Luego de morir, reencarna en el cuerpo de la villana de un juego. Decidida a no morir, se va de vacaciones con su fortuna. Pero su paz es interrumpida con la llegada de un huevo de dragón.
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Capitulo 7
El vuelo resultó mucho más corto de lo que Vivienne había imaginado.
Cada poderoso aleteo los hacía recorrer una distancia imposible para cualquier carruaje. Montañas, bosques y ríos desaparecían bajo ellos mientras Ren permanecía completamente tranquilo entre los brazos de Vivienne, entretenido observando el paisaje.
Al principio ella había sujetado con fuerza una de las enormes escamas de su cuello.
Después de unos minutos comenzó a relajarse.
—Ahora entiendo por qué llegaremos hoy mismo.
La profunda voz de Gariel resonó con naturalidad mientras seguía volando.
—En mi forma original ningún otro dragón puede igualar mi velocidad.
Vivienne miró hacia abajo.
El reino humano ya apenas podía distinguirse en el horizonte.
—Supongo que viajar contigo tiene sus ventajas.
—Un cumplido inesperado.
—No te acostumbres.
Gariel soltó una pequeña risa que hizo vibrar ligeramente su enorme cuerpo.
Ren también comenzó a reír.
El niño estiró una mano intentando tocar una de las escamas rojas.
Gariel redujo un poco la velocidad para evitar que el viento molestara al pequeño.
Vivienne notó el gesto.
No dijo nada.
Después de varias horas apareció una inmensa muralla de piedra negra que se extendía entre las montañas.
Más allá se levantaban fortalezas, torres de vigilancia y enormes estandartes rojos que ondeaban con el viento.
Miles de soldados recorrían las murallas.
Era evidente que la guerra había transformado aquella frontera en una verdadera fortaleza.
Gariel descendió lentamente.
Sus enormes patas tocaron el suelo con un estruendo que hizo temblar la tierra.
Los soldados reaccionaron de inmediato.
—¡Su Majestad!
Decenas de militares se arrodillaron.
Otros corrieron para abrir el enorme portón.
Vivienne descendió del lomo del dragón con Ren en brazos mientras observaba todo a su alrededor.
El aire estaba cargado de tensión.
Nadie esperaba ver al emperador regresar acompañado por una mujer humana.
Mucho menos con el príncipe heredero.
Gariel se quedó con su forma de dragón.
Sin perder tiempo caminó hacia la entrada más grande para él.
Vivienne avanzó a su lado.
Los soldados no podían apartar la vista de Ren.
Los pequeños cuernos.
El cabello plateado atravesado por líneas rojizas.
No había ninguna duda.
Era el heredero desaparecido.
El comandante de la frontera dio un paso al frente con evidente emoción.
—¡Su Majestad! ¡El príncipe...!
Su alegría duró apenas un instante.
Cuando vio que el niño descansaba tranquilamente en brazos de una humana, su expresión cambió por completo.
—¿Qué significa esto?
Gariel respondió con calma.
—Ella lo encontró y lo protegió.
El comandante apenas escuchó esas palabras.
Ya caminaba directamente hacia Vivienne.
—Entrégueme al príncipe.
Ella permaneció inmóvil.
—No.
El hombre frunció el ceño.
—Es un asunto de seguridad nacional.
—Me vale un bledo.
—Su Alteza no puede permanecer en brazos de una humana.
Vivienne respondió con absoluta tranquilidad.
—Pues lleva varios meses haciéndolo.
El comandante extendió ambas manos.
—Démelo.
Ren, al escuchar aquella voz desconocida, abrió los ojos.
Miró al militar.
Luego se aferró inmediatamente al cuello de Vivienne.
El comandante insistió.
—No complique las cosas.
Vivienne dejó escapar un pequeño suspiro.
—Qué insistentes son todos.
El militar intentó tomar al niño.
No llegó a tocarlo.
Una barrera oscura apareció alrededor de Vivienne y Ren.
El impacto lanzó al comandante varios metros hacia atrás.
Los demás soldados retrocedieron instintivamente.
El aire pareció volverse mucho más pesado.
Una inmensa cantidad de magia comenzó a extenderse desde el cuerpo de Vivienne.
Incluso Gariel volvió la cabeza con sorpresa.
No había esperado una respuesta tan inmediata.
Vivienne observó a los soldados con la misma expresión tranquila de siempre.
—Les recomiendo dejar de intentar quitarme al niño.
Nadie respondió.
La barrera negra seguía rodeándola.
No desprendía intención de atacar.
Solo advertía que acercarse tendría consecuencias.
El comandante se levantó con dificultad.
Miró a Gariel esperando una orden.
—Su Majestad...
Vivienne habló antes.
—Escúchame bien.
Su voz era serena.
Casi aburrida.
—Acepté venir por mi propia voluntad.
Acarició distraídamente la espalda de Ren.
—No porque alguien pudiera obligarme.
Los soldados intercambiaron miradas.
Aquella humana desprendía una presión mágica difícil de ignorar.
Gariel dio finalmente un paso al frente.
Su sola presencia bastó para que todos guardaran silencio.
Observó la barrera durante unos segundos.
Después miró a Vivienne.
—Puedes bajarla.
Ella sostuvo su mirada.
—¿Tus hombres dejarán de intentar arrebatarme a Ren?
Gariel respondió sin apartar la vista del comandante.
—Sí.
Su voz recuperó toda la autoridad de un emperador.
—Porque esa es mi orden.
El comandante inclinó inmediatamente la cabeza.
—Perdone mi atrevimiento, Su Majestad.
Gariel continuó hablando para que todos lo escucharan.
—Lady Vivienne es una invitada del Imperio. Su presencia aquí cuenta con mi autorización. Nadie la tocará. Ni intentará separarla del príncipe.
El silencio fue absoluto.
Vivienne observó unos segundos a los soldados antes de retirar lentamente la barrera.
La presión mágica desapareció de inmediato.
Ren volvió a relajarse entre sus brazos.
—¿Podemos continuar?
Vivienne asintió.
—Ahora sí.
El emperador dirigió una última mirada a sus soldados.
—Ella es el ancla del principe, por lo tanto tiene decisión en el niño. Y quien cuestione esa decisión... me estará cuestionando a mí.
Ningún militar volvió a decir una sola palabra mientras el emperador y la humana cruzaban juntos la frontera del Imperio de los Dragones con el príncipe heredero dormido entre los brazos de Vivienne.
Gracias por compartir tan maravillosa historia💕