Fabián Black está a seis semanas de perder su herencia, el control del imperio hotelero familiar y cualquier posibilidad de seguir viviendo como siempre. Encontrar una esposa debería ser fácil. Sin embargo, una tras otra, todas las candidatas desaparecen antes de llegar al altar.
Rebeca Martínez tiene problemas mucho más urgentes. Entre dos trabajos agotadores, una sobrina en cuidados neonatales y una economía que se sostiene con pura voluntad, el amor ocupa el último lugar de su lista de prioridades.
Cuando un encuentro inesperado los lleva a aceptar un matrimonio por conveniencia, ambos creen tener las reglas claras.
Hasta que, durante la negociación, Rebeca le advierte:
--Si vamos a dormir juntos, hay algo que debes saber. Yo duermo con Babydoll y eso no es negociable
Durante unos segundos, Fabián creyó que aquel acuerdo sería mucho más interesante... Qué equivocado estaba.
Porque el verdadero desafío no era casarse... era sobrevivir al caos...
NovelToon tiene autorización de SilvinaTracy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CRISIS EXISTENCIAL
NARRADOR
Fabián fue a su habitación. Necesitaba una ducha. Con urgencia. Su cabeza había comenzado a doler más que durante la resaca y el dolor debido a la caída en el parque no se había ido. Además le molestaba la suciedad y todo lo que involucrara animales.
El agua caliente cayó sobre su piel y Fabián se quedó debajo del chorro de agua como si pudiera borrar no solo la tierra del parque sino también el hecho de que había terminado en el suelo por culpa de un solo perro descontrolado y una cadena de decisiones que, por primera vez, no habían dependido de él. Cerró los ojos un segundo, apoyando una mano en la pared de la ducha, intentando recuperar algo de estabilidad mental. Pero no funcionó, no esa vez.
El dolor físico era insignificante comparado al de su dignidad. Lo segundo no sería tan fácil de limpiar.
Había bastado solamente una noche para que todo se desbordara y que su buena suerte terminara por completo.
Margaret Black le había dejado solamente un automóvil color verde insecto, pero ni siquiera tenía el tanque de gasolina lleno. Con su limitada asignación había tenido que gastar solamente la mitad en gasolina. Catastrófico.
Cada vez que recordaba el color del auto sentía que su reputación sufría daños estructurales irreparables. Verde insecto. No verde elegante, ni verde deportivo, sino un tono que afectaba su cordura. Un color que no debería existir en ningún producto asociado a su apellido ni a su identidad.
Se quedó bajo el agua unos segundos más de lo necesario, como si el vapor pudiera resolverle la vida. No resolvió nada, pero al menos le dio la ilusión de que estaba haciendo algo en lo que por primera vez en el día no podía fallar.
Contó su dinero al salir de la ducha. Esperaba ver un milagro. Solamente tenía 98 dólares. Un insulto para su dignidad social. Los volvió a contar, esperando encontrar un error. Tuvo la esperanza de que hubiese algunos billetes guardados. No había. Siempre había pagado todos sus gastos con tarjeta, eso lo explicaba todo.
Él no pasaba noches en la mansión. No recordaba la última vez que lo había hecho. Siempre iba a fiestas, lugares sociales donde las mujeres hermosas abundaban más que las bebidas. Siempre había alguien dispuesto a acompañarlo y siempre él pagaba las consumiciones vip sin mirar.
Ese era el orden natural de su mundo. Él aparecía, otros consumían, alguien reía, otro brindaba, y el dinero dejaba de ser un problema porque nunca era un tema en discusión. No era generosidad. Era costumbre.
Ahora no porque tenía escasos 98 dólares. Con eso no alcanzaba ni para una versión económica de su propia vida.
--Voy a morir-- Suspiró dramáticamente, llevándose una mano al pecho como si acabara de recibir un diagnóstico médico de una enfermedad incurable
Se quedó inmóvil un segundo esperando que el drama interno se dispersara.
Cuando salió de la habitación no lo hizo con su vestimenta más elegante ni tampoco usando gran cantidad de perfume como cuando iba de fiesta. Por primera vez en mucho tiempo, no estaba listo para celebrar. Estaba simplemente… funcional, apenas.
Arthur estaba en el pasillo. Cerca como siempre. No sabía si era un simple mayordomo o un espía de su abuela o quizás alguien que disfrutaba sus desastres demasiado como para admitirlo.
