Oriana despierta en el cuerpo de la mujer que, en una historia que conoce demasiado bien, destruyó la vida de un poderoso duque. Ahora, atrapada en una nobleza en ruinas y con un padre al borde del colapso, decide no seguir el camino que ya estaba escrito para ella.
Sin buscar redención ni protagonismo, empieza de nuevo desde lo más simple: trabajar, crear, sobrevivir y pagar las deudas de una vida que ya no siente suya. Pero el destino no se queda quieto. El mismo duque al que una vez hirió comienza a mirarla con sospecha, luego con interés, como si algo en ella no encajara con el pasado que recuerda.
Sin embargo, cuanto más intenta escapar del rol que le fue asignado, más se acerca a un futuro que nadie en esa historia original llegó a ver venir.
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Capitulo 16
A la mañana siguiente, Priscilla despertó más tarde de lo normal.
La noche anterior había sido demasiado pesada emocionalmente y terminó quedándose dormida.
Por eso, cuando escuchó voces afuera de la habitación y una carcajada demasiado conocida, abrió los ojos confundida.
Parpadeó varias veces antes de incorporarse rápido.
Porque esa voz…
No sonaba enferma.
Priscilla salió de la habitación todavía medio dormida y apenas llegó al comedor, se quedó completamente inmóvil.
Dorian estaba desayunando.
No acostado. No débil. Desayunando. Y no solo eso. Se veía bien.
El color había regresado a su rostro, sus movimientos ya no parecían cansados y hasta estaba discutiendo con Lara mientras sostenía una taza de té.
—Le estoy diciendo que puedo cortar mi propia comida.
—Y yo le estoy diciendo que hace tres días casi se desmaya sosteniendo una cuchara.
—Eso fue una exageración, Lara. Dame eso.
Lara levantó la vista y vio a Priscilla congelada cerca de la entrada.
—Lady Priscilla… ¿qué cara es esa?
Ella no respondió.
Porque seguía mirando a su padre.
Dorian giró el rostro hacia ella y sonrió tranquilo.
—Buenos días.
La garganta de Priscilla se cerró inmediatamente.
Caminó rápido hacia él sin decir nada y terminó abrazándolo con fuerza.
Y ahí fue cuando lo sintió.
La diferencia.
Su cuerpo ya no se sentía frágil.
No parecía alguien que fuera a romperse en cualquier momento.
Dorian soltó una pequeña risa mientras le acariciaba el cabello.
—Bueno… eso casi lastima mi dignidad de barón.
Priscilla levantó apenas la cabeza.
Los ojos ya comenzaban a llenársele otra vez.
—¿Qué pasó…?.
Dorian la observó unos segundos antes de suspirar.
—Deberías agradecerle al duque Hall.
Eso fue suficiente.
Priscilla se apartó enseguida.
—¿Qué hizo Ender?.
Dorian intentó verse inocente.
—Salvarme.
—Padre.
—No me mires así, yo también sigo intentando entender cómo sigo vivo. Pero todo es gracias a él.
Ella ya no escuchó más.
Salió rápidamente del comedor ignorando completamente cómo Lara intentaba alcanzarla preguntándole que si podía al menos desayunar primero.
Priscilla caminó directo hacia la habitación de Ender.
Y honestamente, estaba demasiado nerviosa para tocar con calma.
Golpeó la puerta inmediatamente.
—Ender.
Hubo unos segundos de silencio.
Luego escuchó agua detenerse al otro lado.
—¿Priscilla?.
—¿Qué hizo con mi padre?.
La voz le salió mucho más preocupada de lo que quería.
Ender permaneció callado un momento antes de responder tranquilo.
—Preferiría explicarlo frente a frente.
—Eso no me tranquiliza.
—Generalmente nada de lo que digo te tranquiliza.
Priscilla abrió la boca enseguida.
—Eso es porque siempre habla como si estuviera ocultando algo peligroso.
Ella pasó una mano por su rostro frustrada.
—Ender.
—Dame cinco minutos para secarme.
Priscilla resopló bajito pero terminó quedándose afuera de la habitación.
Y mientras esperaba… empezó a ponerse nerviosa por razones completamente distintas.
Porque ahora que lo pensaba mejor.
