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La Esposa Que Él No Quiso

La Esposa Que Él No Quiso

Status: En proceso
Genre:Maltrato Emocional / Malentendidos / Traiciones y engaños / Amante arrepentido / Divorcio
Popularitas:442.6k
Nilai: 4.4
nombre de autor: maria

Jimena Rivas pasó cinco años siendo la esposa secreta de Sebastián Alcázar. Lo amó en silencio, cuidó su casa, soportó su frialdad y creyó que algún día él aprendería a mirarla.

Pero la noche en que descubrió que estaba embarazada, también vio a Sebastián anunciar ante todos a otra mujer: Sofía, joven, dulce, embarazada... y dueña de toda la ternura que él jamás le dio.

Sebastián le pidió el divorcio con desprecio, la obligó a cuidar a su amante y usó la enfermedad de su madre para mantenerla atada. Jimena decidió irse. Sin escándalos. Sin rogar. Sin mirar atrás.

Lo que Sebastián no sabía era que ella también esperaba un hijo suyo.

Y cuando por fin quiso recuperarla, Jimena ya había aprendido algo que él nunca imaginó:

amarlo no era destino.

Era una condena de la que estaba dispuesta a escapar.

NovelToon tiene autorización de maria para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19

Capítulo 19

Santiago me llevó al sanatorio.

No me preguntó por qué no llamaba a mi esposo. Eso, por alguna razón, me dio más vergüenza.

Lo llamé de todos modos.

Una vez.

Dos.

Tres.

Nada.

Llamé a su secretaria.

—Necesito hablar con Sebastián. Es urgente.

—El señor Alcázar está ocupado.

—Mi madre está en crisis. Necesito dinero y autorización para un traslado.

La mujer dudó.

—El señor indicó que no le pasara llamadas personales cuando esté con la señorita Sofía.

La llamada terminó.

Me quedé mirando la pantalla.

Qué fácil era dejarme afuera.

Incluso cuando mi madre se estaba muriendo.

El médico nos esperaba con papeles.

—Hay sangrado interno. Necesitamos intervenir y avanzar con compatibilidad para trasplante. El tiempo importa.

Firmé donde me señalaron.

No sé si leí.

Solo sé que cada firma sonaba a dinero que no tenía.

Valeria llegó despeinada, con una chamarra encima de la ropa de dormir.

—Encontré comprador para tu anillo —dijo sin rodeos—. Paga hoy. No es el mejor precio, pero es efectivo.

Me miré la mano.

El anillo seguía ahí. Lo había usado incluso cuando pedí el divorcio, incluso cuando Sebastián llevaba a Sofía a todas partes, incluso cuando yo ya no creía en nada.

Tal vez una parte de mí seguía usando el cadáver de una promesa.

Me lo quité.

Quedó una marca blanca en el dedo.

—Véndelo.

Santiago vio el gesto.

—Puedo prestar lo que falte.

—No.

—No es caridad.

—Hoy no puedo deberle mi vida a otro hombre.

No insistió.

Mientras mamá entraba a preparación, bajé por documentos. En el pasillo apareció Sofía con su padre.

—Jimena —dijo, con una cara de preocupación cuidadosamente puesta—. Me enteré de lo de tu mamá. Vine a ver si podía ayudar.

Su padre habló con educación.

—Lamentamos mucho la situación.

—Gracias. No necesito nada.

Sofía se acercó.

—No rechaces ayuda por orgullo. Sé que tu familia ha pasado por cosas difíciles. Tu papá, lo del hospital...

—No hables de mi padre.

—Solo digo que entiendo por qué la gente está nerviosa contigo. A veces los problemas familiares afectan el criterio.

Intenté pasar.

Ella me agarró del brazo.

—Jimena, espera.

Me zafé.

Sofía perdió el equilibrio.

O fingió perderlo.

Cayó hacia atrás y me jaló con ella.

El golpe me partió el vientre.

Por un segundo no escuché nada.

Luego sentí calor entre las piernas.

Sangre.

Sofía empezó a llorar en el piso.

—¡Mi bebé!

Sebastián apareció corriendo.

No sé de dónde.

No sé por qué justo entonces.

Lo vi arrodillarse junto a Sofía.

Yo levanté la mano.

—Sebastián...

Mi voz no alcanzó.

Él cargó a Sofía.

—A urgencias.

—Salva... —apreté los dientes—. Salva a tu hijo.

No me oyó.

O eligió no oír.

Lo vi alejarse con Sofía en brazos mientras mi sangre manchaba el piso del sanatorio.

Santiago fue quien gritó por ayuda.

Cuando desperté, estaba en una cama.

Mateo entró poco después, con la cara tensa.

—Amenaza de aborto. Por ahora hay latido.

Por ahora.

La frase se quedó colgando como un hilo.

—¿Mi mamá?

—La compatibilidad salió favorable. Pueden avanzar, pero el estado es delicado.

No lloré fuerte.

Ya no tenía fuerza para hacer ruido.

El celular estaba lleno de mensajes de Sebastián.

“Discúlpate con Sofía.”

“Ella dijo que no la empujaste.”

“No agrandes esto.”

Le escribí:

“¿Ella dijo que no la empujé?”

Respondió:

“Sí. Por eso basta con que te disculpes.”

Apagué el celular.

Sofía podía admitir que yo no la empujé y aun así él me pedía disculpas.

La verdad no importaba.

Importaba que ella no llorara.