--¿Ya está la cena servida?-- Arthur lo miró algunos segundos, evaluándolo con esa calma que parecía habitar en su ADN
--¿No tiene ningún evento esta noche, señor Black?-- Fabián hizo una mueca
--¿Con un presupuesto tan limitado? Tendría que ahorrarlo durante cinco años para permitirme una noche de fiesta. Mi vida social acaba de morir
--Toda una catástrofe
--Finalmente alguien me entiende en esta casa-- Arthur no cambió el gesto. Solamente lo repasó con su mirada de pies a cabeza
--En el lugar de su abuela lo habría enviado a trabajar por una asignación menor a la que obtuvo. Lo hubiese hecho hace años. La señora fue muy generosa-- Fabián abrió los ojos con absoluta sorpresa y la mandíbula desencajada
--Eres muy viejo para despedirte. Solamente por eso no lo hago, aunque ahora esa posibilidad me resulta encantadora-- Arthur siguió con su absoluta calma sin inmutarse
--Por un momento creí que sería mi último día sirviéndolo. Hubiese sido una catástrofe-- Dijo con seriedad, pero Fabián supo que estaba disfrutando el espectáculo
—Siempre tan dramático
—Llevo años trabajando a su lado. Los hábitos de algunas personas son contagiosos-- Fabián lo miró de reojo y gruñó para serenarse. Hasta el mayordomo se burlaba de su crisis existencial
--Consideraré tu despido. Solo por principios
--Lo dudo. ¿Con que dinero pagaría mi liquidación, además de indemnización?
--Buen punto
El mayordomo se alejó unos pasos, pero Fabián ya no le estaba prestando atención. Su teléfono vibraba en su bolsillo como si tuviera vida propia. Varias personas le preguntaban si asistiría a alguna fiesta. Eso reafirmaba que su vida social acababa de morir. No podría salir sin dinero.
Miró el celular con desgano. De pronto tuvo una idea que mejoró su humor, al menos un poco.
Tenía muchos contactos femeninos: mujeres distintas en lugares diferentes. Unas sostenían una copa de champaña, otras de vino, algunas un paquete metálico en una clara insinuación de lo que acontecería. Todas ellas tenían algo en común, habían pasado una noche con él y por eso estaban agendadas en la categoría "aceptable".
No recordaba perfectamente a ninguna. Si estaban en su lista era por una razón: habían sido lo suficientemente interesantes en ese momento como para guardar su contacto, pero él nunca volvía a llamar.
No porque no pudiera, sino porque no lo hacía. Siempre se presentaba una oportunidad más interesante. Había mujeres de sobra.
Intentó recordar algo sobre una de ellas. No hubo nada en su mente. Jamás había preguntado apellidos y si alguna de ellas se lo había dicho, él jamás había prestado atención suficiente para recordarlo.
--Maldita sea. Desde mañana buscaré una esposa. Si el fin de semana estoy casado le pongo fin a esta tortura-- La frase sonó como una solución brillante. Tenía seis semanas para casarse. Lo haría en menos tiempo
Con esa idea fija, llegó al comedor principal. Margaret ya estaba sentada en la cabecera de la mesa, como siempre. Lo observó con sorpresa, tal vez con un poco de burla.
--Me sorprende que dediques una noche de tu apretada agenda social para cenar conmigo
--Abuela… El insecto sobre ruedas no tenía gasolina suficiente. La mitad de tu generosa asignación fue gastada allí y luego un perro me atacó para robarme el equivalente a dos dólares. Lo que conservo es suficiente para deprimirme, no para salir de fiesta
Arthur estaba a cierta distancia, observando con la tranquilidad de quien ya ha aceptado el espectáculo como parte del mobiliario. Siempre Fabián era el responsable de alguna tragedia mínima que para él parecía el fin del mundo.
--Un adulto responsable cuida de su presupuesto. Si tienes gasolina podrías salir
--Cuando me case espero que soluciones esto. Necesito mi vida de vuelta. Me gustaría un documento que me lo asegurara-- Propuso convencido de que esa era una idea brillante
--Si eso deseas lo tendrás mañana
Fabián esperó una negativa. Hasta ese momento estaba convencido de que había una solución para escapar del problema sin tener que casarse.
--Perfecto. Entonces desde mañana empiezo a buscar esposa. Si el fin de semana estoy casado le pongo fin a esta tortura. Seis semanas no serán necesarias para mi
Margaret no dijo nada. No creía ni por un minuto que Fabián saliera del problema tan rápido así estuviese desesperado por hacerlo. Sus planes jamás salían como lo esperaba y esa vez estaba segura de que no sería la excepción.
Arthur mantuvo la calma. Sonrió al alejarse, sabiendo que el caos en la mansión Black estaba lejos de terminar.
La historia está muy bonita pero ya siento que se va tornando monótona 🤭
😂🤣😂🤣 pelear porque la primera sonrisa de Jade fue para Fabian fue demasiados celos de Rebeca que sobrina lo prefiriera cada vez que le hace una payasada.