Ender acababa de admitir casualmente que estaba bañándose.
Eso hizo que se diera cuenta demasiado tarde de que probablemente lo había interrumpido.
—Excelente trabajo, Priscilla —murmuró para sí misma—. Muy digna.
Unos minutos después, la puerta finalmente se abrió. Y, ella no estaba preparada.
Ender salió usando solo una bata oscura ligeramente abierta en la parte superior y todavía tenía el cabello húmedo.
El problema era que la bata le quedaba demasiado ajustada.
Muchísimo.
Priscilla se quedó viéndolo dos segundos más de lo necesario antes de girarse inmediatamente.
—¡¿Por qué salió así?!
Ender cerró la puerta detrás de él con absoluta tranquilidad.
—¿Así cómo?.
—¡Como… así!.
—Necesitarás ser más específica.
Priscilla seguía completamente de espaldas.
—¿No tiene ropa?. ¡Eso te queda pequeño!
—Es mi favorita y estoy en mi habitación.
—¡Eso no cambia nada!
Ender soltó una pequeña risa apenas visible en su voz.
—Interesante reacción para alguien que vino golpeando mi puerta como si quisiera arrestarme.
Ella se cubrió media cara completamente avergonzada.
—Ya puede ponerse algo encima.
—Técnicamente ya llevo algo encima.
—Duque.
—Bien, bien.
Ella escuchó un suspiro bajo antes de sentir cómo él se alejaba apenas.
Priscilla respiró tranquila recién cuando creyó que podía girarse otra vez.
Error.
Porque aunque Ender ahora llevaba la bata mejor acomodada… seguía viéndose ridículamente atractivo.
Y eso era otro problema completamente diferente.
—¿Terminaste de entrar en crisis? —preguntó él con total calma.
—No me agrada su personalidad últimamente.
—Eso es mentira.
Priscilla desvió la mirada enseguida.
Porque sí le agradaba.
Demasiado.
Y precisamente por eso volvió rápidamente al tema importante.
—¿Qué hizo con mi padre?.
El ambiente cambió apenas.
Ender guardó silencio unos segundos antes de responder.
—Un ritual.
La preocupación volvió inmediatamente al rostro de Priscilla.
—¿Qué tipo de ritual?.
—Extendí artificialmente el tiempo de vida de su cuerpo y estabilicé la enfermedad.
Priscilla sintió un pequeño vacío en el pecho.
—Eso suena peligrosísimo.
—Lo era.
—¿Lo era?.
—Sí.
Ella lo observó varios segundos completamente incrédula.
—¿Y simplemente lo dice así?
—¿Preferías una presentación dramática?
Priscilla negó enseguida.
—No estoy bromeando.
Ender dejó finalmente el sarcasmo a un lado.
—Lo sé.
La habitación quedó en silencio.
Priscilla bajó lentamente la mirada.
—Pudo salir mal…
—Sí.
—Pudo lastimarse.
Ender no respondió.
Y justamente ese silencio confirmó todo.
Ella levantó la vista rápidamente.
—Ya había hecho algo así antes ¿verdad?
Ender llevó una mano hacia las vendas sobre sus ojos.
Ese pequeño gesto fue suficiente respuesta.
Priscilla sintió el pecho apretarse.
—¿Por qué haría algo tan arriesgado?
Esta vez Ender no respondió enseguida.
Se acercó lentamente hacia ella hasta quedar apenas a unos pasos de distancia.
Y aunque claramente quiso tomar su mano… terminó deteniéndose antes de hacerlo.
Como si todavía quisiera darle espacio para decidir.
—Porque no quería verte destruirte de tristeza.
La voz salió tranquila.
Sincera.
Sin rodeos.
Y eso fue mucho peor para el corazón de Priscilla.
Porque podía soportar el sarcasmo de Ender.
Las provocaciones.
Incluso el silencio.
Pero no sabía cómo defenderse cuando él hablaba así de honestamente.
—Yo…
Las palabras dejaron de salirle correctamente.
Ender la observó en silencio.
Y Priscilla sintió nuevamente esa sensación peligrosa dentro del pecho.
La de querer quedarse cerca de él mucho más tiempo del que debería.