En el hospital, la historia ya había cambiado. Sofía era la médica joven atacada por envidia. Yo era la hija del médico caído, la doctora suspendida, la mujer rodeada de hombres.

Mi madre estaba en riesgo.

Mi bebé, también.

Mi carrera se desmoronaba.

Fui a ginecología y pedí una cita para interrumpir el embarazo.

La doctora revisó mis estudios.

—Tu cuerpo está débil. Si interrumpes ahora, existe riesgo de que después sea difícil volver a embarazarte.

—Lo sé.

—No tienes que decidir hoy.

—Sí tengo.

Si conservaba ese hijo, necesitaba dinero, estabilidad, descanso, protección.

No tenía nada de eso.

Solo tenía amenazas.

Solo tenía un hombre que me dejaba sangrando en el piso y luego pedía que me disculpara con otra.

Ese día vendí el anillo por menos de lo que valía.

Con el dinero pagué parte de lo urgente para mamá.

Al atardecer, Sebastián me encontró en el jardín del sanatorio.

—¿Dónde está tu anillo?

Seguí caminando.

Me sujetó la mano.

—Te hice una pregunta.

—Lo vendí.

Su expresión cambió.

—¿Qué hiciste?

—Lo vendí.

—Era nuestro anillo.

—Era una promesa falsa con buen corte.

Me empujó contra un muro bajo, lejos de la entrada.

—¿Tan desesperada estás por cortarme? ¿O lo vendiste para que otro te mantenga?

—Lo vendí porque mi madre se está muriendo y tú no contestaste.

Él frunció el ceño.

—No llamaste.

Me reí.

—Llamé a tu secretaria. Dijo que estabas con Sofía.

Por primera vez, algo se movió en su cara.

No fue suficiente.

—¿A quién le vendiste el anillo?

—No sé.

—Lo recuperas.

—No.

Su cuerpo me cerró el paso.

—Te vi con Mateo. Con Santiago. Ahora vendes el anillo. ¿Tan rápido quieres ser soltera?

—Quiero estar libre de ti.

Sebastián me besó con rabia.

No fue deseo.

Fue castigo.

Lo mordí. La sangre se mezcló con la lluvia fina que empezaba a caer otra vez.

Él no se apartó de inmediato.

—Sigues siendo mi esposa.

Dejé de luchar.

Mi cuerpo se quedó quieto.

Eso lo detuvo.

—¿Por qué no peleas?

Lo miré.

—Si no te importa acostarte con un cadáver, sigue.

Su respiración se cortó.

—No me provoques.

—Ya no puedo provocarte. Vendí el anillo. Mi nombre está en la basura. Mi madre está en terapia. Tu hijo...

Me detuve.

No podía decirlo.

Todavía no.

—¿Mi hijo qué?

—Nada.

Aparté sus manos.

—No tienes nada que recuperar conmigo.

1
Martha lucia Ramirez ceballos
pero está mujer sufre mucho 😡 . capitulo 71 y no sale de la trama . por favor escritora avance, se quedó en lo mismo 🥱
Leidys Dueñas
no entiendo si eres médico debieras d estar interesada en q el papá de tus hijos viva ya me molesta la actitud de ella ni con el hermano se le veía el interés d saber q es lo q ellos realmente tienen si ella como médico puede ayudarlos
Yeny Vasquez Caraballo
hasta cuándo va reaccionar..... tampoco tan sumisa .....
Maria Isabel Aranda Carpinelli
Espectacular. Pero faltó el epílogo. Hablar de los nombres de los bebés y como siguieron ellos , y el casamiento. Gracias.
Yeny Vasquez Caraballo
bueno comenzamos muy bien... pero espero que reaccione
Martha lucia Ramirez ceballos
escritora. Esa tal Sofía está en todas partes y ni hablar del tal Sebastián. porque no avanza está novela . ya aburre 🥱
Martha lucia Ramirez ceballos
hola verdad, que pereza. Esto avanza
Martha lucia Ramirez ceballos
uy no escritora. tanto drama que pereza
Sara Quiroga
parecía buena pero pura estupidez como una persona puede rebajarse así por favor deje de ser masoquista
Silvia Cimirro
De verdad e leído muchos texto pero este tiene un personaje que aburre la protagonista de verdad me voy al último capítulo y sierra esta historia
Rosa Martinez
Yo me preguntó porque Sebastián cada que se emborracha le dice esposa a Jimena?...🤔
Rosa Martinez
Está mujer está entre la espada y la pared... 🤨
Rosa Martinez
está idiota va a culpar a Jimena... 😡
Omis Mendoza
estás novelas demaciado largas sé enrredan mucho y sé le vá perdiendo el color me imagino ese tal Arturo es un desgraciado y a lo mejor es un rufián vestido dé cordero con diez patas 🤣🤣
Gladis Morales
por fin!!! demasiado largooooo!!!
Marisa Rodriguez de Cuello
por mi parte, primero aborto, porque tener un vínculo con ese engendro ni loca. después cantarle las cuarenta a la mosca inútil de la amantes, tercera distribución de material fotográfico en el hospital y en redes
Mirna Lobo
no mi amor 😞 en la vida no hay que ser tan pendeja y profesional menos 😡😡/Left Bah!/
Mirna Lobo
sí deja a ese parásito 😡😡
Teresa Rodriguez
esta. vien. vonita. k.erover. mas
Ana maria Betancourt flores
va seguir la novela
Lorena: la verdad no me gusta siempre está humillando y ella no se da su lugar como mujer
total 1 replies
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