta sentarse sobre el césped, manteniendo una distancia de un brazo respecto a Liora, evidentemente para que el niño no armara más escándalo.
—No le hice daño a Liora, Rowan —dijo Alaric con un tono serio, como si estuviera dando una explicación importante en una reunión del consejo—. Y su nombre es Liora. No Lilola.
Rowan dio un pisotón de inmediato.
—¡Lowan lo sabe! —protestó con fuerza—. ¡Se llama Lilola! ¡Tío acaba de sabello, ¿vedá?!
Alaric exhaló un suspiro breve.
—Soy el Duque Ravens. Conozco el nombre de mi propia esposa. Eres tú el que no puede pronunciarlo bien, niño.
Rowan resopló, inflando los cachetes.
—Tío es un pgresumido —dijo con fastidio.
—Es natural que lo sea. Soy el Duque —se burló Alaric.
Rowan siguió con cara de protesta y luego señaló a Alaric.
—¿Qué hace Tío aquí? Tío debedía estag trabajando.
—¿Cómo que qué hago aquí? ¿Crees que los adultos no pueden descansar? Debería ser yo quien pregunte qué haces tú aquí en vez de dormir la siesta —replicó Alaric, alzando una ceja.
Rowan volvió a ponerse las manos en la cintura.
—Pues jugag con Lilola, clago. ¡Tío es el que debedía dormir la siesta y no molestar a Lilola!
—¿Crees que soy un niño como tú que necesita dormir la siesta? No vas a crecer tanto como yo si no duermes la siesta, ¿sabías? —se burló Alaric de nuevo.
—¡No quiero! ¡Tío quiede molestar a Lilola otla vez, ¿vedá?! ¡Lowan no lo va a pegmitir! —dijo Rowan, sacando el pecho aún más.
Alaric lanzó una mirada fugaz hacia Liora. La mujer no había dejado de sonreír discretamente desde el principio, como si disfrutara del pequeño espectáculo que se desarrollaba ante ella.
—No estoy molestando a Liora. Estás confundido —respondió Alaric con paciencia.
—¡Pero Lowan lo vio! —exclamó Rowan—. ¡Tío abrazaba a Lilola, y la cala de Lilola se puso loja! ¡Segudo que a Lilola le dolió polque Tío la abrazó polque Tío es muy glande!
Alaric tosió.
Liora tuvo que contenerse con todas sus fuerzas para no soltar la carcajada.
—¿Qué? —Alaric se quedó sin palabras.
—¡Tío es un tlavieso! ¡Lowan le va a decir a mamá y a papá! —Rowan lo señaló con un dedito que temblaba de pura emoción.
Alaric se puso nervioso de golpe.
—¡No les digas a tus padres! —dijo Alaric rápidamente—. Eres un niño pequeño pero te atreves mucho con tu tío.
Rowan alzó la mirada y sacó pecho.
—Clado que sí —dijo el niño con total convicción—. Lowan es valiente.
Alaric lo observó unos segundos y luego, sin darse cuenta, le pellizcó la mejilla con ternura.
—Igualito a su madre. Igual de parlanchín —dijo Alaric.
—¡Tío, duele! —Rowan apartó la mano de Alaric de un manotazo—. ¡Ay! ¡Tío de vedá que es muy tlavieso!
Una risa breve escapó por fin de los labios de Liora. Ya no pudo contenerse más con la adorable pelea entre tío y sobrino. Desde el principio se había limitado a observar, y contemplar aquella escena le producía una sensación... cálida.
—Duque, ya basta. ¿Por qué te pones a molestar a Rowan así? —intervino Liora con suavidad.
—Porque este niño es bastante parlanchín —respondió Alaric sin dudarlo.
—¡Lowan no es palanchín! —protestó Rowan al instante.
—¿Y quién ha sido el que lleva todo este rato quejándose? —lo retó Alaric.
Rowan infló los cachetes aún más, con la cara roja de puro fastidio. Entonces echó a correr hacia Liora y le abrazó las piernas con fuerza.
—Lilola —dijo Rowan en tono de queja—, Tío es un tlavieso.
Liora sonrió ampliamente.
—¿De verdad? ¿Travieso por qué?
—Polque Tío es un pesado —respondió Rowan.
Liora contuvo la risa, con los hombros temblándole ligeramente.
Alaric solo pudo soltar un largo suspiro. No se esperaba que su sobrino fuera tan parlanchín, cuando normalmente Rowan era mucho más callado. Aunque le gustaba verlo comportarse así, como el niño que era.
Tal vez la presencia de Liora hacía que el pequeño cobrara más vida.
Sin embargo, la calma se rompió cuando unos pasos apresurados resonaron desde la entrada del jardín.
—Su Excelencia —la voz de Gideon sonó tensa—. Disculpe la interrupción, pero hay una visita que busca a la Señora Duquesa.
Alaric y Liora se volvieron al mismo tiempo.
Liora frunció el ceño.
—¿Que me busca? ¿Quién?
No recordaba haber acordado una cita con nadie en ese lugar.
—Dice ser un comerciante. Su nombre es Cassian Verdan —informó Gideon con gesto serio.
La sonrisa de Liora desapareció al instante.
Su rostro permaneció sereno, pero sus ojos cambiaron: un destello de cautela que solo podían percibir quienes la conocían bien.
—Iré a verlo —dijo Liora finalmente.
Alaric se puso de pie casi al mismo tiempo.
—Voy contigo.
—¡Lowan también va! —declaró el niño con todo su entusiasmo.
Rowan fue alzado en brazos de Alaric sin oponer resistencia; de hecho, el pequeño le rodeó el cuello al Duque con total naturalidad, como si la decisión ya estuviera tomada.
—¿Adónde vamos, Tío? —preguntó Rowan.
—Hay una visita que quiere ver a Liora. Nosotros también debemos saludarla —respondió Alaric.
—¡Bueno! —exclamó Rowan con entusiasmo, como si nunca hubiera existido la discusión entre él y su tío apenas unos momentos antes.
Mientras caminaban hacia la sala principal, los pensamientos de Liora giraban a toda velocidad.
¿Por qué viniste hasta aquí, Cassian? ¡Estás loco por presentarte directamente en la residencia del Duque!
Tenía ganas de darle una patada a su visitante por no haberle avisado antes de venir.
La sala principal estaba en silencio cuando entraron.
Y ahí estaba aquel hombre.
Cassian Verdan: alto, de constitución firme, rostro atractivo con una mandíbula marcada y ojos grises que eran penetrantes pero serenos. Su sonrisa era sutil, demasiado controlada para un simple comerciante.
—Lady Liora... Ah, o ahora debo llamarla Duquesa —saludó Cassian con una reverencia, y luego sonrió mirando a Liora.
Antes de que Alaric pudiera moverse, Cassian ya había tomado la mano de Liora y besado el dorso de sus dedos con cortesía, pero lo suficientemente prolongado como para provocar algo afilado en el pecho del Duque Ravens.
Alaric avanzó de inmediato, plantándose justo entre ambos.
—No toques a mi esposa sin permiso —dijo Alaric.
Su voz fue gélida. Tajante. Peligrosa.
Todos en la sala enmudecieron.
Liora miró a Alaric, sorprendida.
Rowan, desde los brazos de Alaric, también señaló a Cassian.
—¡No toques a Lilola! —declaró el niño.
Bueno, al parecer ahora todos sabían que Liora tenía dos caballeros sumamente protectores.
Que pasara ?